‘Abuela a la venta’: familia de mercadillo

Dibbuks apuesta con este título por un cómic infantil que no trata a los niños como lectores pasivos

Abuela a la venta (Dibbuks) parte de una premisa tan absurda que resulta irresistible: en un mercadillo cualquiera, la hermana pequeña de Marta desaparece tras ser “vendida” por error. El malentendido no se resuelve con lágrimas ni moralejas inmediatas. 

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Al contrario. Para recuperarla, Marta decide poner a la abuela en oferta, y lo que comienza como una solución improvisada termina convirtiéndose en un rastrillo delirante donde primos, tíos e incluso el perro cambian de dueño entre regateos imposibles. Lo que podría haber sido un drama familiar se transforma en una comedia negra sobre los lazos afectivos. 

Martin Baltscheit (Düsseldorf, 1965), figura clave de la literatura infantil alemana y ganador del Deutsches Jugendtheaterpreis, demuestra aquí por qué su obra transciende fronteras. Su experiencia en teatro y radio se nota en el ritmo de los diálogos y en la construcción de situaciones que funcionan casi como pequeñas escenas. El humor no es ingenuo, sino afilado, con un punto gamberro que conecta tanto con lectores jóvenes como con adultos. Hay ecos de esa tradición centroeuropea que no subestima la inteligencia infantil y que utiliza la sencillez aparente para lanzar mensajes más profundos.

Abuela a la venta es humor negro suavizado, es sátira familiar envuelto en colores vivos, es una pequeña locura en un puesto de mercadillo

La historia avanza a golpe de absurdo, pero bajo esa superficie disparatada se esconde una crítica sutil al consumismo y a la idea de que todo puede convertirse en objeto de intercambio. En tiempos donde las relaciones parecen medirse en términos de utilidad o rendimiento (algo que vemos a diario en redes sociales), Abuela a la venta funciona como una sátira ligera pero certera. Cambiar de dueño a un familiar es ridículo, sí, pero también hace que nos preguntemos qué significa realmente pertenecer a una familia.

El apartado gráfico corre a cargo de Thomas Wellmann (1983), ilustrador y animador con experiencia en producciones de Cartoon Network como Hora de aventuras o Clarence. Su estilo moderno y dinámico encaja perfectamente con el tono del relato. Las expresiones exageradas, el movimiento constante y la composición clara de las viñetas aportan frescura y facilitan una lectura ágil. Hay algo muy cinematográfico en la puesta en página, como si cada secuencia estuviera pensada para saltar a la animación en cualquier momento. El resultado es un cómic que entra por los ojos y que mantiene un equilibrio eficaz entre texto e imagen.

Es cierto que el desenlace apuesta por una resolución más amable de lo que el planteamiento inicial hacía prever. Quizá algunos lectores adultos echen en falta un cierre más arriesgado. Sin embargo, dentro de su público natural, la obra cumple con creces: entretiene, provoca y deja una reflexión sin necesidad de subrayados morales.

Dibbuks apuesta con este título por un cómic infantil que no trata a los niños como lectores pasivos. Abuela a la venta es humor negro suavizado, es sátira familiar envuelto en colores vivos, es una pequeña locura en un puesto de mercadillo. 

Fuente: Pablo D. Santonja | @datosantonja en nuevatribuna.es

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