También en la UE el periodismo crítico puede llevarte a la cárcel

Al periodista vasco Pablo González se le culpa por espionaje a favor de Rusia.
Polonia le quiere mantener detenido, en régimen de aislamiento, sin mostrar pruebas y sin acusarle formalmente. (En el caso de Assange por fin se mueve algo, señalamos y comparamos en la segunda parte de este artículo)

Kritischer Journalismus führt auch in der EU hinter Gitter…

En Telepolis, ya la pasada primavera llamamos la atención sobre el caso de Pablo González y el hecho de que el periodista independiente vasco fue encarcelado bajo la muy dudosa acusación de ser un espía ruso.

Pablo González se enfrenta por eso a una posible condena a diez años de cárcel. Sin ninguna prueba, la prisión preventiva fue ampliada por tres meses más; la judicatura polaca no explicita los motivos de esa ampliación, solo alega el alto riesgo de fuga por la larga condena prevista en el caso de Pablo…y si hay otros motivos, la judicatura los mantiene en secreto.

El periodista pasará las navidades en prisión en la cárcel polaca de Radom y cumplirá así un año detenido en régimen de aislamiento sin que se hayan presentado cargos.

La acusación de que era un espía de Putin se construyó de forma arbitraria. Una de las razones fue el hecho de que tiene nacionalidad española y rusa y dispone de dos pasaportes. Sin embargo, hace ya tiempo que se refutó la idea de que era un “falso periodista” y que usaba esa identidad profesional exclusivamente para moverse con libertad ejerciendo el espionaje.

Desde hace años escribe para el diario vasco Gara y para Público. En la emisora privada La Sexta, informó desde Przemysl, la ciudad fronteriza con Ucrania, sobre las olas de refugiados que cruzaban allí para entrar a Polonia.

Fue allí ido allí donde fue detenido por el servicio secreto polaco (ABW) y desapareció completamente de la escena durante los días posteriores

Para acusarle, también se utilizó un recibo de unos 350 Euros procedente de Rusia (que en cualquier caso sería un salario de espía bastante mísero) De hecho, el dinero procedía de su padre, que arrienda un piso en Moscú y que con ese envío ayuda a su hijo a independizarse económicamente. Es bien sabido que los periodistas independientes (Freelance) no tienen altos ingresos.

González nació en Rusia como descendiente de un “Niño de la Guerra”. Después del golpe de estado de los generales en 1936, muchos niños del país vasco fueron evacuados a diferentes países. En Rusia, el nombre de Pablo González fue a Pavel Rubtsov (apellido del padre) dato que figura en su pasaporte ruso. Inicialmente, Polonia afirmó que los pasaportes de Pablo eran falsos para mejor fundamentar la acusación de que se trataba de un espía.

De modo que los servicios secretos polacos no tienen ninguna prueba, no tiene nada en sus manos. En vez de liberarle han optado por utilizarle, presentándole como una amenaza y ejemplificando con su detención el castigo a supuestos espías. El argumentario de la acusación no existe, se basa en su dominio fluido del idioma ruso. Pablo se adhirió a la ética periodística y desde 2014 también investigaba en Ucrania oriental desde comenzaron los conflictos bélicos.

Siempre acompañado por su amigo y fotógrafo Juan Teixeira que comentaba: “también podía haberme tocado a mí”. Sin embargo, Teixeira no había acompañado a Pablo en ese último viaje tras el interrogatorio a que les sometió el servicio secreto ucraniano en que ya se mencionaba la denuncia de espionaje.

Para Oiahana González, su compañera vasca, está claro que Pablo, al escuchar a las dos partes en conflicto se encontró en situación peligrosa: las milicias del Donbass le consideraban “demasiado occidental” y para los ucranianos era “un amigo de Putin”.

“Seguramente me tomaron por un colaborador o algo así” (decía Teixeira, que acompañaba a Pablo en sus tareas periodísticas en Ucrania) “pero como no hay pruebas para denunciarme, tampoco las pueden presentar”, dice el fotógrafo.

