Lo interesante de Mauro Entrialgo nunca ha sido únicamente el chiste, lo realmente valioso es la actitud

Hay un momento en la vida de todo lector en el que acepta una realidad: no todo está hecho para uno. De hecho, quizá sea lo más sano.
Porque vivimos en una época extraña donde parece obligatorio posicionarse de manera extrema sobre cualquier obra cultural: o es una genialidad absoluta o es basura. No existe el “supongo que tendrá su público”. Y sinceramente, echo de menos más críticas que se permitan decir exactamente eso.

Eso me pasa con No queda casi, de Mauro Entrialgo, publicado por Astiberri Ediciones. Un cómic que continúa las gamberradas de Herminio Bolaextra, personaje que lleva décadas orbitando un humor que se puede entender “gamberro”. Entiendo perfectamente lo que hace. Entiendo por qué existe. Incluso entiendo por qué tiene seguidores tan fieles. Pero yo nunca termino de encontrarle la gracia. Y puede que su autor tampoco, pues todo apunta a que pareciera querer matar a su personaje próximamente.
No queda casi funciona pues sigue la línea del trabajo de su autor, cuyos fieles agradecerán
Lo interesante de Mauro Entrialgo nunca ha sido únicamente el chiste, lo realmente valioso es la actitud. La sensación constante de estar leyendo a alguien que lleva años haciendo exactamente lo que le da la gana. Y eso, en un panorama cultural cada vez más domesticado y pendiente de métricas, tiene muchísimo mérito.
Herminio Bolaextra es, básicamente, el gamberro eterno. Un personaje construido desde el exceso, la incorrección y el caos. Uno de esos tipos que parecen salidos de una España paralela donde el civismo nunca llegó a imponerse. El problema es que el mundo ha cambiado más rápido que el personaje.
Y el propio Entrialgo parece ser consciente de ello. De hecho, parte del interés de este volumen está precisamente ahí: en asumir que la incorrección ya no funciona igual que antes. Que vivimos en una realidad donde políticos hacen peinetas, influencers humillan trabajadores para monetizar visitas y empresarios convierten la falta de empatía en marca personal. En ese contexto, el personaje pierde capacidad de escándalo. La realidad ya le ha adelantado por la derecha.

Eso convierte No queda casi en algo más raro de lo que parece. Porque bajo la apariencia de humor cafre hay una especie de despedida melancólica hacia una forma concreta de entender la incorrección. Yo no termino de entrar. Me pasa como con ciertos programas míticos de humor español que todo el mundo cita como referencia generacional y que a mí siempre me dejaron frío. No porque sean malos, sino porque simplemente hablan otro idioma cómico.
Pero incluso desde esa distancia, hay algo admirable en la obra de Entrialgo. La coherencia. Lleva décadas cultivando su humor consciente de la idiotez humana. Eso merece respeto.
Visualmente además mantiene ese estilo aparentemente simple, descuidado. El dibujo de Entrialgo tiene algo muy difícil de replicar: parece hecho deprisa, pero funciona exactamente como quiere funcionar, siendo altamente reconocible. Y claro, quizá el problema sea mío. O generacional. O simplemente de sensibilidad humorística. Porque el humor es probablemente el terreno más subjetivo que existe dentro de la cultura. Lo que a unos les parece brillante, a otros les deja completamente indiferentes. Al final, No queda casi funciona pues sigue la línea del trabajo de su autor, cuyos fieles agradecerán.

Fuente: nuevatribuna.es

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