Las Kellys: la precariedad ya existía, el Covid la agrava

Reclaman que sus sueldos no bajen, la aplicación de una ley de riesgos laborales, que se apruebe la Ley Kelly y que se establezca el “sello de calidad de empleo”, el cual consideran fundamental en un contexto de emergencia sanitaria.

Las Kellys, “las que limpian”, han lidiado estos últimos años con una sobrecarga de trabajo donde lo habitual ha sido, y es, limpiar 25 habitaciones de media en 8 horas. Las enfermedades y lesiones, ante tal carga, no han pasado de largo y se han arraigado en las vidas de muchas de estas mujeres provocando su malestar físico, psicológico e incluso el despido. Ahora, en plena emergencia sanitaria ante la pandemia que no ha dejado de preocupar y afectar a ningún continente, este grupo de trabajadoras se enfrenta a su situación con un plus de dureza añadido, la incertidumbre en el sector de la hostelería que pone el peligro su sustento.

Los sectores de cuidados y de limpieza siempre han estado ahí, funcionando en nuestra economía y prestándonos un servicio que en ocasiones se menosprecia o se considera menos importante que otros. Sin embargo, la crisis a causa de la Covid-19 que azota a cientos de países ha evidenciado la necesidad de los cuidados y la limpieza y la gran importancia que cobran estos sectores ante situaciones de pandemia. En este contexto, las camareras de piso, las Kelly, que frecuentemente son denominadas como limpiadoras, aunque esta no sea su categoría profesional, ponen en el punto de mira la situación precaria que las caracteriza y reivindican su papel como uno de los más importantes dentro del sector hostelero al que la crisis ha tocado de lleno.

El estado de alarma no solo trajo consigo el confinamiento por precaución, sino un aluvión de ERTES (Expedientes de Regulación Temporal del Empleo) por parte de empresas de todos los sectores y este grupo de trabajadoras que se reparte por toda España no se quedó fuera. Yolanda, portavoz de Las Kelly de Benidorm, explica que existen diferentes tipos de contratos para las camareras de piso de forma que pueden trabajar como fijas, fijas discontinuas, eventuales o externalizadas. No obstante, solo suelen contratar a las fijas con la denominación profesional de camareras de piso. “Nuestros contratos son normalmente de limpiadoras o de peones de la limpieza”, explica Yolanda, que además reivindica que “estas categorías profesionales no corresponden a la hostelería”, lo que tiene como consecuencia que cobren menos y que se les niegue su categoría laboral real.

“Cuando estamos externalizadas no formamos parte de las plantillas del hotel. Entre el hotel y nosotras existe un intermediario, que son las empresas multiservicios, que es quien te dice a qué hotel tienes que ir a trabajar, incluso puedes estar trabajando en varios hoteles, depende de con cuantos trabaje la empresa”, explica Yolanda. Además, denuncia que “al trabajar con estas empresas pierdes varios derechos, entre ellos el derecho sindical, ya que es solo para los trabajadores del hotel”. Uno de los motivos por los que decidieron organizarse y luchar por sus derechos como trabajadoras fue ver que si sufrían algún problema no tenían a donde dirigirse, ya que “estas empresas a veces ni siquiera tienen oficina física”.

Los ERTES no les han afectado a todas por igual. Y a pesar de que esta herramienta se creó para evitar despidos en situaciones como la emergencia sanitaria, se han encontrado con ellos. “Los contratos que hacen las empresas multiservicios son de obra de servicio o fin de obra, con lo cual a la mínima que tú te des de baja, que reclames o te quejes, te cierran el contrato y te vas a la calle”, argumenta la portavoz. Lo que conlleva que aquellas mujeres que tienen contratos con dichas empresas se encuentren ahora mismo en la situación más precaria y desconcertante debido a que han sido despedidas al inicio del estado de alarma y no han podido acceder al ERTE sino a la prestación por desempleo, siempre y cuando hayan acumulado las exigencias necesarias para poder optar a ella. “Conocemos a compañeras que no han podido acceder al paro y han tenido que recurrir a ayudas familiares, del barrio u organizaciones y, algunas otras, han tenido acceso a la renta mínima vital”.

Solo aquellas que tienen contrato fijo, han entrado en un ERTE sin problemas. Sin embargo, en caso de ciudades como Barcelona o Madrid, alrededor del 95% de su plantilla son externalizadas. “Muchas han quedado totalmente desprotegidas. No tenemos opción a reclamar nada porque los trabajos son de fin de obra, entonces te pueden despedir cuando quieran”, explica Miriam, portavoz de Las Kellys de Barcelona.

