De la PAH a Desokupa y las Oficinas Antiocupación

¿Cómo hemos pasado del poder de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas al de Desokupa? Este cambio de ciclo no es más que una de las reacciones del orden frente a la ventana de oportunidad que abrió la década pasada el movimento por la vivienda digna

Hoy en día, un asiduo de las tertulias políticas televisivas de este país es posible que esté alarmado por la ocupación de viviendas y que conozca qué es Desokupa y quién su impulsor. Sin embargo, quien encendía la televisión la década pasada era más probable que se encontrara en prime time a la PAH o conocer a sus principales representantes como Ada Colau o Rafa Mayoral. El cambio de guion y de enfoque no es solo fruto de una estrategia orquestada por los poderes mediáticos y económicos, sino también una pérdida de músculo, de organización y de movilización de estos movimientos sociales.

Para analizar qué ha pasado y por qué se ha producido este cambio de ciclo reaccionario hay que remontarse hasta el estallido en 2008 de la crisis capitalista (no está de más recordar que el capitalismo se perpetua entre crisis cíclicas), quien trajo consigo diferentes problemas y fenómenos para las mayorías sociales de este país. Uno de ellos fue la avalancha de desahucios que se produjo en la década pasada por todo el Estado, y que a día de hoy, continúa existiendo con los alquileres como punta de lanza.

Y es que según datos ofrecidos por el informe del Observatori DESC, entre 2008 y 2019 más de 1,7 millones de personas fueron expulsadas de sus hogares en España, cifrando en 684.385 los desahucios desde 2008. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca va más allá y eleva esa cifra en ese período hasta 1.002.000.

Sean unas cifras u otras, lo cierto es que según los datos ofrecidos por el primer informe, basándose en las cifras oficiales del CGPJ, España alcanza el pico de desahucios en 2012, cuando se llevaron a cabo 70.257 (una media de casi 200 familias desahuciadas al día). De ahí, hasta los 54.006 del último año de la década pasada o hasta los 38.266 de 2022. Una cifra superior a los datos pre-crisis (27.251 desahucios en 2008) que muestran como se ha cronificado este fenómeno en nuestro país y que nunca volverá a ser como antes. Otra consecuencia que trajo aquella crisis y que ha llegado para quedarse parece.

Una crisis de vivienda, o más bien de falta de derecho a la vivienda, que no puede explicarse sin contextualizar que nuestro país es uno de los países de la Unión Europea con menor porcentaje de viviendas sociales construidas, con solo el 2,5% del parque público según los  datos oficiales, lo que significa que es uno de los países con mayores márgenes para especular con este bien básico. De hecho, España se encuentra en la posición 18, solo por delante de Rumanía, Estonia, Croacia y Portugal. En el lado contrario, Países Bajos, que tiene un 30% de vivienda social. A esto hay que añadir que España tenía la pasada década, en plena crisis, un 20% del parque de viviendas vacías. Escasez y especulación como cóctel nacional.

A raíz de este fenómeno, nació la Plataforma de Afectados por las Hipotecas en febrero de 2009 para combatir esta lacra, desafiando las leyes del sistema al año siguiente, cuando en noviembre de 2010 frena el primer desahucio de la historia en nuestro país, consiguiendo anteponer de esta forma el derecho a la vivienda al del lucro y la especulación de la propiedad privada. Un hito que trajo consigo que el movimiento por la vivienda consiguiera parar 2.045 desahucios entre 2010 y 2017, según datos ofrecidos por Stop Desahucios; y/o la campaña ‘Obra Social de la PAH’, que atacaba directamente al corazón de la especulación de entidades bancarias y fondos buitre, pasando a la acción en nuestro país con decenas de ocupaciones para familias de pisos e incluso bloques de edificios vacíos pertenecientes a estas entidades. Una apuesta que ponía en jaque la función de la propiedad privada y que rompía varios consensos.

De esta forma, durante la pasada década, era muy normal ver en tertulias de prime time a portavoces del movimiento por el derecho a la vivienda enfrentándose a los voceros de los intereses privados especulativos. Algo que permitió que se produjera un cambio de paradigma y que se abriera una ventana de oportunidad para normalizar la ocupación por parte de familias desahuciadas y sin hogar de viviendas vacías utilizadas para la especulación inmobiliaria.

Con todo esto, hagamos un salto en el tiempo. Nos vamos a nuestro año, el 2023. En él hemos pasado a que el foco mediático y los marcos ideológicos hegemónicos en los grandes medios sean los de la derecha mediática y política, teniendo como mejores representantes a Desokupa o las Oficinas Antiocupación.

Hoy en día, por tanto, hablar de vivienda ya no es hablar de la PAH o Stop Desahucios, sino de Desokupa y de la alerta mediática generada para intentar hacer creer a la mayoría social que el principal problema de vivienda que tenemos en este país es que te la puedan ocupar, no que te puedan desahuciar de ella.

