Mariano Rajoy alias El Asturiano tendrá su papel protagonista en el juicio de Kitchen | Vídeos

El inspector de Asuntos Internos que dirigió la investigación de los delitos de la Operación Kitchen confirma en el juicio que los acusados buscaban “los papeles que pudieran comprometer” a Rajoy, y no para entregarlos a un juez

El comisario Villarejo a las puertas de la Audiencia Nacional para el juicio de Kitchen / RRSS archivo

Lo bueno de contar con un nutrido grupo de comisarios para vigilar y cuidar los intereses del partido es que es raro que te lleves una sorpresa. No solo cuando están cometiendo los delitos en su caso, sino también, y esto es lo más importante, cuando se investigan. Son gente acostumbrada a enterrar los cadáveres en lugares donde no pueden ser encontrados. En sentido figurado, que no es que los hayan enterrado en el desierto que rodea Las Vegas.

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El juicio de Kitchen inició el lunes las declaraciones de los testigos con la declaración del responsable de la investigación policial de la operación con la que el Ministerio de Interior intentó impedir que el caso Bárcenas dañara al PP. Se trataba del inspector jefe de Asuntos Internos, Gonzalo Fraga. No hubo ninguna gran revelación, pero sí la confirmación de hechos que tienen un valor superior cuando se hacen ante un tribunal que cuando la gente los lee en los medios de comunicación.

Pocas frases más relevantes de esa investigación que un audio grabado por José Manuel Villarejo, el hombre que grababa a todo el mundo, de una conversación que tuvo con el comisario Enrique García Castaño. El primero le dice al segundo que el objetivo es encontrar “los papeles que pudieran comprometer al presidente”, según explicó Fraga al tribunal. Ellos mismos estaban revelando sus verdaderas intenciones y desde luego ni se planteaban revelar esas pruebas a un tribunal.

El inspector confirmó el contenido de los informes policiales que desvelaron conversaciones entre los acusados. Por eso, pudo confirmar que los sospechosos se referían a Mariano Rajoy con el alias de El Asturiano o El Barbas. El testigo mencionó una conversación de Villarejo con el abogado Javier Iglesias –vinculado al PP y apodado El Largo, esta banda contaba con muchos alias– en la que le pedía que hiciera algo de presión sobre El Asturiano para que solucionara un conflicto interno en la Policía.

“Mandó mensaje a Raj” es otra anotación hecha por Villarejo en una evidente referencia a Rajoy.

La primera cita sobre El Asturiano se refiere a alguien con capacidad para cesar a altos cargos de la Policía, por ejemplo al jefe de Asuntos Internos, Marcelino Martín Blas. Rajoy no era el único que podía decidir ese cese. Una conversación de Villarejo con Ana Rosa Quintana dio otra pista. El comisario resumió a la presentadora de Telecinco en qué había consistido la Operación Kitchen y le contó que El Asturiano era el mote que utilizaban para Rajoy.

Entre los indicios que han llevado a este juicio están los informes redactados por el inspector Fraga, en los que los audios de Villarejo indican que la operación policial contra Bárcenas, ocultada a los jueces, fue coordinada por el secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, ‘número dos’ del Ministerio, “con conocimiento de El Asturiano y de El Largo”.

La instrucción realizada por el juez García Castellón en la Audiencia Nacional ni siquiera llamó a declarar como testigo a Rajoy a pesar de estos indicios y de las frecuentes referencias al entonces presidente del Gobierno hechas por los miembros de la trama. En el juicio, Rajoy sí tendrá que comparecer como testigo el 23 de abril con la obligación de declarar la verdad. Por tanto, no debería soltar frases tan falsas como “no hay ningún tribunal que haya afirmado que hubiera una caja B del PP”, lo que dijo en la comisión de investigación de Kitchen en el Congreso.

El inspector jefe tuvo la oportunidad de confirmar varios hechos aparecidos en los informes de Asuntos Internos sobre Sergio Ríos, uno de los personajes tan estrafalarios como peligrosos que protagonizan el juicio. Ríos disfruta del tipo de currículum que podía interesar a Villarejo para los negocios sucios. Por eso, fue colocado como chófer de la familia Bárcenas con el fin de contar con un topo que pudiera facilitar información sobre el tesorero del PP y hacerse con documentos molestos para el partido.

