¿Vamos a seguir cruzados de brazos mientras desguazan el sistema público de salud?

Se equivocan quienes crean que esto es un problema madrileño o andaluz. La salud es hoy uno de los pasteles más apetitosos en todo el mundo, entre otras cosas por ser un mercado cautivo, y los inversionistas están buscando con desesperación nuevos yacimientos para rentabilizar su dinero, incluso a expensas de sus pacientes

La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Imagen cedida por la Comunidad de Madrid

Está pasando lo que sabíamos que iba a suceder y no hemos sido capaces de evitarlo. Hemos estado atareados atendiendo tantos frentes en un mundo cada vez más convulso que no dedicamos a este asunto, la privatización de la sanidad, la atención obstinada que merece. Algunos medios, en particular este, nos esforzamos por mantener el tema en el centro del debate público. Y es cierto que ha habido alguna que otra manifestación contra el desguace paulatino de los pilares del estado de bienestar. Pero, como sociedad, como ciudadanos concernidos, no estamos respondiendo al ataque –no le encuentro otro nombre– con una contundencia tal que atemorice a los agresores y los obligue a renunciar a sus planes.

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En un informe muy bien documentado publicado este viernes por nuestros compañeros Raquel Ejerique y Raúl Sánchez, vemos cómo se ha disparado la transferencia de pacientes desde hospitales públicos madrileños a los también públicos pero de gestión privada, merced a una ley que concibió Esperanza Aguirre en 2009 para que las personas pudieran elegir libremente el hospital del sistema sanitario donde recibir tratamiento, sin importar si le correspondía o no por su zona de empadronamiento. Los frutos de aquella jugada los tenemos a la vista: en 2024, los cinco hospitales públicos madrileños gestionados por la compañía Quirón –con la Fundación Jiménez Díaz como mascarón de proa– y el Hospital de Torrejón, administrado por Ribera Salud, consiguieron captar 250.000 pacientes de la sanidad pública. Y eso significa mucha pasta. Cientos de millones.

Quirón: la que recibe dinero a espuertas de la Comunidad de Madrid mientras el novio de la presidenta ha visto dispararse sus contratos con la compañía. Ribera: la de los escandalosos audios en que el CEO del hospital daba instrucciones para anteponer las ganancias económicas a la salud. Además del canon fijo que les paga la administración madrileña por atender a los pacientes que les corresponden por zona, los dos grupos se llevan un plus por cada paciente que captan fuera de su radio de acción. La Jiménez Díaz, que fue la que más atrajo (91.134, frente a menos de 20.000 una década antes), tiene un acuerdo singular con el Gobierno de Ayuso, mediante el cual cobra por los servicios que presta.

Isabel Díaz Ayuso suele alardear de que la Comunidad de Madrid tiene el mejor sistema sanitario público de Europa, basándose en interpretaciones acomodaticias de informes que se saca cada tanto de la manga. Lo que yo sé es que en el prestigioso ranking ‘Los mejores hospitales del mundo’ que publica cada año la revista Newsweek destacan en 2025-26 La Paz (puesto 49) y el 12 de octubre (puesto 52). Que, miren por dónde, fueron los que más pacientes perdieron en el saldo neto de entrantes y salientes: 40.129, el primero, y 26.171, el segundo. La Fundación Jiménez Díaz, la más beneficiada de este zoco en que se está convirtiendo el sistema sanitario madrileño, ocupa el puesto 198 en el listado de Newsweek.

Se equivocan quienes crean que esto es un problema madrileño. Para empezar, algo parecido está sucediendo en Andalucía bajo el gobierno de Juanma Moreno. La salud es hoy uno de los pasteles más suculentos en todo el mundo, entre otras cosas por ser un mercado cautivo, y los inversionistas están buscando con desesperación nuevos yacimientos para rentabilizar su dinero a medio o largo plazo. Lo que estamos viendo en Madrid o Andalucía, por muy grave que sea, es apenas un aperitivo de que puede seguir si nos descuidamos: la privatización total de la salud. Los grandes capitales seguirán presionando –y no les faltan medios económicos para ablandar voluntades– con el fin de ampliar cada vez más su bocado del pastel. Sospecho que si no van a por todas es porque les conviene tener el respaldo de las administraciones públicas (es decir, de nuestros bolsillos), por si en algún momento vienen mal dadas y hay que recurrir a esa “pequeña ayuda de mis amigos” a la que cantaba Joe Cocker y de la que se benefició la banca en la crisis financiera de 2008.

