Mejores salarios son esenciales para la reconstrucción del país

El empleo de calidad implica, retribuciones justas

Los datos definitivos de la Encuesta Anual de Estructura Salarial de 2018, publicados hoy por el INE, muestran cómo España continúa siendo un país de bajos salarios, determinado por tres factores: la elevada tasa de paro estructural, la alta precariedad laboral y la enorme capacidad unilateral de las empresas para decidir y modificar las condiciones laborales de sus trabajadores y trabajadoras.

Si no se adoptan las medidas adecuadas para que estas situaciones se corrijan, nuestro país continuará teniendo un tejido productivo frágil e inestable, y el empleo será mayoritariamente de baja calidad, incapaz de permitir a una gran parte de la clase trabajadora un nivel de vida suficiente.

La reconstrucción del país, tras el daño causado por la pandemia COVID-19, requiere de la aportación de empleos de calidad, más productivos, seguros y mejor retribuidos, por lo que es imprescindible derogar las últimas reformas del mercado de trabajo y de la negociación colectiva, configurando un nuevo modelo de relaciones laborales coherente con un país más avanzado y con una economía más sostenible y resistente.

En 2018 los salarios perdieron poder de compra, un resultado anómalo

En 2018 el salario medio creció un 1,5% respecto del año anterior. Se trata de un aumento muy moderado, en un año en el que el PIB aumentó por quinto año consecutivo, en este caso un 2%, el empleo lo hizo un 2,3%, y el IPC un 1,7%. Es decir que, a pesar de encontrarse inmersa en plena etapa expansiva, los salarios perdieron dos décimas de poder de compra, lo que supone un resultado anómalo, que pone de relieve los problemas de nuestra economía para generar empleo de calidad.

Este resultado (el escaso crecimiento salarial a pesar de que la economía crece y genera empleo) se debe a la conjunción de tres factores. Primero, a la existencia de una elevada y persistente tasa de paro (un 15,3% en el año de la Encuesta, 2018), lo que genera una enorme presión a la baja sobre los salarios, al existir escasez de empleo en casi todas las actividades. Segundo, a la elevada precariedad laboral, creciente además tras la reforma laboral de 2012, que hace una parte muy elevada del empleo sea temporal, a tiempo parcial de carácter involuntario, con contratos que soportan una elevada rotación y escasas garantías, con un elevado volumen de fraude. Y tercero, por la excesiva capacidad que tienen las empresas para modificar de manera unilateral las condiciones de trabajo de las personas trabajadoras, sobre todo tras la reforma de 2012, que amplió esa discrecionalidad en todos los ámbitos de las relaciones laborales, incluido el salarial, y que dio prioridad a los convenios de empresa frente a los sectoriales, lo que ha supuesto una enorme vía de devaluación salarial y de las condiciones de trabajo de millones de personas asalariadas.

España, un país de bajos salarios.

Los bajos aumentos salariales se suman a una situación generalizada y endémica de bajos salarios en nuestro país. Hay que tener en cuenta que el salario más frecuente en 2018 fue tan solo de 18.468,93 euros,un 23% inferior al salario medio (24.009,12 euros al año). Una vez descontadas las cotizaciones a la Seguridad Social y las retenciones del IRPF, ese salario más habitual en nuestro país es de apenas 1.100 euros al mes (suponiendo un trabajador sin hijos a cargo y con contrato indefinido, y catorce pagas al año).

Además, en la Encuesta Cuatrienal de Estructura Salarial correspondiente a 2018 destacan negativamente los datos de salarios bajos y de desigualdad. Según esta estadística, en 2018 volvió a aumentar un punto el porcentaje de personas trabajadoras cuyos ingresos salariales anuales eran inferiores al SMI, representando el 14,1% del total. Desde 2008 esta cifra ha aumentado en 5,2 puntos porcentuales. También crecieron los que cobran un salario entre una y dos veces el SMI, en dos puntos.

En conjunto, quienes cobran menos de dos veces el SMI han pasado de representar en 2008 el 43,3% del total de personas asalariadas al 51,9% en 2018.En definitiva, en la década 2008-2018 aumentó mucho la población con bajos salarios, incluso en la fase de expansión económica, como consecuencia del aumento de la precariedad laboral en sus múltiples formas, una situación que ha servido para amplificar el impacto negativo de la pandemia COVID-19, y que lastrará la recuperación.

Por todo ello, el aumento del SMI en los últimos años, tal y como hemos venido reclamando los sindicatos -y sobre todo el incremento de 2019 hasta los 900 euros al mes) ha sido una actuación tan importante. Pero no es suficiente. Es necesario que ese salario mínimo se cumpla escrupulosamente en todas las empresas, y que incluso se mejore con salarios mínimos de convenio superiores al mínimo legal.

Porcentaje de trabajadores en función de su ganancia con respecto al SMI

Fuente: Servicio de Estudios de la Confederación UGT a partir de Encuesta Cuatrienal de Estructura Salarial 2018 en contrainformacion.es