Cuando el debate sobre su conversión en Parque Nacional llega al Congreso, el organismo avanza que analiza cómo permitir accesos a un entorno natural de 16.000 hectáreas ligado a la Corona y vetado a la ciudadanía
Las reclamaciones para hacer accesible a la ciudadanía las 15.000 hectáreas reservadas para la Casa Real del Monte de El Pardo, en Madrid, están causando los primeros movimientos por parte de sus responsables. Patrimonio Nacional ha anunciado que estudia una fórmula para enseñar este espacio. Sin embargo, fuentes de este organismo encargado de administrar los bienes vinculados a la Corona declaran a Somos Madrid que la iniciativa se encuentra todavía “por definir” y no hay un proyecto claro al respecto.
La noticia de estas visitas abiertas todavía por concretar llega después de las informaciones publicadas por este medio sobre las restricciones al acceso a un cuarto del municipio madrileño. De las 16.000 hectáreas (160 kilómetros cuadrados) que componen El Pardo, solo 900 están disponibles para la ciudadanía. El resto del territorio, que incluye el Palacio de la Zarzuela o 39 casas forestales adscritas a la familia real, permanece vallado.
Una situación que ha alcanzado ya al Congreso de los Diputados: Más País-Verdes Equo ha presentado una iniciativa para instar al Gobierno a que prepare una candidatura para convertir el entorno en un Parque Nacional, lo que permitiría abrirlo al público. En los mismos términos se pronunció Rita Maestre, candidata de Más Madrid a la alcaldía de la capital.
“Hay que trabajar en ello”, apuntan desde Patrimonio Nacional, sin especificar más datos sobre una apertura que ha adelantado ABC. La entidad estudia una fórmula que sea eso sí compatible con el la protección medioambiental, aunque no detalla por el momento cómo se llevaría a cabo. El ecologista y biólogo Alejandro Sánchez, fundador de EQUO, remarcaba la necesidad de “hacer compatible su conservación para las futuras generaciones con su utilidad científica y educativa” en un reciente artículo publicado en este diario.
Fuente: Guillermo Hormigo en eldiario.es
Foto portada: El Pardo es uno de los enclaves naturales con mayor biodiversidad animal y vegetal en la Comunidad de Madrid | Ayuntamiento de Madrid

El Monte de El Pardo puede ser Parque Nacional
Fuente: Alejandro Sánchez en eldiario.es
Con ello abriríamos una nueva etapa en la larguísima historia de este hermoso espacio natural, garantizando su futuro y haciendo compatible su conservación para las futuras generaciones con su utilidad científica y educativa
Estos días ha dado mucho que hablar la propuesta de Más País–Verdes Equo de convertir el Monte de El Pardo en un Parque Nacional. No es una idea para nada novedosa. Fernando González Bernáldez, primer catedrático de Ecología de Madrid, ya lo propuso en 1981.
Algunos piensan que si el objetivo es proteger el valor ecológico del espacio, lo mejor es dejar las cosas como están, un coto cerrado en el que nadie puede entrar sin un permiso muy especial. Otros opinan que abrir el Monte al uso público supondría la pérdida acelerada de sus valores naturales. Otros más, que puestos a elegir hay figuras de conservación más adecuadas que la de Parque Nacional. Son opiniones todas muy respetables, y yo estaría casi de acuerdo si la gestión que se hiciera de este enorme cazadero real fuera ejemplar. Pero está muy lejos de serlo, y en todo caso no hay ningún organismo público que la fiscalice como correspondería a un monte público de estas características. Porque no olvidemos que, al contrario que las famosas propiedades de la Corona inglesa como Balmoral, el Monte de El Pardo es patrimonio público, pertenece a todo el pueblo español.
ecapitulemos un momento. El Monte de El Pardo son 16.000 hectáreas propiedad de Patrimonio Nacional, de las que se encuentran cercadas y, de acceso absolutamente restringido, 15.100. El resto están abiertas y cuentan con diversas urbanizaciones, entre ellas Mingorrubio, y varios complejos deportivos y de restauración. Como cazadero real que es desde tiempos de Felipe II, cuenta con un ecosistema de dehesa y bosque mediterráneo relativamente bien conservado, en el que habita una gran densidad de ungulados, ciervos, gamos y jabalíes, y otras especies muy interesantes de fauna y flora. La gran tranquilidad que proporciona lo restringido de su acceso ha propiciado, por ejemplo, la presencia de una importante fauna de carnívoros y rapaces, a destacar por su grado de amenaza el águila imperial y el buitre negro.
