Entrevista a Yolanda Díaz: “Quiero un acuerdo con las distribuidoras para topar los precios de alimentos básicos como el pan, la leche o los huevos” | Vídeo

“Las izquierdas españolas tienen que darse una amnistía si quieren que gobernemos en 2023”, alerta Yolanda Díaz: “Están todos enfadados con todos y ni siquiera se escuchan”

“No hay nada que tensione más la vida de la gente que no poder hacer la cesta de la compra, y esto está pasando en nuestro país”, asegura la vicepresidenta del Gobierno, que culpa a los “márgenes empresariales” de parte de la subida de precios: “Alguien aquí se está enriqueciendo por el camino y está utilizando la guerra”. Para frenar estas subidas, Yolanda Díaz quiere llegar a un acuerdo con las grandes distribuidoras y los consumidores para “topar los precios de una cesta de productos básicos” como el pan, la leche, los huevos o la fruta. “Los oligopolios de nuestro país no solo están en el sector bancario o en el energético, tenemos cinco grandes distribuidoras de alimentación que concentran el 50%”.

Yolanda Díaz también alerta de la división en los partidos de izquierdas, y del riesgo que eso supone para las próximas elecciones. “Yo voy a lugares en los que da igual lo que uno piense: es que se llevan mal, es que están todos enfadados con todos, es que no hay racionalidad, es que ni siquiera se escuchan”. Y para frenar esta división propone “una amnistía” en las izquierdas “si quieren que gobernemos en 2023”.

Díaz asegura en esta entrevista con elDiario.es que el Gobierno de coalición no se romperá antes de las elecciones, que seguirá después y que hará “todo lo posible para que Feijóo no entre en La Moncloa”. Incluso se abre a pactar listas conjuntas con el PSOE en algunas circunscripciones o para el Senado, aunque cree que “el Partido Socialista no está maduro para esta realidad”. “Soy una mujer siempre transfronteriza, a veces hacemos de las siglas un fetiche”.

¿Va a ser candidata a presidir el Gobierno en las próximas elecciones generales?

No he tomado aún esa decisión, pero cuando la tome, la comunicaré.

¿De qué depende? ¿Por qué no lo ha decidido ya?

Del proceso ciudadano que hemos puesto en marcha y, sobre todo, de la escucha que he arrancado. Lo que más me atrae es el proyecto de país que queremos levantar colectivamente. Estamos viviendo en una sociedad española del siglo XXI con recetas que miran hacia atrás, hacia el siglo XX; necesitamos repensar el país. Vamos a presentar este mes varios grupos de trabajo que van a proyectar el país que queremos. Quiero primero ese gran boceto de una España que es moderna, feminista, ecologista, joven, dinámica… que es la realidad que tenemos. Y después ver cuál es la recepción y las inquietudes de la gente. Y con todo ese trabajo, tomaré una decisión.

¿Qué ha aprendido en estos primeros encuentros de su ‘proceso de escucha’?

El modelo que he diseñado fue muy controvertido, desde la propia denominación. No es un nombre: es un proceso dialogado. Soy una especialista en diálogo social y es una herramienta que funciona. Siempre he dicho que lo importante del diálogo social es que es un proceso. A mí me gusta que todo el diálogo social acabe con acuerdo, pero lo importante es que todas las voces estén y configuren las normas, aunque después no lleguen a acuerdos. El proceso de escucha es algo semejante. 

Mi primera escucha, que fue con jóvenes, coincidió en la semana del debate del estado de la nación. Eran 40 jóvenes con una formación extraordinaria, me quedé perpleja. Y lo primero que me dijeron es que los temas que a ellos les preocupaba no habían sido tratados en el debate sobre el estado de la nación.

¿Cuáles eran esos temas?

