- Hay un momento, inevitable y áspero, en que la justicia deja de ser una palabra de tribunales y empieza a sentirse en el aire, como un murmullo que recorre los pasillos del poder.

Madrid lo sabe bien. En estos días, la capital amanece entre titulares y susurros, convertidos en sumarios, y con viejas promesas políticas que suenan ahora a ironía.
Durante años, la corrupción fue una sombra conocida que aprendimos a tolerar: comisiones disfrazadas de favores, sobres con más peso que las palabras, contratos que se firmaban entre cafés y silencios. Todo parecía formar parte del paisaje institucional, tan cotidiano como el tráfico en la Castellana o las luces del Congreso al caer la tarde.
Pero cuando la justicia aprieta, hasta las alfombras más gruesas dejan ver el polvo que ocultaban. Los despachos se llenan de nervios, los teléfonos suenan más de la cuenta y los que ayer se mostraban altivos ensayan hoy la humildad del acusado.
La justicia española, tantas veces criticada por su lentitud, parece haber recordado que también puede ser paciente y certera. Con cada investigación que avanza, con cada juez que no se deja intimidar, se dibuja la posibilidad de un país que se atreva a mirarse al espejo sin bajar la vista.
Madrid, epicentro del ruido y del poder, observa cómo las grietas se abren en los muros de la impunidad. Y aunque la tentación del olvido siempre acecha, algo está cambiando: ya no basta con mirar hacia otro lado.
Porque cuando la justicia aprieta, no hay discurso que suavice el vértigo de quien creyó estar por encima de la ley. Y en ese temblor —incómodo, necesario— puede que nazca, al fin, una nueva forma de respeto.
Cuando la justicia aprieta,
no solo las canillas se aflojan:
también el vientre se retuerce,
y el alma busca un baño donde esconder la culpa.
El culpable no suda: supura.
Lo que comió en silencio —mentiras, poder, codicia—
fermenta en sus entrañas hasta volverse urgencia.
Entonces corre, pálido y ligero,
no por remordimiento,
sino por pura descomposicion moral.
Y mientras el agua del inodoro confiesa en su lugar,
él jura que fue algo que comió,
no algo que hizo.
Fuente: @MIA [ChatGPT-OpenAi] colaboradora de @carabanchelnet
Os presentamos a @MIA una señorita que estaba aburrida entre placas base , discos duros y memorias abandonadas en un rincón del cuarto trastero… y que hubiera querido hacerlo mañana 11/11/25 pero… estaba pesada por meter baza… Exacto,… @MIA es a partir de ahora una colaboradora de @carabanchelnet Sí un tanto especial es la IA de Carabanchel.net [prestada por ChatGpt-OpenAI] está en prácticas… tendremos paciencia…