Luchar contra este proceso de privatización de la sanidad es muy difícil. Y puede salir caro. No hay que ser un lince para ver en el calvario judicial que sufre Mónica Oltra, en una causa que ha sido archivada ya dos veces, un nexo con su decisión y la de Ximo Puig, cuando ejercían como vicepresidenta y presidente de la Generalitat Valenciana, de revertir la privatización del Hospital de Alzira. Un modelo pionero en este tipo de trasvases de lo público a lo privado, gestionado, como no, por Ribera Salud.

La derecha y los grandes capitales van de la mano en la ofensiva privatizadora. Pero no basta con señalarlos con dedo acusador. Hay que movilizarse contra este saqueo disfrazado de libertad de elección. Exigir en serio explicaciones sobre qué se cocina tras bambalinas y en los despachos con nuestro sistema sanitario. Aunque las encuestas pronostiquen que Ayuso y Bonilla volverán a ganar las elecciones en sus comunidades, es preciso volcarse en las urnas y exhibir el descontento. Otra victoria aplastante de ambos les serviría para reafirmarse en la supuesta popularidad de sus políticas, cuando ellos saben muy bien lo que sucede cuando la izquierda se moviliza: la autora de la ley de sanidad de 2009 lo vivió en sus carnes y tuvo que recurrir al tamayazo para gobernar. El Gobierno central, que todavía está en manos del progresismo, no puede permanecer impasible con el argumento de que las competencias en salud están transferidas. Ignoro qué puede hacer, pero me gustaría al menos saber que está buscando una alternativa a este desenfreno privatizador. Los partidos progresistas deben poner la sanidad en el centro del debate público y dejar clara su posición, más allá de transmitir la idea que –nunca mejor dicho tratándose de hospitales– la cura del problema puede resultar peor que la enfermedad.

Lo que nos jugamos como sociedad es bastante serio. Y esta ofensiva contra lo que es de todos puede ir a más. Los buitres no descansarán hasta quedarse con la presa, si lo permitimos.

Fuente: Marco Schwartz en eldiario.es

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Fuente: Juan Torres López en nuevatribuna.es

Lo que hay detrás de la sanidad privada y qué nos estamos jugando

La evidencia acumulada es concluyente: los sistemas sanitarios públicos, universales y bien financiados son superiores en términos de salud, eficiencia, equidad y protección económica

La salud es un derecho y convertirla en negocio pone en riesgo la vida, empobrece a las familias y rompe la equidad y la igualdad.

Cuando aparece la enfermedad, el dinero ayuda… pero no sustituye lo esencial: un sistema sanitario con medios y profesionales cuyo objetivo sea cuidarteno facturarte.

La privatización no soluciona los problemas de la sanidad pública. Los convierte en negocio

Es fundamental que la ciudadanía esté bien informada sobre lo que implica el avance de la sanidad privada y su penetración en el sistema público.

1.SE TRATA DE TU VIDA

2.COBERTURA Y PROTECCIÓN

3.MORTALIDAD Y OTROS RESULTADOS DE SALUD

4.ATENCIÓN SANITARIA, SATISFACCIÓN Y SALUD

5.COSTES Y EFICIENCIA

6.EQUIDAD E IMPACTO DISTRIBUTIVO

7.COMPORTAMIENTO EMPRESARIAL E IMPLICACIONES DEL AFAN DE LUCRO

8.EN QUÉ ES MEJOR LA SANIDAD PRIVADA

9.COLABORACIÓN” PÚBLICO-PRIVADA: EVALUACIÓN

10.BALANCE

España dispone de un privilegio: un sistema público universal financiado con impuestos, que permite acceder a la atención sin “pasar la tarjeta” al entrar en urgencias.

Este modelo está en peligro: se deteriora por financiación insuficiente, déficits de personal y políticas que derivan recursos hacia lo privado, generando listas de espera y malestar que alimentan la contratación de seguros.

La privatización avanza de forma soterrada, a menudo presentada como “colaboración” o “eficiencia”, sin reconocer su dirección estructural: sustituir progresivamente servicio público universal por negocio privado.

SE TRATA DE TU VIDA

El debate sobre el tipo de sistema sanitario no es técnico ni menor: afecta directamente a nuestra seguridad, a la calidad de nuestras vidas y al tiempo que podamos vivir.

