El Estado español aumenta su dependencia del gas de ‘fracking’ estadounidense [Informe]

  • España incrementa su dependencia del gas estadounidense en 2025, probablemente se convierta en nuestro segundo mayor importador. 
  • El gas estadounidense procede mayoritariamente de yacimientos explotados mediante fracking.
  • La red Gas No Es Solución, de la que forma parte Ecologistas en Acción, presenta un informe sobre el consumo de España de gas fósil estadounidense.
  • Estados Unidos ha sido el segundo mayor proveedor de gas de España en 2025, con un crecimiento significativo de las importaciones que apunta a cifras récord solo superadas por las de 2022.

Un nuevo informe revela que Estados Unidos se ha consolidado como uno de los principales exportadores de gas al Estado español, situándose en 2024 como el tercer proveedor (16,78 % del total). Con los datos disponibles hasta la fecha, 2025 se consolida como el año con año con las mayores importaciones de la historia de esta fuente, exceptuando 2022. Se acaba con la tendencia de reducción que se observaba en los últimos años y es muy posible que Estados Unidos vuelva a sobrepasar a Rusia, convirtiéndose en el segundo mayor importador este año. El estudio, segunda parte de una serie dedicada a analizar el origen del gas que llega al país, alerta sobre las graves implicaciones climáticas, sociales y de derechos humanos asociadas a esta dependencia.

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El informe subraya que la política energética de la administración Trump continúa impulsando la expansión de los combustibles fósiles, bajo una estrategia de extracción masiva “drill, baby, drill” (“taladra, nena, taladra”), orientando su producción hacia la exportación. Por su parte, la Unión Europea (UE) ha asumido compromisos para triplicar la importación de gas estadounidense, condicionada por la política arancelaria del gobierno estadounidense. Según el informe, el Estado español ya se sitúa entre los diez mayores importadores de gas fósil licuado procedente de EE. UU.

En Estados Unidos, aproximadamente el 80 % del gas se extrae mediante fracking, una técnica prohibida en España por sus graves impactos ambientales y sociales: contaminación del agua, riesgos para la salud y vulneración de derechos humanos. Pese a ello, el Estado español continúa importando gas extraído con esta técnica. El informe insta a la UE a restringir estas importaciones y a garantizar la aplicación efectiva del Reglamento Europeo de Metano en todos los combustibles fósiles, con el fin de asegurar transparencia, rendición de cuentas y una transición justa.

En 2024, más del 94 % del gas importado por el Estado español procedió de plantas de gas fósil licuado ubicadas en la costa del Golfo de México (Louisiana y Texas). Estas instalaciones se sitúan mayoritariamente en comunidades racializadas y de bajos ingresos que sufren pobreza, riesgos sanitarios y tasas elevadas de cáncer, asma y otras enfermedades vinculadas a la contaminación. El informe denuncia que esto constituye un claro caso de racismo ambiental.

El informe también advierte sobre la proliferación de nuevos proyectos de expansión del gas fósil en la región, a menudo acompañados de iniciativas de captura y almacenamiento de carbono, que funcionan principalmente como estrategias de lavado verde.

El auge del gas estadounidense está estrechamente vinculado al poder financiero y corporativo. El documento muestra que la mitad de los principales bancos globales que financian combustibles fósiles y cuatro de las diez mayores petroleras del mundo son estadounidenses. Empresas españolas como Naturgy, Endesa o Repsol, así como entidades financieras como Santander, La Caixa o BBVA, también participan en esta cadena de suministro y financiación.

El documento acaba señalando que, a pesar de este escenario, las comunidades afectadas, con organizaciones como Texas Campaign for the Environment, Better Brazoria, Sierra Club, Freeport Haven o Chispa Texas, están articulando una resistencia creciente para defender la salud pública y exigir justicia ambiental ante el avance de la industria fósil.

Declaraciones

Estados Unidos probablemente se convierta en el segundo mayor importador de gas fósil al Estado Español al acabar 2025, sobrepasando a Rusia. Sería el año que más gas se ha comprado a Estados Unidos, a excepción del 2022. En Estados Unidos, la mayoría del gas se extrae mediante fracking, una técnica prohibida en España por sus graves impactos ambientales y sociales. El Estado español debe acabar con su hipocresía y abandonar el gas, particularmente, el  gas extraído mediante fracking”, declara Sofía Fernández, activista de Ecologistas en Acción.

