Sanchez confirma que derogará la reforma laboral y la ley mordaza

Compañeras y compañeros, ¡Avanzamos!

Es algo que hemos deseado todos a lo largo de estos meses tan duros de pandemia, en el que nuestras vidas se vieron suspendidas, bloqueadas, por el COVID. Avanzamos.

Según los rankings internacionales, España ocupa el número 2 como país seguro frente al COVID, y lideramos el porcentaje de población vacunada. Cumplimos con el porcentaje del 70% de vacunados antes de que terminase el verano y antes de que acabe el año, el 90% de compatriotas mayores de 12 años estará vacunado. Un éxito colectivo. De los profesionales sanitarios y de nuestros compatriotas. No quiero olvidarlos. Y los españoles. Orgullo de país. Orgullo de España. Avanzamos.

Porque la vacunación anima y consolida la recuperación económica. España crea empleo con fuerza. Hoy hay más personas ocupadas en España que antes de la pandemia. En la anterior crisis financiera se tardó más de una década en recuperar lo que hoy recuperamos en meses y con más intensidad que entonces. España crea empleo al tiempo que sube el Salario Mínimo Interprofesional. Al tiempo que avanzamos en igualdad salarial entre hombres y mujeres. Avanzamos. Los Fondos Europeos nos ofrecen la oportunidad excepcional de modernizar nuestra economía. La salida del túnel de esta crisis no es salir por donde entramos, sino hacerlo hacia delante. Avanzando. Reindustrializando España. Todos los territorios pueden y se lo merecen. Formando a nuestros jóvenes y a los trabajadores en los empleos de la nueva economía. Avanzamos.

En derechos sociales y libertades. Con la Ley de Eutanasia. Con la Ley del Sí es Sí. Con el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Con la Ley de Formación Profesional. Con el Ingreso Mínimo Vital. Con la Ley de Ciencia. Con la ley LGTBI. Con los ERTEs y la protección al trabajo autónomo. Con la Ley del trabajo a distancia y con la ley de los riders. Con la Ley de Vivienda. Con la ley de Memoria Democrática. Avanzamos y avanzaremos. Con la reconstrucción de la Isla de La Palma. Poniendo punto y final a leyes como la ley mordaza y la reforma laboral del PP, impuestas y sin acuerdos, que precarizaron los contratos y devaluaron los salarios. Avanzaremos fortaleciendo Europa. Y avanzaremos, aboliendo la prostitución que esclaviza a las mujeres. Ese es mi compromiso: avanzar hacia la España que nos merecemos. Hacia la España que queremos.

Celebramos nuestro 40 Congreso cuando estamos dejando atrás uno de los episodios más difíciles al que hayamos tenido que hacer frente las generaciones vivas. Lo que no dejaremos atrás es la memoria de quienes se quedaron en el camino en los meses de la pandemia. Muchas veces se fueron en soledad, sin poder recibir el último abrazo de sus seres queridos. Su recuerdo queda en nosotros para siempre. Y con su recuerdo nos queda también la conciencia de nuestra fragilidad, la conciencia de la importancia de la solidaridad a la hora de afrontar las adversidades de la vida.

En estos días, la sociedad española comprueba que el temor de ayer ha ido dejando paso a la confianza porque somos conscientes de estar superando las mayores dificultades. Muchos de quienes estamos aquí, cada cual en su ámbito de actuación, tuvimos que tomar difíciles decisiones en tiempo real, con la escasa información que existía. No había un manual de instrucciones, lo escribimos con nuestros actos. Y quiero agradecer en este punto el compromiso y el trabajo que despliegan y desplegaron todos y cada uno de los ministros. Los que están hoy y los que estuvieron. Mi gratitud eterna. Agradecimiento que extiendo a toda la dirección federal saliente. Y a todos y cada uno de los presidentes autonómicos, secretarios generales de las federaciones, alcaldes y alcaldesas, concejales y militantes. Somos un gran partido. Somos una gran familia. Siempre, en los momentos más oscuros, supe que no estaba solo. Que os tenía a mi lado a todos vosotros. Me disteis la fuerza que necesitaba para tomar decisiones tan complejas y difíciles, como fue el confinamiento que permitió salvar 500.000 vidas. Gracias. Ahora todo parece más sencillo, pero no lo fue.

