‘No mires arriba’, o cómo el negacionismo y la extrema derecha podrían acabar con todo

El arte y la cultura, a través de la fotografía, la pintura, la literatura o, en este caso, el cine, pueden llegar a transmitir un mensaje mucho mejor que cualquier discurso político, informe científico o declaración pública. Adam McKay dirige el film No mires arriba (Don’t Look Up), estrenado por Netflix y protagonizado por Leonardo Di Caprio, Jennifer Lawrence y Meryl Streep, el cual encaja perfectamente en este punto.

La historia gira alrededor de cómo el profesor Randall Mindy (Leonardo Di Caprio) y su doctoranda Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence) descubren que un cometa potencialmente destructivo impactará contra La Tierra en unos seis meses y medio y de sus desesperados intentos por concienciar al gobierno estadounidense y a la sociedad de la necesidad de poner medios para desviarlo, enfrentándose por el camino a conspiracionistas, negacionistas e intereses económicos y políticos.

Rápidamente, la historia, si bien es cierto que no da como resultado un gran film, con sus carencias en dirección y guion y sus recursos fáciles, sí que envía un poderoso mensaje en favor de la ciencia, de la evidencia, de los datos objetivos y de la concienciación hacia diferentes problemas que amenazan a la civilización en un momento en el que el avance del negacionismo, de la mano de la extrema derecha en buena medida, avanza a pasos agigantados.

A partir de aquí, el artículo contiene detalles de la trama y del argumento.

El descubrimiento del cometa

Kate Dibiasky está haciendo un doctorado en la Universidad Estatal de Michigan sobre astros que explotan en el espacio cuando, durante su monitoreo espacial, descubre un cometa. Rápidamente, presenta sus cálculos a sus colegas, que le dan la enhorabuena y bautizan a la roca con su apellido. El profesor y catedrático en astronomía Randall Mindy junta al equipo y se apresura a calcular la trayectoria que seguirá dicho cometa.

Empleando varias fórmulas matemáticas, intenta averiguar a qué distancia relativa pasará de La Tierra. Cuando se da cuenta de que la distancia es cero, decide no continuar y, visiblemente nervioso, envía al alumnado a casa, excepto a Dibiasky.

En el momento en el que están a solas, confiesa la verdad: en 6 meses y 14 días, el cometa, de entre 5 y 10 km de diámetro, colisionará contra La Tierra. Por mucho que repasan una y otra vez estos cálculos, se dan cuenta de no hay fallo y que, dado el tamaño de la roca, destruirá toda forma de vida en el planeta.

Quiero dormir plácidamente mientras duermo, como mi abuelo, y no gritando de temor como sus pasajeros

Jack Handey,humorista estadounidense

Esta cita del humorista Jack Handey aparece como preludio tras la introducción del film, augurando brevemente la filosofía que inundará No mires arriba acerca de cómo a veces es preferible cerrar los ojos ante el desastre en lugar de pasar miedo sin hacer nada por evitarlo.

Y es que, a partir de aquí, profesor y alumna inician un periplo para intentar convencer al mundo del inminente apocalipsis. Sin embargo, parten de obstáculos muy evidentes. Para empezar, proceden de una universidad pública de poco prestigio. Además, no son especialistas en ese campo concreto, aunque sean astrónomos, ni tampoco reconocidos profesionales. Y, por último, las personalidades de ambos no ayudan en absoluto: él es un señor ansioso con cierto pánico escénico que se pierde en marañas de datos y ella es una chica joven un tanto freak y poco sociable a la que no le gusta nada andarse por las ramas.

Pese a todo, informan a la NASA, pero la directora parece muy escéptica acerca del descubrimiento, por lo que optan por contactar con la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria, cuyo jefe, el Dr. Clayton «Terry» Oglethorpe (interpretado por Rob Morgan), revisa los datos y decide ayudarles. Así, los tres se encaminan a Washington D.C., donde les ha concertado una cita con la presidenta del Gobierno de Estados Unidos, Janie Orlean, interpretada por la genial actriz Meryl Streep.

Los problemas comienzan antes de llegar. Tanto Randall como Kate están totalmente abrumados por la noticia y se sienten sobrepasados por el hecho de tener que informar a las altas instancias del país de sus conclusiones, sin saber muy bien cómo hacerlo o qué decir. «¿Vamos a informarle a la presidenta de Estados Unidos de que en 6 meses la Humanidad y todas las especies del mundo van a ser extinguidas?», pregunta Kate mientras esperan en una antesala. «Sí, eso parece», responde Randall. Tras esto, la descubridora del cometa vomita en una papelera.

