Sobre la economía urbana que viene: comercio informal, riders y aguadores 2.0

La economía informal es un síntoma de sociedades muy desiguales y con modelos económicos fallidos en las que la normalidad es excepcional y los márgenes tienen que desbordarse para subsistir

“Una hora pasada allí basta para conocer de vista, en sus varios aspectos, el pueblo de Madrid (…). Allí se encuentran los negociantes, los demagogos desocupados, los empleados cesantes ”. Mucho ha cambiado todo, incluso el centro de Madrid, desde que Ramón Gómez de la Serna escribió Historia de la Puerta del Sol. Pero algo hay en su mirada que podría verse hoy con la nuestra. La plaza sigue siendo epicentro de la vida de la capital y también de quienes se la buscan aquí. Ramón distinguía, “en el espacio que abarca una losa”, vendedores de fósforos, mozos de cuerda y aguadores, muchos aguadores. Ahora, el agua llega canalizada a las casas y no hay ni maleteros ni cerilleros, pero sí gente que nos trae la comida, la compra o incluso el tabaco al salón. Gente que sobrevive haciendo lo que puede. En la Puerta del Sol y en todas partes.

Por lo que contaba el otro día este reportaje en El País , las calles de Queens, en Nueva York, se están llenando de vendedores callejeros que tratan de colocar ropa y bisutería pero también comida en las cercanías de las estaciones de transporte público. Son en su mayoría migrantes latinos, muchos sin papeles, que practican el comercio informal, algo tan habitual en sus lugares de origen que es el trozo principal de la tarta de su PIB. El hecho no sólo explica cómo las colonias también pueden conquistar a su manera las metrópolis, como anunciaba hace ya un par de lustros Mike Davis en su libro Urbanismo mágico. Los latinos reinventan la ciudad norteamericana (Lengua de Trapo, 2012), sino que sirve para hacerse una idea de lo que viene. 

La economía informal ha sido uno de los motores de la evolución social y urbana en los lugares desarrollados y lo sigue siendo en los países en desarrollo. Un dato: se calcula que, hasta la propagación de este coronavirus, ocupaba a más del 60% de la población activa en el mundo. Son personas que hacen trabajos precarios y fuera del sistema impositivo porque no tienen otra forma de ganarse el pan. Es un síntoma de sociedades muy desiguales y con modelos económicos fallidos en las que la normalidad es excepcional y los márgenes tienen que desbordarse para subsistir. Es, como digo, lo que viene o, más bien, lo que ya está por todas partes.

Gig economy es un eufemismo moderno para lo que toda la vida se ha llamado recado, chapuza o ñapa. Las plataformas tecnológicas tan sólo sacan provecho y tiñen de modernidad la economía informal en un momento histórico en el que, también en occidente, crece la desigualdad y, por eso, hay muchas personas que necesitan este tipo de bolos. Los riders de Glovo y Deliveroo, los que ofrecen servicios en Task Rabbit, quienes recogen patinetes, los repartidores de Amazon son, como los que venden arepas a las puertas del metro en Queens, example de algo gordo que no funciona y que probablemente no se arregla sólo esté con reforzar los derechos laborales, aunque muy bien hacerlo.

Raro será si en los próximos meses las calles de Madrid y de otras ciudades del mundo desarrollado no se llenan de gente buscándose la vida de formas diversas y practicando la economía gig y la informal. Incluso podría suceder que, por eso del desmantelamiento de los servicios públicos, volviésemos a necesitar a los aguadores, quizás trabajando como falsos autónomos para una intermediaria con sede en Delaware y llamada H2Ooo. Lo normal ahora a veces es muy absurdo.

Fuente:  Pedro Bravo en eldiario.es

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