‘El enemigo del pueblo’ llega al Teatro Real con una ópera incómoda y necesaria

La segunda ópera de Francisco Coll está basada en el drama homónimo de Henrik Ibsen

Teatro Real

Tras su estreno en el Palau de les Arts Reina Sofía hace apenas unos meses, El enemigo del pueblo ha llegado ahora al Teatro Real de Madrid. Se trata de la segunda ópera de Francisco Coll (Valencia, 1985), compositor afincado en Suiza y galardonado en 2025 con el Premio Nacional de Música. La obra cuenta con un libreto de Àlex Rigola, basado en el drama homónimo de Henrik Ibsen.

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La obra plantea el choque entre la verdad científica y los intereses políticos y sociales y expone cómo la democracia puede fallar al silenciar a quien dice la verdad

Un enemigo del pueblo, escrito por Ibsen en 1882, narra la historia del doctor Stockmann, quien descubre que las aguas del balneario de su ciudad están contaminadas. Al intentar hacer pública esta verdad, acaba enfrentándose a las autoridades y a la mayoría de los ciudadanos, que prefieren proteger los intereses económicos. La obra plantea así el choque entre la verdad científica y los intereses políticos y sociales, y expone cómo la democracia puede fallar al silenciar a quien dice la verdad. ¿Merece la pena sacrificarla en nombre del bien común? Estas preguntas atraviesan el texto original y articulan el núcleo ético del drama.

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Este dilema está muy presente en la ópera que Francisco Coll presenta actualmente en el Teatro Real. La puesta en escena, dirigida por Àlex Rigola, traslada la acción a una playa de estética marcadamente mediterránea, dominada por dunas y un mar que va adquiriendo progresivamente una apariencia tóxica. Todo ello se apoya en una iluminación y una escenografía de corte minimalista, que concentran la acción casi en la no acción y en una sucesión de cuadros de gran potencia visual, evocadores de un homenaje a El caminante sobre el mar de nubes de Caspar David Friedrich. En definitiva, un espacio simbólico y eficaz para una obra que no solo interpela al espectador desde el punto de vista ético, sino que también lo desafía por la complejidad de su partitura.

Foto de Javier del Real

Un enemigo del pueblo rehúye la grandilocuencia sinfónica y apuesta por un lenguaje en el que la tensión se mantiene en neutralidad constante

Francisco Coll, que finalmente no ha podido participar en la producción como director musical por motivos de salud, firma una obra densa y exigente, rica en texturas y ritmo. La orquesta transita con soltura desde pasajes de polifonía extremadamente compleja hasta fondos de inspiración dodecafónica cargados de sutileza. Un enemigo del pueblo rehúye la grandilocuencia sinfónica y apuesta por un lenguaje en el que la tensión se mantiene en neutralidad constante: una partitura llena de desenfoques y caídas rítmicas deliberadas que mantienen al espectador en un estado de alerta permanente durante la hora y media que dura la obra.

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Nos encontramos, por tanto, ante una de las propuestas más exigentes de la temporada desde el punto de vista musical, que reclama un espectador dispuesto no solo a aprender, sino, sobre todo, a dejarse interpelar. Esa tensión se sostiene también gracias al reparto, integrado por Marta Fontanals-Simmons (Marta), José Antonio López (Stockmann), Moisés Marín (el alcalde), Brenda Rae (Petra) e Isaac Galán (Mario), que mantiene la obra en un equilibrio constante entre la distorsión y el recitativo, con un texto en español que encaja de manera notable con los sonidos que emergen del foso.

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A pesar de su relativa juventud, Francisco Coll explora en Un enemigo del pueblo ritmos y soluciones orquestales de gran interés. La riqueza tímbrica permite al oyente más atento encontrar ecos de Falla e incluso de pasodobles, siempre desde un lenguaje cambiante, en el que el coro adquiere una presencia casi propia de la tragedia griega.

No es una obra pensada para todos los públicos y precisamente ahí radica buena parte de su importancia

El enemigo del pueblo no es una obra pensada para todos los públicos, y precisamente ahí radica buena parte de su importancia. No es habitual encontrarse con nuevas producciones que apuesten de forma tan decidida por lenguajes y narrativas distintas, caminando constantemente por el alambre y asumiendo riesgos que no siempre funcionan del todo. Podrá gustar más o menos, pero resulta innegable que Francisco Coll busca revitalizar el género. Y solo por eso, la obra merece mi más rotundo reconocimiento.

Fuente: Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx en nuevatribuna.es

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