El siguiente problema es que, finalmente, Orlean no les recibe. Pueden observar cómo se está celebrando un cumpleaños el despacho Oval, tras lo cual les hacen esperar hasta 7 horas. Finalmente, el Jefe del Estado Mayor, Jason Orlean, también hijo de la presidenta (interpretado por Jonah Hill), les informa de que no serán recibidos hoy y de que se les alojará en un hotel.

Finalmente, al día siguiente, por fin les reciben y la presidenta les da 20 minutos para explicarlo todo. Al principio, Randall se aturulla con los datos matemáticos, pero Kate y Clayton salen al rescate y revelan sin tapujos la realidad: que un cometa del tipo «destructor de planetas» caerá en el Océano Pacífico a 62 millas de la costa de Chile con la potencia de mil millones de bombas de Hiroshima con una certeza del 99,78%.

Sin embargo, nadie del equipo del gobierno se lo toma en serio. «Bueno, no es un 100%», afirma Jason Orelan. «Dejémoslo en un 70%», apremia la presidenta. «Mejor llamarlo un suceso potencialmente importante», dice la directora de la NASA. Estas sentencias desconciertan a los científicos, que no se pueden creer lo que escuchan. El hijo de la presidenta llega a reírse de ellos por pertenecer a una universidad estatal. «Lo mejor será aguardar y evaluar», concluye finalmente Janie Orlean tras confesar que, a tres semanas de las elecciones del Congreso, son malas fechas para hablar de sucesos apocalípticos.

Aquí, la presidenta Orlean cuenta una anécdota: durante la campaña electoral que la llevó al poder, siempre ocultaba que fumaba porque no daba una buena imagen, hasta que se hartó y empezó a hacer lo que le daba la gana. Según relata, esto le dio tres puntos más en las encuestas porque parte de la gente la consideró «auténtica». En este momento de No mires arriba, los paralelismos entre el expresidente Donald Trump y la ficción representada por Meryl Streep son inevitables.

Después de prácticamente ordenarles que no digan nada de lo acontecido en la reunión, se marchan de allí. El Dr. Oglethorpe lo tiene claro: la Casa Blanca va a pasar de todo. Así es como sugiere una nueva idea: filtrarlo a la prensa.

‘The Daily Rip’ y las redes sociales

Antes de pasar al siguiente punto, No mires arriba presenta a un personaje fundamental. Se trata de Peter Isherwell (Mark Rylance), la tercera persona más rica del planeta, fundadora y CEO de BASH, un conglomerado empresarial del sector tecnológico. Isherwell, con su aire un tanto excéntrico, racional y seguro, recuerda a una mezcla de Elon Musk, Mark Zuckerberg, Steve Jobs y Jeff Bezos, con su consecuente crítica.

El magnate se encuentra presentando un nuevo modelo de teléfono móvil que será capaz de reconocer las emociones del usuario y enviar una respuesta acorde e incluso concertar una cita con un psicólogo en caso de que detecte que estás triste. Finalizada la conferencia e ignorando todas las adulaciones, recibe los datos del descubrimiento del cometa.

Mientras tanto, aunque la información sobre el descubrimiento se ha filtrado, no tiene ninguna repercusión. Las redes sociales están invadidas por noticias sin ningún tipo de importancia, como el conflicto de pareja entre la cantante Riley Bina (Ariana Grande) y DJ Chello (Kid Cudi), una poderosa referencia y crítica al mundo del corazón entre artistas jóvenes.

Afortunadamente, el Dr. Oglethorpe ha contactado con uno de los principales medios de comunicación para vender la exclusiva apocalíptica, lo que les ha valido una aparición estelar en The Daily Rip, uno de los programas de entrevistas más prestigiosos y populares de este Estados Unidos ficticio, pero que recuerda a cientos de programas similares que existen en la realidad.

Los nervios inundan a la pareja científica mientras esperan su turno para ser entrevistados, hasta el punto de que Randall tiene que ir al baño aquejado de dolores estomacales por pura ansiedad, por lo que decide medicarse. Su entrevista es la última, ya que primero entrevistarán a Riley Bina y DJ Chello, los cuales exponen sus conflictos de pareja en directo. Cuando este obvio paripé finaliza, entran en escena.