Si salimos adelante y si hoy estamos en cabeza de la superación de esta tragedia mundial es porque, a pesar de todo, tuvimos más aciertos que errores, afrontamos los problemas y les dimos solución. Lo hicimos. En cualquier caso, lo cierto es que hoy los socialistas, como toda la sociedad española, afrontamos el futuro con la confianza de quienes están superando con éxito una dura prueba. Y también lo hacemos con la legitimidad de quienes han sido coherentes. En los momentos más difíciles fuimos leales a nuestros valores y antepusimos la protección de los más débiles y vulnerables al egoísmo de quienes trataban de saltarse la fila amparados en su poder. En los peores momentos, cuando nosotros estábamos concentrados en salvar vidas, otros intentaron encontrar un atajo para llegar al poder. Por eso, los socialistas, además de confianza en nosotros mismos, sentimos el legítimo orgullo de quien es coherente consigo mismo. Los socialistas tratamos cada día de parecernos a lo que decimos.

La pandemia y la crisis nos han hecho más reconocibles. Y somos reconocibles porque cumplimos nuestros compromisos. No hemos llegado al ecuador de la legislatura y en plena pandemia, pero… Dijimos que subiríamos el salario mínimo. Y lo hicimos. Dijimos que los jubilados no perderían poder adquisitivo. Y lo hicimos. Dijimos que aprobaríamos un Ingreso Mínimo Vital para luchar contra la pobreza infantil. Y lo hicimos. Dijimos que protegeríamos a trabajadores, y a las empresas ante la pandemia y cumplimos con los ERTEs, las ayudas a los autónomos y las ayudas directas y los avales a las empresas. Y lo hicimos. Dijimos que Europa necesitaba un plan Marshall para superar la crisis del COVID y cumplimos.

Dijimos que aprobaríamos una nueva ley educativa, una ley de formación profesional, una nueva ley de ciencia, la ley de eutanasia…y cumplimos. Lo dijimos. Y lo hicimos. Dicho y hecho. Es un gobierno que cumple su palabra. Por eso quiero daros las gracias, y a través de vosotras y vosotros, a todo el partido. A toda la militancia. Porque quienes en los momentos más duros estábamos en puestos de responsabilidad, sentimos el apoyo de las compañeras y compañeros. Cuando lo sencillo era dejarse arrastrar por el desánimo nos disteis un apoyo muy real y directo, que nos daba fuerzas. Hay que encadenar una jornada con otra, hay que pasar noches en blanco con el pecho encogido por el drama de miles y miles de compatriotas, verdad Salvador, para entender el valor que tiene sentirse arropado por un partido como el nuestro. ¡Gracias, gracias, gracias!

Por eso, ser líderes en vacunación es antes que nada un logro colectivo, un gran mérito de país del que todos debemos sentirnos orgullosos. Pero también es un mérito de nuestro partido y nuestro gobierno, porque hemos sido capaces de gobernar con serenidad y con justicia en las peores adversidades que ha vivido nuestra generación. Somos el partido más veterano de España y uno de los más veteranos de Europa. Celebramos en Valencia nuestro 40 Congreso, el primero lo celebramos en 1888 en Barcelona. Como tantas veces, nos reunimos mujeres y hombres de todos los rincones de España, aquí hay delegadas y delegados de pueblos pequeños y grandes ciudades, unos con responsabilidades institucionales y otros sin ellas.

Somos ahora, como en 1888, y como dijo José Luis, la representación del partido que más se parece a España. Cuando nos reunimos, traemos las experiencias de vida y los anhelos de millones de compatriotas. Sumamos la experiencia del maestro de una escuela rural a la de una catedrática de universidad, la de un trabajador autónomo a la de un funcionario, la de una joven estudiante a la de un jubilado, sumamos la experiencia de los mayores a la esperanza de los jóvenes. No hablamos en abstracto de la gente que sufre, porque sabemos de los sufrimientos concretos de la gente que nos rodea. Y por eso, porque sabemos de los problemas reales, somos un partido de avances sociales. Y porque hemos hecho esas reformas que han mejorado la vida de las personas y la historia de España, sabemos lo costosa que es, de alcanzar y mantener, hasta la más pequeña conquista. Durante muchos años soportamos críticas por ser socialdemócratas. Lo saben bien Felipe y José Luis. Y ahora resulta que los que nos acusaban de ser socialdemócratas nos reprochan ahora no ser lo bastante socialdemócratas. Pues aquí estamos 142 años después sirviendo al ideal político más noble, más avanzado de la historia, al ideal de la igualdad, de la democracia y de la justicia social que representa el PSOE. Siglo y medio después estamos donde siempre estuvimos, con el mismo nombre y los mismos ideales. Es aquí, desde la socialdemocracia, desde donde se cambia la vida de la gente y el mundo. Más con persuasión que con gritos, más con la fuerza de la perseverancia que con llamaradas de cólera. Nosotros trabajamos duro para que, como quería don Quijote, nuestros actos estén a la altura de nuestras palabras.