Por ello, desde hace años, estas trabajadoras del sector hostelero vienen reivindicando y pidiendo la implantación de la Ley Kelly, que tiene como principal premisa que se acabe con la externalización de aquellos puestos de trabajo que se consideran parte estructural del negocio, con la finalidad de acabar con su situación precaria y la de otras trabajadoras y trabajadores, ya que afectaría a cualquier trabajo externalizado considerado esencial dentro de un negocio.

“Cuando comencé trabajando como camarera de piso en un hotel se hacían 11 habitaciones en 8 horas y eso era viable. Ahora se hacen 15 o 17 habitaciones en 5 horas en el mismo hotel, hoteles de hasta 5 estrellas. ¿Qué ha pasado? Porque ganas menos dinero todavía. Las subcontratas abaratan costes a los hoteleros y se quitan de problemas. El trabajador tiene sus gastos, no vive del aire, por ello queremos que se apruebe la Ley Kelly que se propuso en 2017 y que está en el Congreso de los diputados porque la llevó el mismo PSOE”, explica la portavoz de la agrupación de Barcelona.

“Yo estuve trabajando en una subcontrata y a los dos años sufrí un accidente y me echaron a la calle como si no valiera nada, como si fuera un perro, cuando estás subcontratada no vales nada”, cuenta Miriam, que ahora figura en la plantilla de un hotel como fija, pero sigue luchando por los derechos de sus compañeras.

En el caso de las camareras de piso que figuran como fijas discontinuas el problema ha sido diferente, pero casi lleva al mismo final que han experimentado las externalizadas, el despido. “El hotel les hace un llamamiento de cuándo deben comenzar la temporada de trabajo. Ese llamamiento era al comienzo del estado de alarma y no se hizo, por lo que estas mujeres no tenían ni acceso al ERTE”, explican desde la organización de trabajadoras de Benidorm.

Tras ver que en Mallorca habían sacado un BOE propio de las Islas Baleares para que todas las fijas discontinuas entraran en un ERTE, aunque el hotel estuviera cerrado, las kellys de Benidorm pensaron que eso sería aplicable en su comunidad al haber un gran porcentaje de fijas discontinuas. De esta forma, tras reunirse con los políticos de la zona, entre los que se encuentran Rubén Martínez Dalmau, vicepresidente II de la Generalitat Valenciana y Aitana Mas, diputada de Compromís, consiguieron que se introdujera en el BOE de la comunidad.

“Algunos empresarios lo han cumplido y otros no. Lo que les queda a las discontinuas si no se las introduce en un ERTE es hacer una demanda judicial porque hay un boletín oficial que obliga a que les den ese derecho”, concluye Yolanda, que explica al hilo que algunas de sus compañeras “llaman a los hoteles para pedir que se las introduzca en los ERTE y la respuesta que les dan es que el hotel está cerrado… Y no pretendemos que nos metan a trabajar sino en el ERTE porque tenemos un derecho”.

Esta situación tiene graves consecuencias ya que cuando se habla de camareras de piso o limpiadoras parece que se trata de un sueldo complementario en la unidad familiar, sin embargo, hay muchas familias donde este sueldo constituye el principal sustento. Por otro lado, esta agrupación pone de manifiesto que muy pocas veces se respeta la conciliación familiar debido a que de un día para otro las empresas modifican sus horarios y sus días libres.

Un paso más hacia el reconocimiento de las enfermedades laborales

El martes 19 de mayo de 2020 se conoció la noticia de que el Tribunal Supremo reconoció por primera vez el síndrome del túnel carpiano como enfermedad profesional a una camarera de piso que reclamó en 2013 el reconocimiento de dicha dolencia. Una reclamación histórica de este grupo de trabajadoras que, desde su creación en 2016, no ha dejado de pedirle al gobierno que reconozca por ley las patologías que derivan de la realización de su trabajo. No obstante, aunque es un gran paso, estas enfermedades profesionales aun no figuran como tal por ley, algo que las Kellys vienen reivindicando desde hace años. El Tribunal Superior de Justicia de Canarias ya reconoció en una sentencia en 2019 la especial peligrosidad del trabajo de estas mujeres, donde la ponente del fallo, Gloria Poyatos, alegaba que se trata de un “duro trabajo lleno de esfuerzos ergonómicos de carácter repetitivo”.