El programa es presentado por Brie Evantee (Cate Blanchett) y Jack Bremmer (Tyler Perry), los cuales frivolizan todo el tiempo con bromas y chascarrillos sobre cualquier declaración. Tanto Randall como Kate intentan explicar con calma lo que está a punto de pasar, pero a los conductores del programa no parece importarles y se desvían del tema continuamente. Esto provoca que, finalmente, la doctoranda pierda los nervios. «Tal vez la destrucción absoluta del planeta no debería ser algo divertido», llega a decir justo antes de ponerse a gritar a cámara y marcharse.

Randall opta por quedarse y hace un chiste ridículo para calmar la situación, lo que le hace ganarse el aplauso de la presentadora.

Cuando se reúnen con el equipo del medio de comunicación en cuestión para analizar el impacto en redes sociales de la entrevista, se da cuenta de que para lo único que ha servido es para que hagan memes y bromas crueles sobre Kate Dibiasky, pero para poco más. Revelan que la noticia no ha superado la media en visitas e impacto mediático de los informes sobre el tiempo o sobre el tráfico.

Los científicos intentan buscar opciones, pero el responsable de la cadena les dice que la directora de la NASA, Jocelyn Calder, ha llamado para decir que ha revisado los datos y que no es verdad que el cometa vaya a impactar contra La Tierra. Dibiasky revela que es la propia directora la que ha intentado que la verdad no salga a la luz y que no es astrónoma, sino que ha sido puesta a dedo en la dirección de la NASA por financiar la campaña electoral de Janie Orlean.

Pese a sus intentos, parece que todo a terminado. Pero, entonces, todo da un inesperado giro.

Randall Mindy, el influencer

Un escándalo salpica a la presidenta al filtrarse que había enviado fotografías sexuales a un candidato rival al Tribunal Supremo, con el que al parecer mantiene una aventura, lo que amenaza su popularidad a las puertas de la campaña electoral.

Paralelamente, Randall Mindy ha conseguido más de 250.000 seguidores en sus redes sociales gracias a la popularidad conseguida por el programa y se encuentra totalmente absorbido por la atención mediática, desde donde se enfrenta a todos los teóricos de la conspiración y negacionistas que le tachan de loco. «Millonarios judíos le pagaron para inventarse lo del cometa y puedan confiscar nuestra libertad y nuestras armas», lee en una de las publicaciones.

En ese momento, el FBI le arresta a él, a Kate Dibiasky y al Dr. Clayton, quien hace un alegato antirracista para evitar posibles represalias violentas de los agentes.

Acto seguido, los llevan al Despacho Oval, donde la presidenta Orlean les confiesa que ha cambiado de idea y quiere llevar a cabo un plan para desviar el cometa. Ante las inquisiciones de Dibiasky, también confiesa que ese cambio de idea se debe a que le viene bien para distraer a la población de sus recientes polémicas y volver a ganar apoyo popular.

Con la seguridad de que así salvarán a la Humanidad, los tres aceptan participar en el paripé político montado por la presidenta. Para justificar lo que han tardado en reaccionar ante el desastre inminente, deciden culpar a la directora de la NASA y hacerle renunciar, y además realizan una rueda de prensa sin avisar a los medios para que parezca una emergencia que retransmiten en todas las cadenas televisivas desde un buque de guerra y con fuegos artificiales.

Además, cogen a un veterano de guerra con una salud mental cuestionable para ponerlo al mando de la misión, a pesar de que se puede realizar sin tripulación. «América siempre necesita un héroe», le recuerda el Dr. Oglethorpe. Durante el discurso, califican al cometa de «enemigo común» y anuncian una ley y un plan presupuestario extraordinario para hacer frente a la amenaza.

Tras el órdago lanzado por el gobierno, la noticia esta vez sí recorre el mundo entero.

Con la popularización del inminente apocalipsis y los planes de Estados Unidos para desviar el cometa mediante el uso de satélites y bombas nucleares, tanto Randall como Kate y el Dr. Clayton recorren las televisiones para explicar al mundo lo que está pasando. El profesor se convierte en todo un influencer, apareciendo con frecuencia en diversos programas y recibiendo una gran atención mediática. En una entrevista en The Daily Rip, se da el dato de que el 26% de la población no se cree realmente que un cometa vaya a estrellarse contra La Tierra, momento en el que Randall Mindy reivindica los datos objetivos obtenidos mediante la ciencia. Al finalizar el programa, inicia una aventura con la presentadora.

