La idea de mujer latina que representa el tema ‘Latina foreva’ de Karol G responde a un estereotipo unidimensional y descontextualizado, una versión blanqueada de lo latino para el mercado occidental

El lanzamiento de Latina foreva de Karol G, canción que forma parte de su último álbum Tropicoqueta, ha puesto nuevamente en la conversación pública la representación de la mujer latina en la industria del entretenimiento. Tanto en su letra como en el video, la hipersexualización de las mujeres es evidente. Pero, ¿debemos interpretar esto como una expresión de la agencia de Karol G sobre su sexualidad y su cuerpo dentro de una industria patriarcal, o es solamente la continuación de una práctica que cosifica a las mujeres latinas?, ¿cómo debemos interpretar Latina foreva?
Quizá podríamos primero hablar de cómo se construye el concepto de latina. La mujer latina no es la panchita. Panchita es la forma despectiva con la que, en España, se nombra a quienes venimos del Sur Global, de forma particular a las sudamericanas de origen indígena. La panchita no es una fantasía erótica, es la que te limpia la casa, la que te prepara la comida, la que cuida a la abuela. No es un cuerpo deseado ni deseante como las mujeres que bailan en el video de Karol G porque la panchita no es la latina. La mujer latina no es solo una categoría que referencia una territorialidad es, sobre todo, un concepto que la industria del entretenimiento ha sabido explotar.
Cuando Bad Bunny, por ejemplo, dice en su canción Apagón “ahora todos quieren ser latinos”, se refiere a ese personaje unidimensional y descontextualizado creado por la industria como consecuencia del éxito mundial de los ritmos que el mercado etiqueta como Latinos, y el concepto construido alrededor de él. Maluma, Karol G, Bad Bunny y Feid representan a ese personaje que todos quieren ser: sensuales, atractivos, exitosos y millonarios. Una versión blanqueada para el mercado occidental de quienes crearon los géneros que estas estrellas ahora representan.
La mujer latina entonces, no es solo un estereotipo, es también un dispositivo aspiracional que el mercado utiliza para que sigamos consumiendo.
Publicidad “feminista” desde el movimiento sufragista
La historia de la publicidad, por más sorprendente que parezca, está muy vinculada a lo que el feminismo occidental considera su primera ola: el movimiento sufragista. El académico Tim Wu narra en su libro Comerciante de atención: la lucha épica por entrar en nuestras cabezas, cómo uno de los grandes desafíos para la industria de la publicidad en sus inicios fue atraer al público femenino y convertir a las mujeres en consumidoras. Para lograrlo, las primeras revistas dedicadas a profesionalizar la publicidad en Estados Unidos contrataron a quienes se convertirían en las primeras redactoras publicitarias que eran también activistas sufragistas como Helen Lansdowne y Frances Maule. Shredded Wheat, una caja de cereales para el desayuno, fue uno de los primeros productos en usar publicidad impresa y utilizar los valores relacionados al movimiento sufragista para atraer al público femenino. En uno de sus afiches, por ejemplo, se muestra a una mujer sosteniendo el producto con un mensaje que dice “su declaración de libertad”.
Desde los años 20 la publicidad seduce con valores feministas
Desde los años 20 la industria de la publicidad seduce a través del uso de valores asociados con el movimientos feminista para lograr que las mujeres compremos una idea de liberación y empoderamiento a través de sus productos y la lealtad a sus marcas. No es una práctica actual, sino una que tiene décadas perfeccionándose y que ahora cuenta con las nuevas tecnologías para utilizar nuestra información personal a su favor.
La discografía de Karol G no es la excepción. A pesar de que muchas defiendan las letras de sus canciones como la expresión de su autonomía y una forma de apropiarse de su sexualidad como mujer, lo cierto es que detrás de Latina foreva, según Spotify, hay un grupo de 13 personas que figuran como escritores y dos productores. Pero, seguramente, son muchos más los responsables de su nuevo álbum Tropicoqueta entre relacionistas públicos, diseñadores, vestuaristas, publicistas, etcétera.