La profundidad de la emergencia ecológica y climática y la convicción de que estos cambios han de ser sociales. Uno de ellos me dijo: “Yolanda, no vamos a cambiar nada hasta que hagamos que la emergencia climática esté en los puestos de trabajo, esté en una cajera de un supermercado, que ella tome como propia la necesidad de tomar las riendas a un cambio que es de una profundidad brutal, que está cambiando nuestras vidas”.

Todo lo que yo pueda aportar para que Feijóo y la extrema derecha no gobiernen La Moncloa lo voy a hacer

¿Qué hará si decide finalmente que no va a ser candidata a la presidencia del Gobierno? ¿Dejará la política? ¿Volverá a Galicia?

Había periodistas ayer que cuando me vieron en mi tierra, en Galicia, me decían que les daba miedo porque pertenezco a allí. Tengo una pulsión sin resolver, todos los días pienso en Galicia. También quiero decir con franqueza que tengo una responsabilidad y una única certeza: que soy una mujer progresista y voy a contribuir todo lo que pueda, bien sea en la política activa o desde mi despacho de abogados, como he hecho muchas veces.

La política no se acaba en el Parlamento. También puede estar en un despacho de abogados laboralistas.

Vengo de una casa en la que me lo han enseñado muy bien y, es más, se hace mucha más política en las AMPAS de nuestros hijos, o en los colegios profesionales de abogados y abogadas, o de médicos, que en la política institucional. Pero lo que quiero transmitir es que todo lo que yo pueda aportar para que Feijóo y la extrema derecha no gobiernen La Moncloa lo voy a hacer. En esto sí soy clara.

¿Qué ha hecho mal el Gobierno para que el PP lidere todas las encuestas?

En este gobierno, como todos los gobiernos o todos los seres humanos, no somos perfectos. Cometemos errores. Creo que en el Gobierno de España hemos hecho muchísimas cosas que tienen una relevancia brutal. Empezando por la ley de eutanasia, la ley de la infancia, la ley del cambio climático, la ley de la formación profesional o todo lo que tiene que ver con el Ministerio de Trabajo.

Somos un gobierno pionero en Europa con la transición ecológica y con las políticas de Trabajo. Las dos grandes directivas que están ahora mismo debatiéndose beben de las fuentes de las aportaciones del Ministerio de Trabajo. Es muy curioso cómo se ve muy bien en Europa y aquí no tanto. 

Es verdad también que existe un malestar social. Venimos de una gestión de una pandemia brutal y ahora estamos con el impacto de una guerra, que es real. La inflación entra todos los días por nuestras casas, está golpeando a toda la sociedad española. A las preguntas que se le formulan en el CIS y en otros institutos demoscópicos, a la gente se le dice: “¿Cómo está la situación económica en general?” Y responden: “Fatal”. Pero, ¿cómo está la suya? “Bueno, la mía más o menos”.

Alguien aquí se está enriqueciendo por el camino y está utilizando la guerra

Hay una divergencia enorme entre la percepción general de la economía y la situación individual.

Sé muy bien que la política son sensaciones. No es lo que parece ser a veces. Esto a veces los políticos no lo entienden. El Gobierno tiene que tener la altura de miras para acercarse y tener comprensión con lo que está pasando. Lo dije en su momento: los productores tienen razones para salir a la calle. Y desde luego, hace falta esa proximidad para que la gente se sienta abrazada. La política también es esto. Y tomar medidas que influyan. Por ejemplo, no estamos ante una crisis de demanda, no es esto lo que está provocando la inflación.

No es que de repente se esté consumiendo mucho más.

Ni mucho menos. El dato es claro: los salarios han subido al 2,56% y la inflación, al 10,4%. Ergo los salarios son víctimas de la inflación, no son los causantes de ella. Pero estos días, con los trabajos que han realizado la COAG [Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos] y los consumidores en nuestro país, vemos el agravio y la afectación que tiene. Y no es solo por la subida de precios en los hidrocarburos: también por los precios de la alimentación. Por los oligopolios que tenemos en nuestro país, que no solo están en el sector bancario o en el energético. Tenemos cinco grandes distribuidoras que concentran el 50%.