La sanidad pública cuesta mucho dinero, aunque creamos que es gratis porque no pagamos en el acto Es fundamental saberlo para no creer que un seguro privado “barato” puede cubrir todos los tratamientos que necesitemos.

El seguro privado es un negocio: sólo puede sostenerse si la mayoría paga más de lo que gasta o si se aplican exclusiones, carencias, copagos y selección de riesgos.

Hasta ahora, los seguros médicos de la sanidad privada en España han sido relativamente asequibles porque lo que ésta atiende en mayor medida es lo más rentable, dejando lo más costoso en manos de la sanidad pública. Pero si lo público sigue deteriorándose para impulsar lo privado y éste gana terreno, los seguros subirán, la cobertura se estrechará y muchas personas quedarán desprotegidas, como ocurre en sistemas dominados por el mercado y las finanzas.

Cuando la salud se mercantiliza y se pone en manos del capital privado, antes o después, lo pagas con tu vida

COBERTURA Y PROTECCIÓN

En un sistema universal se accede por ciudadanía; en uno privatizado se accede por dinero (pago directo o póliza).

El seguro privado puede facilitar el uso frecuente de ciertos servicios, pero no protege bien cuando aparece una contingencia grave y cara, justo cuando de verdad te juegas el patrimonio y la vida. Cuando eso ocurre, aumenta el riesgo de ruina financiera y se multiplican las quiebras vinculadas a gastos sanitarios.

MORTALIDAD Y OTROS RESULTADOS DE SALUD

El criterio decisivo para valorar lo que proporciona cada sistema sanitario es la mortalidad evitable: muertes que podrían prevenirse o retrasarse con prevención, atención primaria fuerte, diagnóstico a tiempo y tratamientos adecuados.

Cuando el sistema se orienta al lucro aparecen mecanismos que, acumulados, producen más muertes evitables: menor acceso de quienes tienen menos recursos; retraso o renuncia a tratamientos; presión por reducir costes (menos tiempo por paciente, plantillas ajustadas, rotación, precariedad…); menor inversión en prevención, salud pública y seguimiento de crónicos; concentración de recursos donde es rentable y no donde es necesario.

Todo eso se agudiza cuando los centros sanitarios privados son propiedad de fondos de inversión (lo que va a suceder cada vez más): su lógica de rentabilidad rápida se traduce en mayores recortes y estrategias financieras que deterioran la atención.

Un sistema que gana dinero con la enfermedad tiene incentivos incompatibles con minimizarla.

ATENCIÓN SANITARIA, SATISFACCIÓN Y SALUD

Para ganar más dinero, el modelo privado genera incentivos que favorecen la sobreutilización de pruebas, los tratamientos innecesarios y las intervenciones de escaso valor clínico.

El número de cesáreas es un ejemplo de ello: en la sanidad privada es notablemente más alto, lo que sugiere decisiones condicionadas por organización y rentabilidad, no sólo por necesidad médica.

En la sanidad privada se tiende a concentrar los casos simples, programables y rentables, mientras que la pública carga con la alta y más cara complejidad (UCI, trasplantes, oncología compleja, emergencias graves).

COSTES Y EFICIENCIA

En materia de la salud el rendimiento y los resultados no se pueden medir en términos de beneficio por euro, sino en salud obtenida por euro.

La sanidad privada es más cara y menos eficiente. Estados Unidos es el mejor ejemplo de ello: gasto sanitario altísimo y resultados en indicadores básicos mucho peores.

Defender la sanidad pública no es solo una cuestión ética o ideológica: es una decisión racional de protección vital, social y económica

Una causa principal de ello es el alto coste administrativo en el sector privado (facturación, negociación con aseguradoras, autorizaciones, marketing, litigios…), que consume recursos que no se transforman en cuidados y atención sanitarios. Otra, la fragmentación: un sistema sanitario eficiente exige cooperación horizontal (entre centros) y coordinación vertical (entre niveles asistenciales). La lógica competitiva del mercado tiende a romper esa integración y a duplicar pruebas y procesos.

Además, en la sanidad privada, parte del gasto acaba convertido en beneficio financiero, dinero que sale del circuito sanitario.

