Patricia García: “El rugby de mujeres está superando los estigmas sociales”

Hablar de rugby femenino en España es hablar de Patricia García. Es imposible entender el desarrollo que ha tenido esta disciplina en nuestro país en los últimos años sin tener en cuenta la aportación de la jugadora madrileña. Tanto por su contribución a los éxitos de la selección nacional, con la que ha jugado 384 partidos entre las modalidades de 7 y 15, conquistando cuatro títulos de campeona de Europa, disputando cuatro Copas del Mundo y unos Juegos Olímpicos, como por ser pionera a la hora de desarrollar su carrera más allá de nuestra Liga, compitiendo en países como Francia, Nueva Zelanda, Japón y el Reino Unido y llegando a ser incluida en 2018 en el equipo ideal a nivel mundial de rugby 7. De su valor hablan datos, como el estar entre las diez máximas anotadoras históricas de las World Series, siendo la única europea de ellas. Ahora, después de 14 años de trayectoria en la élite, ha decidido retirarse y dedicarse, entre otras tareas, a impulsar proyectos solidarios basados en los valores que el rugby le enseñó.

Lo deja con 32 años y después de 14 años compitiendo. ¿Por qué ahora?

Hay varios factores. Uno de ellos es que he cumplido todos los grandes objetivos deportivos que tenía, como competir con la selección española al más alto nivel durante más de una década. Me hubiera gustado culminar en los Juegos de Tokio y el Mundial de Nueva Zelanda, pero no pudimos clasificarnos. Y a nivel de clubes ya he jugado en las grandes ligas del mundo. Nunca he sido una persona resultadista, soy más de procesos, de experiencias, de personas, y creo que esto ya lo he exprimido. Estar al más alto nivel y con la exigencia que yo tengo hacia mí misma, porque si estoy en algo lo quiero hacer al 100%, conlleva muchísimo esfuerzo, tiempo y energía. Llevo 14 años poniendo en un segundo plano otro tipo de actividades, de experiencias de vida, a seres queridos por tener la prioridad de jugar al más alto nivel y ser la mejor versión de mí misma como jugadora, y eso también cansa. Prefiero dejarlo en un buen momento, a un buen nivel y no estirar el chicle.

¿Qué sensaciones está teniendo estos días después de haber hecho el anuncio oficial?

Sensación de tranquilidad mental, porque física y emocionalmente es mucho ajetreo. Tranquilidad, porque la decisión estaba tomada hace bastante tiempo y el trabajo está hecho. También de gratitud a todas las personas que me han ayudado, y de satisfacción por haber podido cumplir los objetivos, haber podido yo tomar la decisión, hacerlo en mis tiempos y por la carrera tan bonita que he tenido la oportunidad de vivir. Me considero muy afortunada, muy satisfecha y agradecida.

Siempre le gustó el deporte, pero de joven practicó atletismo y fútbol. ¿Cómo entró el rugby en su vida?

El rugby entró en mi vida por culpa de Irene Schiavón, gran amiga y que luego ha sido compañera de selección durante muchos años. Las dos jugábamos al fútbol en El Escorial, y me animó a probar el rugby, me insistió mucho y desde que lo hice en el primer año de universidad con el equipo de Geografía e Historia me enamoré de él.

Imagino que cuando empezó no se imaginaba lograr lo que ha conseguido. ¿Qué ha habido detrás de todo este camino hasta convertirse en una referencia del rugby?

Básicamente ha habido tres grandes ingredientes: tener mucha perseverancia, mucho trabajo en cumplir cada uno de los objetivos; una gran determinación, porque no ha sido un camino fácil, he tenido que hacer desde pintar fachadas de casas de Francia para poder tener unos ahorros y poder seguir dedicándome a entrenar, a irme a Nueva Zelanda, al otro lado del mundo, a cumplir un sueño, sí, pero lejos de tu familia, de tu gente y donde no conoces a nadie, superar miedos, lesiones… Hay varios ejemplos donde la determinación ha sido importante; y por último, una gran cantidad de personas que han sido impulsores de toda esta situación y que me han ayudado a desarrollarme como deportista y como persona. Sin esos tres factores no habría alcanzado esos logros.

Ha podido competir en países como Francia, Nueva Zelanda, Japón e Inglaterra. ¿Qué experiencia sacó de cada uno de ellos?

