Las mujeres cobran de media un 15,74% menos que los hombres. [Resistencia 2026]

Perciben 4.781,18 euros menos al año a pesar de que el valor es el más bajo de la serie. La brecha salarial se incrementa con la edad y los cuidados siguen explicando el impacto en las carreras e ingresos de las mujeres

David F. Sabadell

Las mujeres perciben 4.781,18 euros menos al año, lo que supone una brecha salarial del 15,74%. Según los datos del INE, la ganancia media anual de los hombres fue de 30.372,49 € y la de las mujeres 25.591,31 €, por lo que la brecha retributiva entre mujeres y hombres es del 15,74%. Así lo indica el estudio La brecha retributiva entre mujeres y hombres: causas, evolución y consecuencias, elaborado por Fundación Mujeres a partir de la última Encuesta Anual de Estructura Salarial publicada en 2025 del Instituto Nacional de Estadística (INE), relativa a datos de 2023.

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Ese 15,74% es el valor más bajo de la serie, algo que el estudio relaciona directamente con la subida del Salario Mínimo Interprofesional. La subida del salario mínimo se produjo en septiembre de 2021. Esto ha producido un incremento de un 61% desde 2018. El valor más elevado corresponde a 2013, con un 23,99%. 

La brecha salarial se incrementa con la edad, lo que evidencia una progresiva ampliación de las desigualdades retributivas a lo largo del ciclo laboral

Aunque hay brechas en todos los grupos, en 2023 la brecha más elevada se presenta en el grupo de 55 a 59 años, con un 19,39%, y la más baja se encuentra en la franja de 25 a 29 años, con un 6,91%. En general, recoge el estudio, la brecha salarial se incrementa con la edad, adquiriendo valores más elevados en el tramo de entre los 45 a los 59 años. Esto evidencia una progresiva ampliación de las desigualdades retributivas a lo largo del ciclo laboral. 

El estudio pone de manifiesto diferencias importantes en las retribuciones percibidas por mujeres y hombres de forma sistemática y persistente en todas las variables analizadas (edad, estudios, nacionalidad, tipos de jornada, sector de actividad, ocupación, comunidad autónoma). A pesar de que la brecha ha descendido en la última década, el ritmo es lento e irregular, condicionado por la situación del mercado laboral y frenándose en periodos de crisis (crisis financiera y COVID-19). 

El origen de las diferencias en las retribuciones entre mujeres y hombres se encuentra en la segregación formativa y la posterior segregación horizontal y vertical, que sitúa a mujeres en profesiones que se encuentran en la parte más baja de las escalas salariales y que en muchos casos se asocian con los roles tradicionales. 

La mayor brecha retributiva, de un 29,89%, se da entre las personas con Formación Profesional de Grado Superior y estudios primarios, y la más baja en estudios universitarios, especialmente en las diplomaturas, con un 16,69%. La elevada diferencia en los estudios de FP se atribuye a la segregación por sexo de las familias profesionales y a la infravaloración económica en el mercado de las profesiones más feminizadas. 

El impacto en las cuidadoras

A pesar de que desde mediados del siglo pasado las mujeres se han incorporado de manera masiva al trabajo remunerado, los hombres no han asumido en la misma medida las tareas domésticas y de cuidado de menores y mayores dependientes.

Esto provoca que las mujeres sigan asumiendo dichas tareas y flexibilizando su participación laboral, con el correspondiente impacto en sus carreras profesionales e ingresos presentes y futuros. Este impacto se aprecia con mayor claridad en los hogares monomarentales, y en las pensiones, que reflejan las discriminaciones y diferencias en los ingresos y cotizaciones que las mujeres han ido acumulando a lo largo de sus vidas, traducidas en un mayor riesgo de pobreza en su vejez. 

El informe detecta una sistemática atribución de menor valor al trabajo de las mujeres, considerándolo como algo secundario o de inferior utilidad. Esto se refleja en un gran número de sesgos en la valoración del trabajo de las mujeres. Se considera que las profesiones más feminizadas no suponen esfuerzo, o que, en general, las mujeres están menos cualificadas que los hombres para el desempeño de un puesto, especialmente si éste es de responsabilidad. 

Fuente: elsaltodiario.com

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Fuente: Marisa Maliaño Toca – Médica. Master en Salud Pública. Grupo de Ecofeministas de Ecologistas en Acción Cantabria en elsaltodiario.com

El ecofeminismo frente al auge del fascismo. Resistencia 2026

Ante el auge de los fascismos, urge reflexionar sobre las estrategias adecuadas para lograr el mundo que queremos. Y urge actuar, desde la conciencia ecofeminista

Imagen de Engin Akyurt

Vivimos un tiempo de desaliento. Un tiempo en el que el autoritarismo irrumpe con trajes respetables, consignas de “orden”, apelaciones a la “tradición” y una peligrosa nostalgia de jerarquías que por serlo, nunca fueron justas. Este nuevo fascismo se disfraza de sentido común, desacredita la ciencia, convierte el miedo en programa político y se alinea con los estertores del capitalismo industrial más destructor.

Pero sigue con sus rasgos clásicos: concentración de poder, desprecio por la diversidad, negación de la crisis climática y un ataque frontal a los avances feministas. Así el antifeminismo se ha convertido en uno de sus pilares y por eso cuestiona con bulos la violencia machista, intenta expulsar los debates de género del espacio público y pretende empujar de nuevo a las mujeres hacia el ámbito doméstico, como si la historia pudiera rebobinarse a golpe de consigna. Paralelamente, el negacionismo climático avanza con la misma lógica depredadora: se banaliza la destrucción ambiental, se glorifica el extractivismo y se caricaturiza el activismo ecológico.

