Lorena Iglesias: «El capitalismo ha convertido la juventud en un trabajo de por vida»

¿Qué pasa cuando la adultez nunca llega como nos la prometieron? La creadora de ‘Millennial mal’ convierte esa pregunta en una comedia sobre la precariedad, el paso del tiempo y el deseo de volver a empezar

La actriz y directora Lorena Iglesias en un fotograma de su serie ‘Millenial mal’. / Foto: cedida.

Existe una ansiedad que ya no se vive como excepción, sino como clima de fondo. Una especie de reloj interno mal calibrado que nos acompaña incluso cuando no pasa nada urgente. A los 30 deberíamos haber aprendido un idioma, consolidado una carrera, estabilizado el deseo; a los cuarenta, haber resuelto lo anterior y, además, haber tomado buenas decisiones. Todo parece medirse en una cronología invisible que no se detiene y que tampoco se cumple.

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En ese desajuste entre lo que se espera y lo que efectivamente ocurre aparece una sensación persistente de estar llegando tarde a todo. Tarde para empezar, tarde para cambiar, tarde para aprender, tarde, incluso, para vivir ciertas versiones de la vida que imaginábamos.

De esa incomodidad está hecha Millennial mal, la serie creada, codirigida y protagonizada por Lorena Iglesias Pista, que pone el foco en una generación que creció con la promesa de la libertad como horizonte, pero que se encontró con otra cosa: la precariedad y una adultez que nunca termina de estabilizarse. En ella, la historia se cuenta a través de Judith, una bibliotecaria de cuarenta y pico que vive sola con su gato y siente que su vida se ha quedado en pausa. Todo cambia cuando recibe, por un error administrativo, una beca para volver a la universidad y decide aprovecharla haciéndose pasar por alguien veinte años más joven. En ese nuevo escenario, la protagonista intenta habitar códigos que ya no son los suyos: las fiestas, los lenguajes emocionales, las estéticas y las formas de vincularse de la generación Z.

Entre el humor y la incomodidad, la serie hace una pregunta clave basada en qué significa hoy llegar a tiempo a la propia vida, si es que eso todavía es posible.

¿Qué necesidad o qué pregunta personal te llevó a crear Millennial mal?

Yo estaba haciendo un show de comedia semanal que se llamaba Necroshow y hacía un personaje basado en una mujer de mediana edad que hacía trap y, mientras, tocaba temas como la declaración de la renta y esas cosas. Después de la repercusión que tuvo, cuando me felicitaban tanto personas de 20 como de 40 años, me dio la sensación de que había algo interesante, intergeneracional, que podía ampliar en un formato audiovisual, y me presenté a las residencias de la Academia de Cine. A la vez, en ese momento estaba teniendo conversaciones con mujeres de mi edad, especialmente con mujeres, y hablábamos sobre la sensación de que nuestra juventud, en los 90 y los 2000, había sido un fraude. Los hombres no nos respetaban, nos infravaloraban intelectualmente, no se reían de nuestros chistes. Yo, además, siendo cómica, sufría mucho esto. Ni siquiera se tomaban en serio mis gustos musicales. Había mucha violencia, había mucha desigualdad. Y, a la vez, veía también, a través de las redes sociales, cómo las jóvenes de la generación Z se relacionaban de una manera mucho más sana. Me gustaba ver cómo llevaban las conversaciones, cómo vivían con otra inteligencia emocional, cómo bailaban, cómo se relacionaban con el cuerpo, cómo ligaban. Me dio una sensación de envidia, de pensar: «Ojalá ser joven ahora, con unos marcos culturales un poco más favorables para las mujeres». La serie parte de todo esto.

«Se nos acusa de estar todo el día performando juventud, pero no creo que sea una cosa nuestra»

En la serie aparece también una ansiedad muy contemporánea: la sensación de que siempre llegamos tarde. Tarde para aprender un idioma, para cambiar de trabajo, para tener hijos, incluso para vivir plenamente nuestra juventud. ¿De dónde creés que nace esa sensación de estar siempre fuera de tiempo?

Bueno, Judith, la protagonista, es una persona que ni se plantea esto. Es una persona cómoda para el sistema, para la sociedad. Ella es invisible, no hace ruido, no se queja, performa una cosa que no es…

Bueno, esa gente también existe, ¿no?, la que pasa desapercibida por el mundo y que está cómoda en el lugar donde está. Sin embargo, también está el otro grupo de personas…

Claro, las que tenemos ansiedad y vivimos con la sensación de llegar tarde. Tarde y mal. Porque, aparte, estamos atrapadas en una adultez en la que no te puedes permitir mucho. ¿Quién puede comprar una casa hoy en día? Es que hay algo que nos prometieron a la gente de nuestra generación que es falso. Nos dijeron que si estudias una carrera vas a tener una vida estable, y eso no es verdad. Luego se nos acusa de ser Peter Panescas, ¿no?, de estar todo el rato performando la juventud. Pero no creo que sea una cosa nuestra. No creo que yo haya hecho algo mal. De hecho, creo que se me debe algo: se me debe la juventud que me prometieron.