La sociedad española tiene todavía en el primer plano de su conciencia lo lenta y lo injusta que fue la recuperación de la crisis de 2008. La crueldad y la ineficacia de las políticas de austeridad, que deberíamos llamar ejercicio de inmensa insolidaridad, porque eso es lo que fueron. Esta vez ha sido, está siendo, diferente. Nuestro gobierno puso en marcha instrumentos formidables como los ERTE que amortiguaron el golpe y han acelerado la recuperación. Y el 94% de los trabajadores que se acogieron a los ERTES han recuperado sus puestos. Lo diré de otra manera: en marzo de 2020 cuando sabíamos poco o nada de cómo y cuándo terminaría aquel espanto, se detuvieron los transportes, se cerraron las fábricas, las oficinas, las escuelas, los comercios, los pequeños negocios. Y millones de personas vieron todo en suspenso, se preguntaron qué sería de su vida, de su empleo, de sus ingresos, la educación de sus hijos. En ese momento se abrían dos caminos. Uno era el de otras veces, ¡sálvese quien pueda! El que tomamos fue el otro: el Gobierno forzó una maquinaria que jamás estuvo pensada para encarar una calamidad semejante y aprobó los ERTES. Exactamente tres millones y medio de españolas y españoles obtuvieron amparo ante un infortunio que no tenía culpables, pero sí tenía víctimas sanitarias y también víctimas civiles y laborales.

No quiero olvidarme del más de millón y medio de trabajadores autónomos protegidos. Los cientos de miles de empresas, pequeños negocios…salvados. Y esas personas obtuvieron el amparo de lo público solo por un motivo: ¡ellos somos nosotros! ¿Sabéis cómo se llama eso? Se llama socialdemocracia. Llevamos practicándolo unas cuantas décadas. Ahora dicen algunos que por razones electorales. ¿Recordará Felipe González si Ernest Lluch estaba haciendo cálculos electorales cuando impulsó el Sistema Nacional de Salud?, ¿Alguien sabe si José María Maravall hizo cuentas de las consecuencias electorales de extender la educación obligatoria y gratuita hasta los 16 años? O preguntad a Zapatero si Teresa Fernández de la Vega, Carme Chacón o Alfredo Pérez Rubalcaba pensaban en votos cuando se aprobó la ley de lucha contra la violencia de género, la ley de dependencia, o cuando creasteis la UME o cuando pusisteis fin a la violencia de ETA. Demasiado bien sabemos todos que lo hicieron por la misma razón que hemos aprobado ahora el Ingreso Mínimo Vital que ya beneficia a 800.000 compatriotas, muchos de ellos menores expuestos a la pobreza. Lo hicieron por la misma razón por la que ahora apoyamos a los jóvenes con una ayuda de 250 euros para acceder a la vivienda. Lo hicieron por la misma razón por la que redoblamos esfuerzos y recursos en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Lo hicieron porque nacimos como partido para hacer un país europeo, más próspero y más justo. Y no hay un país europeo próspero y justo cuando una parte de la sociedad está excluida del bienestar más elemental. Eso se llama también socialdemocracia.

Esta vez, en esta crisis no está sucediendo como en la crisis financiera de la década pasada. El Estado, lo público, está cumpliendo su función. También la Unión Europea está cumpliendo el papel para el que nació, como instrumento de justicia, de solidaridad y de prosperidad compartida. Compartir con justicia las vacunas; que las naciones europeas hayan cooperado en lugar de enfrentarse en una competición, ha sido no solo un acto de justicia, sino además una medida de extraordinaria eficacia. Avanzamos, y lo hacemos juntos, unidos. Esta vez la respuesta a la crisis sanitaria, económica y social ha sido una respuesta socialdemócrata. Y, ahora, a la salida de la crisis, en todos los países nórdicos, en Alemania, en Italia, en Portugal, en España las sociedades europeas estamos haciendo una apuesta rotunda por la socialdemocracia. La respuesta insolidaria que impuso la derecha en la anterior crisis fue una tremenda injusticia social y un inmenso error económico. Durante mucho tiempo se ha hablado de la crisis de la socialdemocracia, pero cuarenta años después de Thatcher y Reagan, el egoísmo neoliberal y el fundamentalismo del mercado han fracasado a la hora de ordenar la economía, la vida de las personas y corren el riesgo de deteriorar la salud del planeta.