¿Cree que una de las razones de esa subida de precios está ahí, en la concentración en pocas manos del sistema de distribución de alimentos?

Esto es un factor de riesgo. Nos vienen advirtiendo de la concentración bancaria, nos vienen advirtiendo del factor oligopolio que tenemos con la energía. Y aquí también pasa esto. A los productores les compran las naranjas a 15 céntimos, y los ciudadanos las pagamos a 1,48 euros. Las patatas se pagan a los productores de nuestro país en torno a 18 céntimos y se están vendiendo a 1,35. El ajo llega a los supermercados con un incremento de casi el 800%. Es una barbaridad. 

Alguien aquí se está enriqueciendo por el camino y está utilizando la guerra. Esto está pasando y hace imposible la vida de la gente. En este sentido, estoy trabajando para que exista un acuerdo con las distribuidoras y los consumidores en nuestro país. Un acuerdo que consista en determinar una cesta de productos básicos, en torno a 20 o 30 productos, en los que, como hemos hecho con el gas y otras materias, topemos los precios. 20 o 30 productos que son básicos: la leche, el pan, los huevos, la fruta…

Entiendo que consistiría en definir primero una cesta de productos básicos de primera necesidad para la alimentación, con una dieta equilibrada…

Equilibrada y sana.

…y pactar con las grandes distribuidoras que eso no puede subir de determinado precio.

Y con los consumidores. Hablamos de incrementos del 500%, de 575%. Son datos públicos. No puede ser. Está claro que aquí alguien está haciendo negocio.

¿Y se ha encontrado con la colaboración de esas grandes distribuidoras de alimentos?

Aún no nos hemos reunido, lo vamos a hacer. El Gobierno de España está tomando muchas medidas en el sector energético, estamos gravando con un impuesto creado ex novo, una figura tributaria, a las entidades financieras, pero hay que dar un paso más porque la alimentación es imposible. Lo llevo diciendo, hago la compra con normalidad y la gente tiene razón para estar molesta. 

Hay que actuar con los márgenes empresariales. No lo digo yo, lo dice el Banco de España. Nos acaba de decir en su informe que la facturación en las empresas ha crecido en España un 45%. Y los beneficios han crecido el 62%. Por lo tanto, dice el Banco de España, hay margen para actuar en los beneficios empresariales. Y me parece que en la situación que tenemos es lo que hay que hacer.

Los sindicatos tienen razón y no defienden un interés de parte, sino el interés general de la economía de nuestro país: 17 millones de asalariados

Es usted la primera ministra de Trabajo que se pone del lado de los trabajadores y de los sindicatos frente a la patronal en un asunto tan importante como la negociación de los salarios. ¿Por qué lo ha hecho?

También lo he hecho con los productores y los ganaderos cuando han salido a la calle. ¿Y por qué lo he hecho? Lo he hecho porque los sindicatos tienen razón y porque los sindicatos están defendiendo el interés general. Los sindicatos aquí no están actuando de parte. Yo soy una ministra que ha hecho 14 grandes acuerdos sociales. Podía haberlos hecho prescindiendo de la patronal y no quise hacerlo. Cuando la patronal española tiene razón, se la he dado. Y cuando los sindicatos tienen buenas ideas, también se la doy. 

En esta ocasión, creo que los sindicatos tienen razón y no defienden interés de parte. Están defendiendo el interés general de la economía de nuestro país: 17 millones de asalariados en nuestro país. Estos días nadie sabía en España, o no se acordaban, que la patronal se levantó el 5 de mayo de la mesa de la negociación colectiva. 

¿Desde entonces no ha habido negociaciones?

Ninguna. Y por tanto les he pedido que vuelvan a la mesa. La patronal española, tiene que estar a la altura: tiene que revalorizar los salarios. Se han registrado en julio tan solo 450 convenios colectivos, lo que indica es que se está bloqueando la negociación de esos convenios y esto es malo para nuestro país. 