Jugar en todos estos países es muy enriquecedor porque te abre la mente, te hace tener que adaptarte, ser flexible y más humilde. Te das cuenta qué existen muchas realidades y formas de hacer las cosas. Es algo bonito y de lo que más valoro. En Francia tienen una cultura más cercana a la nuestra y encontré a unas personas super acogedoras. Nueva Zelanda es un país donde reinan los valores del rugby, aprendí muchísimo a nivel deportivo porque son de los mejores, pero a la vez tienen una gran humildad, una humanidad muy fuerte como personas y como sociedad. En Japón tienen una cultura muy interesante y su gastronomía me encanta. No tienen una gran cultura histórica de rugby, pero trabajando bien e invirtiendo han conseguido ser una de las potencias mundiales. Y en Inglaterra he podido participar en la primera liga profesional de Liga XV femenina del mundo, trabajando con grandísimos profesionales. Vivir la esencia de una de las cunas del rugby ha sido muy enriquecedor.

¿Cómo está el rugby femenino en España? ¿Ha cambiado mucho desde que empezó?

El rugby practicado por mujeres y por niñas en España está en un momento muy bonito. Desde que empecé ha crecido muchísimo en número de licencias, pero sobre todo en visibilidad. La imagen que tienen ahora las niñas de este deporte está cada vez más naturalizada y se están dejando atrás estigmas sociales, educativos y culturales pero que son genéricos de la sociedad. Cada vez hay más niñas jugando al rugby. Yo soy de las últimas que estaban en la selección que había empezado a jugar en la universidad, la mayoría lo hace ahora antes, en escuelas. Es un proceso de evolución y espero que siga así.

¿Los mejores recuerdos de su carrera están ligados a la selección?

Mi compromiso con las Leonas (como se conoce al equipo nacional femenino) ha sido la prioridad número uno durante todos estos años. Ha estado por encima de otros contratos u oportunidades que he podido tener. Está claro que tengo muchos buenos recuerdos. Todos los éxitos en los grandes eventos han sido con ellas, he conocido a personas que considero prácticamente como mi familia, y con las que he compartido momentos muy bonitos de mi vida. Todo eso es muy valioso, pero no quita que haya tenido también otras experiencias enriquecedoras muy diferentes en otros países.

¿Quién le ha dado más a quién? ¿Patricia García al rugby o el rugby a Patricia García?

Sin duda, el rugby a Patricia. Me ha ofrecido cosas increíbles, experiencias inolvidables, personas maravillosas de las que he aprendido muchísimo. Ojo, que también he sufrido muchísimo, pero todo ello ha sido un aprendizaje. El rugby me ha brindado una forma de vida estos últimos 14 años y la agradecida soy yo.

Ha estado muchos años fuera de España. No sé si el estar lejos de la familia ha sido la parte más difícil durante todo este tiempo. ¿Qué papel ha jugado la gente más cercana a usted en su carrera?

El estar lejos de las personas queridas ha sido la parte que más he sufrido, que más he añorado. Lo bonito de todo esto en relación con ellas es que al final, con su amor hacía mí, entendían que yo era feliz fuera, que para cumplir mis objetivos y mis sueños y que me desarrollara como jugadora yo tenía que volar y salir. El apoyo en la distancia era incondicional y cuando he vuelto estaban ahí. Era bonito saber que, aunque estés en el lugar más lejano del mundo, tienes a tus seres queridos que te apoyan, te arropan y están orgullosos de ti.

Patricia García es rugby, pero también es otras cosas. Por ejemplo, su actividad solidaria a través de la ONG PGR, con la que realiza proyectos como Rugby Libre. ¿En qué consiste?

Desde que me enamoré de los valores del rugby he tratado de compartirlos fuera de mi contexto y tratando de llevarlo más allá de las fronteras del deporte, a lugares, a centros, a barrios, a cualquier tipo de personas, para poder compartir algo que me apasiona, que me ha hecho muy bien y que puede hacer muy bien a la sociedad. Por eso creé hace unos años la PGR ONG, para poder embarcar todo este tipo de proyectos sociales y solidarios. Rugby Libre es un proyecto en el cual tratamos de llevar el rugby como herramienta de educación en valores y desarrollo de habilidades personales a colectivos en riesgo de exclusión social, personas en estado de vulnerabilidad, que puedan estar en favelas, barrios marginales, centros penitenciarios, personas con diversas capacidades… cualquier tipo de colectivo en estado de vulnerabilidad. Creemos que es ahí donde la herramienta del deporte tiene más fortaleza. Les queremos dar la oportunidad de desarrollarse, de expresarse en libertad, y ojalá que de encontrar una familia de apoyo para crecer como individuos.

