Un centenar de convocatorias del #8M para un feminismo que enseña músculo contra el fascismo

Un año más, las convocatorias para el 8M se multiplican por todo el mapa del Estado. Desde El Salto llevamos recopiladas más de 100 convocatorias en capitales, grandes ciudades y pueblos que este año se centran en denunciar el ascenso de la extrema derecha y el belicismo

Otro año más, este 8M de 2026 vestirá las calles de todo el Estado de lucha feminista. En un comienzo de año especialmente violento, con diez feminicidios en apenas dos meses según los datos oficiales, las violencias machistas serán el foco de las protestas en las más de 100 convocatorias recopiladas. Pero no solo.

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Así, en grandes ciudades como Madrid, Bilbao, A Coruña, València o Murcia, capitales de provincia como Segovia o Gasteiz, y grandes pueblos como Lorca (Murcia) o Vilagarcía (Pontevedra), se escucharán y se verán gritos y pancartas contra la violencia machista, pero también en defensa de derechos como el aborto, ante la ofensiva de la extrema derecha.

En los manifiestos para este 2026 se cuelan temas de plena actualidad ante los que el feminismo se ha posicionado históricamente, como la oposición a la guerra y al imperialismo

En los manifiestos para este 2026 también se cuelan temas de plena actualidad ante los que el feminismo se ha posicionado históricamente, como la oposición a la guerra y al imperialismo, ante los bombardeos de Estados Unidos e Israel en Irán o Líbano, así como el rechazo a los genocidios, como el acometido por el ejército sionista en Gaza.

Como ejemplo, desde la Assemblea 8M de Barcelona han subrayado que esta movilización pretende enfrentar “el avance de la extrema derecha, el racismo, el antifeminismo y la LGTBIQA+fobia a escala global”. También denuncian las políticas represivas y antimigratorias, el aumento del militarismo y los conflictos armados, y alertan sobre la crisis de cuidados, la precarización laboral y la feminización de la pobreza.

En este sentido el lema de la Comisión 8M de Madrid es “Feministas antifascistas. Somos más. En todas partes” y denuncian así el auge de la extrema derecha y el clima belicista internacional.

Muchas de estas ciudades acogerán marchas abolicionistas y contrarias a la ley trans, que se escinden de las convocatorias históricas, como lleva sucediendo en Madrid desde hace seis años, en Barcelona desde hace un par o en Bilbao, donde sucederá por primera vez. En el mapa que ha recopilado El Salto solo se recogen aquellas convocatorias que son transincluyentes.

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Fuente: elsaltodiario.com

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Fuente: nuevatribuna.es

Sindicalismo y feminismo, la necesaria intersección

El feminismo interseccional analiza cómo se entrelazan múltiples estructuras de opresión en la vida de las mujeres

Foto de archivo de las Comisiones Obreras

Se acerca el 8 de marzo y, con esta fecha, la oportuna reflexión sobre la lucha de las mujeres me lleva a considerar, a partir de mi propia experiencia de feminista y sindicalista, una práctica de interés que ejemplifica algo que, en los últimos años, tanto desde el activismo como desde la academia, se ha convertido en un tema principal, la interseccionalidad.

  1. El feminismo en el movimiento sindical
  2. No exento de problemas
  3. Sindicato feminista y más

El feminismo interseccional, término acuñado por Kimberlé Crenshaw en 1989, analiza cómo se entrelazan múltiples estructuras de opresión (género, raza, clase, sexualidad) en la vida de las mujeres. Patricia Hill Collins y Sirma Bilge (2019) [2] proponen esta descripción del concepto de interseccionalidad: 

La empresa ha resultado ser descomunal. Partíamos de una situación de presencia femenina marginal, por supuesto, en el mercado laboral, pero más aún en la afiliación sindical

“La interseccionalidad es una forma de entender y analizar la complejidad del mundo, de las personas y de las experiencias humanas. Los sucesos y las circunstancias de la vida social y política de las personas raramente se pueden entender como determinadas por un solo factor. En general están configuradas por muchos factores y de formas diversas que se influyen mutuamente… no por un único eje de la división social, sea este la raza, el género o la clase, sino por muchos ejes que actúan de manera conjunta y se influyen entre sí… no funcionan como entes independientes y mutuamente excluyentes, sino que se construyen unos sobre otros y actúan juntos”.