En otra entrevista, Dibiasky y Clayton se enfrentan dialécticamente a dos presentadores de un programa claramente ultraconservador, que previamente habían afirmado que «por qué iban a hacer caso a esos dos marxistas». Aunque no se menciona, parece una referencia a la cadena Fox.

Pese a todo, aparentemente, el mundo entero está de acuerdo con desviar el cometa y la popularidad de la presidenta sube como la espuma.

Un cambio de planes

El esperado día del lanzamiento llega y diferentes cohetes con las cargas nucleares salen despedidos al espacio. Sin embargo, cuando todo parece ir bien, en el último momento, se desvían y la misión fracasa. Kate, Clyton y Randall se encuentran en una pequeña sala esperando mientras el gabinete de Orlean está discutiendo, sin saber muy bien qué ha podido suceder.

De pronto, aparece Jason Orlean y le dice a Randall que ha sido nombrado asesor científico de la Casa Blanca y que está invitado a la reunión. Tras tratar de forma despectiva a Kate, el profesor accede y se marcha.

Ante un gran número de personalidades y cargos políticos, Janie Orlean anuncia que, aunque la misión tenía como objetivo desviar el cometa, una nueva información muy importante le había hecho cambiar de idea. Tras esto, aparece el magnate Peter Isherwell, que explica que sus sensores han encontrado un alto contenido en minerales que se están agotando en el planeta en el cometa, cuyas últimas reservas están en manos de China, y que tiene un valor de 140 mil millones de dólares.

Así, propone un plan para, en lugar de desviar o detener el meteorito, utilizar la tecnología de su empresa para dividirlo en 30 trozos, hacerlo descender con seguridad sobre la superficie y poder aprovechar sus recursos. El hombre de negocios asegura que esto favorecerá a toda la Humanidad y acabará con el hambre, la pobreza y la desigualdad.

Cuando el profesor le cuenta el plan a Kate y al Dr. Clayton en un bar, no son capaces de creérselo: van a jugarse el futuro de la Humanidad ante la posibilidad de llenarse los bolsillos todavía más y con un plan que únicamente ha sido revisado por los científicos escogidos por el propio gabinete (que el Jefe del Estado Mayor se jactaba de proceder de Harvard, Princeton y otras universidades privadas, además de haber varios premios Nobeles). Pese a todo, Randall es incapaz de abandonar el plan y sigue del lado de la presidenta Orlean.

Abrumada, Kate cuenta toda la verdad en medio del bar y provoca disturbios en las calles, por lo que es arrestada y obligada a firmar un acuerdo de confidencialidad para que no revele secretos de Estado. Tras esto, decide rendirse ante el nihilismo, hace amistad con un grupo de jóvenes skaters que la reconocen de los memes de Internet e inicia una relación con uno de ellos, ya que su pareja había roto su relación tras la viralización de memes sobre ella en redes sociales.

A lo largo de las semanas siguientes, el profesor Randall Mindy se convierte en la imagen científica y visible del proyecto de Orlean e Isherwell, apareciendo en más entrevistas, anuncios y programas, incluso de corte infantil. Sin embargo, poco a poco empieza a perder la fe en que realmente ese plan vaya a salir bien.

Durante una visita a las instalaciones de Bash, la empresa de Isherwell, Randall le muestra un informe que demuestra que el plan no ha sido revisado por pares, un punto crucial para dotarlo de validez y fiabilidad científica. También le confiesa estar preocupado porque cada vez más catedráticos y profesionales del ámbito científico que participaban en el plan se han ido descolgando del mismo o bien han sido despedidos. «Me preocupa que esté abordando este plan como un hombre de negocios y no desde el punto de vista científico», le espeta.

El magnate le responde de forma ofensiva, diciendo que tiene millones de datos sobre él gracias a los algoritmos que utiliza en sus productos tecnológicos, y diciendo que está todo bien calculado. La presidenta, que se encuentra en ese momento allí, le reprende por su actitud, tras lo cual, tras encenderse un cigarro justo enfrente de una caja de productos inflamables, se marcha.

Finalmente, Randall estalla en medio de una nueva entrevista en The Daily Rip cuando intenta explicar que el plan de la presidenta no se sostiene por ningún lado y, como siempre, tanto Jack como Brie intentan desviar la atención con otros temas o haciendo chistes absurdos. «No todo tiene que sonar puñeteramente bonito, divertido o agradable continuamente», espeta. «Sino nos ponemos de acuerdo en que que un cometa del tamaño del monte Everest venga hacia La Tierra es jodidamente negativo, ¿qué nos ha pasado?».

