Un estudio en 63 países concluye que el 46,7% de los trabajadores de cuidados intensivos no pueden dedicar tiempo suficiente a los pacientes. Lo mismo sostiene el 55,2% del personal de larga duración

Han pasado cinco años desde el inicio de la pandemia. A los que en su momento aplaudimos desde las ventanas como héroes, hoy se les abandona. Las empresas y los responsables políticos, que prometieron hacer de la sanidad una prioridad, han dado la espalda a un sector precarizado, y con ello a los pacientes y, en mayor medida, a sus trabajadores. Más del 67,8% de los empleados, según el último informe publicado por UNI Global Union, sufren con regularidad la escasez de personal. Esto forma parte de un círculo vicioso generalizado en todo el mundo. La OMS ha pronosticado que para 2030 habrá una escasez mundial de unos 10 millones de profesionales sanitarios.
En enero, UNI Global Union entrevistó a 11.233 trabajadores de la salud y de los cuidados de distintas instituciones (hospitales, centros de cuidados de larga duración y otros centros) de 63 países diferentes para comprender las causas y los efectos de la crisis de personal. Sus respuestas presentan un panorama muy preocupante sobre el futuro de un sector del que, antes o después, todos y todas vamos a depender.
La escasez de empleados impone unas exigencias extenuantes. Esto repercute directamente en la calidad de la atención prestada y expone a los trabajadores a lesiones, así como a mayores niveles de violencia. Una situación que empuja a que la mitad de los empleados no vean sostenible su carrera hasta la jubilación. Cifra que se eleva a cerca del 65% en el caso de los más jóvenes (18 a 34 años).
Al volumen de trabajadores hay que añadir la baja remuneración. Sólo el 1,7% dijo estar “muy satisfecho” con su sueldo, el 14,8% estar “satisfecho” y hasta un 62,6% afirmaron estar “insatisfechos” o “muy insatisfechos”. “Me pagan 1 libra más que el salario mínimo por ser agredida diariamente. El nivel de rotación del personal es tan alto que es difícil reemplazarlos”, declara un auxiliar de atención médica de un centro de atención de salud mental en Reino Unido entrevistado.
Tanto la escasez de personal como de inversión económica tiene un impacto negativo en la calidad de la asistencia. El 66,1% afirmaron que la insuficiencia de personal provoca una disminución de la calidad en la atención de los pacientes. “La vida del paciente está en peligro, y el personal de enfermería se apresura a tratarlo en lugar de atenderlo”, cuenta una enfermera de un hospital de Taiwán. El 46,7% de los trabajadores de cuidados intensivos que sufren habitualmente escasez de personal afirman que no pueden dedicar tiempo suficiente a los pacientes. Lo mismo afirma el 55,2% del personal de los entornos de cuidados de larga duración.
Los efectos sobre la salud de la escasez de personal no se limitan a los pacientes. La intensidad del trabajo también pasa factura a los mismos sanitarios y cuidadores. El 27,1% de los encuestados que “nunca” trabajan con poco personal afirman haber sufrido una lesión relacionada con su trabajo cuyos efectos han durado más de un mes. Entre los que dicen trabajar “siempre” con poco personal esta tasa se eleva al 32,5%. En el caso de lesiones leves estas cifras se disparan a un 40,5% en quienes declaran que “nunca” trabajan con escasez de personal y a un 62,3% para los que dicen que “siempre” lo hacen. Con respecto a la salud mental, el 44,8% del total declaran tener problemas para dormir, el 70,7% sufrir estrés y el 56,3% sufrir, o haber sufrido, ansiedad, depresión o agotamiento como consecuencia de su trabajo.
A los daños en la salud hay que agregar los problemas de seguridad en sus puestos de trabajo. El estudio expone la relación directa entre la escasez de personal y la discriminación, acoso y/o violencia: el 74,2% de los trabajadores que declararon trabajar “siempre” con escasez de personal afirman haber sufrido o presenciado alguna vez una agresión física o verbal. Tasa que se reduce al 35,1% en el caso de quienes “nunca” trabajan con escasez de personal. Entre los encuestados que reportan que en sus instituciones “nunca” les falta personal, casi el 70% afirma sentirse seguro o muy seguro, mientras que entre a quienes “siempre” les falta personal esta cifra desciende hasta el 26,4%.
La prevalencia de las distintas formas de violencia en las instituciones con poco personal demuestra que esta práctica no se limita a exigir a los trabajadores que hagan más con menos, sino que también los expone a ser agredidos. Las discusiones entre compañeros sobrepasados, los pacientes y familiares que pierden la paciencia con el personal, sumado a los supervisores que intimidan a sus empleados para que trabajen más y luego los humillan con amenazas de despido muestran una evidente crisis del sistema. Un sistema que nos cuidó durante la pandemia y que ahora hemos abandonado.
Fuente: ctxt.es
