Bergerot acusa a Ayuso de apoyar una guerra que “encarecerá la cesta de la compra”

  • La portavoz de Más Madrid en la Asamblea, Manuela Bergerot, durante el pleno de la Asamblea. La portavoz de Más Madrid en la Asamblea crítica los viajes internacionales de la presidenta regional y activa a Ayuso de no pronunciar contra la guerra, aviso de que el conflicto puede disparar el precio de productos básicos como el gas, la leche o el aceite
  • Bergerot causa a Ayuso de vender Madrid por plantar la privatización del Rayo Vallecano
La portavoz de Más Madrid en la Asamblea, Manuela Bergerot, durante el pleno de la Asamblea

La portavoz de Más Madrid en la Asamblea, Manuela Bergerot, ha cargado este jueves contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante la sesión de control, a la que ha acusado de respaldar una guerra que tendrá consecuencias directas para la economía de las familias.

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En su intervención, Bergerot ha reprochado a la presidenta regional que no haya condenado públicamente los conflictos internacionales ni las víctimas civiles como las 160 niñas asesinadas en Irán por un misil estadounidense. “De usted no esperamos que apoye la paz por principios, porque no los tiene”, ha afirmado.

La portavoz de Más Madrid en la Cámara de Vallecas ha vinculado el conflicto con el impacto directo en el coste de vida, advirtiendo de que una escalada bélica podría repercutir directamente en los bolsillos de los ciudadanos. En este sentido, ha acusado a Ayuso de apoyar una guerra que va a provocar subidas en el precio de la gasolina, en las hipotecas y en productos básicos.

“Debería explicarle a la gente trabajadora por qué está a favor de una guerra que va a poner los precios de la gasolina por las nubes”, ha acusado Bergerot, nombrando directamente las subidas en “el gas, la luz, los huevos, la leche y el aceite”.

“Explique todo eso a la gente y luego vaya a decirles que el ‘no a la guerra’ es un eslogan vacío, a ver si esa ocurrencia les llena la cesta de la compra”, ha espetado entre aplausos de su grupo parlamentario.

Ayuso vende Vallecas

Manuela Bergerot ha acusado también a la presindenta regional de aprovechar sus viajes internacionales para “vender Madrid a trozos”, en referencia al estadio del Rayo Vallecano.

La portavoz de la izquierda madrileña ha criticado que Ayuso haya acudido a Nueva York a ofrecer el Estadio de Vallecas al mejor postor para que sean ellos los que se encarguen de las deficiencias que arrastra el estadio ante de la dejadez de la Comunidad de Madrid y la dirección del Rayo Vallecano. “Ha ido a Estados Unidos a poner en venta el estadio del Rayo porque en Vallecas no se atreve”, ha afirmado al respecto Manuela Bergerot.

«Qué valiente, presidenta, yendo a Nueva York a hacer y decir lo que no se atreve aquí. Pruebe a organizar la subasta del estadio aquí en Vallecas, con todos esos pijos de Wall Street, a ver lo que les duran las ganas de comprarse el barrio. Dígale a Vallecas que su campo de fútbol va a llevar el nombre de una empresa yanqui y luego atrévase a pedirles el voto a los vallecanos. Mire, ¿sabe cuál es la diferencia entre usted y nosotros? Que usted se avergüenza de Madrid y nosotros sentimos orgullo, esa es la diferencia», ha rematado.

Fuente: masmadrid.org

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Fuente: Helena Moreno González en es.greenpeace.org

Cómo España puede mantener el precio de la cesta de la compra en un mundo inestable

La crisis en torno al Estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, enclave estratégico de las rutas marítimas nos muestra, una vez más, cómo somos altamente vulnerables ante conflictos bélicos y geopolíticos

La sombra del encarecimiento de los alimentos vuelve a ser una preocupación social. Ya lo vimos con la guerra de Rusia contra Ucrania y puede volver a ocurrir en el nuevo contexto de creciente inestabilidad geopolítica desencadenado por el ataque de EEUU e Israel contra Irán. El bloqueo del comercio por el Estrecho es sólo el síntoma de un problema mucho más sistémico. Lo que realmente estamos viendo es el efecto de un sistema alimentario adaptado a los intereses de la gran agroindustria: protegiendo las ganancias corporativas mientras exprime a las familias trabajadoras y al planeta.

Si creías que la comida en España no se podía ver afectada, te equivocabas. ¿Por qué iban a subir los alimentos por el cierre de un estrecho, cuando somos un país eminentemente agrícola y pesquero? La respuesta se resume en una palabra: dependencia.

¿Soberanía? Una despensa muy dependiente de los combustibles fósiles

Nuestro modelo alimentario está marcado por una paradoja: mientras algunos sacan pecho por ser una potencia exportadora, nuestro modelo es más dependiente y vulnerable que nunca. Depende en exceso de materias primas, energía e insumos que llegan de fuera y, por ello, es un modelo que se ha hecho más vulnerable a las tensiones geopolíticas, como guerras, ataques o decisiones de magnates, a la volatilidad de los mercados y a la crisis climática. En concreto, es un modelo muy dependiente de los combustibles fósiles. Lo es de manera directa, ya que se utilizan en la maquinaria agrícola y pesquera, en el riego, el transporte y parte de la refrigeración, y también lo es de forma indirecta, para producir algunos materiales de envasado, como los plásticos o para la fabricación de los fertilizantes nitrogenados.