Tras decir que la presidenta miente y que el Gobierno de Estados Unidos ha perdido la cabeza, es detenido por el FBI al igual que Kate e invitado a abandonar el plan y no hablar de él.

Justo cuando sale del coche, después de que la presentadora del programa finalice su relación con él, se da cuenta de que, si mira hacia arriba, el cometa ya puede verse en el cielo.

Just Look Up vs Don’t Look Up

Kate, Randall y el Dr. Clyton inician una campaña llamada «Just Look Up» (Mira arriba) centrada en concienciar a la gente del inminente apocalipsis, en pedir al Gobierno que abandone su ridículo plan de minar el cometa e instar al resto de países del mundo a que inicien su propio proyecto para detenerlo.

Inicialmente, el movimiento tiene mucha repercusión, ya que el profesor aprovecha toda la atención mediática alrededor de él para llegar a todo el mundo, pero pronto surge una reacción en contra de la mano de la presidenta Orlean: el movimiento «Don’t Look Up» (No mires arriba), que da título al film.

Detrás de este movimiento negacionista del problema se esconde lo más ultraconservador de cada casa, llegando a escucharse frases como «Quieren robarte la libertad», «No mires arriba, zorra marxista» o «Esos ‘arribamirones’ quieren que millones de chilenos crucen nuestras fronteras», con una estética y unas formas que recuerdan mucho a Donald Trump y a sus seguidores.

Especial mención al momento en que se está entrevistando a un actor que lleva un pin con una flecha que señala arriba y otra abajo, dando a entender que apoya ambos movimientos. «La gente está harta de la política», dice, reflejando la típica postura de la persona equidistante frente a los problemas sociales.

Así, a lo largo de la última parte de No mires arriba, ambos movimientos organizan diferentes actos para ganar adeptos y convencer a la gente. Uno de estos actos es un concierto de Riley Bina y DJ Chello, que se ponen del lado del movimiento «Just Look Up» y lo utilizan para lanzar un hit comercial. Se da a entender también que Estados Unidos ha dado la espalda a medio mundo en su intento por apropiarse de los recursos del cometa, desoyendo las peticiones de la ONU.

En un momento dado, una gran explosión en China confirma que la misión que estaban planeando Rusia, India y la propia China para desviar el cometa ha fracasado, por lo que solo queda confiar en el plan de Orlean e Isherwell. Así, dan sus respectivas campañas de activismo finalizadas y los protagonistas optan por intentar resolver sus vidas y pasar el tiempo que les queda juntos. En un mitin del movimiento «Don’t Look Up», el cometa está tan cerca que buena parte de los asistentes se dan cuenta de que están siendo engañados por el gobierno.

Paralelamente, debido a varios fallos de cálculo, el plan termina fracasando estrepitosamente como se preveía y la gente más rica y poderosa huye del planeta en una nave secreta que tenían preparada donde permanecerán en un estado de criogénesis hasta encontrar un planeta habitable. La presidenta Orlean llama a Randall para ofrecerle abandonar La Tierra en dicha nave, pero éste se niega, prefiriendo regresar junto a su mujer y a su familia y morir junto a ella.

El cometa impacta contra el planeta y, poco a poco, arrasa con todo, incluyendo a Kate, Randall y el Dr. Clayton, que han decidido cenar juntos con la familia del profesor. Mientras todo tiembla, con absoluta calma y templanza, antes de fallecer, dice: «En realidad lo teníamos todo, si lo piensas bien».

En una escena final, varios miles de años después, la nave con todos los peces gordos aterriza en un planeta lejano. Varios despiertan del estado criogénico y, completamente desnudos y desprovistos de bienes materiales, salen al exterior. Un extraño animal ataca entonces a Janie Orlean, asesinándola. Justo antes de que finalice el film, se observa que están completamente rodeados de dichos animales.

Análisis político: negacionismo y extrema derecha

No mires arriba no se anda con demasiados rodeos. Es una clara alegoría al negacionismo hacia los grandes problemas de la Humanidad que han sido señalados por la ciencia pero que son negados sistemáticamente desde los sectores más conservadores de la sociedad y bajo el paraguas de discursos políticos reaccionarios.