Por cierto, que mucho se especula sobre por qué no toman fuerza partidos políticos verdes en nuestro país. No es porque haya menos conciencia ecologista. Los españoles somos gente comprometida con la suerte del planeta. La razón es la misma que con el feminismo. Ya hay un partido feminista y ecologista en España: se llama Partido Socialista. El COVID ha mostrado que quienes quieren convertir la salud en una mercancía, en lugar de un derecho, no solo han fracasado, sino que son un extraordinario peligro para la salud y para la economía. El COVID ha mostrado el error y la injusticia que supone la precarización de los trabajos, y ha hecho visibles a los verdaderamente esenciales, a los sanitarios, a quienes trabajan en los supermercados, a los repartidores, a todas esas personas y oficios que la lógica neoliberal ha ido marginando. Todos ellos son la clase trabajadora por la que durante más de un siglo y medio lleva luchando el socialismo democrático. No, no han desaparecido, los han ocultado, los han marginado, pero están aquí y son imprescindibles.

Hay que mirar el mundo desde muy lejos para no ver las diferencias tan radicales entre el neoliberalismo y la socialdemocracia. Estos días hemos anunciado la creación de un bono cultural para facilitar el acceso de los jóvenes a la cultura, pero también para impulsar al sector cultural, al que protegimos con uno de los primeros reales decretos leyes cuando todavía estábamos confinados. ¿Qué hizo por la cultura la derecha en la anterior crisis? Bajar los presupuestos de cultura y subir el IVA de los productos culturales del 8 al 21%. No solo no ayudaron, sino que se ensañaron con ella. Hoy la sociedad es consciente de que, al igual que los trabajadores de otros muchos sectores esenciales, los creadores y trabajadores de la cultura son imprescindibles para el desarrollo intelectual y económico del país.

Hace pocos días tuve uno de los encuentros más conmovedores desde que soy presidente del Gobierno. Una reunión con personalidades y sociedades que llevan años reivindicando un mayor compromiso con la Salud Mental. Según las cifras, en España, diez personas al día, de media, se suicidan. Esa es la mayor y más traumática expresión de un problema de salud real pero poco visible en España. Mi compromiso es rotundo: hemos aprobado un Plan de Acción de Salud Mental, dotado con 100 millones de euros, y renovaremos la Estrategia de Salud Mental antes de que acabe el año. Una estrategia de salud mental no se renueva desde 2009. De nuevo, será un Gobierno Socialista quien lo haga.

Durante décadas los socialistas, socialdemócratas y laboristas europeos hemos escuchado a izquierda y derecha decir que la socialdemocracia está en crisis. Y yo me pregunto ¿y cómo están los que hablan de la crisis de la socialdemocracia? ¿Cuál es su proyecto político? ¿Cuál es su modelo de país? ¿la Hungría de Orban? ¿los Estados Unidos de Trump? ¿El Reino Unido del Brexit? La socialdemocracia está fuerte y reivindica su vigor y su vigencia en todo el continente. Nuestros valores son los valores de la sociedad europea. Las instituciones y las políticas de protección social puestas en marcha por la socialdemocracia siguen siendo las que garantizan la seguridad y la dignidad de las personas frente a las adversidades de la vida. La inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas europeos somos conscientes de la importancia y de la vigencia de la solidaridad, de la comunidad, y del valor de lo público. Porque esta vez no estuvimos solos, porque esta vez fuimos comunidad en los balcones y en las ventanas, una comunidad de gratitud, de reconocimiento, porque esta vez lo público estuvo al servicio de todos, con justicia. Y las vacunas llegaron a cada cual en el orden de las necesidades médicas y no del tamaño de su cartera. Eso, que a muchos les parecerá de sentido común, eso es la socialdemocracia. El socialismo democrático, el ideal político más moderno y avanzado de nuestro tiempo, el más actual, tiene más de 150 años.