No es casual. Mujeres, personas no normativas y/o racializadas, empobrecidas, y el propio manto de la Tierra se convierten en espacios sobre los que ejercer control, explotación o negación en nombre del mercado, del progreso o de una supuesta grandeza nacional. Por eso, resistir al fascismo hoy es una defensa radical de la vida, de la salud y de las condiciones de sustento que la hacen posible.

El ecofeminismo no es un lujo

En ese escenario, el ecofeminismo no es una moda ni un lujo intelectual: es una respuesta necesaria, urgente y profundamente política y ofrece otro horizonte. Une la defensa del planeta con la defensa de la vida y señala con claridad que la explotación de la naturaleza y la opresión de las mujeres responden a una misma lógica patriarcal y capitalista. No se limita a diagnosticar: propone. Invita a pensar cómo los feminismos, en su pluralidad actual, pueden convertirse en herramientas activas frente a estas nuevas formas de fascismo. Plantea un cambio de mirada ya que no habrá justicia social sin justicia ambiental, ni igualdad real en un planeta devastado.

Aunque la relación entre feminismo y ecofeminismo no ha estado exenta de tensiones. Parte del feminismo miró con recelo algunas formulaciones ecofeministas iniciales, especialmente aquellas que caían en el esencialismo: la idea de una supuesta afinidad “natural” entre las mujeres y la naturaleza, basada en la capacidad reproductiva o en una predisposición innata al cuidado. Desde posiciones materialistas, se señaló con razón que ese discurso podía reforzar estereotipos históricos y legitimar la desigualdad que se pretendía combatir. No nacemos cuidadoras: somos socializadas para serlo.

Otro punto de fricción fue el enfoque espiritual de algunas corrientes ecofeministas. Apelar a la “Madre Tierra” o a una “espiritualidad femenina” resultó problemática para quienes defendían una lucha centrada en las condiciones materiales, las políticas públicas y los derechos concretos. ¿Debe la transformación comenzar con un cambio de conciencia simbólica o con la modificación de las estructuras económicas y legales? El debate fue, en ocasiones, tenso.

También hubo diferencias de agenda. Mientras el feminismo priorizó conquistas fundamentales —voto, trabajo, educación, seguridad frente a la violencia—el ecofeminismo amplió el marco y lanzó una advertencia incómoda: no habrá igualdad posible si el planeta colapsa. No habrá derechos en un mundo inhabitable. Esta ampliación no niega las luchas feministas; las sitúa en un contexto más amplio y, hoy, ineludible.

Un diálogo maduro

Lejos de ser una fractura insalvable, estos desencuentros han dado lugar, con el tiempo, a un diálogo más maduro. Las nuevas corrientes hablan de un ecofeminismo crítico e interseccional, que rechaza el esencialismo y asume que todas las personas dependemos del cuidado mutuo y del equilibrio ecológico. El feminismo ha aprendido del ecofeminismo a poner la vida —y la salud— en el centro. El ecofeminismo ha aprendido del feminismo a mantener una mirada política, concreta y transformadora, sin idealizaciones paralizantes.

En tiempos de fascismo hay que actuar y recuperar la palabra pública; no ceder el espacio mediático al odio ni al negacionismo, y ocupar la conversación con un lenguaje claro, accesible y esperanzador. Debatir es un acto político, una forma concreta de desarmar el discurso autoritario. El pensamiento crítico, el diálogo y la escucha se convierten en herramientas de resistencia frente a la uniformidad y la censura. Allí donde el fascismo simplifica, el feminismo complejiza. Donde el autoritarismo impone, el feminismo dialoga. Donde el miedo paraliza, el pensamiento crítico activa.

Alianzas

Tejer alianzas es ahora unir feminismos, ecologismos, pueblos indígenas, sindicatos y juventudes. La unidad en la diversidad es la mejor respuesta frente a la fragmentación que el fascismo promueve. El disenso no es debilidad, sino fortaleza democrática. Se trata de construir colectivamente mundos posibles.

Por ello, hacer debates feministas en escuelas, universidades y espacios comunitarios adquieren un valor estratégico. No son solo espacios de denuncia; son auténticos laboratorios de futuro. Incorporar el cuidado, la sostenibilidad y la igualdad en la educación formal y popular no es adoctrinar: es formar ciudadanía consciente de la interdependencia entre seres humanos y naturaleza. Sin cuidados no hay sociedad; sin sostenibilidad no hay futuro. Las luchas contra la violencia machista, la contaminación y el extractivismo son luchas inseparables.

Urge que despertemos. El llamado “desarrollo” nos está robando la salud hoy y se la está robando a las generaciones futuras de las que somos responsables. El cáncer, las enfermedades inflamatorias (incluido el Alzheimer), el suicidio, la ansiedad, nos los provoca este sistema económico depredador, alienante y contaminante. Frente a esa expropiación de la vida, el feminismo y el eco activismo, afirman con contundencia que cuidar la Tierra, exigir entornos saludables y cuidarnos entre nosotras, entre todas las personas, no es una opción moral: es un acto radical de hacer política. Una política que no se rinde, que no retrocede y que no acepta ni se hinca ante un mundo enfermo como destino y como herencia inevitable.
losmicrobiosnosonmachistas.blogspot.com/

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