Los Gobiernos no son neutrales. No son de parte, pero tampoco neutrales. El Gobierno de Zapatero no fue neutral cuando desplegó una auténtica agenda feminista. El Gobierno de Aznar no fue neutral cuando nos metió en la guerra de Irak. Y yo creo que el Gobierno del que formo parte no es neutral cuando decide gravar a las entidades financieras con un impuesto.

¿Qué argumentos le da usted al presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, cuando trata de convencerle de que la patronal tiene que aceptar subidas de sueldos?

Yo creo que Antonio Garamendi es consciente de esto.

¿Qué impide entonces a la CEOE llegar a acuerdos?

Creo que la patronal española cometió un error levantándose de esa mesa y me consta además que los sindicatos estaban haciendo propuestas razonables. Es lógico que dé vértigo a las dos partes, teniendo una inflación tan elevada. Hay ciertas inseguridades. Pero ahora mismo ya conocemos, más o menos, los niveles de inflación con los que podemos cerrar el año. Y lo que no es de justicia en ningún caso es que se estén bloqueando las negociaciones colectivas, porque eso sí que puede generar conflictividad social.

No hay nada que tensione más la vida de la gente que no poder hacer la cesta de la compra. Y esto está pasando en nuestro país. Por tanto, yo le pido responsabilidad a la patronal española. Ha estado a la altura siempre y lo tiene que volver a hacer.

¿Cuánto tiene que subir el salario mínimo?

No lo voy a decir. Yo nunca lo he dicho. No soy nada invasiva. Hoy [la entrevista tienen lugar el viernes por la tarde] he convocado al comité de expertos y de expertas. Después convocaré la mesa de diálogo. Voy a escuchar a todas las partes y después tomaremos una decisión. 

¿Y las pensiones? ¿Cumplirá el Gobierno con su compromiso de revalorizarlas con la inflación?

Sin lugar a dudas. Y quiero mandar un mensaje de absoluta tranquilidad a los pensionistas de nuestro país. El Gobierno de España no va a hacer como el Partido Popular o cómo haría Alberto Núñez Feijóo: no vamos a recortar las pensiones. Vamos a mantener la revalorización de las pensiones de conformidad con el IPC [Índice de precios al consumidor].

¿Cuándo podrán empezar a cobrar el paro las empleadas del hogar?

Estoy deseando que esto pase. Vamos a llevar esta norma al próximo Consejo de Ministros el martes. En cuanto se apruebe, no solamente podrán percibir la prestación de desempleo: es que las vamos a igualar en derechos con los demás trabajadores y trabajadoras. 

Ha pasado ya un año desde la entrada en vigor de la ‘ley rider’, pero Glovo sigue utilizando autónomos y Uber Eats ha dicho que los va a recuperar. ¿Ha quedado la norma en papel mojado por la insumisión empresarial? 

Al revés. Ya las hemos sancionado y de manera muy intensa. Y créame, el peso de la ley se les va a aplicar con toda la dureza. Vamos a ver estos días todavía más actuaciones. 

¿Van a seguir las sanciones?

Sin lugar a dudas, no nos vamos a aquietar. Y le digo con toda contundencia: la ley en España la tiene que cumplir todo el mundo. Además de que es una vergüenza, no tienen necesidad de hacer esto. Hay muchísimas otras empresas españolas y no españolas que cumplen con los derechos de los trabajadores y están cumpliendo la ley.

Los datos de la nueva reforma laboral en estos primeros meses están siendo bastante buenos. España está en récord de empleo y cada vez los contratos son más estables. ¿Cómo explica que una reforma así, que se había pactado entre la patronal y los sindicatos por consenso, que recuperaba derechos para los trabajadores, fuera aprobada en el Parlamento de carambola, por el voto de un diputado del PP que se confundió, con el apoyo de Ciudadanos y con el voto en contra de muchos partidos de izquierdas? 