El pasado de Ríos es de nota. Fue portero de prostíbulo y esa experiencia le debió de valer después para hacer de guardia de seguridad de la Ciudad de la Justicia, el proyecto malogrado de Esperanza Aguirre para levantar numerosos edificios para la Administración de Justicia que solo pudo construir uno. A partir de ahí, demostró su valor para el PP. Fue chófer del vicepresidente madrileño Francisco Granados, que acabó en prisión preventiva por un caso de corrupción.

La trama de Kitchen lo enroló para la causa. Sea por lo del prostíbulo, el tiempo que pasó como segurata privado o por las películas que vio de pequeño, Ríos quería entrar en la Policía, lo que a su edad le quedaba un poco lejos. Pero había que complacerle para que cumpliera su misión de espía en la familia Bárcenas. Por eso, los de Kitchen lo metieron en la Policía sin importarles sus malas notas en los exámenes de acceso. Entre ellos, se contaron que así lo tendrían más controlado. “Dicen que meten a Ríos en la Policía Nacional para tenerlo trincado”, explicó el inspector de Asuntos Internos en el juicio.

El inspector también confirmó que entre los favores concedidos a Ríos estaba uno muy singular. El nivel de impunidad con el que se manejaban Villarejo y otros mandos policiales llegaba al punto de que le entregaron un arma a Ríos sin que se sepa muy bien para qué la necesitaba. Y no es que le buscaran un revólver de calibre reducido. Adquirieron una pistola Glock por 700 euros en una armería de Madrid y le dieron la correspondiente licencia de armas.

Ríos cobró 44.000 euros entre 2013 y 2015 de los fondos reservados en todo el tiempo que trabajó para la trama de Kitchen. El fiscal pide para él más de ocho años de prisión.

El juicio ofrece un contraste llamativo con las acusaciones habituales del Partido Popular a Pedro Sánchez de querer interferir en el funcionamiento de la justicia con el fin de favorecer a su esposa y a su hermano. Eso es exactamente lo que intentaron hacer los miembros de la cúpula policial cuando pretendían localizar “los papeles” de Bárcenas que perjudicaban a Rajoy.

Kitchen es un caso de corrupción política por la red de espionaje montada en beneficio del PP. También es un caso de corrupción económica por el presunto uso ilegal de los fondos reservados. Aunque algunos hayan llamado “policía patriótica” a este grupo de políticos y policías, es probable que su única patria sea la del dinero.

Fuente: Iñigo Sáenz de Ugarte en eldiario.es

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Fuente: Pedro Águeda en eldiario.es

“No suelo entrar en valoraciones subjetivas”: el policía investigador del caso Kitchen relata “hechos” sin especular

El inspector jefe Gonzalo Fraga declara en el juicio y expone durante siete horas los indicios contra los acusados del espionaje a Bárcenas con fondos reservados: cita de memoria números de informe, fechas de grabaciones de Villarejo, de anotaciones en la agenda del comisario y entrecomillados de su contenido

Declaración de Fraga en la Audiencia Nacional.

“No suelo entrar en consideraciones y valoraciones subjetivas. Procuro evitarlo como regla general. En este y otros procedimientos. Entiendo que no me corresponde hacerlas, sino trasladar los hechos al juez y al fiscal en fase de instrucción, salvo algunas conclusiones que se desprendan solas. También procuro tomar textos que dicen los propios investigados. Trato de aportar lo mínimo de cosecha propia”. 

El máximo responsable policial del caso Kitchen, el inspector jefe de la Unidad de Asuntos Internos Gonzalo Fraga, ha respondido así durante el juicio a una pregunta sobre el hecho de que sus informes no contengan un apartado de conclusiones. Fraga, además, acierta al hacer las cuentas, evita exponer inferencias, no necesita un compañero que le asista en sus declaraciones judiciales, tampoco tiene que rectificar afirmaciones de sus atestados y evita recurrir a los adjetivos para magnificar la importancia de los datos que obtiene. 

