Del Prestige a México, pasando por el ático: la acumulación del desgaste en el ciclo político de Madrid

La política madrileña de los últimos veinte años ofrece una lección clara: los resultados electorales no se deciden por un único asunto, sino por la acumulación de hechos que, durante años, pueden ser relativizados, normalizados o incluso ridiculizados

La historia política reciente de la Comunidad de Madrid ofrece un patrón que se repite con inquietante fidelidad.

::Pasa en Carabanchel::

Son gobiernos que, tras años de acumular escándalos, decisiones controvertidas y una gestión opaca, ven cómo el descontento ciudadano, largamente contenido, acaba por desbordarse. 

El modelo basado en el espejismo económico, la propaganda institucional y la confrontación permanente muestra ya signos de agotamiento

Aznar y el Prestige, o cuando la gota final fue Irak

Si miramos un momento al ámbito nacional, cuando el Partido Popular perdió las elecciones en 2004, el relato se centró en el 11-M y en la guerra de Irak. Pero aquella derrota fue la consecuencia de un desgaste acumulado. El hundimiento del Prestige en 2002, con la sensación de que el Gobierno anteponía los intereses económicos a las costas gallegas, fue el primer golpe a su credibilidad. A ello se sumaron escándalos de corrupción y una creciente desconexión con la opinión pública. Irak fue la gota final, pero el vaso ya estaba lleno: la ciudadanía no votó solo contra la guerra, votó contra un estilo de gobernar insoportable.

Esperanza Aguirre y las “cosas de Esperanza”

Algo similar ocurrió con Aguirre. Su llegada al poder, marcada por el “Tamayazo”, abrió una era de escándalos sin pausa: Gürtel, Caja Madrid, Púnica, Lezo. Durante años gozó de inmunidad política blindada por una narrativa de eficacia gestora y una generosa falta de atención judicial: sus explicaciones estrambóticas se despachaban como “cosas de Esperanza”. Hasta que la acumulación de condenas y la sensación de impunidad dejaron de tener gracia. La paciencia social se agotó y llegó el principio del fin.

La era Ayuso: un déjà vu en proceso

El gobierno de Ayuso dibuja un patrón casi idéntico. Después de protagonizar el peor resultado del PP en Madrid en toda su historia, derrotada por el PSOE encabezado por Gabilondo, y ser investida gracias a Ciudadanos y Vox, ha gobernado eludiendo sistemáticamente el control parlamentario. El rosario de despropósitos es ya extenso: la opacidad en la gestión de la pandemia; los casos que salpican a su entorno, desde los contratos concedidos a su hermano hasta el caso González Amador; las transferencias a hospitales privados como el de Torrejón, gestionado por Ribera Salud, en un “rescate encubierto” que la justicia ya rechazó en casos similares; agencias públicas opacas como Invest in Madrid o Madrid Network, más útiles para la propaganda institucional que para atraer inversión; y viajes al extranjero sin transparencia en costes ni objetivos.

El viaje a México: de la falsa excusa de la promoción al ridículo internacional

El último viaje de Ayuso a México fue un compendio de su estilo de gobernar. Lo que se presentó como una misión de promoción internacional se convirtió en una sucesión de despropósitos que ni siquiera la realidad pudo sostener.

El ático de Chamberí y el fiasco de México no son más que los últimos síntomas de un modelo agotado que, como el agua en el vaso, se ha ido llenando gota a gota hasta una última gota lo haga derramarse

Primero, el homenaje a Hernán Cortés que la Archidiócesis se negó a albergar. Luego, el anuncio de 77 millones de euros en inversiones mexicanas que ya habían sido comunicadas dos meses antes. Y, finalmente, la acusación de boicot que la propia empresa anfitriona, Grupo Xcaret, desmintió “categóricamente”, y precisó que había pedido retirar la invitación a la “representante” madrileña para evitar que el acto se usara partidariamente. 

El viaje no fue solo torpe en términos de comunicación; fue un insulto a un país que acogió a miles de exiliados españoles y ha mantenido históricamente lazos fraternales con España: Ayuso fue a dar lecciones de historia y volvió con una lección de realidad.

El ático de Planifica Madrid, la opacidad vestida de lujo

Simultáneamente, la compra de un ático de lujo en el paseo del General Martínez Campos por parte de Planifica Madrid ha sumado otro capítulo: operación opaca, versiones contradictorias y hermetismo institucional. La empresa pública, dependiente de la Consejería de Presidencia, pagó cerca de 6,3 millones de euros sin concurso público, sin anunciarlo en el portal de transparencia y sin que quede claro si hubo tasación independiente. Además, exigió confidencialidad a la vendedora, antes incluso de visitar la propiedad.

