“No nos vamos, Ayuso nos quedamos”. Los acampados en Sol rechazan las medidas del Gobierno: “Las soluciones con fecha de caducidad huelen mal”

Mientras el Sindicato de Inquilinas estudia «la letra pequeña» de los reales decretos, los jóvenes debaten si continuar la protesta y muestran su decepción: «Si me pones una medida que me da derechos durante dos o cuatro años, ¿de qué me sirve?»

Collage con carteles de rrss / @carabanchelnet

«Hoy estamos demostrando cómo el poder popular, cómo esta fuerza sindical nos lleva cada vez más lejos con cosas que antes no estaban encima de la mesa. Estamos echando un pulso histórico al Gobierno». Así empezó Alicia del Río, portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, su valoración sobre los dos reales decretos aprobados por el Gobierno de coalición para afrontar la crisis de la vivienda. Mientras tanto, varias voces de personas acampadas han apostado por no levantar la protesta hasta conseguir la aprobación total del llamado «decreto Maricarmen».

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Rodeada por cientos de personas que llevan tres días acampando en la Puerta del Sol, Del Río ha asegurado que el sindicato valorará las medidas una vez hayan podido leer los textos en detalle. «Sabemos que es en la letra pequeña donde siempre nos han intentado colar el favorecer a los rentistas», ha añadido. Las principales medidas aprobadas hoy prohíben la compra de vivienda por parte de fondos buitre hasta 2028, elevan la protección contra los desahucios hasta 2030, regulan el alquiler de habitaciones y prorrogan los contratos de alquiler en vigor dos años.

La expectación mediática era total alrededor de las portavoces del sindicato, entre las que también se encontraba Valeria Racu. «Estamos hablando de medidas mínimas para marcar un antes y un después en la lucha por la vivienda y contra el rentismo y la especulación en este país», ha aseverado. En este sentido, han criticado que el Ejecutivo pretenda aprobar las medidas divididas en dos decretos. «Eso sería una vergüenza, eso sería una vez más jugar a la campaña electoral», ha resaltado Racu.

La portavoz ha criticado duramente la política del «divide y vencerás», tal y como la ha definido. «Los verdaderos invasores son los inversores, los inversores inmobiliarios, los inversores internacionales que hace mucho tiempo que se han quedado con nuestro país y hace mucho tiempo que controlan y dominan nuestra economía, nuestra vida y nuestro futuro», ha asegurado mientras se escuchaban vítores de aprobación a su alrededor. Racu ha subrayado que «si no hay valentía para resolver el mayor problema del país, esto ya no será solo una crisis de gobierno».

Pancarta en Sol contra los partidos del gobierno de coalición / GUILLERMO MARTÍNEZ

Problema mayúsculo, soluciones minúsculas

Mario Alonso lleva acampando en Sol desde el pasado sábado, cuando se inició la protesta. Desde su punto de vista, las medidas aprobadas hoy por el Ejecutivo no son suficientes. «No es una acción directa contra la especulación. Necesitamos la abolición de los fondos buitre», ha comentado rodeado de amigos que, como él, pasarán también esta noche en el kilómetro 0. «Necesitamos medidas que tengan un efecto real para la clase obrera y para todas aquellas inquilinas en situaciones precarias», ha añadido cuando cerca de él comenzaba a repartirse la comida.

Este joven de 18 años considera que la acampada multitudinaria en Sol, en la que ya hay establecidas unas 200 tiendas, «define muy bien la situación de hartazgo que sentimos». En su caso personal, vive en Campamento (Madrid) y estudia Ciencias Políticas: «He crecido toda mi vida en el mismo barrio, donde han crecido también mi abuela y mi madre. Tal y como están las cosas, no me va a dar para vivir ahí, porque todo se destina al turismo. Me van a acabar expulsando de mi barrio por no poder pagar un alquiler que está por las nubes».

Antonio es otro joven que ha seguido esta protesta auspiciada por el Sindicato de Inquilinas de Madrid. Desde el sábado se turna con compañeros para que alguno de ellos siempre esté presente en la movilización. «La vivienda es un problema mayúsculo y las soluciones que dan son minúsculas. El problema es de raíz y nuestra lucha seguirá en pie hasta que se ataje», ha afirmado.