Pero el nacimiento de las ideas que aglutina este concepto, realmente, fue anterior y los estudios de género vienen a situarlo en varios textos que analizan las luchas de las mujeres afroamericanas, en los movimientos sociales en los USA, en los años 60 y 70 del siglo pasado, que introdujeron las reivindicaciones de aquellas mujeres que no cabían en el patrón del que llamaron feminismo blanco, el de las mujeres universitarias y amas de casa de clase media, quienes, con la pretensión de universalidad, marcaron la segunda ola del feminismo. Así, con la introducción de otros ejes de discriminación -la raza, la clase social…- se inicia el feminismo de la tercera ola.

El feminismo en el movimiento sindical

Pues bien, por esas fechas -1975, declarado por la ONU año internacional de la Mujer, es la fecha que tomamos como referencia-, con la realización de las Primeras Jornadas por la liberación de la mujer, en Madrid, y poco después, las Primeras Jornadas catalanas de la dona, en Barcelona, resurge en España el que luego será denominado feminismo de la tercera ola.

CCOO supone un buen ejemplo, en nuestro país, de una práctica interseccional, de vinculación de las diferentes estructuras de opresión, tanto por ser una organización pionera en su comprensión como por la extensión de esta práctica en toda la estructura sindical

Ya por entonces, unido a esos primeros pasos de este movimiento feminista en España, comienza el trabajo feminista en el interior de los sindicatos. Desde esa misma consideración que hoy podemos denominar interseccional, un sector de la afiliación de CCOO, mujeres, sobre todo, considerando que la desigualdad económica no se puede abordar debidamente solo a partir de la clase social, se propone conseguir que CCOO integre en su actividad en defensa de “la clase”, la especificidad de la discriminación femenina, la discriminación de “género” lo que entonces llamáramos “transversalidad de género”, y que hoy sigue definiendo uno de los principios del Sindicato, según se recoge en sus estatutos: “CCOO asume incorporar la transversalidad de género en todos los ámbitos de la política sindical…”. 

Se defendía que las mujeres trabajadoras tenían unos problemas específicos que no podían englobarse como problemas del conjunto de la clase, pero, realmente, expresados desde la experiencia masculina, exenta, como sabemos, de los condicionamientos sociales que tenían -y aún tienen- las mujeres. La jornada laboral no supone lo mismo para un hombre sin responsabilidades familiares y de cuidados, que para una mujer que sí las tiene, la defensa del derecho al trabajo -al empleo- no se consideraba de la misma entidad si se trataba del de un hombre -algo “sagrado”- que si fuera el de una mujer -su destino era otro, ya se sabe-, los salarios eran ¡tan diferentes, aun en el mismo puesto de trabajo!… Y se creía que todos estos problemas específicos no podían ser considerados problemas personales, que solo les incumbían a ellas, sino que debían entenderse, también, como problemas de “la clase”. En resumen, se decía en algún texto de la época, “tenemos que aprender a entrelazar nuestro punto de vista de clase con una posición antipatriarcal”.

Y consiguieron que, en la Asamblea de CCOO de Barcelona, en 1976, para ir dando pasos en ese objetivo, se decidiera crear las secretarías de la mujer, lo que luego se formalizaría en el I Congreso Confederal, de 1978.

En ese I Congreso de CCOO se habla de la especificidad de la problemática de las trabajadoras, de la constitución de secretarías de la mujer [3] y su representación en los órganos del Sindicato, de la relación con el movimiento feminista… Se plantean reivindicaciones laborales específicas: la eliminación de las categorías laborales femeninas, contra la discriminación salarial, la compatibilidad del trabajo asalariado y el trabajo doméstico… y también otras más globales referidas al conjunto de las mujeres: la igualdad ante la ley, anticonceptivos y aborto…, se denuncia la violencia de género… y todo ello, desde la consideración de que ‘lo personal es político’, un lema acuñado por el feminismo que reclama la necesidad de visibilizar públicamente, como cuestión social, lo que el neoliberalismo considera relativo a la esfera privada.

