La editorial Dolmen incorpora así a su catálogo un volumen especialmente interesante para quienes quieran ampliar las fronteras de 2000 AD

El universo de 2000 AD es mucho más amplio que la figura de Judge Dredd. Mega-City One ha generado a lo largo de las décadas una auténtica galería de personajes capaces de sostener sus propias historias y, entre ellos, Cassandra Anderson ocupa un lugar especialmente singular.
Psi-Juez, telépata y precognitiva, Anderson nació en las páginas de Judge Dredd en 1980, creada por John Wagner y Brian Bolland, pero fue Alan Grant quien terminó convirtiéndola en uno de los personajes más interesantes y complejos de este universo.
Ahora Dolmen Editorial recupera en España varias de las historias escritas por Grant en Juez Anderson: El fin de la infancia, un volumen de 152 páginas que reúne trabajos dibujados por Kev Walker, Dave Taylor, David Roach y Jake Lynch. Se trata de un recopilatorio de historias muy diferentes entre sí, pero todas comparten algo: la capacidad de llevar el universo de 2000 AD hacia territorios inesperados, mezclando ciencia ficción, terror, humor negro y ese gusto por el disparate que forma parte del ADN de Mega-City One.
Su interés está precisamente en demostrar que el universo de Mega-City One puede funcionar perfectamente cuando Dredd no es quien ocupa el centro de la escena

La historia que da título al volumen, Childhood’s End, es probablemente la que mejor resume esa mezcla. Publicada originalmente en Judge Dredd Megazine entre 1993 y 1994, con guion de Alan Grant y dibujo de Kev Walker, comienza con Anderson desplazándose hasta Marte para investigar unas misteriosas reliquias de más de medio millón de años de antigüedad. Lo que inicialmente parece una investigación arqueológica termina convirtiéndose en una perturbadora revelación sobre el origen de la humanidad.
Grant juega aquí con algunas de las grandes preguntas de la ciencia ficción: ¿de dónde procede realmente la humanidad?, ¿hemos estado solos alguna vez?, ¿qué ocurriría si descubriéramos que nuestra propia evolución responde a un experimento ajeno? La aparición de una antigua civilización extraterrestre permite introducir una lectura delirante de determinados misterios de la historia humana y conectar el relato con teorías sobre antiguas civilizaciones, dioses llegados del espacio y construcciones cuyo origen continúa alimentando todo tipo de especulaciones.
Pero Childhood’s End, o El fin de la infancia, en español, no se queda en el juego arqueológico. La investigación se convierte en una pesadilla cuando los miembros de la expedición comienzan a morir y Anderson descubre que aquello que ha despertado en Marte no contempla precisamente a la humanidad con admiración.
La especie humana aparece ante sus creadores como un experimento imperfecto y prescindible. La historia adquiere así un tono oscuro y casi existencial, mientras Anderson tiene que enfrentarse no solo a una amenaza física, sino también a una crisis sobre aquello que significa ser humano.

El dibujo de Kev Walker resulta fundamental para esa atmósfera. Su trabajo, de carácter pictórico y gran potencia visual, convierte Marte en un escenario extraño y amenazante y dota a las apariciones alienígenas de una dimensión casi monumental. La propia historia fue decisiva en la evolución del personaje: después de los acontecimientos de Childhood’s End, Anderson toma una decisión que marcará su relación con el Departamento de Justicia.
El volumen cambia completamente de registro con Big Robots, publicada originalmente en Judge Dredd Megazine en 2007. Aquí la solemnidad y el terror cósmico dejan paso a una de esas ideas absolutamente disparatadas que solo parecen posibles dentro del universo de 2000 AD: los bloques de viviendas de Mega-City One se convierten en gigantescos robots y comienzan a sembrar el caos por la ciudad.
La historia fue escrita por Alan Grant a partir de un concepto de Dave Taylor, que además se encargó del dibujo. Y Taylor entiende perfectamente que la clave está precisamente en no contenerse. Los edificios gigantes, las masas de hormigón convertidas en criaturas mecánicas y las dimensiones de la batalla permiten construir una especie de película de monstruos pasada por el filtro de 2000 AD. Es una historia mucho más ligera que Childhood’s End, pero precisamente por eso sirve para recordar que Mega-City One también puede ser una gigantesca broma absurda a escala monumental.

Y todavía queda espacio para Juez Muerte, uno de los grandes iconos del universo de Dredd. El volumen reúne tres historias breves protagonizadas por Anderson y su viejo enemigo: A Dream of Death, con dibujo de David Roach; Death’s Dark Angels, de Jake Lynch; y Judge Death: The Movie, también de Lynch. Las tres fueron historias independientes publicadas en distintas entregas de 2000 AD y eran inéditas en España.
Aquí Grant recupera al Juez Muerte desde perspectivas diferentes. Hay pesadillas, cultos, apariciones y hasta una película dentro de la propia historia, elementos que permiten al guionista jugar con uno de los personajes más reconocibles de la franquicia sin necesidad de construir una gran saga. Son relatos cortos, pero concentran buena parte del humor negro, la imaginación y la mala leche que caracterizaron el trabajo de Grant.
También resulta significativo el trabajo de los distintos dibujantes. Kev Walker aporta a Childhood’s End una dimensión épica y oscura; Dave Taylor convierte Big Robots en un espectáculo visual desmesurado; David Roach introduce una mirada más cercana al terror clásico; y Jake Lynch imprime a las historias de Judge Death una estética diferente y muy apropiada para sus componentes macabros. El resultado es, por tanto, un volumen visualmente variado que permite comprobar hasta qué punto Anderson admite aproximaciones distintas sin perder su identidad.

Juez Anderson: El fin de la infancia no pretende competir con las grandes sagas de Judge Dredd ni sustituirlas. Su interés está precisamente en demostrar que el universo de Mega-City One puede funcionar perfectamente cuando Dredd no es quien ocupa el centro de la escena. Anderson ofrece una perspectiva diferente: donde Dredd representa en buena medida la ley, ella aporta la dimensión psíquica, sobrenatural y especulativa de ese futuro imposible.
Dolmen incorpora así a su catálogo un volumen especialmente interesante para quienes quieran ampliar las fronteras de 2000 AD.
Fuente: Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx en nuevatribuna.es

