Repensar la tecnología para construir un mundo nuevo: la ternura como fuerza política

La filósofa Eurídice Cabañes publica ‘Sembrar futuros’, un ensayo en el que analiza las maniobras de la tiranía digital y propone estrategias para contrarrestarlas con el fin de recuperar nuestras vidas

La filósofa, profesora y activista Eurídice Cabañes / IGNACIO RUIZ AGUILAR

¿Es posible hacer otro uso de la tecnología, un uso desde la ternura? ¿El sabotaje de uno de esos centros de datos que seca nuestros ríos puede entenderse, también, como un acto de ternura? La mirada consciente y positiva que Eurídice Cabañes recoge en Sembrar futuros. Una guía de resistencia para la era del algoritmo (Ariel, 2026) apuesta por un reconocimiento de la vulnerabilidad como manera de enfrentar la sociedad digital que nos circunda. La situación es preocupante. El tecnocapitalismo nos ha hurtado la capacidad de imaginar, pero no está todo perdido. Ensayos como este –en el que se advierten cinco peligros y se vislumbran tres horizontes– ayudan a pensar el futuro a partir de conceptos como la estetización del mal, el cuerpo-dato y obsolescencia de lo humano.

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Cabañes se presenta como una filósofa, profesora y activista que no demoniza la tecnología y que, al mismo tiempo, apuesta por hacerla más tierna. La ternura como fuerza política. «La base sobre la que se sustenta la tecnología es la competitividad, el generar siempre más, el primar la cantidad sobre la calidad. Ponemos por encima el dinero mientras masacramos todo lo que hay bajo nuestros pies. La ternura —defiende— está en dejar todo eso atrás, en saber ver a las personas del otro lado del planeta que sostienen con sudor y sangre las tecnologías que utilizamos todos los días». La autora lo sintetiza en su libro: «Si nuestras vidas no importan para los sistemas que nos oprimen, debemos importarnos entre nosotros».

Peligro 1. El odio entra con humor

Tan solo quien no se ve inmerso en el mundo digital está a salvo del mismo. Ante dicho extremo, Cabañes habla de la «estetización del mal» como esa estética de camuflaje que no solo consigue viralizar el contenido, sino que neutraliza la crítica. Esta estrategia liderada por la extrema derecha mundial se materializa en una normalización a través del humor y memes de ciertos comentarios que la sociedad no aceptaría si se formularan con otro formato. «Si los criticas, te dicen que no lo has entendido, que es un chiste, pero en realidad así se abre la posibilidad de hablar de ese tipo de mensajes, además de condicionar al cerebro a entenderlos como algo ligado al humor», explica la autora, quien ilustra esta postura en la cacería de migrantes en Ceuta: «Algo tan deleznable no podría suceder si antes no se hubieran asimilado chistes racistas y xenófobos».

Peligro 2. Fusión de lo civil y lo militar

Que la tecnología esté al servicio de la sociedad y no al contrario es uno de los objetivos de pensadoras como Cabañes, quienes escriben, debaten y disertan para hacer más consciente a la ciudadanía de sus acciones. «Cuando compartimos una foto, buscamos una dirección o subimos un vídeo, contribuimos a entrenar los mismos sistemas que pueden ser usados para vigilar, oprimir o matar. No porque seamos responsables directos, sino porque el sistema ha eliminado la separación entre lo civil y lo militar», sostiene en el ensayo.

El ejemplo más sencillo son los captchas. Solo somos humanos si sabemos diferenciar un semáforo o paso de cebra entre varias imágenes. «Así estamos entrenando a la inteligencia artificial (IA) que utilizarán los coches de conducción autónoma. Y esa misma IA pronto servirá para otro tipo de vehículos de guerra», comenta Cabañes. Lo civil y militar se presenta tan imbricado que las personas somos cómplices y potenciales víctimas sin saberlo.

La activista sostiene que la solución pasa por la política. Más allá de una regulación, apuesta por la creación de una infraestructura pública digital que proteja los derechos de la ciudadanía. «Nuestra vida privada pasa por nuestra vida digital», apunta. Por otro lado, a nivel individual también se pueden hacer cosas. «Hay que mirar dónde estamos, leer qué riesgo tiene la tecnología actual y virar hacia lugares más seguros, como el Fediverso, y realizar un consumo más responsable, aunque sea por pura supervivencia», añade.

Peligro 3. Transformación en cuerpo-dato

Las personas ya no somos solo personas. También somos creadoras de un conjunto de señales capturables en diferentes unidades de medida: pasos, ritmo cardíaco, horas de sueño, patrones de desplazamiento, expresiones faciales, tiempos de reacción y preferencias emocionales. Este es el «cuerpo-dato» en el que nos hemos convertido y del que habla Cabañes en su libro. «Es la transformación de la vida en un perfil operativo», recoge.

