Un 8-M atípico que busca reivindicarse a pesar del bloqueo institucional en Madrid

La descentralización, el control y la restricción de los aforos y la organización de voluntarias que revisen el cumplimiento de los protocolos marcan esta jornada de reivindicación por el Día Internacional de las Mujeres

En los últimos días, el foco sobre las movilizaciones del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, ha estado sobre Madrid. Su Delegación del Gobierno prohibió el pasado jueves las manifestaciones y las concentraciones previstas para este día y para su víspera alegando «motivos de salud pública». La Comisión 8M de Madrid respondió pidiendo la dimisión del delegado del Gobierno a la par que recurrió la decisión por la vía legal.

El sábado, la Fiscalía de Madrid expuso de nuevo los motivos para mantener las prohibiciones ante la Sala de lo Civil y lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM). Según la fiscal, las medidas de seguridad propuestas por la organización resultan, a sus ojos, «insuficientes». En un comunicado, la Comisión 8M de Madrid hacía referencia a medidas como la descentralización, la transformación de manifestaciones en concentraciones y la reducción de horarios y aforos. Sobre esto último, desde el movimiento feminista madrileño apuntaban a que se trataba de «un aforo muy reducido, casi ridículo si lo comparamos con los hacinamientos en el transporte público o la concentración de personas en centros comerciales».

Para la Fiscalía de Madrid, según ha informado Europa Press, la previsión de un cordón de seguridad compuesto por un «reducido» número de integrantes es «a todas luces insuficiente para el control basado en el porte de la mascarilla y el mantenimiento de las distancias interpersonales de un número de personas como el indicado por el promotor».

El lema impulsado por las feministas para este 8 de marzo, «ante la emergencia social, el feminismo es esencial», es una de las ideas clave con las que el movimiento feminista –no solo el madrileño, sino de todo el Estado– se reivindica este año. Los últimos 12 meses no han hecho sino evidenciar todavía más las múltiples desigualdades de género: la precariedad, la carga mental, la pobreza y el recrudecimiento de las situaciones de violencia de género, así como la situación especialmente vulnerable de las trabajadoras domésticas.

Nada que no se haya puesto ya sobre la mesa cada 8 de marzo desde hace años. Sin embargo, el de 2021 añade las complejidades propias de una crisis sanitaria. Condiciones a las que, no obstante, han sabido adaptarse desde pueblos y ciudades que, como cada año, quieren volver a salir a la calle en la medida de lo posible por este Día Internacional de las Mujeres. La Comunidad de Madrid es el único lugar en el que los actos están prohibidos.

La descentralización marca la pauta

El caso de Madrid ha sido excepcional. Por lo general, las delegaciones del Gobierno en el resto de comunidades autónomas se han mostrado favorables a mantener las convocatorias anunciadas por las comisiones feministas de cada lugar.

Así, la delegada del Gobierno en Andalucía, Sandra García, afirmaba el pasado viernes que «hay que respetar un derecho fundamental», recordando que «ha habido 3.800 concentraciones en estado de alarma». Precisamente, este hecho ha sido uno de los que más ha chocado al movimiento feminista tras la decisión en Madrid; las manifestaciones del 8 de marzo no son las primeras que tienen lugar desde que comenzó la pandemia.

Es lo que destacaba la semana pasada la organización Amnistía Internacional, desde donde consideran que la prohibición general de todas las manifestaciones anunciadas por el 8-M en Madrid «viola el derecho de reunión pacífica».

También la delegada del Gobierno en Valencia, Gloria Calero, se expresaba en la misma línea sobre las acciones convocadas para esta jornada: «Si algo tiene el movimiento feminista es responsabilidad». Se refería así a que las concentraciones aprobadas han tenido en cuenta protocolos acordes a la situación sanitaria.

Por eso, uno de los ejes principales que han tenido en cuenta desde las organizaciones de ciudades y pueblos es la descentralización, de manera que no se produzcan aglomeraciones. Este año no habrá fotos aéreas que muestren las principales calles de las ciudades españolas repletas de personas y pancartas, pero los actos se sucederán igualmente con aforos reducidos y otras medidas para evitar el contagio.

Es la idea a la que apuntan, entre otros, desde el movimiento feminista de Galicia: «Este 8 de marzo, todos los lugares serán la capital del feminismo».

En Guadalajara, donde hasta ahora se celebraba una única marcha, este año se celebran cuatro concentraciones distintas. La restricción de aforos también es la norma este año. En Santander, solo podrán acudir 300 personas para así garantizar la distancia de seguridad. En Barcelona, quienes desean asistir deben registrarse previamente cubriendo hasta un total de 3.500 plazas. También habrá voluntarias encargadas de garantizar el cumplimiento de las medidas de seguridad.

Este año, como ya ocurrió en 2020, no hay convocada una huelga feminista a nivel estatal.

Balcones y ventanas con pañuelos morados

A quienes prefieran no asistir a actos en las calles, los movimientos feministas de pueblos y ciudades recuerdan que pueden colocar pañuelos morados en ventanas y balcones.

Algunos lugares, de hecho, han optado por potenciar la reivindicación online, como Ibiza, donde, aunque se leerá un manifiesto en la calle, no hay convocatoria pública y este será retransmitido en directo a través de redes sociales.

Fuente: lamarea.com
Foto: pixabay

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