Siempre da mucha importancia a poder ayudar a los demás a través de los valores que son innatos al rugby. ¿Cuáles son los más importantes?

En mi opinión, los tres principales serían el respeto: al árbitro, a las normas, al rival… Creo que es un valor fundamental en el rugby y que si lo lleváramos a la vida en todas sus facetas este mundo sería diferente, y quiero pensar que mejor. El segundo sería el trabajo en equipo. Es precioso descubrir las habilidades, las fortalezas que cada uno tenemos y que, si las aportamos al colectivo, al equipo, a la sociedad, entre todos vamos a construir un equipo y un mundo mejor. Y por último la resiliencia, esa superación que yo hago la comparación con una metáfora de un placaje duro, que te ofrece oportunidades para aprender, levantarte aún con más fuerza e incluso dejarte ayudar para que te levanten.

Los valores del rugby se pueden aplicar a cualquier tipo de contexto, aunque la forma de comunicarlo sea diferente

¿Qué experiencias, qué vivencias se le han quedado marcadas de las campañas que han hecho en países como Brasil, Chile o Marruecos?

Son experiencias increíbles e inolvidables. Yo a veces las defino como mi universidad de la vida. Viajes por donde viajes, en todo el mundo te abren las puertas de sus casas. Es precioso poder conocer a personas, vivir ese intercambio cultural a través del deporte. En Chile o Marruecos nos han acogido con hospitalidad y hemos tenido muchas vivencias. Animaría a la gente a que lea el libro solidario La Huella, de Luisa Galindo Garzón, que refleja todas las experiencias vividas en las giras de Rugby Libre con historias de muchas personas y como en sus vidas les ha impactado positivamente el rugby y gracias a él han salido adelante.

También da charlas motivacionales a trabajadores de empresas, colectivos en riesgo de exclusión (como pueden ser presos), colegios o clubes, unos ámbitos muy distintos entre sí. ¿Para todos ellos sirven los valores del rugby?

Los valores del rugby se pueden aplicar a cualquier tipo de contexto, aunque la forma de comunicarlo sea diferente. No es lo mismo hablar a una niña de ocho años que a un alto directivo de una empresa, o a una persona que está privada de libertad, pero el valor que hay detrás de ello es el mismo. Es muy interesante ver como vayas al contexto que vayas, si logras ver el trasfondo de los problemas o las dinámicas, siempre se llega a esos valores, que es la parte profunda del iceberg que no se ve.

Lleva la academia de formación del Exeter inglés, su último club. ¿Se va a quedar a vivir en Inglaterra o va a volver a España?

Este año me dieron la oportunidad de crear la academia femenina del Exeter Chiefs, un bonito proyecto que ha sido muy enriquecedor. Estoy agradecida por la confianza y la libertad que me han dado, pero a pesar de que me han ofrecido renovar, lo he declinado. Me apetece volver a España, cerca de mis seres queridos, descansar y reconstruir.

¿Desde qué lugar le gustaría ayudar al rugby español? ¿La Federación le ha planteado algo?

Estoy abierta a aportar al rugby español. Conozco toda la crisis vivida tras lo sucedido con la sanción al equipo masculino, pero no, la Federación no me ha planteado nada al respecto. He acabado esta etapa de jugadora y si bien me pongo al servicio del rugby español, aún no ha habido ningún tipo de conversación con la Federación sobre mi siguiente posible compromiso, si es que se materializa.

Con la experiencia acumulada a lo largo de los años, ¿qué consejo le daría la Patricia García del 2022 a la Patricia García de 18 años que empezaba en el rugby?

El consejo que me daría a mí misma sería que siguiera mi intuición con fuerza, con confianza. Siempre he escuchado a mi corazón en los momentos en los que tenía dudas, pero lo reforzaría en su día para que estuviera tranquila cuando ha habido que tomar grandes decisiones. Si lo sigues ahí no hay error, como mucho habrá aprendizaje, independientemente de lo que otras personas puedan pensar, o de que socialmente esté mejor visto. Ahí está la clave de la felicidad de hacer mi camino.

Fuente: Ricardo Uribarri en ctxt.es
Foto: Patricia García | ALJAZ BABNIK