Después, con la realización de una conferencia de mujeres (“CC.OO., un espacio sindical para hombres y mujeres”, febrero-junio de 1993), el conjunto del sindicato discutió durante varios meses los problemas y reivindicaciones de las mujeres, lo que significó un importante nivel de consolidación de las secretarías de la mujer.

No exento de problemas

La empresa ha resultado ser descomunal. Partíamos de una situación de presencia femenina marginal, por supuesto, en el mercado laboral, pero más aún en la afiliación sindical, de una gran incomprensión por parte de muchos compañeros varones, incluso, hacia el derecho de las mujeres al empleo, con acusaciones a las trabajadoras de ‘romper la clase’ con su defensa del derecho al trabajo remunerado, de la consideración de que lo laboral y lo sindical son ‘cosa de hombres’, del propio retraimiento de las mujeres a imponer su presencia en un ambiente muy masculinizado, por muy diversas razones, entre otras y muy fundamentalmente, debido a las responsabilidades familiares. 

Pero cada vez más mujeres entendieron que su condición de clase trabajadora estaba atravesada por su condición de género y pelearon por vincular ambas identidades, siendo conscientes de que su realidad no era la misma que la de sus compañeros trabajadores.

Se establecieron cuotas de presencia de mujeres en los órganos de dirección del Sindicato, en las listas de elecciones sindicales… -una medida necesaria para el avance de las mujeres en ámbitos abrumadoramente masculinos-, se cuestionó el funcionamiento cotidiano de la propia organización -los horarios de trabajo y reuniones, los modos en que se debate y se toman decisiones…-, no facilitador de la participación de las mujeres, se incorporaron las reivindicaciones específicas de las mujeres, que, a veces, han supuesto merma de los privilegios masculinos, como en el caso de las medidas de acción positiva.

Desde entonces para acá, las mujeres están presentes en el mercado laboral de forma creciente y siguen organizándose y reclamando derechos. A pesar de que la imagen de las organizaciones sindicales aún mantiene muchos rasgos de masculinidad y cualquier pequeño avance femenino sigue requiriendo mucho tiempo y esfuerzo, las mujeres han ido ganando terreno, tanto en presencia y participación, como en capacidad de incidir en las políticas sindicales. 

Sindicato feminista y más

De igual forma que el feminismo ha considerado las discriminaciones por razón de opción sexual y de identidad de género, como fruto del patriarcado y ha reclamado los derechos de los colectivos LGTBQ+, de la mano de las secretarías de la mujer, en CCOO, ampliando, en la práctica, ese concepto de interseccionalidad, se ha entendido la necesidad de contemplar este eje de opresión y hacerle frente. Se han creado las secretarías oportunas y se asume su estrategia reivindicativa, entendiendo que el cuestionamiento del carácter patriarcal del sistema, impuesto a toda la sociedad, explica también la discriminación que sufren las personas que rechazan la norma heterosexual, que rechazan el binarismo de género o que no se sienten identificadas con el género asignado. 

Igualmente, CCOO, desde los años 80, comprende que la cada vez mayor presencia de trabajadores y trabajadoras inmigrantes plantea una nueva problemática específica, a la que hay que dar atención y ha creado las estructuras oportunas para ello. Así, por ejemplo, la actual Secretaría de Migraciones acaba de pronunciarse a favor del recientemente anunciado proceso de regularización, como un acto de responsabilidad política y de realismo social.

Esa capacidad de comprensión de las discriminaciones existentes, de voluntad de acabar con ellas, ha estado acompañada del convencimiento de su necesaria vinculación, de su tratamiento transversal, en la convicción de que la clase trabajadora está atravesada por una diversidad de aspectos de discriminación que es necesario tener en cuenta y que son necesarias las alianzas de todos los sectores oprimidos, ya sea por razón de su clase social, de su sexo, de su etnia, de su origen nacional, de su opción sexual o de su identidad de género. 