La realidad es algo más preocupante, pues la captura de esos datos no es únicamente lo que hacemos, sino la probabilidad de lo que haremos. «El perfil algorítmico no solo describe: anticipa. Y esa anticipación, cuando organiza lo que vemos y delimita lo que se nos permite hacer, termina por volverse real», escribe, como si de una profecía autocumplida se tratara. Según comenta la autora a La Marea, «el nuevo petróleo no son los datos, sino la manipulación de la conducta que permiten». Si un algoritmo decide que no serás bueno trabajando como electricista, ninguna empresa te contratará para ello y, efectivamente, no serás bueno. «Y eso funciona en términos médicos, militares o educativos. Nos están robando el futuro», exclama Cabañes.

Peligro 4. Gobernanzas escondidas en cajas negras

Los datos que las grandes tecnológicas recopilan de todos nosotros, incluso en la escuela pública con el uso de plataformas digitales privadas por parte de menores, pueden afectar a los derechos de la ciudadanía. Lo hacen cuando se integran en la gobernanza pública sistemas de IA. «Si un algoritmo decide qué ofertas de empleo muestra a un usuario o el nivel de reincidencia de una persona, nos enfrentamos a un riesgo brutal de desigualdad», ejemplifica la pensadora. Todo ello sucede porque los gobiernos ceden a empresas privadas una gobernanza que es una caja negra. Según escribe en el ensayo, «si un puntaje afecta a un derecho, deja de ser mera estadística: debe ser explicable, impugnable y reparable».

Peligro 5. Externalización de las habilidades

La «obsolescencia programada de lo humano» es otro de los conceptos que Cabañes apunta en este ensayo que no supera las 250 páginas. «Delegamos la memoria, la orientación, el cálculo, incluso la intuición, en dispositivos diseñados no para nuestra autonomía, sino para nuestra dependencia. Las prótesis digitales que usamos cada día nos hacen la vida más cómoda, pero nos arrebatan algo fundamental: la capacidad de reproducir nuestros propios procesos mentales sin mediación alguna», explica en su obra.

La tecnología que inunda nuestras acciones diarias no es como las rueditas de la bicicleta, pensadas para desaparecer. «La tecnología es discapacitante e intenta que dependamos de ella para siempre. En un gran apagón, muchas de las habilidades cognitivas desaparecen. Si Google colapsa, que no habría nada más hermoso, nuestras comunicaciones y la forma que tenemos de orientarnos habría desaparecido», desarrolla la filósofa.

En esta suerte de externalización digital, sufrimos una amputación disfrazada de eficiencia, escribe. Y añade: «Si renunciamos a sembrar pensamiento por elegir solo respuestas precocinadas nos convertimos en consumidores de inteligencia, no en seres pensantes». Y sigue: «Frente a la inteligencia artificial que todo lo externaliza, la inteligencia encarnada nos recuerda que aprendemos caminando, tocando, equivocándonos, conversando».

Horizonte 1. La lucha por el tiempo

Cabañes también se para a reflexionar sobre el tiempo. «El CEO de Netflix lo hizo explícito. Ellos no compiten contra HBO, sino contra el tiempo de sueño de las personas. Sin embargo, toda acción política necesita un deseo, y todo deseo necesita tiempo», sostiene. Por eso, apuesta por una política del tiempo en la que también incluye la renta básica universal «porque rompe el vínculo entre trabajo y dignidad. Porque abre la posibilidad de desear otra forma de vida. Porque da derecho a existir sin tener que pedir permiso», comenta en el ensayo.

Asimismo, defiende que «hacer del cuidado un bien común es también hacer del tiempo un derecho» y que «el colapso no se enfrenta con más eficiencia, sino con más cuidado. Y el cuidado necesita tiempo. Tiempo disponible, compartido y en común».

Horizonte 2. Los saberes colectivos

Otro mundo es posible, desde la perspectiva de la filósofa; y si no lo fuera, así habría que pensarlo. Cabañes menciona las redes de telefonía comunitaria indígena, como las impulsadas por Rhizomatica en Oaxaca. Estas redes no solo conectan a las personas: implican una redistribución del poder. Lo mismo ocurre con las radios autogestionadas, las plataformas libres, los huertos comunitarios o las redes de cuidados. «Las comunidades conocen sus propias necesidades mejor que cualquier algoritmo, y tienen capacidad para organizarse, compartir recursos y generar saberes colectivos. No desde la fantasía neoliberal de la autosuficiencia, sino desde la conciencia profunda de que dependemos las unas de las otras”, escribe.

Horizonte 3. La reconquista tecnológica

La activista ha escrito Sembrar futuros con la ternura siempre presente. «Pero no como algo ligado a los ositos de peluche, sino como algo que incluya la acción violenta si es necesario», precisa. Documentar un crimen de guerra con el móvil es ternura. Reparar un ordenador para no alimentar la minería de sangre es ternura, ejemplifica en su libro. En definitiva, «ternura no es solo un gesto íntimo; es también la determinación de proteger al otro, incluso cuando eso signifique sabotear la máquina que lo amenaza». Y ahí quedan las estrategias: consumo ético, reparación, software libre, redes comunitarias y acción directa. «Cada uno de estos gestos, por pequeño que parezca, desacelera la máquina de la muerte y acelera la imaginación de lo posible», concluye en su ensayo

Fuente: lamarea.com

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