Mantenemos la identidad, los valores y el nombre. Seguimos llamándonos igual que entonces: en el sur de Europa, socialistas, en el centro y el norte, socialdemócratas, y en el mundo anglosajón, laboristas. Seguimos defendiendo los mismos valores de igualdad y libertad que hace un siglo. Otros han cambiado de identidad, y presentan sus viejos proyectos con otro nombre, pero esos proyectos son los mismos que no funcionaron en el pasado y no funcionarán en el futuro. Frente al ideal socialdemócrata no hay ninguna idea fuerte, y cuando faltan ideas poderosas, se recurre a los insultos y descalificaciones, por la violencia verbal o de la otra. Y esas descalificaciones, esas palabras gruesas que nos niegan, son lo que estamos recibiendo. Eso es lo que recibió Felipe González, lo que recibió José Luis Rodríguez Zapatero y lo que ahora recibimos nosotros. Uno de nuestros grandes referentes, Fernando de los Ríos, un enorme socialista andaluz que murió en el exilio fiel a sus ideas, decía a los exaltados de su época que “la única Revolución que falta por hacer en España es la revolución del respeto”. Y sigue siendo cierto.

Nada positivo se ha construido jamás desde el insulto; ningún avance, ninguna conquista social duradera se basa en el grito, en la mentira. Nos lo encontramos a diario hoy y a diario lo soportamos igual que antes lo soportaron González y Zapatero. Aún recordamos aquella expresión ejemplar: “No estamos para darles caña; estamos para darles ejemplo”. Eso, compañeras y compañeros, también es socialdemocracia. La verdad es que nuestros adversarios nos reconocen perfectamente. Nos temen. Saben que somos el PSOE. El partido que más ha contribuido a la igualdad y al avance social en la historia de España, y nos atacan igual ahora que en el pasado. Igual que en el pasado lo hicieron con Felipe y con José Luis, los que se arrogan el título de verdaderos españoles también ahora nos cuestionan nuestro compromiso con España nuestro patriotismo y anuncian que vamos a romper España. No fue a mi Gobierno a quien le declaración la independencia en Cataluña. Pero, cuando los acusaban de malos patriotas a Felipe González y Zapatero. Y no los creeré cuando lo digan de otro compañero o compañera que tenga la responsabilidad que yo tengo ahora. Porque si hay un partido que ama a España, ese es el Partido Socialista Obrero Español.

Los socialistas de todas las generaciones trabajamos para unir, cohesionar y hacer avanzar a España. Y eso se hace mejor con el diálogo que con el grito. Somos la única fuerza política de implantación nacional, la única con presencia decisiva en toda España: en el Norte y en el Sur; en la Península y en las islas; en la España interior y en las nacionalidades históricas; en las grandes capitales y en las zonas rurales y en los países que acogieron a los exiliados, Argentina, México… Y desde esa posición única trabajamos por la cohesión de España respetando su diversidad y fomentando el diálogo y el reencuentro dentro de la Ley y la Constitución. Desde luego que garantizamos la unión que deriva de la Ley. Lo hemos demostrado ya en los minutos más oscuros. Pero vamos mucho más allá: trabajamos por la unión que nace del respeto y del afecto y por eso, además de hacer valer la Ley, trabajamos con las herramientas del diálogo y la concordia. No son esas las únicas críticas que recibimos. También desde posturas impacientes acusaron a Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero de no haber hecho nada porque no lo hicieron todo. Cierto, no lo hicieron todo, pero hicieron mucho, e hicieron lo mejor que tenemos, aquello en lo que podemos apoyarnos justamente para hacer frente a las dificultades y seguir avanzando. Hicieron los avances que mejoraron la vida de todos y protegieron la vida de todos. Por tanto, nuestro proyecto de país es bien reconocible a lo largo de los últimos cuarenta años: cada generación de socialistas ha tratado de impulsar el crecimiento y el empleo, de fortalecer la cohesión social, la territorial y de facilitar la convivencia. En cada etapa de gobierno hemos creado nuevos derechos, hemos ampliado las libertades y hemos hecho crecer las oportunidades para los sectores que menos tienen.