Lo que me produce es tristeza. A los lugares que voy la gente no solamente nos da las gracias. Es que sabe que tener un contrato indefinido le cambia la vida. Por tanto, esos partidos tienen que explicar a sus votantes qué es lo que han hecho. Yo entiendo que en la política hay cuestiones que son muy ideológicas, en las que uno se puede posicionar de manera diversa. Pero en una norma de tal enjundia, que cambia la vida de la gente y que además, si hubiera decaído, supondría que hoy siguiéramos otra vez con la norma de Mariano Rajoy… Creo que no son políticos ni políticas útiles.

¿Habría dimitido si la ley no sale adelante?

Sin lugar a dudas. Sí, de hecho estuve a punto de hacerlo, a pesar de haber salido, porque me causó una enorme tristeza. Esta no es la política que me han enseñado a mí en mi casa.

Una de las primeras reformas que anunció al llegar a su cartera fue una ley de trabajo corresponsable, que luego sería denominada Ley de Usos del Tiempo. ¿Reducirá por ley el Gobierno la jornada laboral en esta legislatura?

Es una de las leyes más importantes, creo, de esta época. Hay que hablar de reducción de jornada, hay que hablar de productividad. En las empresas tenemos un diferencial de productividad negativo muy importante con Europa. Está muy estudiado que este viejo aforismo de la presencialidad en los lugares de trabajo, lejos de aumentar la productividad, la disminuye. A partir de unas ciertas horas no solo no producimos más, sino que disminuye exponencialmente la productividad. 

¿Cómo se define ante la situación económica española? ¿Optimista? ¿Pesimista?

Prudente. 

¿Y estaremos mejor o peor dentro de seis meses?

No me atrevo a decirlo porque he visto que en una semana se desplomaron 800.000 puestos de trabajo que pensé que no íbamos a ser capaces de recuperar. Por tanto, soy prudente. Yo creo que el Gobierno de España está actuando como ningún otro gobierno ha hecho. Lo tengo clarísimo. Nos estamos dejando la piel. Ante una incertidumbre que es muy ancha, la certeza de que el Gobierno de España va a hacer las cosas que tengamos que hacer para evitar que las personas lo pasen mal.

¿Habrá subida del gasto militar en los próximos Presupuestos Generales del Estado?

Bueno, yo creo que nuestra posición es conocida, la del presidente del Gobierno también. Creo que el presidente del Gobierno sabe perfectamente que duplicar el presupuesto de Defensa supone incrementar el mismo de 11.000 millones de euros a 22.000. Por dar un dato, el Ministerio de Trabajo que tiene materias muy sensibles, que son muy importantes, como la protección social, como los ERTES, tiene un presupuesto de 30.000 millones de euros. Este es un debate profundamente democrático. Lo único que le digo es que ese incremento en el techo de gasto que hemos negociado con la ministra de Hacienda, no está.

El PSOE llevó a cabo hace un año una profunda remodelación de la parte socialista del Gobierno y ha cambiado varias veces la dirección de su grupo parlamentario. ¿Sería positivo hacer cambios en la parte de Unidas Podemos?

No sé si vamos a arreglar demasiado con cambios, y máxime ahora mismo que estamos ya culminando la legislatura. Desde luego yo no estoy pensando en cambios y no sé si el presidente del Gobierno, que es su competencia exclusiva por excelencia, junto con la disolución de las Cortes, lo está pensando, pero yo estoy trabajando con normalidad con todos los ministros y ministras.

Usted es diputada en una lista de Unidas Podemos. ¿Por qué cree que hay que crear un nuevo movimiento? ¿Unidas Podemos ya no sirve para lo que sirvió hace unos años?

Yo soy diputada por Galicia en Común. No es lo mismo.

Cierto, pero forma parte de una misma estructura. ¿Por qué hay que crear un nuevo movimiento? ¿No sirve Unidas Podemos para la nueva etapa?

