La foto que busqué expresamente para hablar de Antonio Machado la encontré en el mismo portal de la casa en la que habitó el poeta, el último que cruzó antes de abandonar Madrid para siempre

Fue un tremendo error de quienes lo convencieron, pero tampoco sabían que Madrid no iba a caer en toda la guerra civil. Fue aquella la larga y penosa peregrinación que lo llevó al exilio francés y a su muerte, enfermo, en 1939. Hubo de cargar con su familia: su madre y su hermano José.
Han transcurrido los años, pero hay cosas materiales que no han cambiado, como el portal de la casa, que corresponde a la vivienda de la calle General Arrando, a unos pasos tan solo de la de Santa Engracia, la amplia calle que recorre de parte a parte el barrio de Chamberí. En esa casa vivió Machado con su madre y con su hermano José, la esposa y las tres hijas -las sobrinas del poeta-, entre 1920 y noviembre de 1936. Pero hasta 1932, Machado no residió de forma permanente en ese piso, estando como estaba de profesor de francés en una escuela de Segovia.
En noviembre de 1936, cuando se temía que Madrid iba a caer pronto en poder de las fuerzas de Franco que acosaban la ciudad por los cuatro costados, dos poetas –Rafael Alberti y León Felipe- se presentaron en casa de Antonio Machado para indicarle que debía abandonar Madrid urgentemente, a lo que el poeta se negó desde el primer momento. Al final, hubo de claudicar.
El portal conserva los desgastados peldaños de mármol. Es un portal de tres hojas; dos, con seis cristales cada una, siempre cerradas. La central es de cristales más grandes. Uno cruza esa puerta con la sensación de que va a aparecer el poeta en cualquier momento. Machado salía todas las mañanas en dirección a algún periódico, de los varios en que colaboraba, con el fin de entregar lo escrito la noche anterior. Por las tardes, el poeta solía acudir al Café Comercial o al Varela, y de cuando en cuando al que había frente al convento de las Salesas, donde le hicieron la conocida foto del poeta mirando hacia la cámara, sombrero puesto y apoyado en el bastón.
En 1932 se instaló definitivamente en Madrid. En octubre se incorporó como profesor de francés al instituto Calderón de la Barca. Desarrolla una intensa actividad en colaboraciones de prensa. Machado debía de estar disfrutando de la segunda mejor etapa de su vida. La primera, la más feliz, la vivió en Soria cuando se casó con la joven Leonor Izquierdo, muerta prematuramente de una enfermedad. Machado, además, estaba rodeado en Madrid del ambiente perfecto que había creado la segunda república. Pero llegó el fatídico noviembre de 1936 en que acuden a visitarlo los poetas León Felipe y Rafael Alberti para comunicarle que tenía que abandonar Madrid porque se temía la caída de la ciudad en manos de los ejércitos de Franco, apostados en Carabanchel y en la margen derecha del Manzanares. En un primer momento el poeta se niega. Hubo que hacerle una segunda visita para ponerle mucho más negro lo que creían que se avecinaba. Machado se avino a razones y obedeció resignado. El primer gran traslado de intelectuales corrió a cargo del V Regimiento de Milicias Populares, que tenía su sede en el colegio incautado a los salesianos de la calle Francos Rodríguez. Iban médicos, catedráticos y escritores como Machado. Aquellos hombres y mujeres fueron llevados a la sede del regimiento, donde se les explicó que iban a ser evacuados y trasladados a Valencia. Ese era el cometido de los comisarios culturales, uno de ellos fue Miguel Hernández. En aquel acto tomó la palabra Antonio Machado: “Yo no me hubiera marchado; estoy viejo y enfermo. Pero quería luchar al lado vuestro. Quería terminar una vida que he llevado dignamente, muriendo con dignidad.”
Era el 24 de noviembre. Partieron por carretera en camiones. El 26 ya estaban en Valencia y fueron hospedados en un hotel convertido en Casa de la Cultura. Pero a los pocos días, la familia Machado abandona la estancia y se muda a una casa en las afueras de Valencia, en el pueblo de Rocafort, donde permanece 15 meses, tras los cuales vendrá Barcelona, Gerona y el exilio francés. En agosto de 1937 Machado es entrevistado por un periódico. Le preguntaron por su hermano mayor, al que la guerra cogió en Burgos, y respondió: “Es para mí una tremenda desgracia estar separado de Manuel. Él es un gran poeta. Él, además, es mi hermano…”
Su otro hermano José describió aquella partida de Madrid: “En noviembre, el peligro inminente que se cierne sobre la capital invicta alcanza las más terribles proporciones. Entonces, amigos muy queridos y admirados por él -los dos poetas, León Felipe y Rafael Alberti- llaman a su puerta para tratar de convencerle cariñosamente de que debe de alejarse de Madrid. En un principio se niega terminantemente a dejar su querida ciudad; pero lo que le decide a partir es el imperativo moral de poner a salvo a su anciana madre, a sus hermanos y a las niñas que hay en la casa, sus sobrinas, a las que quiere como un padre.”
En 1945, Rafael Alberti recordaba el día en que se presentó en casa del poeta: “Una mañana bombardeada de otoño, el poeta León Felipe y yo, nos presentamos en su casa. Salió Antonio Machado, grande y lento, y tras él, como la sombra fina de una rama, salió su madre. Machado nos escuchó concentrado y triste. Se resistía a marchar. Hubo que hacerle una segunda visita. Y ésta con apremio…”
Empezaba el calvario, el segundo en la vida de Machado, tallada de hondas satisfacciones personales, artísticas y políticas, pero también de desgracias y negros presagios, y una salud que se venía abajo a marchas forzadas. El poeta murió enfermo; más enfermo que triste. Que lejos quedaba Leonor Izquierdo; lejos en el tiempo y lejos en el espacio; en la tierra de Soria como decía el poeta. Aquel fue el primer calvario, el que se llevó la vida de la joven Leonor. “Cinco años en la tierra de Soria, hoy para mí sagrada –allí me casé; allí perdí a mi esposa, a quien adoraba—, orientaron mis ojos y mi corazón hacia lo esencial castellano” (Antonio Machado).
La mañana que hice la foto de la casa de Antonio Machado no pude entrar. Un portalón de forja y cristales me impidió subir las escaleras hasta el piso que habitó el poeta. Cuántas cosas se rompieron, cuánto se perdió y cuántos sufrieron sin tener por qué en aquellos años difíciles. Del portal del poeta me fui en busca de otra casa ilustre; la de su hermano Manuel, donde murió en 1947. En la calle Larra, no muy apartada.

Fuente y fotos: Carlos Viñas-Valle en madridafondo.blogspot.com (fotos retocadas por @carabanchelnet)