Lo que quiero decir con esto es que la marca Karol G, más que como mujeres nos ve como consumidoras, y que el álbum Tropicoqueta debe ser el resultado de estudios de mercado que indican que eso es lo que las mujeres, como público segmentado, queremos escuchar. Karol G, como marca, está construida para crear productos de consumo masivo, que guste y que entretenga a la mayoría. Eso justifica la millonaria inversión que debe de haber detrás de su música, la cual exige ganancias.
El concepto de mujer latina empoderada
En su libro Contra el feminismo blanco, Rafia Zakaria reflexiona sobre cómo la industria de la publicidad convirtió el sexo en producto de consumo para distanciarse de la cosificacion de las mujeres que se podía interpretar como moralmente cuestionable. De esta manera, podían vender la idea de que el sexo es un producto que las mujeres empoderadas deciden consumir libremente. Así podríamos decir que las mujeres no se aumentan de tamaño las tetas porque quieren atención masculina; sino por ellas mismas, por su autoestima, por verse y sentirse mejor. Y, de paso, distraer nuestra atención de cómo el mercado va construyendo y regulando esas necesidades y deseos.
La hipersexualización fue la forma más rentable de mostrarnos que encontró la industria
El sexo siempre fue un gancho fundamental de la industria de la publicidad. A través de la sobrerepresentación de mujeres sexies, seguras, hermosas y con cuerpos “bien” proporcionados buscan generar deseo sexual del público masculino, pero también despertar las ganas del público femenino de verse y ser igual que estas mujeres que personifican el éxito y el reconocimiento dentro de este sistema.
En el caso específico de las mujeres latinas, la hipersexualización fue la forma más rentable que encontró la industria para mostrarnos. Quienes han logrado fama mundial, cumplen con el imaginario de mujer sexy y exótica. Y aunque lo cumplan desde un lugar genuino, es decir, que no estén impostando ni pretendiendo ser de algo que no son; eso no cambia que solo aquellas con estas características son las que cuentan con las oportunidades.
Tanto Karol G como Shakira, por ejemplo, son mujeres latinas de fama mundial que, con sus particularidades, encajan en el estereotipo. Ambas están alejadas de la experiencia negra de las mujeres que estuvieron en los inicios del reggaeton cuando era un género marginalizado y sus letras sí representaban una resistencia encarnada en los barrios. Y ambas también tienen una comunidad enorme de seguidoras que incluye a niñas y adolescentes que consumen, a través de ellas, la idea de éxito dentro del capitalismo que está vinculado a la belleza, el poder y el sexo.
La disputa por el sexo
No podemos analizar Latina foreva fuera de un contexto de auge de los discursos racistas y coloniales de la extrema derecha que exacerban la violencia en su público masculino, pero que al femenino lo seduce con una estética hiperfeminizada de regreso a lo tradicional: la blanquitud binaria y heteronormativa. Pero, aunque es real la existencia de esta campaña de relanzamiento de los valores coloniales del género, es una trampa creer que el sexo como proyecto liberal es una resistencia.
Rafia Zakaria menciona también cómo la ficción Sex and the city trafica con el mito de que son las mujeres blancas quienes descubrieron la liberación sexual y que todas las demás mujeres del mundo conocieron el placer sexual a través de ellas. Este mito, además, se sostiene en la idea de que Occidente va siempre por delante, y a medida que los demás países progresemos siguiendo su ejemplo, avanzaremos también en términos de liberación sexual.
Invito a consumir y disfrutar su música como lo que es, un producto
Las mujeres que lideran la industria y personifican esta idea occidental de liberación sexual, también son el vehículo que transporta los valores capitalistas coloniales del progreso y la modernidad. Es a través de su imagen que categorizamos y jerarquizamos otras formas de ser mujer alrededor del mundo, y nos lleva a pensar que quienes no expresan de la misma manera su sexualidad, están reprimidas u oprimidas.
Inicié este texto con una pregunta, ¿cómo debemos interpretar la canción Latina foreva de Karol G? Y la respuesta es: como marketing. Con esto no pretendo iniciar un boicot a la música de Karol G, si no invito a consumirla (y disfrutarla) con la consciencia de que es un producto de la industria millonaria del entretenimiento.
Fuente: pikaramagazine.com

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