Ninguna conquista progresista se consigue para siempre, lo sabemos bien. Pero se avanza sobre lo ya hecho. Si hoy nuestro sistema sanitario es capaz de vacunar a un altísimo porcentaje de población en un tiempo récord es porque antes hubo un gobierno socialista que estableció las bases de una sanidad pública gratuita y universal, y otros gobiernos socialistas preservaron ese servicio público y lo repararon, lo actualizaron y mejoraron. Todo eso es invisible y lo damos por hecho hasta que ocurre una pandemia como la que estamos dejando atrás. Entonces nos damos cuenta de lo que tenemos y lo importante que resulta cuidarlo y mejorarlo. El socialismo es un ideal de protección social frente a las adversidades. Y frente a esas adversidades las personas, una a una, podemos poco. Lo sabemos bien. Lo saben bien en La Palma cuando enfrentan la ferocidad del volcán, lo saben bien en Ávila en medio de un incendio devorador, o los afectados por Filomena. Si abandonamos a cada uno a su suerte en los momentos de crisis, la suerte de todos será mala. Por eso nos sentimos concernidos por el destino de los demás.

Con la pandemia hemos descubierto que la inmunidad de grupo es buena para todos. Esa inmunidad no es solo la que se consigue con una vacuna, sino la que se consigue con un sistema público de pensiones o con un sistema educativo público, gratuito y de calidad, con un sistema de dependencia sólido y el Ingreso Mínimo Vital. La inmunidad de grupo funciona contra el virus de la Covid pero funciona contra cualquier enfermedad. Contra el analfabetismo y la falta de formación y educación. La inmunidad de grupo nos protege contra la pobreza, contra el paro, contra la violencia machista y contra la exclusión. La inmunidad de grupo es la barrera contra la homofobia, contra el racismo, contra el odio. Alcanzar la inmunidad de grupo es la mejor forma de dar seguridad y libertad individual a cada ser humano. Y para eso es necesaria una democracia fuerte, una democracia protectora, capaz de garantizar la seguridad vital de sus ciudadanas y ciudadanos frente a las adversidades de la vida. Esa seguridad elemental que garantiza nuestra dignidad humana es la condición esencial de nuestra libertad.

Cuando se vive con miedo se termina teniendo miedo a vivir. Queremos desterrar el miedo de la vida de las personas. Queremos una sociedad que promueva una vida serena y fecunda, no una sociedad que se alimente de la angustia de la gente sino de la esperanza de nuestros compatriotas. Es importante que comprendamos el momento político en el que nos encontramos. En la anterior crisis las democracias tuvieron serias dificultades para proteger a las personas más vulnerables, a los jóvenes, a quienes perdieron sus empleos, a quienes no tenían redes de protección social o familiar. La impotencia de las democracias en aquel momento fue aprovechada por los enemigos de la democracia. No querían mejorar las políticas ni la política, sino quitarle el poder a la política democrática. El objetivo de la ultraderecha y del ‘trumpismo’ no es reformar para mejorar las instituciones democráticas sino quitarles el poder a las instituciones democráticas. Y no han renunciado.

Desprecian la política y a los políticos, pero quieren el poder, un poder sin democracia. Ese es el riesgo. En nuestro país, al igual que en todas democracias avanzadas, esas corrientes han calado. Y contaminan la vida política incluso más allá de sus filas; imponen su estilo en la derecha tradicional desconcertada y acomplejada. Es un estilo de oposición no al gobierno, sino también una oposición al sistema. Por eso no dirigen su crítica meramente a las políticas que hace nuestro Gobierno, sino a la legitimidad de nuestro Gobierno para gobernar. Cuestionan la existencia misma del Gobierno. No les basta que tengamos la legitimidad que da la victoria electoral y el apoyo del Parlamento. No les bastan esos avales, que son los avales de la democracia. Porque la democracia solo les vale si son ellos los que gobiernan. La estrategia que impulsa la ultraderecha y a la que arrastra a menudo a la derecha responde a un cuestionamiento profundo del pacto democrático. Y, por supuesto, lo hacen en nombre de la democracia y de la Constitución. Se niegan a modificar en la Constitución la expresión disminuidos del artículo 49 de la Constitución para llamar a las personas con discapacidad. Y con la misma cerrazón que se niegan a modificar una sola palabra de la Constitución se resisten a cumplirla en su integridad. Los socialistas tenemos un compromiso inquebrantable con la democracia parlamentaria y representativa, con el pluralismo político. La socialdemocracia se resume en libertad, la igualdad y la fraternidad. Y la libertad es real y duradera cuando se expresa en una Constitución democrática y en el Estado de Derecho.

