Yolanda Díaz deja sus cargos orgánicos de Sumar tras el descalabro de las europeas

Los malos resultados de Sumar en la noche electoral del 9 de junio llevan a la líder de Sumar a dejar todos sus cargos en el partido. Seguirá como vicepresidenta del Gobierno

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Yolanda Díaz se va de la política de partidos. Seguirá como ministra de Trabajo y vicepresidenta tercera del Gobierno, pero no continuará con su proyecto Sumar. “He decidido dejar mi cargo como coordinadora de Sumar, es necesario un debate y con esta decisión abro el camino”. Díaz ha defendido dar un paso a un lado “contra la desafección”.

La ministra de Trabajo ha comparecido por primera vez después de los malos resultados cosechados por Sumar en las elecciones europeas del 9 de junio, en el que la lista magenta consiguió 881.000 votos, un 4,65 %, muy alejado de los resultados que el espacio unitario de Podemos e IU obtuvo cinco años. “Mi obligación es garantizar que el Gobierno de coalición convierta el mar de fondo del odio en una ola de derechos”, ha dicho Díaz, que ha criticado a la política “que se dedica a sí misma”.

Con la salida de Díaz de los cuadros de mando de las organizaciones a la izquierda del PSOE se va una política que, a través de su trabajo ministerial, alcanzó muy buenas cotas de valoración como miembro del Gobierno, pero que a lo largo de su carrera no ha conseguido sostener acuerdos en el tiempo.

Mantendrá su puesto el Consejo de Ministros —de hecho, ha anunciado los cinco ejes programáticos que quiere conseguir—, pero se descarta como jefa del espacio que creó ella misma hace un año. A partir de ahora, Díaz quiere impulsar desde el Gobierno una bajada de precios del alquiler, la reducción de la jornada laboral, una reforma fiscal, permisos retribuidos para garantizar derechos de cuidados y contribuir a la paz en Palestina.

Una carrera muy personal

Su aterrizaje en Madrid, en el año 2015, fue el principio del fin para En Marea, el proyecto en el que se había involucrado una parte del nacionalismo gallego. El alma máter de ese proyecto, Xose Manuel Beiras, denunció haberse sentido traicionado por la política ferrolana, y unos años después, el espacio político de Anova, germen de En Marea, regresó al ecosistema de alianzas del Bloque Nacionalista Galego.

Para entonces Díaz ya se había asociado con Podemos y estaba en total sintonía con Pablo Iglesias. Fue precisamente gracias a esa alianza cómo llegó al Consejo de Ministros, en el más importante de los Ministerios —junto con Igualdad— que obtuvo Unidas Podemos en la negociación de 2020 con el PSOE.

Desde entonces, y especialmente en pandemia, Díaz destacó por su resolución a la hora de negociar los mecanismos de compensación en forma de ERTE para frenar un descalabro en forma de desempleo. Eso, unida a la subidas del SMI negociadas por su grupo, y la mejora de las cifras del paro, catapultaron a la política ferrolana. Sus formas suaves contrastaban con la hosquedad de Pablo Iglesias, pero entonces no parecía haber contradicción sino complementariedad.

Díaz no ha conseguido que carburase un proyecto político compuesto por muchas partes pero en el que no había una dirección colegiada ni nada que se le pareciese

La decisión sorprendente de Pablo Iglesias de concurrir, en 2021, a las elecciones autonómicas de Madrid para salvar los resultados de su partido, convirtieron a Díaz en la elegida para “ensanchar” el espacio de la izquierda. Había sido designada a dedo, en un movimiento que no contó con refrendo político alguno, pero Díaz parecía cualificada para cambiar el ritmo de un proyecto que daba signos de agotamiento.

Fue entonces cuando interpretó su propio libreto, distanciándose desde un inicio de Podemos. Ya para 2021 las diferencias con Irene Montero, ministra de Igualdad, eran enormes. Las diferencias se explicitaron en el acto de noviembre de ese año ‘Otras Políticas’, en las que Díaz invitó a Mónica García (Más Madrid) y no contó con nadie de Podemos y especialmente en marzo de 2022, en una crisis en el Consejo de Ministros a colación de la guerra de Ucrania.

En esa ocasión, Ione Belarra denunció al PSOE como “partido de la guerra” y los socialistas le pidieron a Díaz su cabeza; solo la intervención de Enrique Santiago consiguió aplacar la crisis. El rubicón estaba cruzado y Díaz tenía cruzadas a Belarra y Montero:  el año 2022 y 2023 se produjo la ruptura que concluyó con un acuerdo amargo en el verano del 23 en el que Podemos salía mal parado y Montero desaparecía de la ecuación.

Desde entonces, Díaz no ha conseguido que carburase un proyecto político compuesto por muchas partes pero en el que no había una dirección colegiada ni nada que se le pareciese. Su estilo de discutir con esas fuerzas por separado creo incomodidades más allá de Podemos, y ha terminado con Izquierda Unida sin eurodiputados por primera vez en la historia. Los resultados de anoche, cuando Sumar no alcanzó el 5% de los votos, han sido definitivos para que la ferrolana dé un paso que deja abierta completamente las puertas de una posible sucesión y de la reconfiguración de una izquierda en horas críticas.

Fuente: Pablo Elorduy en elsaltodiario.com
Foto: Ministerio de Trabajo y Economía Social

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