El cambio climático

Prácticamente se pueden establecer paralelismos con cualquier tipo de negacionismo. Por ejemplo, con el discurso negacionista hacia el cambio climático. Organizaciones conservadoras de distinto signo, así como grandes empresas y sus representantes, llevan décadas atacando de forma sistemática que el modo de vida actual del ser humano está no solo contaminando el planeta y acabando con la diversidad, sino también afectando al clima a través de los gases de efecto invernadero y que provocan aumentos de temperatura progresivos.

Durante los últimos años, no obstante, parecía que comenzaba a existir un amplio consenso alrededor de las conclusiones científicas sobre el cambio climático, cada vez más sólidas y evidentes. Dentro de la Agenda 2030 de la ONU, el reto climático es uno de los puntos más importantes, y casi todos los partidos y líderes políticos han asumido total o parcialmente propuestas medioambientales. En Europa, por ejemplo, las formaciones políticas verdes están viendo crecer su popularidad. Muchas empresas también han decidido apostar por ello, aunque sea por puro interés económico y/o de manera superficial.

Sin embargo, el nuevo discurso populista de derechas ha golpeado con fuerza en este debate, desafiando todos los consensos y todos los datos sobre el tema. No en vano, las propuestas ecológicas más ambiciosas proponen un cambio de paradigma en el modelo productivo actual que podría implicar pérdidas a gigantes empresariales, especialmente los dedicados a energías contaminantes, motor económico de países como Estados Unidos.

Las declaraciones de Donald Trump son un claro ejemplo de ello, llegando a burlarse del cambio climático diciendo que “fue creado por los chinos, para volver a la industria manufacturera estadounidense poco competitiva”. Su pensamiento llegó al punto que retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París a finales de 2019.

Así, a pesar del peligro climático claro, presente y creciente, más de la mitad de diputados del Partido Republicano en el Congreso de EEUU siguen diciendo que el cambio climático es un engaño y hacen todo lo posible por detener todas las medidas ecologistas, una postura seguida por muy buena parte de las organizaciones conservadoras del mundo.

Pero es que el Partido Demócrata, así como otras formaciones moderadas o incluso de centro izquierda, no son mucho mejor, ya que se siguen subvencionando con dinero público las energías no renovables, mientras el llamado «New Green Deal», un programa económico orientado al respeto al medio ambiente, cada vez se está quedando más en nada. También se ha criticado mucho la famosa COP26, donde la mayor delegación venía del sector de la industria de los combustibles fósiles.

Pseudociencias y conspiracionismo

Pero No mires arriba no habla solo del negacionismo al cambio climático. El film apunta directamente sobre el acientifismo y el antiintelectualismo, a la negación sistemática que existe en buena parte de la población, especialmente la más conservadora, que no acepta los datos y las conclusiones de profesionales y expertos en sus respectivos ámbitos, que pone su opinión por encima de la del resto aunque no sepa de lo que está hablando y que se refugia en grupos de sus iguales para reforzar su posverdad y su propia identidad ante un mundo que no comprende.

Así, en los últimos años, creencias acerca de que La Tierra es plana o que está hueca, de que bebiendo lejía se puede curar el coronavirus, que en las vacunas hay veneno y un largo etcétera, están sacudiendo el mundo, agrupados en numerosos foros, grupos y páginas en redes sociales y arropados por organizaciones y líderes de extrema derecha, que ven en estas disparatadas teorías un caldo de cultivo para aumentar su popularidad en un momento donde se le da un poderoso altavoz a cualquiera sin ningún tipo de criterio.

Por supuesto, teorías de la conspiración como la «Plandemia» o QAnon, también podrían cuadrar dentro del mensaje que está enviando No mires arriba. Verdaderos movimientos, capitalizados por la ultraderecha, que agitan afirmaciones sin sentido y sin ningún tipo de dato o fuente falsable.

Crónica de QAnon: cómo el “Gran Despertar” se golpeó contra la realidad

La película no oculta esta relación entre acientifismo, negacionismo y extrema derecha. Janie Orlean es claramente una alegoría a líderes como Trump, Bolsonaro (Brasil), Milei (Argentina), Zemmour (Francia) y a tantos políticos populistas de la nueva derecha radical que han sido apoyados gracias a emplear un discurso cargado de elementos ultraconservadores y atacando sin piedad todo aquello que no les gusta, adoptando una suerte de postura anti-establishment y antipolítica que, evidentemente, luego no es tal.

El propio director, Adam McKay, ha confirmado en entrevistas que el personaje interpretado por Meryl Streep se inspira en diferentes líderes políticos, si bien reconoció haber escogido rasgos de expresidentes estadounidenses como Ronald Reagan o George W. Bush, aunque también de Bill Clinton (que se puede ver en la polémica sobre el escándalo sexual) y Barack Obama.