Destapada la compra por el diario El País, el Gobierno ofreció explicaciones cambiantes: primero, que se trataba de una “oficina temporal” para Ayuso, algo incompatible con el uso residencial del inmueble; después, que el piso “no es para mí”. ¿Quién iba a ocuparlo? ¿Quién ordenó y ejecutó la compra? Las versiones han ido desde destinarlo a reuniones institucionales hasta cederlo a paliar los efectos de los incendios, pasando por elreservarlo para su uso por el consejero de Transportes. La bochornosa comparecencia del consejero de Presidencia en la Asamblea de Madrid, convocada supuestamente para aclarar la compra del ático, no hizo más que confirmar que la falta de información sigue siendo la consigna con la que se intenta tapar este evidente chanchullo de la señora presidenta. El ático de Chamberí no es un hecho aislado, sino un eslabón más en el uso de empresas públicas como pantallas de opacidad.

Más allá de los escándalos: el fracaso del modelo

Pero, aun siendo imprescindible insistir en la crítica, enfocarse sobre todo en los escándalos sería un error. La gota que realmente llena el vaso es la ausencia de un proyecto de futuro. El modelo de Ayuso, como el de Aguirre, es un espejismo. 

Económicamente, presume de atraer inversión extranjera, pero el 70% que dice captar es en realidad efecto sede; un estudio de los economistas Adolfo Maza y María Hierro, coincidente con otros, sitúa la cifra real en un 27-28%, similar a la de Cataluña.

Sanitariamente, se jacta de listas de espera bajas mientras el personal denuncia precariedad y salarios más bajos que en otras comunidades, lo que expulsa profesionales. Socialmente, el acceso a la vivienda es una quimera: alquilar una habitación cuesta de media 608 euros, una cifra asfixiante para el salario medio, y los jóvenes ven prácticamente imposible emanciparse mientras la política fiscal de Ayuso, basada en bonificaciones que favorecen a las grandes rentas, renuncia además a recursos públicos que podrían invertirse en políticas sociales.

Territorialmente, la brecha entre la almendra central y el resto de la región se agranda: el 43,5% de las empresas extranjeras se concentran en la capital, mientras los otros 178 municipios sufren despoblación. E industrialmente, Madrid ha perdido tejido productivo y no hay plan para recuperarlo. La promoción de grandes empresas que luego anuncian los ERE masivos revela los límites de un modelo basado en atraerlas sin exigirles estabilidad ni responsabilidad social.

La dinámica del desgaste: cómo se llena el vaso

El proceso sigue una secuencia conocida: primero se ignoran los problemas, luego se relativizan, después se justifican con explicaciones peregrinas (antes “cosas de Esperanza”, hoy “ayusadas”) hasta que la acumulación cambia la percepción y el descontento se vuelve irreversible. En el caso de Ayuso, México y el ático pueden ser las gotas finales, no porque el ridículo internacional o la opacidad en la compra de un inmueble sean en sí mismos imperdonables, sino porque forman parte de un patrón más amplio de prepotencia, opacidad y falta de proyecto.

El bumerán de la opacidad

La política madrileña de los últimos veinte años ofrece una lección clara: los resultados electorales no se deciden por un único asunto, sino por la acumulación de hechos que, durante años, pueden ser relativizados, normalizados o incluso ridiculizados. Pero hay un punto de inflexión, una gota final que hace que el vaso se derrame y la paciencia social se agote.

Con Ayuso, el tiempo dirá si México, el ático o la suma de ambos son esas gotas finales, pero el modelo basado en el espejismo económico, la propaganda institucional y la confrontación permanente muestra ya signos de agotamiento y retrata a un gobierno que, envalentonado por su mayoría, actúa sin transparencia, da explicaciones contradictorias y parece creer que puede hacer y deshacer sin rendir cuentas.

El daño político está hecho y estas gotas, junto a las anteriores, están llenando el vaso de un descontento que, como ocurrió con Aguirre, podría acabar por desbordarse cuando menos se espere.

Madrid no necesita más espejismos ni excusas estrambóticas. Necesita un gobierno que gestione con transparencia, rinda cuentas y tenga un proyecto serio para la vivienda, la sanidad pública, el reequilibrio territorial y un modelo económico que genere empleo estable. 

El ático de Chamberí y el fiasco de México no son más que los últimos síntomas de un modelo agotado que, como el agua en el vaso, se ha ido llenando gota a gota hasta una última gota lo haga derramarse.

Fuente: Diego Cruz Torrijos en nuevatribuna.es

También podría interesarte