- Los vídeos y fotografías térmicas tomados en seis colegios e institutos de Alicante, Barcelona, Madrid, Ourense y Sevilla visibilizan las temperaturas insostenibles que ponen en riesgo la salud de los menores
- En el caso de Madrid, donde Greenpeace ha visitado un colegio de Carabanchel y otro de Tetuán, la organización ha documentado aulas con pupitres a 35 °C y zonas de columpios que superan los 38 °C
- Según los estudios científicos, a partir de los 24 ºC disminuye el rendimiento escolar por cada grado que aumenta la temperatura

Ir a clase a final de curso se está convirtiendo en un riesgo para la salud. Greenpeace ha visitado seis colegios e institutos de Alicante, Barcelona, Madrid, Ourense y Sevilla para documentar, mediante cámaras termográficas1, las elevadas temperaturas que se viven estos días en los centros educativos del país. La organización se suma así a las peticiones históricas de las familias y la comunidad educativa para adaptar de forma sostenible los centros y patios al calor. Reclamaciones que, además, están recorriendo varios puntos del país sumándose a otras reivindicaciones ante las carencias de la educación pública.
IMÁGENES TERMOGRÁFICAS DE LAS AULAS, AQUÍ
Los estudios científicos apuntan a que la temperatura óptima para un buen rendimiento escolar se encuentra en torno a los 22 °C-24 ºC en climas templados. A partir de los 24 ºC hasta los 32 ºC se reduce progresivamente el rendimiento por cada 1 ºC de aumento de temperatura2. A través de una paleta de colores que va desde el azul oscuro (temperatura más baja registrada en cada imagen) al amarillo (mayor temperatura), las cámaras termográficas de Greenpeace muestran cómo las temperaturas para el aprendizaje óptimo se superan en todos los centros visitados. También se superan con las mínimas los 27 ºC, temperatura que establece la legislación laboral como máxima para la realización de trabajo sedentario.
En Madrid, donde Greenpeace ha visitado la semana pasada un colegio de Tetuán y otro de Carabanchel, las aulas fotografiadas muestran temperaturas cercanas a los 30 ºC en el centro del aula, que ascienden hasta los 35 ºC en los pupitres situados junto a las ventanas. En los patios se han registrado temperaturas que, en las zonas de columpios, incluso llegan a 38ºC.
“El calor excesivo no es ninguna fuente de inspiración para nadie. Provoca graves impactos en la salud, como agotamiento por calor y golpe de calor, entre otros. Además del riesgo sanitario, tiene efectos sobre la capacidad cognitiva, la concentración y la comprensión, lo que pone en jaque la calidad de la enseñanza”, ha señalado Elvira Jiménez, responsable de adaptación al cambio climático de Greenpeace.
Los menores son un colectivo especialmente vulnerable a la deshidratación, al agotamiento por calor y al estrés térmico. Sus mecanismos de termorregulación ante temperaturas extremas no son tan eficientes como los de las personas adultas3. Por otro lado, sus patrones de comportamiento, como realizar actividades al aire libre o no hidratarse con la frecuencia adecuada, también afectan a esta vulnerabilidad. Además, pasan la mayor parte de su día en los centros escolares, tanto dentro de los edificios como en los patios, coincidiendo con las horas de más calor. Por si fuera poco, la contaminación, presente en muchos entornos escolares de los centros urbanos, actúa como un factor ambiental agravante.
Son numerosas las voces expertas que reclaman medidas contra el calor en las aulas. Tras el episodio de altas temperaturas vividas en mayo, el Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría ha reclamado medidas de climatización en colegios e institutos4, demanda a la que también se ha sumado UNICEF España5.
“La adaptación de los edificios y patios a la realidad climática no es ningún capricho. Es una cuestión de salud públicay del derecho a una educación de calidad. Las administraciones no pueden seguir mirando para otro lado desoyendo a las familias y las voces expertas. Si estas condiciones se consideran inaceptables en un entorno laboral ¿por qué se aceptan para niños y niñas?“, ha destacado Jiménez.
El parón escolar de julio y agosto ya no basta para esquivar el calor. Debido al cambio climático, las temperaturas de verano se han alargado cinco semanas, según la Agencia Estatal de Meteorología. Asimismo, los episodios de altas temperaturas y las olas de calor se han adelantado a mayo y junio6, y se alargan hasta septiembre, lo que expone a la comunidad educativa a temperaturas límite durante el periodo lectivo. Esta situación se prolonga incluso tras el cierre del curso, ya que muchos colegios siguen activos durante el verano para albergar campamentos, colonias o incluso clases, como es el caso de la etapa de 0-3 años, donde las escuelas infantiles permanecen abiertas todo el mes de julio.