La igualdad es real cuando la garantizan las instituciones democráticas. Y la fraternidad es real y duradera cuando a los derechos sumamos los deberes. Por eso los socialistas respetamos las instituciones, cumplimos con la Constitución. Porque es un deber, no un capricho. Es la base de nuestra convivencia. No hace falta decir que consideramos a nuestros adversarios tan españoles como nosotros mismos y con los mismos derechos a gobernar que nosotros mismos. Los mismos: ni más ni menos. Los mismos. No sé cuánto tiempo tardarán en comprenderlo, llevamos 142 años de vida y los que nos quedan, pero los socialistas estaremos aquí, seguiremos aquí, con las mismas siglas y con los mismos valores, cuando ellos hayan mudado de nombre siete veces más.

Cuando otros se hayan cansado, los socialistas seguiremos aquí, modernizando España, como lo hizo Felipe González en las décadas de los ochenta y noventa, abriendo nuestro país a Europa y al mundo. Los hijos y nietos de emigrantes españoles, en Alemania, Francia o Suiza, volvieron a esos mismos países a estudiar con el programa Erasmus que hizo Manuel Marín. Seguimos modernizando nuestra sociedad cuando, con José Luis Rodríguez Zapatero, nos volvimos un país más decente que lejos de humillar a quienes se sienten diferentes les reconoció sus derechos en igualdad. Modernizamos nuestra sociedad ahora, impulsando los valores del feminismo, del ecologismo, de la cohesión social con el ingreso mínimo vital o de la cohesión territorial con el Plan de Reto Demográfico aprobado recientemente.

Cuando otros se hayan cansado, los socialistas estaremos aquí protegiendo a los más débiles, a los más vulnerables, y defendiendo la igualdad y la dignidad de todos como hizo Felipe González cuando estableció las pensiones no contributivas para quienes nunca habían cotizado, aunque hubieran llevado una dura vida de trabajo. Seguiremos aquí, haciendo como Rodríguez Zapatero, cuando puso en marcha el cuarto pilar del Estado del Bienestar con la ayuda a la dependencia. Seguiremos aquí haciendo como ahora políticas de protección a empresas y trabajadores como los ERTE, cuando se presenten dificultades, que nunca nos van a faltar.

Cuando otros se hayan cansado, los socialistas seguiremos aquí contribuyendo a la convivencia entre españoles como hizo Felipe González apoyando el desarrollo del Estado Autonómico, como hizo José Luis Rodríguez Zapatero y Rubalcaba, en cuyo mandato, nuestro país acabó con el terrorismo de ETA. Y no solo eso: demostraremos a los verdugos de ayer la superioridad de nuestros valores como hace Maixabel para asombro y admiración de todos. ¿Se puede ser más valiente? Dentro de unos días se cumplirán diez años del final de ETA. Fue un gobierno socialista, presidido por José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba el que acabaron con el terrorismo de ETA, y no fue por casualidad, sino por intentarlo con toda su inteligencia, con todas sus fuerzas. Ayer escuchamos a Felipe y a José Luis hablar con dolor de lo que supuso el terrorismo de ETA para la sociedad española, del dolor que causó. Los socialistas nunca usamos ese dolor como arma política contra la derecha, jamás se nos hubiera ocurrido, pero a la derecha sí se le ocurrió y nunca dejó de usarlo contra nosotros. Lo siguen usando todavía, y cada vez que lo hacen, ahora como antes, se degradan. Con la ayuda de todos, con el trabajo de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, de los jueces, de los fiscales, de la prensa, con la ayuda de una sociedad valiente y ejemplar, y con el liderazgo político de un gobierno socialista acabamos con el terrorismo, guardamos a las víctimas en nuestra memoria y las honramos para siempre, y nos alegramos infinitamente de que la sociedad vasca y la sociedad española vivan en paz y en libertad.

Cuando otros se hayan cansado de odiar, seguiremos trabajando por la convivencia entre catalanes y entre Cataluña y España y recuperando el diálogo y la convivencia absurdamente rotos en Cataluña. No espero que los negacionistas de turno nos lo reconozcan, como no se lo reconocieron a Felipe y a José Luis, pero lo seguiremos haciendo. Seguiremos avanzando en convivencia y en concordia. Cuando otros se hayan cansado, los socialistas seguiremos aquí ampliando las libertades como hizo Felipe González despenalizando la interrupción voluntaria del embarazo, o José Luis protegiendo a las mujeres frente a la violencia de género, o como hemos hecho nosotros permitiendo que las personas puedan morir con dignidad cuando la vida ya no puede considerarse tal cosa.