Es que no hemos creado una plataforma electoral. Lo que hemos lanzado es un movimiento ciudadano. He aprendido mucho de la experiencia chilena con el presidente, con los ministros y las ministras en Chile y en Colombia. Los grandes cambios y ser capaces de llegar al gobierno fueron a través de movimientos ciudadanos y creo que esta es la clave. El problema que tiene nuestro país ahora mismo es una enorme desafección ciudadana. Una brecha enorme.

¿Lo prioritario es conseguir recuperar la confianza de la gente en la política?

Sin lugar a dudas. Yo misma tenía dudas de si la ciudadanía quería o no participar. Y es verdad que estoy arrancando, pero la ciudadanía quiere participar. Estoy sorprendida de la cantidad de personas que están, aunque sea un poco prosaico decirlo, haciendo contribuciones económicas a Sumar. La gente tiene ganas de participar.

¿Le preocupa la falta de unión de la izquierda? ¿Que al final, a pesar de este ilusionante proceso de escucha ciudadano, llega un momento de pactar una lista y nos encontremos con una división similar a la que ocurrió en las últimas elecciones andaluzas, donde hubo varias candidaturas de izquierda, y una lista pactada en el último momento?

Yo creo que las izquierdas españolas tienen que darse una amnistía si quieren que gobernemos en el 2023. Soy clara.

¿Una amnistía se declara cuando se está en guerra?

Una amnistía, porque yo voy a lugares en los que da igual lo que uno piense: es que se llevan mal, es que están todos enfadados con todos, es que no hay racionalidad, es que ni siquiera se escuchan.

¿Es una cuestión política o personal?

Hay de todo. Yo, como vengo de Izquierda Unida, tengo experiencia. En política he visto los mayores amores y los mayores odios. Es brutal. En la vida ordinaria no nos movemos así. Y parte de lo que hay en las izquierdas españolas –que son todas, es el PSOE, somos todos nosotros, todo nuestro espacio– es una cultura que viene de lejos. Yo pido que nos demos una oportunidad: démonos una amnistía para ganar en el 2023.

¿Por qué no quiere que participen los partidos en los actos de Sumar?

En los actos sí.

¿En el proceso de escucha?

En el proceso de escucha, también. En Sumar puede participar todo el mundo. Lo que no estamos haciendo es un partido ni estamos hablando ahora de un proceso electoral. Pero en Sumar cabe todo el mundo, no le pedimos el carné a nadie.

Se ha pedido a muchos partidos políticos que no acudan a los primeros actos. 

No es verdad eso. En el acto del 8 de julio he tenido una conversación con las

las figuras ‘número uno’, por decirlo así, de todos los partidos y les he dicho qué les parecía. Y me dijeron que el procedimiento era ciudadano y que por supuesto que no debían de estar los ‘números uno’. Pero en Sumar cabe todo el mundo, no se le pide el carné a nadie. Pero es verdad, es un movimiento ciudadano y ahora mismo no es una plataforma electoral.

¿Y en esa amnistía cuenta con Íñigo Errejón y Mónica García para su proyecto?

Cuento con todo el mundo. A mí no me van a ver nunca discutiendo en torno a siglas, en torno a nombres. Me van a ver discutiendo lo que me interesa, que son proyectos políticos, ideas, qué queremos hacer con la sanidad, con la tecnología, con el 5G, qué queremos hacer con los medios de comunicación en nuestro país, qué queremos hacer con los indultos, qué queremos hacer con lo que le interesa a la gente. Ahora, somos todos los mismos. Y lógicamente tenemos matices. 

Podemos ha planteado ir en coalición con Sumar, con su proyecto, pero no dentro de él. ¿Le convence esta propuesta de coalición?