El Monte fue protegido como ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) en 1987, pero quedó fuera del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares (1985) que le “abraza” por el norte, este y oeste. La finca “hermana” del Soto de Viñuelas sí forma parte del Parque, pero El Pardo siempre se ha mantenido al margen de las sucesivas administraciones de medio ambiente, primero estatales y luego autonómicas. Esta anomalía se intentó paliar en 1997 con la aprobación de un Plan de Protección Medioambiental, dependiente de Patrimonio Nacional, en el que no interviene ninguna otra administración pública. Se desconocen sus resultados, pero hoy sabemos que en alguna de las fincas se han realizado actuaciones totalmente ajenas a este Plan.
Durante años se ha venido criticando por parte de las entidades conservacionistas la absoluta opacidad de Patrimonio Nacional al respecto. Existen evidentes signos de sobrepastoreo por el exceso de ungulados y, a pesar de la conservación del arbolado, el Monte no tiene ningún uso social o científico, más allá de servir de finca de recreo a la Familia Real. Esto genera una importante distorsión en los planes de conservación de la naturaleza a nivel regional, puesto que el más elemental intercambio de información, como puede ser el seguimiento científico de ejemplares marcados de rapaces, resulta tremendamente difícil por las restricciones impuestas, cuando no imposible.
Es evidente el anacronismo de que exista semejante superficie forestal pública, ajena por completo a la administración competente y sin utilidad social alguna, más allá de proporcionarle casa al Jefe del Estado y su familia, para lo cual evidentemente no necesita 15.000 hectáreas. Con ello se hurta un espacio natural de enorme interés científico y conservacionista de la labor de los investigadores. Podría también formar parte de algunos de los proyectos de conservación más importantes de nuestro país, como es el plan de recuperación del lince ibérico. Y podría suponer, en todo caso, un recurso natural público de primer orden para la educación ambiental de los escolares y jóvenes madrileños y de todo el público en general, que debería poderlo visitar con las limitaciones que estipulen sus órganos de gestión. Siempre con claros objetivos de conservación de sus valores naturales.
Efectivamente, somos conscientes de que, dada su extrema vecindad a la gran urbe de Madrid, sería crítico el plan de uso público. Por supuesto, es imprescindible preservar la tranquilidad del monte, algo que estaría garantizado, por ejemplo, con un régimen restringido de visitas guiadas como el que actualmente funciona perfectamente en Cabañeros o en Doñana, con vehículos todoterreno. Dada la extensa red de carreteras y caminos existente en el Monte, es perfectamente factible diseñar una ruta de visita que permita admirar los valores naturales del Monte sin perjudicar a la fauna, sin afectar por otra parte a la residencia real del Palacio de la Zarzuela y sus aledaños.
Por ello, desde Más Madrid–Verdes Equo proponemos la redacción de un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales con vistas a su máxima protección bajo la legislación española como Parque Nacional. Desde nuestro punto de vista, el que sea un monte público de propiedad estatal, de gran extensión y perfectamente delimitado y protegido por una valla, permite que sea considerado un firme candidato a Parque Nacional, dentro de la Reserva de la Biosfera de la Cuenca Alta del Manzanares, y en cuyo patronato se deberían integrar los tres niveles de la Administración ambiental: Organismo Autónomo Parques Nacionales, Comunidad de Madrid y Ayuntamiento de Madrid.
Con ello abriríamos una nueva etapa en la larguísima historia de este hermoso espacio natural, garantizando su futuro y haciendo compatible su conservación para las futuras generaciones con su utilidad científica y educativa.
Fuente: Alejandro Sánchez en eldiario.es