«Insuficientes» y «tardíos» son los adjetivos con los que ha descrito este joven de 25 años, que estudia y trabaja, los reales decretos aprobados hoy por el Consejo de Ministros. «Las soluciones con fecha de caducidad huelen mal. Es como si le dieran una patada hacia delante al problema», ha apostillado. También es consciente de que Ayuso ha exigido al Gobierno central el desalojo de la acampada en 48 horas. «Que baje y nos lo pida a nosotros también, que le vamos a decir lo mismo que al Gobierno de Sánchez», ha respondido.

Medidas solo como punto de partida

Esta mañana ha sido la segunda vez que Alan García se ha despertado en Sol. Piensa pasar por casa a comer, ducharse y volver al epicentro de la protesta, aunque no podrá repetir por la noche. «Mañana tengo universidad, así que estaré por aquí todo lo que pueda», ha relatado. Este estudiante de Historia del Arte ha criticado la fecha de caducidad de las medidas planteadas hoy por el Ejecutivo. «Si me pones una medida que me da derechos durante dos o cuatro años, ¿de qué me sirve? Tendré que volver a hacer lo mismo. Y lo haremos», ha asegurado este joven de 18 años.

A su lado está Sonia Mora, quien censura que haya gente cuyo «trabajo» sea cobrar el alquiler de sus posesiones. En cuanto a las medidas del Gobierno, esta universitaria ha señalado que «vivimos en un sistema capitalista en el que los de arriba están contentos si dan unas migajas a los de abajo y así no se revuelven mucho».

«El problema que se van a encontrar es que la gente se está cansando y se está empezando a organizar», ha indicado Sonia, estudiante de Matemáticas, antes de alabar la labor desempeñada por el Sindicato de Inquilinas de Madrid.

Sonia y Alan, dos de los acampados en Sol / GUILLERMO MARTÍNEZ

Carmen y Estela tienen 22 años y estudian juntas Comunicación Audiovisual. Las medidas anunciadas por el Gobierno de coalición les parecen una manera de «ceder un poco porque la gente está muy descontenta». Ambas opinan que «esto puede servir como punto de partida hacia medidas que realmente mejoren la situación de vivienda, pero son insuficientes».

La coyuntura en la que se ha producido este anuncio no es algo que hayan pasado por alto: «Quieren intentar calmar las aguas un poco y que nos vayamos a casa, pero sigue habiendo muchas medidas que deberían tomar y colectivos que atender, como la realidad que se vive en la Cañada Real, sin electricidad desde hace seis años», ha comentado Carmen.

El futuro de la acampada

Mario defiende que la acampada continúe. «Este es el símbolo total de un pueblo que está harto. Hemos llegado a un límite en el que ya no podemos más», ha comentado. A ojos de este joven, uno de los motivos que ayudarían a levantar la acampada sería la convocatoria de una huelga general por parte de los sindicatos mayoritarios para conseguir hacer efectivo el derecho a la vivienda. «Si no, todo lo que deberíamos hacer es resistir», ha zanjado.

Seguir acampando es lo que también haría Antonio. «Si podemos compatibilizarlo con nuestras obligaciones, creo que todos deberíamos seguir aquí», ha indicado. Para Alan la acampada es una forma de demostrar «a los de arriba» que, si el pueblo está junto y lucha por una causa, se pueden conseguir las cosas. «Nos tenemos que quedar. Y si tiene que seguir la acampada para que esas medidas mejoren, pues que siga», ha precisado.

Sonia seguiría en la Puerta del Sol como una forma de hacer una llamada a la organización de la juventud. «Tienen que ver que solo luchando se conquistan los derechos», ha aseverado mientras de lejos se escuchaba decenas de personas gritando «el ático de Ayuso lo vamos a ocupar». Estela no sabe bien qué pasará con la acampada, pero sí tiene seguro que «la lucha no acaba aquí», según sus términos. «Aunque la Policía la acabe disolviendo o por cualquier otro motivo, la gente se va a seguir uniendo mucho más a los sindicatos», ha agregado.

Puede que tenga razón. En el compañerismo de los acampados, las ganas de hacer cosas, la ayuda que se brindan unos a otros, se está tejiendo una red que será difícil de romper.

Fuente: Guillermo Martínez en lamarea.com (Título editado por @carabanchelnet)

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