A cambio no le colocan el calificativo de “prestigiosísimo” en determinados digitales y comparecencias como la suya de este lunes en el juicio de Kitchen no se convierten en acontecimientos mediáticos. Tampoco provoca murmullos y risas en la sala, a diferencia del momento del juicio al anterior fiscal general en que el teniente coronel Antonio Balas, de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, negó realizar “investigaciones prospectivas”. Cuando Balas colgó en un informe el adjetivo de “preeminente” al papel del ex fiscal general en la filtración, Álvaro García Ortiz ya empezó a estar condenado. 

En Kitchen, Gonzalo Fraga elaboró informes a petición del juez, previa propuesta de los fiscales. Identificó como ‘El Barbas’ o ‘El Asturiano’ a Mariano Rajoy cuando el juzgado le pidió que aclarara esas numerosas alusiones entre el material incautado al comisario Villarejo. Y de acuerdo con los fiscales Anticorrupción, dejó a ellos la iniciativa de proponer diligencias. En su declaración de este lunes –sin adjetivos, ni inferencias y tampoco aproximaciones– fue enumerando y desarrollando los indicios que acorralan a los diez acusados del espionaje a Luis Bárcenas con cargo a los fondos reservados. 

Fraga ha hablado de memoria durante las primeras siete horas de declaración: el martes continuará. Ha citado números de atestados, fechas de anotaciones en la agenda de Villarejo, otras de grabaciones realizadas por el comisario y ha reproducido textuales de ambas. En ocasiones, los abogados comenzaban a formularle una pregunta y se ponían a buscar, entre sus papeles, el documento al que aludían. Antes de que terminaran, el inspector jefe les adelantaba el texto por el que le querían preguntar. 

En un momento dado, la Fiscalía ha abordado la participación en Kitchen de la Unidad de Asuntos Internos en tiempos del Gobierno del Partido Popular. Gonzalo Fraga ha explicado que las vigilancias a la familia Bárcenas fueron realizadas por una unidad dependiente de la Comisaría General de Información y cómo descubrió que no fue la única. Fraga leyó los partes de vigilancias a la familia Bárcenas que fueron desclasificados por el Gobierno y reparó en la matrícula de uno de los vehículos policiales. “Yo conozco ese coche porque lo he utilizado. Y sé que es de la Unidad de Asuntos Internos”, ha asegurado. Y a continuación ha recitado de memoria la matrícula del coche, uno de las decenas del Cuerpo que habrá utilizado durante su carrera.

elDiario.es ha contactado en los últimos días con profesionales de tres ámbitos distintos de la investigación para preguntarles por Gonzalo Fraga. Todos han coincidido en destacar de él cualidades que este medio no va a reproducir por innecesarias: están llenas de adjetivos elogiosos. Pero una de esas personas aportó un dato: Fraga estudió y aprobó el ascenso a inspector jefe al mismo tiempo que ejercía de investigador principal del caso Villarejo y sus decenas de piezas separadas. 

Detrás de Fraga se encontraban este lunes unos perfiles de policías diferentes al suyo. Todos los miembros de la brigada política fueron recompensados con medallas pensionadas y/o destinos de más de 10.000 euros mensuales como pago por sus servicios al Partido Popular. Un caso paradigmático es el de Andrés Gómez Gordo, que ha dejado la Policía dos veces para trabajar para el PP y participó en el saqueo de dinero público de la Ciudad de la Justicia de Madrid, por lo que está condenado en primera instancia. En Kitchen, Gómez Gordo se puede permitir que le defienda el mismo despacho que representa a Julio Iglesias.

El inspector jefe Gonzalo Fraga tiene dos medallas rojas, también pensionadas. Se le concedieron en 2018 y 2021. Esta recompensa fue posible por la costumbre en la Policía de orillar la ley y premiar actuaciones destacadas sin necesidad de que el agente haya puesto en riesgo la vida, que es la condición que pone el texto legal que las regula. A Fraga se las concedieron por investigar a Villarejo y a los miembros del ‘club de los diezmileuristas’ que tenían sentados este lunes tras de él, los protagonistas de la última guerra sucia (sin muertos) en España. 

Fuente: Pedro Águeda en eldiario.es

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