No. Ya la hemos conocido en Castilla León y en Andalucía. No va de suma de siglas. El propio Pablo Iglesias lo dijo y yo creo que tiene razón. Mi posición es conocida tanto en el caso de Castilla y León como en el caso de Andalucía. No va de suma de siglas. ¿En Galicia hicimos otra cosa, no? 

¿Qué opina de la destitución de Enrique Santiago como secretario de Estado de la Agenda 2030?

Tiene que contestar a esta pregunta la señora Belarra. Lo que sí que sé es que va a hacer un trabajo fundamental como diputado y que va a sumar.

¿Va a sumar en su proyecto?

Va a sumar, sin lugar a dudas.

¿Es compatible que Podemos y Más Madrid compitan en Madrid en las elecciones autonómicas –ya ha anunciado Mónica García que descarta una lista conjunta o una alianza– y después concurran juntos en una lista con usted?

Desde luego, yo voy a trabajar de aquí al 2023 para que todo el mundo sume.

Los audios de Villarejo que hemos conocido en estos últimos meses han desvelado una trama gravísima contra la democracia: cómo el Gobierno del PP utilizó a la policía para perseguir a sus rivales políticos –Podemos y los independentistas–, con el apoyo de medios de comunicación que difundían noticias falsas. ¿Le preocupa que empleen contra usted las mismas técnicas?

No me preocupa que las empleen contra mí. No es contra mí, es contra la democracia. Y esto es muy grave.

¿Y esto cómo se evita? ¿Qué cree que hay que hacer con los medios de comunicación? ¿Habría que regularlos?

Aquí mi posición, como sabe, es clara: respeto absoluto a un mandato constitucional, que es que la ciudadanía tiene derecho a información veraz. Esto es clave. Y hablar de información veraz supone que tengamos profesionales con prácticas correctas, no solo deontológicas, sino el ejercicio, la praxis diaria correcta. Y estamos viviendo un mundo ya no solamente de fake news [noticias falsas], sino de creaciones y de falsedades que no hacen más que dañar: que están golpeando la democracia y la ciudadanía. 

Creo que el papel que tienen los medios de comunicación es clave en democracia. 

Ese mandato constitucional y ese derecho que tenemos la ciudadanía a una información veraz, de calidad, contrastada y desde luego actuando con rigor. Hay medios que son fake news de arriba abajo y han actuado para derribar a los dirigentes de Podemos y por supuesto a los independentistas. Y esto en democracia es gravísimo e intolerable.

Hemos conocido recientemente un intento de asesinato a la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Es un país, Argentina, donde la polarización es tan extrema que allí la llaman ‘La grieta’: una división enorme de la sociedad. ¿Le preocupa que esa división, que también está ocurriendo en España, vaya a más?

Muchísimo. El ruido no aporta nada a la sociedad española. Los insultos no aportan nada a la sociedad española, nada. El que se crea que porque insulta tiene más firmeza en sus posiciones es que no sabe de qué está hablando. La polarización no genera más que polarización y violencia. Y es verdad, el clima a veces es irrespirable. Es que ya ni se escucha lo que decimos. Da igual. Y sin embargo, yo vengo de un Ministerio en el que, curiosamente, se trabaja de una manera absolutamente diferente.

Es enorme el contraste entre cualquier sesión del Parlamento y el acuerdo entre patronal y sindicatos para el diálogo social.

Total. Ya sé que no se puede, pero me gustaría que los medios de comunicación entraran a una de esas mesas de diálogo y vieran cómo trabajamos. Es que es una insensatez lo que está pasando. Imagínese que yo, ante las preguntas que me formula a veces la oposición, actuara como hacen ellos. No lo voy a hacer jamás. En fin, es un bochorno, es un espectáculo.

¿Cree que sería un error un adelanto electoral que hiciera coincidir las generales con las autonómicas y municipales en mayo?

La decisión de las elecciones le compete al presidente del Gobierno. Ahora bien, estamos en crisis y yo creo que lo que le faltaba a la sociedad española ahora mismo es que tuviéramos elecciones generales. 