Esto empieza a forjarse a mediados de la pasada década, cuando la extrema derecha en nuestro país está preparándose para asaltar los consensos sociales, para crecer y generar hegemonía. En ese contexto, Desokupa, que surge desde la extrema derecha, nace en 2016 para contrarrestar el contrapoder popular que había construido organizaciones como la PAH, con centenares de asambleas activas en todos los rincones del país. En paralelo, Vox no dejaba de crecer y de aumentar su presencia en las instituciones.

Ante el peligro que suponía que el derecho a la vivienda avanzara, y que por tanto, se redujera el número de viviendas dedicadas a la especulación, los propios especuladores del mercado inmobiliario, tanto entidades jurídicas como físicas (aquellos que tienen varias propiedades y que pretenden vivir de nada más y nada menos que de la extracción de salario de el y la obrera a través de un alquiler) ponen en marcha, a través de los partidos políticos que les representan, diferentes vías para frenar esto y que todo continúe según los quehaceres del mercado.

Una opción es la del PSOE. Para muestra, un botón. Nos remontamos a abril de 2014. Casi 30 personas, entre ellas menores, eran desalojadas de la Corrala Utopía de Sevilla. La plataforma no consiguió que la Junta ni el Ayuntamiento acogieran sus reivindicaciones y que esas viviendas de entidades financieras pasaran a formar parte del parque de viviendas sociales para alquiler de familias necesitadas. Sin embargo, sí consiguió que la Consejería de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía, en aquellos momentos en manos de Izquierda Unida, cuya consejera era Elena Cortés, les realojara facilitándoles las llaves de unos pisos para que las familias tuvieran asegurado el derecho a la vivienda. ¿Qué hizo entonces el PSOE tras eso? Abrir una crisis profunda con IU que acabo con la ruptura del cogobierno andaluz.

Dos años después, en 2016 otro ejemplo más. Varias familias que vivían en la Corrala Solidaridad de Almendralejo, bloques de viviendas vacías ocupadas pertenecientes al ‘banco malo’, iban a ser desahuciadas. Llevaban liberando ese edificio para familias necesitadas más de dos años y le plantearon al Gobierno de Fernández Vara en varias ocasiones que ese edificio pasara a cumplir una función social. La respuesta final de Vara y los suyos fue proteger los intereses de los especuladores, ofreciéndole a las familias un alojamiento fuera de ese edificio, para dar carpetazo a este proyecto social, a esa lucha.

Otra opción es la de las derechas representadas por PP y Vox. La del partido de extrema derecha es directamente la de apostar por financiar directamente a Desokupa con dinero público. No hace falta extenderse en explicar lo que es Desokupa, de donde vienen sus líderes y sus prácticas de sicarios de la especulación.

La propuesta del Partido Popular, tal y como planteó Pablo Casado ya en 2020, es encarcelar a las familias que ocupen una vivienda. Entre que desaloje un grupo de matones neonazis o que encierren en la cárcel entre uno y tres años al padre o la madre que ocupe una vivienda vacía no sabemos que es lo más traumático para una familia. En lo que sí están de acuerdo ambos partidos de la derecha es en poner en marcha las Oficinas Antiocupación allá donde gobiernen, otra reacción más a la PAH.

Y es que, volviendo al giro hegemónico, al cambio de ciclo que se ha dado en esta década, de las PAHs a Desokupa, hay que señalar que esta organización no es más que una de las reacciones del orden económico a la ventana de oportunidad que abrió la década pasada la PAH y el movimento por la vivienda. Es la reacción más reaccionaria, valga la redundancia. La reacción más represiva y violenta y que llega más lejos en lo simbólico, en las formas, pero no tiene porqué en el contenido, ya que el contenido está dentro de las leyes y de las estructuras que posee el capitalismo actual en nuestro país para asegurar el derecho a la propiedad y a la especulación por encima del derecho a la vivienda. Es una fuerza represiva más del orden actual de las cosas, pero sin la legitimidad que te da una orden judicial de desalojo que sí tienen las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en los procesos de desahucios a familias. Cuando el capitalismo no perpetuarse como lo estaba haciendo hasta ahora siempre recurre a la extrema derecha, y en este caso, ante la incapacidad para desalojar con rapidez como les gustaría a los especuladores surge Desokupa para cumplir el mismo papel de que las FyCSE pero al borde de la ley.

Sin las PAHs y las luchas por el derecho a la vivienda que llevaron a la ocupación de viviendas vacías de bancos y fondos buitre probablemente no hubiera existido Desokupa, al igual que tampoco hubiera existido Vox tal y como lo conocemos sin el importante avance del feminismo la pasada década, o del avance del proceso independentista en Cataluña. Son reacciones, experimentos del sistema, para aplacar las luchas y reivindicaciones que van a la raíz de problemas.

No significa ello que Desokupa sea hijo de las luchas de la PAH o que la PAH haya engendrado a Desokupa, al contrario, es su antítesis. Es un proceso que podría llamarse como natural y completamente normal dentro de un escenario de lucha de clases. Cada clase juega sus cartas en el orden actual de las cosas, en el terreno de juego en el que se juega la partida.
Fuente: Javier Romo en mundoobrero.es

.
También podría interesarte