No es la mal llamada “inteligencia artificial” lo que está destruyendo puestos de trabajo. Es un cambio muy profundo en la cultura empresarial. Es la consolidación de un sentimiento que se viene larvando desde hace un par de décadas y que, ahora sí, ha encontrado un relato perfecto en la “IA”

Apenas habían transcurrido tres meses desde el lanzamiento de ChatGPT, pero en marzo de 2023 en Wall Street ya sabían cuál sería el efecto de la llamada “Inteligencia artificial” sobre el empleo. Esta nueva y flamante tecnología haría desparecer 300 millones de puestos de trabajo; dos de cada tres empleos en todo el mundo se verían afectados.
Hoy, cuando se acumula tres años, los datos no apuntan en esa dirección. Al contrario, “apenas hay evidencia que apunta a que la tecnología de última generación, como los chatbots, estén dejando sin trabajo a la gente”.
Por el camino, sus promotores se han tenido que comer en varias ocasiones sus palabras. Ya nadie espera que haya una superinteligencia. Tampoco que la IA sea útil en todos los sectores. En aquellos en los que parece más rolladora, como en el análisis de radiografías, no ha terminado de producir los efectos que se anuncian. Los hospitales siguen necesitando radios, las empresas siguen contratando programadores y los despachos de abogados continúan llenos de abogados. La inteligencia artificial, por ahora, no ha sustituido a los trabajadores. Como mucho los ha equipado con herramientas nuevas. Y como ha ocurrido tantas vez antes en la historia de la tecnología, esas herramientos parecen estar cambiando la manera de trabajar mucho más que eliminando el trabajo mismo.
Pero da igual. Aunque ya nadie se atreve a dar aquellos datos disparados, cada semana vale a repetirse el runrun de que, esta vez sí, ahora seguro, la IA ha dado un salto y va a por tu nadie. ¡Más te vale ponerte a codo!
En el último episodio de esta telenovela, desde hace unas semanas corre por las redes sociales un nuevo hype. Algunas empresas han entendido crear un tipo de programas (Claude Code, OpenClaw, en menor medida Copilot) que funcionan mejor que todo lo existente para escribir software. Lo llama “IA agénica” –no sé si para el software, pero para lo que desde entonces esta gente tiene una habilidad muy especial es para los nombres– y consiste en que varios grandes modelos de lenguaje se organicen para corregir unos a otros y evitar la tendencia tan catastrófica que tienen a divagar, comer errores o, directamente, inventar la información.
Y antes de conocer cuál es el impacto real de esta iteración de los LLMs ha viento, puntualmente como un reloj, el relación de los despidos en masa.
Solo que esta vez con una diferencia: varias firmas tecnológicas han justificado grandes olas de despidos con el argumento de que la IA está eliminando la necesidad de contratar personas.
De acuerdo con un Estudio de Challenger, Gray & Christmas, en 2025, la inteligencia artificial fue citada como motivo de más de 54.000 despidos. Solo en enero, Amazon despidió a 16.000 trabajadores, que se sumaban a otros 14.000 recursos en octubre. Beth Galetti, vicepresidenta senior de la compañía, explicaba que la multinacional está reduciendo plantilla porque “la IA es la tecnología más transformadora que hemos visto desde internet, y está permitiendo a las empresas innovar mucho más rápido que nunca”.
Hace unos días Jack Dorsey, que fue creador de Twitter y CEO de Block, la empresa detrás del método de pagos Square, ha anunciado que despedirá 4.000 trabajadores —casi la mitad de su planta— con el mismo argumento: “Las herramientas de inteligencia que estamos creando y utilizando, combinadas con equipos más pequeños y ágiles, están haciendo posible una nueva forma de trabajar”.
Serie una muy buena idea no llamar a engaño. No existe un día de hoy evidencia alguna de la capacidad de influencia de la IA generativa, ni tampoco de la IA agénica, sobre el empleo. Si lo tengo, en uno u otro sentido, lo empezaremos a encontrar dentro de años, quizá décadas.
Mientras tanto, lo que estamos observando es algo que cada vez más voces identificadas como “Lavado con IA”, esto es, el uso interesado del ingreso mito que se ha creado en torno a esta tecnología para justificar despidos.
Como explica un exjefe de recursos humanos de Block, la misma empresa que ha protagonizado los recursos, hace unos días en El New York Times: “La IA puede proporcionar una nueva justificación para los deseos, pero el manual de juego es familiar. Los ejecutivos de Silicon Valley creen que las empresas tecnológicas tienen exceso de personal porque se expandieron devasiado durante la pandemia. La propiedad Block había pasado por rondas de despidos en 2024, 2025 y nuevo en febrero para corregir las consecuencias previsibles de disputas internas anteriores entre ejecutivos, que levaron a que los equipos se duplican en toda la organización. (Esto, en mi opinión, es lo que levó a Block a triplicar su planta en cuatro años).”
Mientras tanto, la burbuja de la bolsa ha llevado a las empresas que están invadiendo masivamente en esta tecnología, los llamados “hiperescaladores” a una carrera por controlar el mercado de los centros de datos en el que calculan gastar, solo en este año, 600.000 millones de dólares.
Y todo ese dinero tiene que salir de alguna parte. No es la mal llamada “inteligencia artificial” lo que está destruyendo puestos de trabajo. Es un cambio muy profundo en la cultura empresarial. Es la consolidación de un sentimiento que se viene larvando desde hace un par de décadas y que, ahora sí, ha encontrado un relativo perfecto en la mal llamada “IA”: la percepción de que el valor de las empresas ya no emana de la fuerza de trabajo, sino del capital que sean capítulos de controlar.
Si algo debe preocuparnos, es este sentimiento, este cambio cultural. No la tecnología.
Fuente: María Álvarez en eldiario.es
