‘Los Nadie’. De rabiosa actualidad

Los Nadie es una novela gráfica valiente que denuncia, remueve conciencias y exige compromiso emocional

Los Nadie es una obra incómoda, valiente y necesaria. Una novela gráfica que no se anda con rodeos y que exige al lector una disposición emocional y ética poco común en las lecturas convencionales. No es un entretenimiento. Es una denuncia. Es memoria. Es un testimonio gráfico que, con precisión quirúrgica y poética, pone rostro, historia y humanidad a quienes las políticas migratorias, la violencia fronteriza y la indiferencia institucional han despojado de todo, incluso del nombre. Publicada por Dolmen Editorial en 2025, escrita por el periodista Sergio Illescas e ilustrada por Mario-Paul Martínez, Shiroug Idris, Eusebio Nsue, Gabriel Castillo, Zainab Fasiki y Frank Xarate. Los Nadie toma como punto de partida la masacre del 24 de junio de 2022 en la frontera de Melilla, cuando al menos 23 migrantes —aunque diversas organizaciones elevan la cifra a 37— murieron al intentar cruzar la valla que separa Marruecos de España. Fue una tragedia retransmitida a medias, documentada entre sombras, silenciada por los gobiernos implicados y escasamente investigada a pesar de la evidencia audiovisual de brutalidad policial, dejación de auxilio y violaciones sistemáticas de derechos humanos.

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En ese escenario, nace este libro como un acto de justicia poética y periodística. A diferencia de los informes o reportajes habituales, Los Nadie construye un relato coral centrado en cinco de esos jóvenes fallecidos: Myasar, Abdul Rahim, Abdelaziz, Mohamed y Bishara Ibrahim. No son personajes, son personas. Y lo que hace la novela gráfica es reconstruir —a través de entrevistas, testimonios, archivos y una imaginación ética— sus vidas antes de morir: sus países de origen, sus familias, sus aspiraciones, los conflictos que les obligaron a migrar, el largo camino hasta Marruecos y, finalmente, su destino trágico en Nador.

La obra tiene una estructura visual potente y profundamente simbólica. Mientras que los episodios relacionados con la tragedia se dibujan en blanco y negro, con un trazo duro, sombrío, a menudo opresivo, las partes que narran la vida anterior de los protagonistas se presentan a todo color, como una forma visual de devolverles la vitalidad, la riqueza, la individualidad y la dignidad que les fue arrebatada en la frontera. Este contraste gráfico no es un mero recurso estilístico, sino un manifiesto narrativo: detrás de cada migrante muerto hay una biografía. Hay infancia, hay amor, hay cultura, hay lucha.

Pero si algo caracteriza a Los Nadie es su capacidad para incomodar. Y esa incomodidad no es casual. Es buscada. Illescas no suaviza el relato. No esconde la brutalidad. No permiten que el lector pase la página con ligereza. Cada viñeta es una llamada de atención. Cada frase, un testimonio del horror, de la complicidad europea, del racismo estructural, de la violencia institucionalizada. Esta es una lectura que no todos están preparados para asumir, no porque sea difícil de entender, sino porque exige mirar de frente una verdad incómoda: que nuestras fronteras matan, que nuestras políticas migratorias deshumanizan, que nuestros sistemas administrativos entierran cuerpos sin nombre y después borran las huellas.

La historia se sitúa, en buena parte, en el cementerio de Sidi Salem, en Nador (Marruecos), donde descansan los restos de decenas de personas migrantes fallecidas al intentar cruzar la frontera. Son tumbas sin nombre, con simples placas numeradas que indican el género y la fecha de defunción. Sin autopsias, sin identificación, sin permiso para las familias. Según la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, las autoridades marroquíes enterraron los cuerpos con prisas, sin transparencia, y se prohibió el acceso a periodistas o investigadores. Una estrategia deliberada para borrar no solo los cuerpos, sino las responsabilidades.

En este contexto, Los Nadie se convierte en un acto de resistencia cultural. De reparación simbólica. De memoria colectiva. Es una respuesta artística y periodística al olvido institucional. Frente a la burocracia que despersonaliza, la narrativa que humaniza. Frente al número en una fosa, el nombre en una página. Frente a la frontera que mata, la palabra que revive.

No todos los públicos estarán dispuestos a enfrentarse a esta obra. Y eso está bien. Porque Los Nadie no está escrita para consolar, sino para incomodar. No está dibujada para entretener, sino para provocar una reacción moral. 

Es una bofetada dialéctica que nos obliga a preguntarnos qué Europa estamos construyendo, qué vidas decidimos proteger y cuáles dejamos morir. Y sobre todo, qué memoria elegimos preservar.

Como obra gráfica, Los Nadie es impecable en su ejecución artística, rigurosa en su documentación, valiente en su planteamiento y profundamente humana en su objetivo. Pero como acto político, es aún más poderosa: una exigencia de justicia, un grito contra el silencio y un recordatorio de que cada uno de esos cuerpos sin nombre tiene una historia que merece ser contada.

Es, en suma, un libro incómodo, valiente, esencial. Un libro que nos enfrenta a la Europa que somos y a la que podríamos ser. Y como todo lo necesario, duele. Pero también transforma.

Fuente: Pablo D. Santonja | @datosantonja en nuevatribuna.es

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