El problema no es la falta de vivienda sino el acoso y el negocio inmobiliario

Los especuladores necesitan que no haya leyes para poder actuar impunemente y para que nosotras no podamos utilizarlas para defendernos

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El otro día me llamó la atención un cartel en una cerrajería de Vallecas, distrito de Madrid capital, que reza: “No vive el que no vive seguro”, Francisco de Quevedo.

Hay cosas que sólo nos llaman la atención cuando estamos sufriendo en primera persona o de cerca un problema, por más que ese problema sea de toda nuestra sociedad y tenga sus causas en problemas estructurales complejos; tan complejos, que todos estamos en riesgo de sufrir sus consecuencias, precisamente, en primera persona o de cerca.

Esa frase de Quevedo, para muchos tendrá el sentido que la publicidad de las compañías de alarmas o de seguros, o las tertulias sobre los riesgos de “ocupación” de tu casa cuando bajas a comprar el pan, nos quieren inocular, extendiendo el miedo a nuestro vecino o vecina o entre quien es propietario o inquilino o quien es nativo o extranjero, y la lista podría ser infinita.

Cualquier cosa que nos haga presa de discursos fáciles de odio, sustentado en el humano y miedo cierto, porque “se oyen tantas cosas…”. Y eso no deja de ser un objetivo de lo mediático, pero en absoluto el principal.

El objetivo principal es diluir, esconder, a los verdaderos y máximos responsables de los diferentes problemas y circunstancias que conforman una realidad incontestable en nuestro país: el problema de la vivienda. Y no olvidemos que hasta hace unos años, se negaba incluso su existencia, así que algo hemos avanzado, por supuesto.

El problema de la vivienda tiene muchas caras: desde la imposibilidad de acceder a una hasta que te expulsen de donde estás viviendo o has vivido toda la vida. Todas abren la puerta de la exclusión

El “problema de la vivienda” es múltiple y tiene numerosas caras: desde la imposibilidad de acceder a una, hasta la expulsión de donde vives o has vivido toda tu vida. Todos abren la puerta a la exclusión social.

Detrás de los problemas hay responsables

Problemas en el acceso al crédito para comprar; problemas para hacer frente al crédito existente; problemas para acceder a un alquiler; problemas para hacer frente a las subidas; problemas para mantener una vivienda digna y con los servicios básicos; el problema de las infraviviendas; el problema del abandono orquestado de edificios enteros; del “sinhogarismo”; el problema del mercado no regulado: usureros, financieras y compañías crediticias por doquier, explotadores de la migración “sin papeles”… En todos los casos, ESPECULACIÓN.

Los fondos buitres y las estructuras financieras quieren sacar rápidos y máximos beneficios de un bien de primera necesidad: la vivienda. Ante la especulación nadie estamos a salvo

Y la cadena de la especulación, como lo fue la cadena de la “burbuja inmobiliaria” (¿recordáis?), puede ser infinita y atraer a ella al pícaro que llevemos dentro… pero eso también sigue siendo obra de los máximos responsables de la trama: Fondos Buitres y estructuras financieras enmarañadas para disolver la personalidad jurídica y, por supuesto, la personal, orquestando los movimientos del mercado para sacar el máximo rendimiento y en el más corto plazo posible con un bien de primera necesidad, en este caso, la vivienda. Y usándonos para justificar, cuando no contribuir, con sus intereses, confundiéndonos en los nuestros.

Porque nuestros intereses, como mayoría social, trabajadora, seres humanos con derechos y obligaciones, interesados en una sociedad más justa, igualitaria y equitativa, donde no quepa la impunidad de los poderosos ni la desprotección de la gente común, no es otro que la garantía general del ejercicio efectivo de los derechos humanos, entre los que se encuentra en lugar prioritario, el derecho a una vivienda digna.

Regular el mercado, garantizar derechos

Y nosotras, la gente común, necesitamos de leyes y garantías ciertas y reales para el aseguramiento de nuestros derechos. Necesitamos que esos derechos estén garantizados para todas, porque eso es seguridad para todas en el ejercicio individual que va aparejado. Cuando oímos los argumentos contra legislar porque eso coarta la libertad individual, nos están manipulando y debemos revelarnos contra ese discurso de los poderosos, especuladores y buitres carroñeros: son los que quieren salir impunes y ejercer su poder frente a todas, frente a la mayoría, los que tergiversan y coartan la libertad de todas. Los especuladores necesitan que no haya leyes que les impidan hacerlo, para que nosotras no podamos tampoco invocarlas ni utilizarlas para defendernos.

Quizá todo lo dicho hasta aquí os suene a discurso, más o menos válido, pero mero discurso. Pero terminaré como empecé, contándoos algo que he vivido en primera persona, esta vez en Getafe, municipio del Sur de la Comunidad de Madrid.

Seguro que todas las que vivís en Madrid, habéis visto numerosos locales comerciales de vuestro pueblo o ciudad convertidos en viviendas. Seguro que suponéis que son legales, y seguro que muchos de ellos lo son, si están a la vista. Seguro que todas pensamos que es normal, por el problema de la vivienda, cuando el problema en nuestro país, no es la falta de vivienda. Y ahora os añado que uno de los problemas de la vivienda no está a la vista, sino en el subsuelo. El centro de Getafe, como el de muchos distritos y municipios, se ha convertido en una joya  a la que quieren acceder especuladores, constructoras y toda la trama inmobiliaria que en este país estalló con la burbuja pero que no desapareció, son redes consistentes y renovadas.

Esa joya está plagada de edificios y viviendas que tienen ya sus años y que están asentadas en terreno de oro, en el que viven muchos de nuestros mayores y antiguos propietarios que ya no tienen hipoteca o tuvieron la suerte de firmarla hace muchos años, antes de las cláusulas abusivas y mal que bien vamos a conseguir pagarlas. Pero también están habitadas por familias inquilinas, con rentas más antiguas o con una relación con sus caseros de toda la vida, que ahora son heredadas o compradas por esos fondos que no nacieron con vocación de casero amable. Eso significa familias de esa gente normal, viviendo en el lugar que los especuladores consideran equivocado, porque en ese lugar tienen negocio. Pues bien, esa gente de bien, que ha podido llegar a considerar que los problemas de vivienda son de los que ocupan, o los que se meten en créditos imposibles, o los que tienen la mala suerte de perder su trabajo o que algo han hecho para que eso pase, ahora están, estamos, sufriendo el acoso inmobiliario de esas redes especulativas, con la inestimable ayuda de gente “normal”, con cara y nombre, que también quiere su trozo del pastel, porque tiene “ahorros” de dudosas actividades, casualmente todas ellas aderezadas por la inestimable salsa de la migración “sin papeles”, a la que salen a criticar en manifestaciones, porque necesitan que sigan siendo “ilegales” para actuar impunemente abusando y explotando sus necesidades como seres humanos, que no se atreverán a denunciar por miedo a una consecuencia peor. Hasta el punto de incitar, pagar o cometer el acoso con múltiples delitos, confiando en que nadie se atreverá a denunciar, porque así ha sido durante mucho tiempo.

Así que no olvidemos nunca que ante la especulación, nadie está a salvo; y que no vive, el que no vive seguro. Él mismo, los suyos, sus vecinos, su pueblo, su país, su planeta. El problema es de todas; la solución también.

Fuente: Anabel Segado en mundoobrero.es
Foto: Javi / CC BY-SA 2.0 / Vía Wikimedia Commons

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