Desde hace más que 10 meses, Teixeira no tiene contacto con su amigo. También le escribió cartas, pero no sabe si llegaron a su destino. González no puede contestar, porque desde su captura se encuentra sometido a estricta prohibición de contacto y en régimen de aislamiento. Las condiciones de detención son muy duras. Según su mujer está encerrado 23 horas al día y le sacan esposado al patio. La primera carta de su marido tardó medio año en llegar a las manos de su esposa. No pueden hablar por teléfono, ni siquiera en los cumpleaños de los 3 hijos. Desde su celda no puede ver nada fuera, la ventana no se deja abrir, pero permite que traspase luz.

Por las condiciones de detención y prohibición de contacto se puede hablar de privación sensorial, como ocurrió al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, que lo padece en forma aguda desde hace años. En ese caso los expertos ya hablan de “Tortura” Desde hace 3 años, Assange está en confinamiento solitario (régimen de aislamiento) en la prisión de alta seguridad británica de Belmarsh. Eso le ha marcado y dejado graves huellas. Hace ya tiempo que eso también ocurre en el caso de Pablo González.

El caso Assange

Lentamente algo se mueve en el caso de Assange:

“El acto de acusación a Assange marca un caso de precedente peligroso y un ataque a la libertad de la prensa” han denunciado Der Spiegel, Le Monde, El País, The New York Times y The Guardian en una carta abierta firmada colectivamente y dirigida al Gobierno de EEUU: “12 años después de los telegramas a las embajadas es momento de que el Gobierno de EEUU cese la persecución de Julian Assange por la publicación de documentos secretos (…) Porque periodismo no es un crimen”.

Eso se aplica también a González, aunque su detención cuenta con poca atención por el momento. A lo mejor porque su caso es un caso que concierne a la UE. Pero en cierto modo, el caso de González es todavía peor que la situación en la que se encuentra Assange. Polonia impide constantemente el contacto de Pablo con su abogado, porque Gonzalo Boye es un abogado internacionalmente conocido y con éxito. Él parte del hecho de que la pretensión de Polonia respecto a González es que “se le debe hervir poco a poco” hasta que admita haber cometido espionaje y ofrecerle la libertad como “premio”.

El contacto de Pablo con su familia le fue denegado por completo y durante mucho tiempo. Recientemente Boye, junto a la presión internacional, consiguió una visita de su mujer (¡después de 9 meses!). Pero Varsovia sigue levantando muros, excluye a Boye y además, rechaza la petición de visita a Pablo formulada por el diputado del Bundestag alemán, Andrej Hunka (de Die Linke) sin ninguna justificación”.

Como declaraba Andrej Hunka:

“Quería visitar al periodista español en tanto que miembro del consejo europeo. No se trataba solamente del comportamiento de España, es que, al fin y al cabo, Polonia es frecuentemente denunciada ante el consejo europeo y en la UE por graves transgresiones del Estado de Derecho (…) Pero al gobierno “progresista” español no le importa. En su visita a Varsovia, el jefe de gobierno, el socialdemócrata Pedro Sánchez, pidió “respeto” a la justicia polaca en lugar de defender al periodista”.

Goiriena espera que su primera visita supondrá un decisivo punto de inflexión en la situación de su marido. La visita daba “fuerza” y “Animo” al demacrado periodista que ha perdido 20 kilos por las condiciones de encarcelamiento y el frio, declaraba.

Ella espera que haya la posibilidad de más visitas, aun cuando tienen lugar bajo la vigilancia de miembros del servicio secreto. Por fin ha podido comunicarle cuán grande es el apoyo a su persona.
A todas las gentes solidarias con Pablo, les da expresamente las gracias.

#LibertadDeComunicación #FreePablo #PabloGonzálezLibertad
#FreeAssange #AssangeLibertad #DerechosHumanos

Fuente: Por Ralf Streck*. Telepolis. Traducido para LoQueSomos por Simone Vögele.
Nota original: Kritischer Journalismus führt auch in der EU hinter Gitter

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