[Informe] ¿De dónde viene el gas fósil del Estado español? Parte 2: Estados Unidos

Este informe es el segundo de una serie que analiza los principales exportadores de gas al Estado español. En 2024, Estados Unidos ocupaba el tercer lugar entre los proveedores de gas, con un 16,78 % del total de las importaciones de gas del Estado español. Aunque, según los datos disponibles hasta ahora para 2025, las importaciones están creciendo significativamente, 2025 será el año con las mayores importaciones de la historia, exceptuando 2022. Y es muy posible que Estados Unidos vuelva a sobrepasar a Rusia y se convierta en el segundo mayor importador este año.

importacionestotales

Estados Unidos, gobernado por la administración Trump, sigue priorizando la expansión de los combustibles fósiles frente a los compromisos climáticos. Un ejemplo es su reciente retirada del Acuerdo de París. Su política energética, resumida en “drill, baby, drill”, promueve el crecimiento de la extracción de gas y petróleo. Si bien, la extracción de gas ha aumentado de forma constante, el consumo no lo ha hecho, lo que refleja una clara estrategia orientada a la exportación. La UE se ha comprometido a triplicar las importaciones en el marco del acuerdo comercial entre EE.UU. y la UE, impuesto por la política arancelaria estadounidense. El Estado español se encuentra entre los diez principales importadores de gas fósil licuado (GNL) de EE.UU. en 2024.

El auge del gas estadounidense está impulsado por intereses financieros y corporativos: la mitad de los principales bancos financiadores de combustibles fósiles del mundo y grandes empresas de petróleo y gas, son estadounidenses. Las empresas españolas, en particular Naturgy, Endesa o Repsol, también son cómplices, al igual que bancos como Santander, La Caixa o BBVA.

En Estados Unidos, casi el 80 % de la producción de gas natural procede del fracking, una técnica muy extendida allí pero prohibida en el Estado español. Tiene graves consecuencias medioambientales y sociales, como la contaminación del agua, siendo una amenaza para los derechos humanos. A pesar de ello, el Estado español sigue importando gas fracking estadounidense, apoyando indirectamente estos impactos. La UE debería restringir estas importaciones y garantizar una eliminación justa de los combustibles fósiles.

Más del 94 % del gas importado por el Estado español de Estados Unidos en 2024 procedía de terminales de GNL situadas en la costa del Golfo de México (Luisiana y Texas). La mayoría de estas instalaciones están situadas cerca de comunidades racializadas y de bajos ingresos, con niveles desproporcionadamente altos de pobreza y riesgos para la salud. Los residentes sufren tasas elevadas de cáncer, asma y otras enfermedades relacionadas con la contaminación, mientras que los ecosistemas locales sufren una degradación generalizada. A pesar de la extracción de grandes cantidades de gas, los costes de la electricidad siguen siendo elevados en estos estados. Esto se denomina racismo medioambiental.

Las plantas de GNL de Freeport, Corpus Christi, Cameron y Cameron Calcasieu Pass son ejemplos de territorios que sufren graves impactos ambientales y sociales, incluyendo una calidad del aire por debajo de los niveles adecuados. La laxitud regulatoria y las exenciones fiscales a las empresas perpetúan la injusticia ambiental, beneficiando únicamente a las grandes corporaciones.

De cara al futuro, se planean numerosos proyectos de expansión gasista en el Golfo de México, a menudo acompañados de iniciativas de captura y almacenamiento de carbono (CAC) que funcionan en gran medida como lavado verde.

Mientras tanto, las comunidades más afectadas están organizando la resistencia a través de movimientos de base como Texas Campaign for the Environment, Better Brazoria, Sierra Club, Freeport Haven y Chispa Texas. Estos grupos desafían el poder corporativo y político, defienden la salud pública y exigen justicia medioambiental en regiones que sufren la peor cara de la industria de los combustibles fósiles.

Fuente: ecologistasenaccion.org

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