«De la generación Z me gusta que no buscan la validación masculina; yo sí la buscaba»

¿Y cómo vive la juventud la generación Z? ¿Qué herramientas o formas de mirar el mundo te hubiera gustado tener a su edad?

Tengo muchas amigas de esa generación. De hecho, las actrices que aparecen en la serie. Y sí, hay ciertas cosas que ellas ya tienen interiorizadas que me encantan y me hubiese gustado tener, como por ejemplo el lenguaje. A veces creemos que el lenguaje es inofensivo y nos permitimos hacer bromas racistas, gordofóbicas. Ellas ya no lo hacen. También me gusta que no buscan la validación masculina; yo sí la buscaba. Las veo mucho más seguras, y eso es algo que me hubiese gustado tener.

¿Crees que hay una distancia muy grande? 

Creo que entre las mujeres no tanto, porque nos revisamos constantemente. Sin embargo, la diferencia sí la noto entre los hombres de mi generación y los hombres de treinta años.

¿Y cuáles son las diferencias o las cosas que los hombres heterosexuales de nuestra generación han sufrido?

Creo que ellos sufrieron ciertos mandatos de ser los proveedores. Por ejemplo, el personaje masculino de mi serie ha sufrido esa presión familiar de que tienes que casarte joven, ser un proveedor, por supuesto casarte con una persona de tu misma clase social, tener hijos, y ya está. La típica familia nuclear en la que vas a ser tú el tío que lleve el dinero a casa. Aparte, creo que los hombres tienen muchos bloqueos emocionales y que, si se relacionasen de una manera más sana con su cuerpo, quizás podrían abrir más la mente. Y luego tienen una cosa de competir también entre ellos que es muy fuerte. Me causa gracia porque eso está en la serie, ¡compiten hasta por ser el mejor feminista!

«Yo diría que estamos más enganchadas al móvil las de 40 que las de 20»

Creo que aun así corren con la ventaja de que no están atravesados por la demanda de una eterna juventud…

Bueno, ojo, ahora un poco sí, y a mí un poco me gusta. Lo siento, pero es como… joder, ya te tocaba a ti también gastar dinero en cremas faciales. Aunque es terrible, el capitalismo ha convertido la juventud en un trabajo de por vida.

¿Qué referentes, en el cine, las series, la literatura o incluso la comedia, estuvieron presentes mientras escribías Millennial mal?

Sin duda, Mean Girls (Chicas malas) es la referencia más clara de la serie. Tina Fey, Amy Poehler… Cómicas americanas te puedo decir miles. Desde que empecé a profundizar en mis gustos por la comedia, Tig Notaro, Maria Bamford… También me gusta mucho Nora Ephron, cómo escribe esas comedias románticas que aparentemente son ligeras, pero donde hay temas profundos. Me gusta mucho Amy Sherman-Palladino, la creadora de The Marvelous Mrs. Maisel. Obviamente Girls, de Lena Dunham, y Fleabag, esas series generacionales que nos han marcado. También me ha gustado mucho Such Brave Girls, una serie inglesa de Filmin.

Las redes sociales atraviesan la serie de una manera muy sutil. ¿Sentís que cambiaron nuestra forma de relacionarnos con nuestras inseguridades? ¿Cómo ves su uso en la generación Z?

Es que nuestras inseguridades se potencian con el uso de las redes. Y yo te diría que estamos más enganchadas al móvil las de 40 que las de 20. Mis compañeras actrices no miraban tanto el móvil. De hecho, ellas están reivindicando también esto de «vete a tocar hierba». Y sí creo que hay muchos jóvenes que están haciendo el ejercicio real de ponerse un contador para no utilizar tanto Instagram o, directamente, buscan un móvil que no tenga internet. Las redes están en la serie, pero no es algo súper fuerte. No quería poner tanto el foco en esa forma de relacionarse porque veo que muchos de ellos usan otras.

Hay mucho humor, pero detrás del chiste aparece bastante angustia. ¿Sentís que el humor es una forma de sobrevivir a la generación millenial o una manera de poder hablar de cosas que, de otro modo, serían demasiado dolorosas?

Esta generación nos dejó devastadas. Así que no me queda otra opción que usar el humor como una buena herramienta política. El humor es un género que te permite hablar de cosas profundas con mucha ligereza. A mí me encanta saber que tú estás viendo la serie y no sientas que te están adoctrinando; que te diviertas, que empatices y que, al final, puedas tener un debate sobre ciertos temas que son profundos e interesantes.

Fuente: Paloma Navarro en pikaramagazine.com

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