Cuando otros se hayan cansado de Europa, los socialistas seguiremos siendo un partido europeísta, comprometido con ese gran proyecto de libertad y bienestar que es la Unión Europea. Nuestro compromiso con Europa es más fácil ahora que recibimos los fondos europeos, como lo fue cuando, Felipe González recibimos los fondos estructurales, esos que despreciaba Aznar, pero a los que no renunció cuando estuvo en el poder. Hace días, la propia presidenta de la Comisión Europea, perteneciente a la familia democristiana, dijo que, a propósito de la llegada de refugiados afganos, España representó el alma de Europa. Eso es España: un país europeísta. Que está a las duras y a las maduras. 

Y al igual que pedimos una respuesta solidaria a la crisis del COVID, somos solidarios con Europa en la acogida y reubicación de los refugiados afganos. Sobre todo de mujeres y de niñas que nos necesitan. Compañeros y compañeras, Este congreso expresa una poderosa realidad. El PSOE es un partido unido. Un partido abierto, plural y democrático que debate en libertad. Aquí estamos varias generaciones de socialistas, de España y del PSOE del Exterior, que a lo largo de las últimas cinco décadas de la historia de España hemos venido encarnando la continuidad y la renovación del proyecto que pusieron en marcha hace 142 años Pablo Iglesias y sus compañeros. Cada uno de nosotros ha tenido que hacer ambas tareas, tanto Felipe, como José Luis, como ahora yo tengo ahora ese honor, continuar el trabajo realizado y abrir nuevos caminos que avancen en la misma dirección de igualdad y justicia social. Y ahora, más que nunca, el proyecto socialdemócrata es un proyecto de protección de la sociedad y del medio natural que hace posible la vida. De consecución de los objetivos de la Agenda 2030. Pertenecemos a la mejor y más noble tradición política que existe en el mundo: la socialdemocracia. Somos demócratas y reformistas. Y hoy el proyecto socialdemócrata está fuerte en el mundo.

Frente al fracaso de las soluciones de la derecha en la crisis de 2008, la socialdemocracia ha demostrado ser más humana, más justa y más eficaz en la crisis del COVID. Estamos a punto de concluir un Congreso rotundo, de unidad y de avance y están aquí presentes tres secretarios generales que me han precedido al frente del partido. Falta Alfredo, aunque sentimos su compañía. Cada uno de nosotros tuvo que hacerse cargo de la dirección del PSOE en condiciones distintas, pero nunca fueron sencillas ni cómodas. Somos la centralidad y la estabilidad del sistema político español.

Cuando yo asumí la secretaría general, a nuestra derecha y a nuestra izquierda, se proclamaba el fin de la socialdemocracia. Recordáis las palabras que circulaban y que hicieron fortuna un tiempo: sorpasso, pasokización, decadencia… Os quiero hacer en este momento una confesión personal: cada día de este mandato que me disteis he tenido un Norte: preservar el papel de la socialdemocracia española. Naturalmente era mi obligación, esa era mi responsabilidad como secretario general. Pero había algo aún más importante: creo que un partido socialista fuerte es imprescindible para la prosperidad de España, para nuestro futuro como nación. En estos seis años seguro que hemos cometido errores. Pero mirando alrededor siento que hemos conseguido lo esencial: Aquí está vivo ese proyecto de progreso y de justicia social. ¡La socialdemocracia que dieron por liquidada goza de una salud de hierro! Vosotros sois la respuesta: un Partido Unido y fuerte. Más fuerte porque está más unido. Un partido útil para la sociedad, un partido al servicio de España.

El PSOE es un partido que se responsabiliza de España. Nuestro destino está ligado al destino de España. No queremos, como hacen otros, que España se hunda para flotar nosotros. Trabajamos para que España avance. No vivimos de los problemas, sino para encontrar soluciones justas. Para nosotros el patriotismo se expresa más claramente en la declaración del IRPF que en los insultos al gobierno democrático en el día de la fiesta nacional. Nuestra historia está ligada a la modernización de España. Hemos estado en todos los acuerdos que han hecho posible el crecimiento de nuestro bienestar y de nuestra libertad. Hemos trabajado para la concordia y la convivencia, y esa sigue siendo nuestra principal tarea política. Todos los avances sociales y democráticos llevan nuestra firma.

Y eso mismo que hemos hecho tanto tiempo es el guion de lo que nos queda por hacer en el futuro. Nosotros somos de los que luchan todos los días, por eso el PSOE es un partido imprescindible para España.

Fuente: nuevatribuna.es

Ampliación @carabanchelnet

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