«Mientras algunos sacan pecho por ser una potencia exportadora, nuestro modelo es más dependiente y vulnerable que nunca»

Los gigantes de los combustibles fósiles y de la gran agroindustria utilizan enormes cantidades de energía provenientes del gas natural para producir fertilizantes nitrogenados. Después, transportan estos químicos por todo el mundo en buques gigantescos, dependiendo en gran medida de frágiles puntos de paso estratégicos como el estrecho de Ormuz, donde pasa el 20-30 % de exportaciones mundial de fertilizantes (la mayoría con destino Sur Global), el 27 % del petróleo, el 20 % del gas natural licuado. Por tanto, si por el bloqueo sube el precio de los combustibles fósiles, también sube el precio de los alimentos. Y al reducirse el comercio de fertilizantes globalmente, el precio de los mismos también subirá, afectando directamente a nuestra cesta de la compra.

 Cultivando piensos y no comida

Esta dependencia se ve con claridad en la ganadería industrial y sus macrogranjas, que necesitan enormes cantidades de grano para alimentar al ganado. Para mantener ese sistema, importamos grandes volúmenes de pienso del extranjero: en España el 100% de la soja, el 69% del maíz y el 49% del trigo provienen del extranjero. Y para producir ese grano se han necesitado grandes cantidades de fertilizantes importados. Sin estas importaciones, el modelo de producción de carne industrial y otros productos de origen animal, enfocado a la exportación, colapsaría. Como nos dijeron en el propio Ministerio de Agricultura: somos un país cebador. En 2025 batimos un nuevo récord. Se sacrificaron casi 1.000 millones de animales para consumo humano. Son muchos animales que hay que engordar rápido, sin considerar las consecuencias ambientales, sociales, de salud pública o de maltrato animal.

«Sin estas importaciones, el modelo de producción de carne industrial y otros productos de origen animal, enfocado a la exportación, colapsaría»

Algo parecido ocurre en la pesca. Aunque solemos pensar en ella como una actividad ligada a nuestras costas, buena parte del pescado que consumimos es importado. Y no sólo eso, para alimentar a los peces que producimos en nuestras macrogranjas marinas, importamos harina de pescado de países en los que, además, disponen de ese pescado que importamos como fuente principal de proteína. Para producir una tonelada de harina de pescado se necesitan aproximadamente 4 toneladas de pescado fresco.

Es decir, una parte esencial de lo que comemos depende de cadenas globales largas, frágiles y expuestas a cualquier sacudida.

¿Hacia dónde debemos caminar?

La verdadera seguridad alimentaria no es algo que podamos comprar a una empresa química en otro país. Es algo que cultivamos aquí mismo, en casa, empezando por suelos y mares sanos y por las comunidades locales. Para lograrlo tenemos que obligar a nuestros gobiernos a dejar de sostener este modelo frágil al servicio de los multimillonarios. En este momento, miles de millones en subsidios públicos mantienen en funcionamiento la producción industrial de alimentos y de fertilizantes químicos. Ese dinero debe redirigirse para crear un sistema agroalimentario sostenible.

«En este momento, miles de millones en subsidios públicos mantienen en funcionamiento la producción industrial de alimentos y de fertilizantes químicos»

La solución para la soberanía alimentaria, la independencia y la resiliencia local es la misma que se necesita para resolver las crisis climática y de biodiversidad: una transición alimentaria, agroecológica y pesquera. Al trabajar con la naturaleza para fijar los nutrientes de forma natural en el suelo, los agricultores y agricultoras pueden romper el ciclo de dependencia química, reducir los costes, proteger nuestros ríos de contaminación y garantizar alimentos saludables y asequibles para las generaciones venideras. Un sistema sostenible, además de ser más justo y con impactos ambientales positivos, reduciría claramente nuestra vulnerabilidad ante crisis como la actual: la agricultura ecológica no requiere fertilizantes nitrogenados; la ganadería extensiva no requiere piensos importados; la producción local reduce el combustible gastado en transporte; el transporte eléctrico y con energías renovables hace inservible el gasoil. 

La crisis en el Estrecho de Ormuz es una advertencia que no podemos ignorar. En un mundo inestable, defender una alimentación local, resiliente y sostenible es también defender el derecho de las personas a llenar la cesta de la compra. Tenemos que transformar nuestra manera de producir alimentos en tierra y mar, necesitamos un sistema saludable, justo y resiliente.

«En un mundo inestable, defender una alimentación local, resiliente y sostenible es también defender el derecho de las personas a llenar la cesta de la compra»

Fuente: Helena Moreno González en es.greenpeace.org

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