Dibbuks apuesta con Pura locura por un cómic que puede conectar tanto con lectores jóvenes como con adultos

Pura locura, publicado por Dibbuks y firmado por Tereza Kopecká junto a Tomáš Kopecký, pertenece al grupo de historias que se cuentan desde lo cotidiano. La obra se mueve en ese terreno aparentemente ligero donde la infancia, la familia y el humor conviven con una mirada muy lúcida sobre lo caótico que puede llegar a ser crecer.

La historia sigue a una adolescente que observa el mundo adulto con una mezcla de fascinación y desconcierto. A través de pequeñas escenas, situaciones absurdas y momentos de ternura inesperada, el cómic construye un retrato muy reconocible de la vida adolescente, a través de un roadtrip donde la ansiedad es uno de los ejes constructores del relato. Lo que a simple vista parece una sucesión de anécdotas acaba revelando algo más profundo: el desconcierto de quienes intentan entender el mundo cuando todavía no tienen todas las herramientas para hacerlo.
Hay algo en Pura locura que recuerda a esa tradición europea de cómic autobiográfico o semi autobiográfico que explora la infancia desde la memoria adulta
Tereza Kopecká apuesta por un tono que mezcla humor y sensibilidad con situaciones cargadas de ironía, pero también de una honestidad que de cierta forma, humaniza a los personajes. Situaciones a veces torpes, contradictorias o exageradas, pero nunca del todo ridículas.
Hay algo en Pura locura que recuerda a esa tradición europea de cómic autobiográfico o semi autobiográfico que explora la infancia desde la memoria adulta. O un juego similar a Memorias de un hombre en pijama de Paco Roca. La obra dialoga con títulos que han sabido encontrar poesía en lo cotidiano, donde los conflictos no siempre son grandes dramas, sino pequeñas tensiones que moldean la personalidad de quien las vive, cercanas y reconocibles.
En el apartado gráfico, el cómic apuesta por un estilo expresivo y accesible, muy ligado al tono de la historia, con un interesante uso del color en base a las diferentes emociones tratadas. Las figuras tienen un aire caricaturesco que potencia la comicidad de ciertas escenas, pero al mismo tiempo permite capturar emociones con bastante eficacia. La composición de página es clara, fluida, pensada para que la lectura avance con naturalidad, como si estuviéramos escuchando una sucesión de recuerdos.
El ritmo narrativo funciona bien en general, aunque en algunos momentos la estructura episódica puede dar la sensación de fragmentación. No todas las escenas tienen el mismo peso ni la misma capacidad para dejar huella, algo bastante habitual en este tipo de relatos construidos a partir de pequeñas viñetas de vida.
Dibbuks apuesta con Pura locura por un cómic que puede conectar tanto con lectores jóvenes como con adultos que reconozcan en sus páginas ese extraño territorio donde la infancia observa el mundo con ojos todavía extraños, con viñetas amables para compartir junto a un café.
Fuente: Pablo D. Santonja | @datosantonja en nuevatribuna.es