CCOO supone un buen ejemplo, en nuestro país, de una práctica interseccional, de vinculación de las diferentes estructuras de opresión, tanto por ser una organización pionera en su comprensión como por la extensión de esta práctica en toda la estructura sindical, el volumen de personas implicadas en los debates y en sus actuaciones organizativas, sociales y sindicales. Será necesario seguir profundizando en esta práctica, dados los tiempos que se avecinan, proclives al avance de la extrema derecha y su persecución especial contra los avances feministas, contra los inmigrantes y contra las llamadas disidencias sexuales.


[1] Carmen Heredero. Ex Secretaria de Mujer e Igualdad de CCOO Enseñanza. Experta en coeducación.
[2] Hill Collins, P. y Bilge, S. (2019). Interseccionalidad. (R.F., Trad). Morata.
[3] UGT crea el Departamento Confederal de la Mujer Trabajadora en 1983.

Fuente: nuevatribuna.es

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Fuente: mundoobrero.es

El PCE reivindica un 8M “feminista y antifascista” y exige destinar los recursos públicos a derechos sociales

El Partido Comunista de España reclama reforzar los servicios públicos y rechaza que el dinero público se destine al gasto militar

El Partido Comunista de España (PCE) ha difundido su manifiesto con motivo del Día Internacional de la Mujer, en el que llama a movilizarse el próximo 8 de marzo y reivindica una agenda feminista centrada en el refuerzo de los servicios públicos, la igualdad y la paz.
En el texto, la organización defiende que los recursos públicos deben destinarse de forma prioritaria a fortalecer una sanidad pública “fuerte y con perspectiva de género”, así como a impulsar una educación pública, feminista y democrática. El manifiesto también pone el acento en la necesidad de reforzar la atención a la dependencia, construir un sistema de cuidados público y garantizar políticas efectivas de igualdad y de erradicación de las violencias machistas.
El PCE critica que el dinero público pueda destinarse al aumento del gasto militar y rechaza que los presupuestos se orienten a lo que califica como el “guerrerismo” o el complejo militar-industrial. Frente a ello, el partido plantea que los recursos se dirijan íntegramente a garantizar derechos sociales y a sostener lo que denomina “la máquina de la vida”.
De cara al 8M, la formación llama a salir a la calle en una “lucha feminista antifascista” para hacer frente a los discursos de odio y defender los derechos conquistados. En este sentido, subraya la importancia de la unidad del movimiento feminista como herramienta para frenar posibles retrocesos en materia de igualdad.
El manifiesto también sitúa la paz como un principio central del feminismo que defiende la organización. Según el partido, un mundo feminista debe construirse sobre la justicia social y la solidaridad entre los pueblos, en contraposición a las dinámicas de confrontación bélica.
El PCE concluye su llamamiento reclamando que los presupuestos públicos se orienten a garantizar igualdad, cuidados, dignidad y paz, bajo el lema “Unidas frente al fascismo, por la paz” y con la reivindicación de “el 100% para nuestros derechos y nada para sus guerras”.

Fuente: mundoobrero.es

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Fuente: pce.es

El fascismo no es inevitable si construimos juntas la propuesta de un mundo alternativo. Nuestras vidas o sus guerras: el 100% para la vida

Este nuevo, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, levantamos nuestra voz en un grito global que une la reivindicación de nuestros derechos con la lucha contra el fascismo y la defensa inquebrantable de la paz.

Nos negamos a normalizar los discursos de odio que pretenden silenciar las violencias y desigualdades estructurales que sufrimos por el hecho de ser mujeres. Discursos que también atacan a nuestras hermanas migrantes por su origen o color de piel, y a las personas del colectivo LGTBI por su orientación sexual o identidad de género. No son opiniones, son ataques que buscan dividirnos y someternos. Frente a su estrategia de división, nosotras respondemos con la fuerza de la unidad. Solo unidas, diversas y organizadas, podemos parar su avance.

El fascismo no es inevitable si nos articulamos y construimos, juntas, la propuesta de un mundo alternativo.

Denunciamos la ofensiva fascista que se alimenta del odio hacia las mujeres, las personas migrantes y el colectivo LGTBI. Una ofensiva que desprecia a los pueblos que se resisten a someterse a los intereses económicos de un imperialismo patriarcal y depredador. Este modelo tiene su máximo exponente en el trumpismo, que extiende su sombra por el mundo, y encuentra su réplica en España en las fuerzas representadas por figuras como Abascal, cuyo proyecto político es un ataque directo a nuestra dignidad y nuestra seguridad.