La presidenta Orlean piensa todo el tiempo en base a cuestiones electoralistas, coloca a su gente cercana y a los financiadores de su partido en puestos de amplia responsabilidad y está aliada con la gente más poderosa de Estados Unidos, como Peter Isherwell, hasta el punto de que sus intereses económicos y políticos, al ponerse por encima del sentido común y del criterio científico, termina acabando con la Humanidad.

Todo esto se ve más claramente cuando inicia el movimiento «Don’t Look Up», donde prácticamente le pide al mundo que cierre los ojos ante el desastre. En el film, los mensajes lanzados desde esta campaña de descrédito científico se intercambian con discursos reaccionarios antisemitas, xenófobos, anticomunistas y machistas sin ningún tipo de sutileza.

Incluso, casi al final de la película, cuando todo el mundo está pendiente del impacto del cometa, un programa de televisión está hablando de conspiraciones absurdas, en lo que parece un guiño a Alex Jones y su programa InfoWars, pionero en este campo.

Y es que, la extrema derecha, es también la principal difusora de bulos y «fake news», mediante el uso de cuentas falsas, bots y una amplia red de medios, personalidades y organizaciones afines. Así lo han concluido diversos informes de la Comisión de la Unión Europeaotros estudios realizados al respecto y numerosos testimonios, incluyendo de quienes han contribuido a ello.

La era de la superficialidad y del clickbait

El film hace poderosa crítica al funcionamiento de la sociedad actual, donde las noticias que cobran mayor interés tienen que ver con los artistas famosos, especialmente los juveniles, y los cotilleos sobre sus relaciones sentimentales. Donde todo tiene que ser presentado de forma amable, simpática, divertida y superficial para no ofender ni asustar a nadie, la audiencia manda sobre todo y el foco de la información pierde interés rápidamente para centrarse en otra cuestión.

Esto se puede ver en el programa de entrevistas The Daily Rip, que más que entrevistas son pantomimas dedicadas a entretener y donde cualquier asunto mínimamente serio es transformado en un show.

Pero también sucede con la política. El Gobierno de Estados Unidos en No mires arriba no solo piensa en base a su interés, sino que también se centra en la imagen y la estética de todas las acciones que realiza. Todo se mide en audiencias, clicks, impactos en redes sociales y en réditos electorales. También se observa con los medios que aparecen en el film, incluyendo la pareja sentimental de Kate Dibiasky, que se dedica a escribir artículos sensacionalistas donde lo más importante es el titular, o cuando se convierte en un meme tras anunciar el inminente apocalipsis.

No mires arriba no es una historia únicamente de crítica política, sino también de crítica social. Habla, de forma obvia y quizá mejorable, de la falta de respuesta de la sociedad en su conjunto ante los grandes desastres que asolan a la Humanidad. De cómo parece que es preferible entretenerse escuchando a influencers y youtubers criticando el feminismo, viendo programas del corazón o de telerrealidad o gritando frente a espectáculos deportivos, antes que asumir la responsabilidad que conllevan emergencias como la pandemia, el clima o el agotamiento de los recursos.

En una escena dantesca del film, se observa como la portada de una revista reza «El fin está cerca. ¿Habrá Super Bowl?». Una muestra de que el mundo se resiste a detenerse, a pararse a pensar, y prefiere seguir con sus vidas como si nada.

Atención especial merece la figura de Peter Isherwell, el principal responsable de que se cancele el plan para desviar el cometa para proponer una solución totalmente disparatada persiguiendo un beneficio propio.

Mucha gente ha encontrado paralelismos entre Isherwell y millonarios como Elon Musk o Jeff Bezos y su plan de, ante el desastre climático, invertir millones de euros en proyectos para colonizar Marte. Todo vale con tal de no encarar estos desafíos y transformar los cimientos del sistema económico y productivo actual cuando, en realidad, si las personas más ricas del mundo se pusieran de acuerdo, podrían poner sus recursos y sus empresas al servicio de la Humanidad para resolver estos problemas.

Muchos expertos han señalado constantemente que existe en el mundo el dinero y la capacidad tecnológica suficiente para que todos estos desastres se resuelvan, e incluso se puedan reducir las grandes desigualdades y discriminaciones de este mundo. Se trata de, simplemente, falta de voluntad y de interés, como los cohetes con cargas nucleares que se desvían para no impactar con el cometa para salvar La Tierra.