A pesar de la evidencia científica7, así como de las voces expertas y las movilizaciones ciudadanas que reclaman medidas contra el calor en las aulas, aún son minoría los centros en los que las autoridades competentes ejecutan proyectos de adaptación tanto dentro de los edificios como en los espacios exteriores, con la falta de financiación y de liderazgo institucional como principales barreras.
Ante la insuficiencia de protocolos, urgen reformas estructurales de climatización eficiente y descarbonizada en los centros educativos para proteger a los usuarios sin agravar el cambio climático. En los espacios exteriores, la naturalización de los patios es una solución clave que no solo aporta frescor, sino beneficios físicos y cognitivos al alumnado mediante el juego en la naturaleza. Además, cuando se abren al barrio fuera del horario lectivo, las escuelas se transforman en valiosos refugios climáticos y espacios de cuidado comunitario.
Demandas de Greenpeace
- Bioclimatización y fuera los combustibles fósiles de las aulas: instalar energía renovable y diseños pasivos (ventilación cruzada natural, protección solar, sistemas sostenibles de climatización, aislamiento térmico…) para conseguir confort térmico, mejorar la eficiencia y el ahorro energético, mientras se reducen las emisiones.
- Naturalización de patios y entornos escolares: mayor cobertura verde y espacios de sombra (incluidas fachadas y azoteas) para crear no sólo entornos más frescos, sino que mejoren el bienestar y promuevan la biodiversidad urbana.
- Vías escolares seguras: los entornos y recorridos habituales a los centros también deben garantizar la seguridad y el bienestar con sombra y agua. Para ello debe fomentarse la creación de vías escolares seguras, con itinerarios peatonales y ciclistas accesibles, protegidos y bien señalizados en los que se reduzca la velocidad y se pacifique el tráfico en las calles próximas a los colegios para eliminar el factor agravante de la contaminación.
- Barrios calientes primero: priorizar en estas reformas los centros educativos en barrios con mayores temperaturas para no acrecentar desigualdades en el riesgo y la adaptación al calor.
- Inversión adecuada y plazos de ejecución realistas para la implantación de estas medidas.
- Planes autonómicos ambiciosos con: regulación de lascondiciones mínimas de habitabilidad,auditorías energéticas de cada centro, relación de centros en los que intervenir anualmente, equipos de gestores energéticos, formación para una gestión eficiente del consumo de energía a toda la comunidad educativa, medidas de transparencia e información pública, así como garantizar la participación de toda la comunidad educativa en cada fase.
- Guías para la adecuación y rehabilitación ambiental bioclimática, así como para el uso de energías renovables en los centros educativos.
- El reparto de competencias no puede ser una excusa: las comunidades autónomas tienen la mayor responsabilidad y deben coordinarse con ayuntamientos y Estado, que también pueden acelerar los trabajos en este sentido.
La adaptación sigue siendo una asignatura pendiente por parte de la mayoría de gobiernos en España. Se trata de una medida básica que requiere inversiones urgentes, no solo en los centros educativos, sino también para viviendas y otras edificaciones, espacios públicos y los sectores socioeconómicos afectados por los impactos perjudiciales del cambio climático.


Notas
- Las imágenes termográficas tienen una finalidad divulgativa y comunicativa. Muestran diferencias relativas de temperatura entre espacios, pero no constituyen una medición científica ni un estudio técnico de las condiciones térmicas.
El color correspondiente a cada temperatura varía en cada imagen dado que depende del gradiente de temperatura que se dé en cada toma.
En la imagen, ‘Cen’ indica la temperatura en el centro de la imagen (marcada por el punto objetivo en blanco) y ‘Max’ la temperatura máxima en la imagen (marcada por el punto objetivo naranja). Este último puede situarse en objetos como aparatos eléctricos, ordenadores o luces en el caso de interiores. Para evitar dar datos de lecturas distorsionadas se recomienda verificar en la imagen que esos valores centrales o máximos no están sobre aparatos o personas. - https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0360132319302987
- https://www.mdpi.com/2072-6643/11/9/2010
- https://efesalud.com/calor-aulas-menores-pediatras-efectos/
- https://www.europapress.es/epsocial/infancia/noticia-unicef-espana-pide-adaptar-climatizar-aulas-calor-extremo-proteger-infancia-20260604170549.html
- En lo que va de 2026, hemos experimentado 16 días de anomalías de calor y ninguna de frío. Cuatro de esos días se dieron durante el episodio de altas temperaturas del pasado mes de mayo.
- Un estudio reciente de ISGlobal que sugiere que la exposición al calor en los primeros años de vida puede afectar al desarrollo de la materia blanca del cerebro. También indica cómo este efecto se intensifica cuando las niñas y niños viven en barrios de menor renta. Esta vulnerabilidad se agrava en los centros y aulas de Educación Especial o en los centros que acogen todas las etapas educativas, desde infantil hasta secundaria, donde confluyen todas las necesidades.
Fuente: es.greenpeace.org