Nosotras, que ponemos la vida en el centro, sabemos con certeza que no hay derechos ni igualdad posible en medio de las guerras. Solo hay muerte, violencias sexuales, destrucción y un sometimiento brutal que refuerza la lógica jerárquica del patriarcado imperialista. Defendemos la paz porque es la condición indispensable para una vida digna. Y esa paz se construye desde la unidad feminista, transversal y combativa.

No vamos a volver al blanco y negro: ni un paso atrás

En España conocemos el rostro del fascismo. Sufrimos cuarenta años de blanco y negro bajo una dictadura que nos arrebató la condición de ciudadanas. Nos fueron negadas libertades y derechos humanos fundamentales: el derecho al trabajo sin permiso marital, a la salud sexual y reproductiva, a estudiar o viajar libremente, al divorcio, al aborto, a sindicarnos, a ocupar cargos públicos, incluso a la patria potestad sobre nuestros hijos e hijas. Lo que hoy parece inconcebible no tener, costó décadas de lucha conquistarlo. Fue la unidad en la lucha lo que nos devolvió la luz.

Y hoy vemos con alarma cómo, donde gobiernan las fuerzas de la reacción PP y VOX, esos derechos se erosionan. Hemos visto cómo se ocultaron diagnósticos de cáncer de mama en la Junta de Andalucía gobernada por el PP, dejando en un cajón la salud de miles de mujeres. Vemos cómo se pretende arrebatarnos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestra maternidad, con ataques frontales al derecho al aborto allí donde gobiernan. Lo vemos en Europa, en países como Polonia o Hungría, donde se ha retrocedido décadas. Lo vemos en Estados Unidos, donde estados bajo el trumpismo criminalizan el aborto y persiguen ferozmente a las personas trans. Y lo vemos en Italia, con el gobierno de Meloni, desprotegiendo a las mujeres de las violencias machistas. Ante este ataque coordinado, nuestra respuesta debe ser una unidad aún más firme y decidida.

Nuestras vidas o sus guerras: el 100% para la vida

Frente a esta embestida, nosotras defendemos unos Presupuestos Generales del Estado que garanticen la igualdad real y el bienestar de la mayoría social. Por eso exigimos que ese 5% del gasto público que Trump requiere a los países miembros de la OTAN para la guerra —y que supone un saqueo de lo público— se reinvierta en la vida. Pero vamos más allá: reclamamos el 100% de nuestros presupuestos para la vida. Exigimos que todos los recursos públicos se destinen de manera prioritaria a sostenerla: a una sanidad pública fuerte con perspectiva de género, a una educación pública, feminista y democrática, a la atención a la dependencia, a un sistema de cuidados público, justo y reconocido, a políticas efectivas de igualdad y a la erradicación de las violencias machistas.

Nos negamos a que ningún céntimo de nuestro dinero se desvíe para alimentar el guerrerismo, el complejo militar-industrial y los intereses del fascismo internacional. No queremos un 5% para la máquina de guerra. Queremos el 100% para la máquina de la vida. Un mundo alternativo es posible: uno donde la economía sirva a las personas, no a la destrucción.

Por ello, este 8 de marzo:

  • Salimos a la calle en lucha feminista antifascista, para plantar cara al odio que nos quiere sumisas, calladas y enfrentadas. Nos organizamos en unidad, porque es nuestra fuerza más poderosa.
  • Exigimos paz como principio irrenunciable para un mundo feminista. Una paz que se construye con justicia social y solidaridad entre los pueblos.
  • Defendemos todos y cada uno de nuestros derechos conquistados, y no permitiremos ni un solo paso atrás. Nuestra unidad es el muro que frena su retroceso.
  • Reclamamos el 100% de nuestros presupuestos para la vida, para construir entre todas una sociedad donde la igualdad, los cuidados, la dignidad y la paz sean la única prioridad.
¡Unidas frente al fascismo, por la paz!
¡El 100% para nuestros derechos, nada para sus guerras!

Fuente: pce.es

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