¿Y va a durar el Gobierno de coalición hasta el último momento o van a romper antes de las elecciones?

Se va a mantener, no tengo la menor duda. Eso es vieja política y política muy masculina. Y si decido presentarme a las elecciones no me van a ver más que cooperando. El Partido Socialista y nosotros tenemos políticas diferentes en muchas materias. No compartimos, por ejemplo, la posición que se lleva en la Ley de Secretos Oficiales. Nosotros entendemos que tiene que haber una reforma tributaria, por fin, que nos coloque en el siglo XXI. Tenemos diferencias en materias de tanta sensibilidad como son los derechos humanos y la migración. Tenemos proyectos diferentes, pero no me van a ver a mí, como muchas veces me plantean, distrayéndome. Tengo muy claro a quién tenemos que frenar. Lo vuelvo a decir: de lo que de mí dependa, Alberto Núñez Feijóo no entra en la puerta de La Moncloa en el año 23.

Feijóo da respuestas públicas a la sociedad de los años 90 porque se quedó en ella

Usted conoce muy bien a Alberto Núñez Feijóo y alguna vez lo ha descrito como un gran adversario. ¿Cuál diría que es su punto débil y su punto fuerte?

Alberto tiene muchos puntos débiles y creo que lo que hay que hacer con Alberto es discutir con él sobre proyectos y modelos de país. Y verán ustedes cómo se van a encontrar a un Alberto que no representa más que el pasado. Las políticas que está dando el señor Feijóo en este momento son propuestas a las que pasamos página ya hace muchos años. Es decir, estamos ante un Alberto Núñez Feijóo que da respuestas públicas a la sociedad de los años 90. Se quedó en ella. 

Feijóo sigue diciendo que hay que recortar el gasto público. Imagínese, recortar el gasto público en este momento. Como sabe que esto es complicado, cuando se le pregunta dónde hay que recortar, no concreta. No hay que subir el salario mínimo, no hay que revalorizar las pensiones y no tiene ninguna alternativa económica para nuestro país que no sea más que una bajada generalizada de los impuestos. No hay ningún Partido Popular europeo que defienda tamaña propuesta.

¿Cuál es el estado interno del Gobierno de coalición? ¿Qué tal es su relación con el presidente Pedro Sánchez y con el Partido Socialista?

La relación con Pedro Sánchez ya le digo yo que es magnífica, ya no solo por afecto personal, que desde luego yo se lo tengo al presidente del Gobierno, sino también por lealtad y respeto. Yo creo que hasta está la gente sorprendida porque estamos como muy en silencio.

¿Hay menos ruido fuera del Gobierno?

Le he citado ahora mismo normas en las que no estamos de acuerdo, pero con un respeto entre las partes. Estamos negociando muchas normas y por tanto el Gobierno goza de una enorme salud. A los adversarios políticos ya les digo que tienen coalición para tiempo. Y les digo más: sin lugar a dudas el futuro va a seguir siendo de una coalición progresista. La única política que está haciendo en estos momentos el Partido Popular es que se convoquen elecciones. Bueno, pues ya le digo yo que tenemos coalición para rato. 

Si su proyecto es gobierno de coalición ahora y gobierno de coalición después de las elecciones, ¿tiene sentido que en algunas circunscripciones vayan ustedes juntos en las listas?

El Partido Socialista no está maduro para esta realidad. Es verdad que en España ha habido experiencias, sobre todo en el Senado, por la penalización que conlleva esa Cámara. Sinceramente creo que el Partido Socialista no quiere.

Pero usted no lo descarta

Soy una mujer siempre transfronteriza. Me manejo muy bien en los límites y creo que las diferencias son en torno a propuestas políticas. A veces hacemos de las siglas un fetiche.

ENTREVISTA COMPLETA

Fuente: Ignacio Escolar en eldiario.es
Vídeo: Stéphane M. Grueso y Xabi González
Foto portada: Captura vídeo

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