Recelo entre los camareros de Madrid por el plan de Ayuso para incentivar las propinas: “Hay que subir sueldos e incluir pagas extra”

El hábito nunca ha sido particularmente común en España y, a pesar de que ha disminuido tras la pandemia, el sector insiste en que la caridad “no sirve para solucionar” sus problemas económicos“

Un grupo de amigos pasa la noche en un restaurante de Madrid. Se quedan ocupando unas mesas durante unas horas, piden cañas y algo para comer. Más cervezas y unas copas para acabar la previa. Antes de dejar el local, piden la cuenta. Pagan con tarjeta, porque ya están acostumbrados tras dos años de pandemia a no llevar casi efectivo encima. “¿No vamos a dejar propina?”, pregunta uno. “No creo que se pueda con el datáfono”, responde otro, y salen del local. 

La costumbre de dejar propinas por el servicio –un hábito que nunca ha sido particularmente común en España– ha ido decayendo aún más desde la llegada de la pandemia. “Han desaparecido casi por completo”, explican tajantes los camareros de la Cervecería Alemana, un local centenario en la plaza de Santa Ana, conocido por ser uno de los garitos predilectos del escritor Ernest Hemingway. 

“Los clientes se hacen los tontos, piensan que con la tarjeta no pueden dejar propina. Otros suponen que acaban en los bolsillos del dueño del local y, cuando se enteran de que no es así, se animan a dejar algo”, añaden los trabajadores del restaurante. Sin embargo, reconocen que los turistas, y sobre todo los americanos, suelen ser más generosos, ya que en sus países esta costumbre está instalada. En Estados Unidos y Latinoamérica, incluso si no es obligatorio dejar propina, no hacerlo está muy mal visto. De hecho, se podría decir que existe un acuerdo social implícito que establece un porcentaje entre el 10% y el 20% que se debe dejar sobre la mesa al retirarse. 

“Cuando recién llegué a Madrid me chocó mucho ver que la gente no solía dejar propina”, explica Nazarena, originaria de Buenos Aires y camarera desde enero en un bar en Antón Martín. “En Argentina la costumbre es dejar un 10%, pero también es verdad que allí los sueldos son mucho más bajos”. En el local donde trabaja, las propinas suelen ser generosas, también porque las cuentas suelen ser un poco más altas respecto a los otros bares del barrio. Los trabajadores consiguen añadir hasta 200 euros mensuales a sus sueldos fijos de 1.200 euros gracias a las propinas. Estas se reparten a partes iguales al final de cada semana entre el personal de sala y cocina. “Ayuda mucho. Pero no es lo normal en Madrid. En otros sitios ya no alcanza ni para pagarte el abono del metro con lo que te llevas del bote”, sostiene Nazarena. 

Una campaña institucional a favor de las propinas

A mediados de diciembre, el Gobierno de la Comunidad de Madrid decidió intervenir en el asunto financiando una campaña institucional para animar a la población a dejar propina en los bares. “Son las clases de piano del hijo de Elena; es el regalo de cumpleaños con el que un año más Roberto ha vuelto a sorprender a Concha; son los estudios de Sofía para perfeccionar su inglés”, empieza el anuncio de la Consejería de Economía y Hacienda del Gobierno madrileño. 

Irónicamente, el espot publicitario termina destacando que “las propinas hacen posible esos pequeños sueños de quien nos atiende cada día”. Es decir, que deja un mensaje implícito de que estas ayudas son necesarias para completar los sueldos base de los camareros, a pesar de que la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se haya posicionado reiteradamente en contra de la subida del salario mínimo interprofesional. 

Javier Pozo, vicepresidente de la Asociación de Maitres y Camareros de España, califica de “contraproducente” y “alejado de la realidad” el anuncio del Gobierno regional. “Igual te crees que con las propinas te vas a ir al Caribe, y no te vas ni a Móstoles. La propina es un tip, un caramelo para pagar la tarifa del móvil, el abono de transporte o una entrada al cine de vez en cuando. No sirve para solucionar los problemas económicos de los camareros”, comenta en conversación telefónica con este periódico. 

“Habría que insistir en la subida de los salarios o en volver a incluir las pagas extra de verano y Navidad, que además es cuando más se trabaja en la hostelería”, añade Pozo. El representante explica que el sueldo base de un camarero en la Comunidad de Madrid ronda los 1.000 euros, según el convenio del sector.

A pesar de no ser obligatorias, las propinas sí que están reguladas desde un punto de vista fiscal. Joan Torres, presidente de la Federación Española de Asociaciones Profesionales de Técnicos Tributarios y Asesores Fiscales (FETTAF), asegura que los dueños de los locales están obligados a incluir las propinas en las nóminas de sus trabajadores. “En el caso de los camareros, es su empleador el que debe registrar estos ingresos, que están sujetos al pago del IRPF, y sobre los cuales es necesario pagar impuestos”, detalla. No obstante, reconoce que hay mucha desinformación al respecto y es difícil controlar que se cumpla siempre la ley. 

“No nos salvan ni los turistas”

Para Oche y Belén, camareros de un bar de Lavapiés, la diferencia entre un bote lleno y uno vacío también va por barrios. Aseguran que nunca vivieron de las propinas, ya que en su barrio muchos clientes lo ven como “una falta de respeto”, una forma de caridad hacia los camareros. Sin embargo, desde la llegada de la pandemia la extensión del pago con tarjeta hace prácticamente imposible dejar algo en el platillo, incluso si ellos aceptan el pago de propinas con datáfono. “Hay quienes saben que pueden hacerlo o preguntan antes de pasar la tarjeta y pagan uno o dos euros más de lo que sale en la cuenta. Pero no es la costumbre, ni algo que salga natural de los clientes”, afirma Belén. 

Además de promover el pago con tarjeta, la pandemia ha tenido otra consecuencia que afecta, sobre todo, a los bares más céntricos de la capital: la disminución de los clientes internacionales. “Antes entrabas por la puerta y escuchabas hablar todo el rato en inglés. Ahora son todos de aquí y los españoles no dejan propina”, comenta Karen, camarera de un bar de Malasaña. Cada semana reparten el dinero del bote común entre los camareros, cocineros y el personal de limpieza del local, de forma que la parte de cada uno no suele superar los 10 euros.

“No nos salvan ni los turistas. Incluso ellos ahora dejan menos propina”, explica Richard, barman de un pub irlandés en la concurrida calle de Espoz y Mina, a pocos metros de la puerta del Sol. “La primera vez que vienen, suelen dejar el 7% o incluso el 10% de la cuenta en propina. Después, no sé cómo, pero se enteran por los españoles que aquí no es necesario hacerlo y cuando vuelven ya se olvidan las buenas formas”.

Fuente: Clara Angela Brascia en eldiario.es
Foto: Pixabay

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