“Estamos contentas con la decisión, pero no estamos contentas con que una mujer tenga que llegar hasta el tribunal supremo para demostrar que eso se lo ha hecho trabajando”, opina la organización de Benidorm. Ante situaciones como estas, la reivindicación de un listado con las enfermedades ocasionadas por el trabajo de camarera de piso cobra mayor importancia, ya que su reconocimiento por parte de la seguridad social y de las mutuas ahorraría a este colectivo un gran malestar. “Esta mujer para llegar al tribunal supremo habrá tenido que denunciar su situación durante años y a diferentes instancias”, comentan. Según Yolanda, “la mayoría de las camareras no denuncian porque no se pueden pasar años denunciando, necesitan trabajar”.

Un futuro marcado por la incertidumbre y la preocupación

Antes del estado de alarma, la carga de trabajo que soportaban estas mujeres era a su juicio “inadmisible”. Ahora, temen que su situación empeore y sean las trabajadoras quienes paguen la crisis económica. La precariedad que las lanzó en 2016 a las calles para denunciar su situación no viene dada por el Sars-Cov-2, sin embargo, sí que ha ayudado a poner de relieve todas las quejas y denuncias que venían declarando y que, a raíz del estado de alarma, pueden empeorar. Por ello, reclaman que sus sueldos no bajen, que se aplique una ley de riesgos laborales que ahora es inexistente, que se apruebe la Ley Kelly y que se establezca el “sello de calidad de empleo”, el cual consideran fundamental en un contexto como en el que nos encontramos.

El sello de calidad va vinculado a garantizar que el hotel está libre de Covid, los llamados “hoteles covid-free”. “Cómo quieren que una camarera desinfecte una habitación entera en 15 minutos. Piensan en hacer clientes, pero no en el gran trabajo que vamos a tener que desarrollar las trabajadoras”, dice Miriam, quien incide en que “con 15 minutos de limpieza no se puede garantizar la seguridad de las y los turistas.”

El turismo tal y como se conocía ha cambiado y es algo que Las Kellys saben de primera mano. Las patronales hosteleras de cada comunidad ya se han pronunciado en cuanto a los nuevos protocolos de seguridad, los cuales implican una limpieza exhaustiva de cada una de las habitaciones. En cambio, aún no se ha hablado del aumento de la carga de trabajo que supondrá limpiar minuciosamente cada rincón. “Si las tareas antes no eran asumibles, ahora será imposible mantener ese ritmo de trabajo”.

La salud de estas mujeres está en el punto de mira, no solo por la carga laboral, sino por la exposición al virus de forma continuada. Asimismo, esperan recibir toda la protección posible, como equipos de protección, para desarrollar su trabajo. Por otro lado, declaran, que ahora más que nunca van a defender la jubilación anticipada.

“Todas acabamos con dolencias crónicas sobre los 56 años, por lo que tener a una mujer de más 60 años expuesta a la carga de trabajo y al virus, pone en peligro su calidad de vida», explica Yolanda. Después de años “perdiendo la salud”, estas mujeres quieren negociar bien su jubilación declarando su trabajo peligroso, penoso. “Lo que no queremos es prejubilarnos y que nos quiten con los coeficientes reductores gran parte de la pensión”.

Existe gran preocupación con motivo de que hay hoteles que no abrirán en los próximos meses, aunque se reactive la hostelería, debido a que antes de ponerse en funcionamiento prefieren ver cómo evoluciona el turismo los próximos meses ante la inminente pérdida de gran parte de los turistas internacionales. “Esto deja en la calle a muchas trabajadoras que no van a volver a ser contratadas. No sabemos qué va a pasar con nosotras cuando finalice el estado de alarma”, comenta la agrupación barcelonesa. “Ni siquiera sabemos qué pasará con las que forman parte de la plantilla fija”, añaden.

Aunque haya mucha incertidumbre y miedo, las Kelly no se han quedado de brazos cruzados durante el confinamiento y han puesto en marcha una plataforma digital a falta de poder lanzarse a las calles, la Plataforma Estatal de Camareras de Piso. Mediante ella, pretenden seguir con su lucha y conseguir los derechos que vienen reivindicando a lo largo del tiempo, además de hacer frente a todas las adversidades que puedan llegar en tiempos inciertos como el que vivimos.

Foto: Archivo AmecoPress / 1) Las Kellys, foto tomada del Facebook de Las Kellys de Barcelona; 2) Concetración de Las Kellys Benidorm – Marina Baixa tomada del Facebook de Las Kellys Benidorm; 3) Concentración a favor de la Ley Kelly tomada del Facebook de Las Kellys Barcelona; 4) Concentración de Las Kellys Benidorm tomada del Facebook de Las Kelly Benidorm.

Fuente: AmecoPress en nuevatribuna..es