Una película para reflexionar

No mires arriba no es una gran película. Demasiado obvia en muchos momentos, con empleo de recursos demasiado fáciles y con escenas poco creíbles, con una dirección y un guion mejorables, y también a ratos un tanto esperpéntica. También se tiene la sensación de que el gran reparto que utiliza está bastante desaprovechado. Sin embargo, el mensaje es claro y, probablemente, más que acertado: tenemos que mirar al cometa de una vez y hacer algo.

Por otro lado, ¿es el film excesivamente pesimista? El retrato que ofrece de la Humanidad como un conjunto de individuos egoístas que prefieren dormirse al volante antes que correr en círculos gritando, que arriesga la vida de su familia yéndose a una discoteca en plena pandemia, que no es «ni machista ni feminista», que se manifiesta al lado de nazis contra el hipotético Nuevo Orden Mundial o que se deja atrapar por enredos sentimentales de artistas desconocidos anteayer, es quizá sesgado, caricaturitesco, excesivamente dramatizado y satírico.

La realidad, es que el negacionismo es minoritario. Y que, en los albores de grandes crisis, se vea reforzado, responde perfectamente a la naturaleza psicológica del ser humano. Todo el mundo conoce a alguien que no quiere ir al médico por miedo a que le detecten cualquier enfermedad. El miedo, la incertidumbre y la paranoia son reacciones naturales y difíciles de gestionar, y pueden llevar a la masa a apoyar a cualquiera que les de sensación de seguridad, se llame Adolf Hitler, se llame Santiago Abascal. La tendencia a no reaccionar hasta que el problema es demasiado visible acompaña al ser humano día a día.

Por otro lado, existen muchas personas y movimientos que, como Randall, Kate, Dr. Clayton y su «Just Look Up», se dejan la piel intentando concienciar, ofreciendo datos, escribiendo artículos, grabando vídeos, reuniéndose con políticos y, en definitiva, enfrentando a la agenda reaccionaria de quienes prefieren que todo siga como está. Se pueden cometer muchos errores y seguramente hay aspectos mejorables, pero la inmensa mayoría está convencida de que el cambio climático es real y de que las vacunas funcionan.

Por ejemplo, una encuesta del Instituto Elcano de 2019, reveló que más del 56% de personas en España creía el cambio climático era la mayor amenaza de la Humanidad. Además, otras opciones señaladas en la encuesta hacen referencia a cuestiones ecológicas, como la contaminación del aire (9%), la contaminación en general (8%) o los plásticos (5%).

Por supuesto, gran parte de la responsabilidad reside en las élites económicas y políticas, pero estas dependen en gran medida del resto de la población. Parece obvio que, en general, a pesar de los intentos bienintencionados de dar un cambio de rumbo, se está infravalorando la rapidez en la cual la situación se está degradando: es posible que, en un plazo de 5 a 10 años, la degradación del clima sea tan grande que se llegue a un punto de no retorno. La situación es difícil y compleja, pero no distópica. Al menos no por el momento.

Conviene también señalar que la película hace un reflejo un tanto maniqueo de la situación sociopolítica, como si fuese cuestión de buenos (científicos, la izquierda, activistas…) y malos (conservadores, ultraderechistas, negacionistas…), cuando la realidad es mucho más compleja. Que la extrema derecha se apoya y se ha apoyado históricamente en conspiraciones y negacionismo, es una obviedad histórica que está resucitando en la actualidad, al igual que los sectores conservadores han sido los más reticentes a aceptar según qué evidencias científicas.

Pero esto no significa que el resto lo haga todo perfecto: personas acientíficas y/o que miran por su propio beneficio particular, o que prefieren «mirar hacia abajo», las hay de todas las ideas, opciones y creencias. De hecho, es más que probable que sea un error analizar los conflictos sociales en base a dicotomías: además de ser poco certero, se corre el peligro de aumentar el grado de crispación y de división entre las personas.

En resumen, No mires arriba, más que revelarnos una obviedad, nos recuerda lo que, en el fondo, la mayoría de la gente ya sabe: que tenemos varios meteoritos dirigiéndose hacia el planeta y que los grandes grupos de poder que se benefician del sistema en el que vivimos insisten en que los ignoremos.

Enlaces, fuentes y bibliografía: Adrián Juste en aldescubierto.org

– Foto de portada: No mires arriba, cartel promocional. Autor: Netflix. Fuente: Netflix (Fair Use)