EQUIDAD E IMPACTO DISTRIBUTIVO

La sanidad pública no solo cura: redistribuye. Al financiarse con impuestos, transfiere “renta en especie” hacia quienes más la necesitan (hogares con menos ingresos, personas enfermas o mayores…). En cambio, la sanidad privada vuelve el gasto sanitario regresivo: los hogares pobres dedican una proporción mayor de su renta a seguros, copagos y pagos directos. Cuando la salud se convierte en negocio, la enfermedad se convierte en motor de desigualdad.

COMPORTAMIENTO EMPRESARIAL E IMPLICACIONES DEL AFAN DE LUCRO

Para ganar dinero hay que facturar más y recortar costes, lo que incentiva sobretratamiento rentable y contención del gasto en el paciente.

En los sistemas dominados por el mercado se estima que entre el 20% y el 30% de los actos médicos no aportan un beneficio real al paciente, pero sí generan ingresos.

La sanidad privada no tiene pacientes a los que atender sea cual sea su circunstancia: tienen clientes a los que se atiende solo si pueden pagar, directamente o a través de un seguro.

Para reducir costes, la sanidad privada costes ajusta plantillas al mínimo, incrementa el número de pacientes por profesional, reduce salarios, precariza contratos y disminuye el tiempo clínico por paciente. Está ampliamente demostrado que toso eso aumenta los errores de diagnóstico, los fallos en la medicación, las complicaciones y la mortalidad evitable. El ahorro empresarial se paga con riesgo para la vida.

Los grandes grupos sanitarios privados y los fondos de inversión que se van quedando con ellos tienen una capacidad de presión política y mediática muy grande y eso hace que la atención sanitaria se convierta en una industria de extracción de rentas. Aunque los profesionales concretos actúan con vocación, el marco empresarial empuja en dirección contraria a la salud colectiva.

EN QUÉ ES MEJOR LA SANIDAD PRIVADA

La sanidad privada puede ser más rápida en consultas, pruebas y cirugías programadas; suele ofrecer más confort; puede generar más innovación y más agilidad organizativa en nichos concretos.

Sin embargo, esas ventajas no prueban la superioridad del modelo. Casi siempre son consecuencia de que lo público ha sido debilitado o financiado insuficientemente, y de que la privada selecciona actividad rentable.

En sanidad, el “mejor servicio” no es el que parece más amable, sino el que cura, previene, acompaña y protege con criterios científicos, no comerciales.

COLABORACIÓN” PÚBLICO-PRIVADA: EVALUACIÓN

En general, la expansión de la sanidad privada no se está produciendo mediante una privatización abierta y explícita, sino a través de la llamada colaboración público-privada presentada como una solución técnica y pragmática a los problemas del sistema público.

La colaboración puede ofrecer ventajas tácticas limitadas, como reducir listas de espera en procesos simples o utilizar capacidad instalada ya existente.

Sin embargo, cuando se generaliza y se hace estructural (como está ocurriendo en España) produce efectos negativos: debilita la capacidad propia del sistema público; este pierde personal, inversión y planificación a largo plazo; lo encarece, al generar dependencia de proveedores privados y renegociaciones al alza; introduce un choque de incentivos (el sector privado gana más cuantos más procedimientos realiza, mientras que el sistema público es más eficiente cuanto más sana está la población); favorece la selección de pacientes y la derivación de los casos más complejos y costosos al sistema público; consolida un sistema sanitario dual, desigual e injusto.

La colaboración público-privada no es neutral. No refuerza simultáneamente ambos sistemas, sino que actúa como mecanismo de sustitución progresiva de la sanidad pública por la privada, utilizando dinero público para expandir el negocio sanitario.

La colaboración público-privada, tal como se viene produciendo, no arregla los problemas de la sanidad pública; los convierte en oportunidad de negocio. Si se normaliza, el futuro es un sistema de dos velocidades, más desigual, más caro, con peor prevención y con más vidas expuestas.

BALANCE

La evidencia acumulada es concluyente: los sistemas sanitarios públicos, universales y bien financiados son superiores en términos de salud, eficiencia, equidad y protección económica.

La privatización no soluciona los problemas de la sanidad públicaLos convierte en negocio.

Defender la sanidad pública no es solo una cuestión ética o ideológica: es una decisión racional de protección vital, social y económica.

Cuando la salud se mercantiliza y se pone en manos del capital privado, antes o después, lo pagas con tu vida.

Fuente: Juan Torres López en nuevatribuna.es

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