Madrid y las discriminaciones del coronavirus: la casa

Ya sea en el confinamiento total o en las cuarentenas obligadas, la vivienda se ha convertido en el principal escenario de lucha contra el covid-19. En los barrios y distritos del Sur y Sureste de Madrid, las peores condiciones de habitabilidad han favorecido la expansión del virus. 

La vivienda particular se ha convertido en el principal escenario de lucha contra la expansión del coronavirus, especial y evidentemente durante el período de confinamiento total obligado, pero también después a raíz de la medida de permanecer en cuarentena cuando se ha estado en contacto con alguien contagiado o de la recomendación general de ‘quedarse en casa’.

También las duras restricciones del ocio y la sociabilidad que son los cierres sobre sí mismos de amplias zonas de los distritos más afectados de Usera, Villaverde, Puente de Vallecas y Carabanchel, así como de algunas zonas de los distritos de Villa de Vallecas, Vicálvaro y Ciudad Lineal sitúan la casa como centro no ya solo articulador, sino concentrador de la vida. Pasar la mayor parte del tiempo en casa, ya sea confinado o no, y que esto sea, a la vez, ‘saludable’, cómodo y efectivo contra el contagio, depende altamente del número de convivientes, el tamaño, la distribución y el equipamiento de la vivienda que cada persona o familia se puede permitir (en el caso de que pueda permitirse alguna).

CARACTERÍSTICAS DE LA VIVIENDA POR DISTRITOS

La dificultad de ponerse en cuarentena individual en el hogar (con el consecuente incremento del riesgo de contagio a los convivientes) crece a medida que aumentan el número de personas, y disminuyen el número de habitaciones y la superficie de la vivienda. En ese sentido, es interesante medir el grado de hacinamiento residencial por distrito. El “Estudio sobre la gestión de la vivienda en el Ayuntamiento de Madrid”[1] considera hacinamiento las situaciones en las que más de dos personas ocupan el mismo dormitorio y aquellas en las que la vivienda dispone de menos de 10 metros cuadrados (“hacinamiento severo”) o entre 10 y 15 m2 (“hacinamiento moderado”) por persona que la habita. La “condición mínima aceptable” es de 15m2 o más por persona (a partir 45m2 por persona se considera “infrautilización del espacio”).

Se observa, entonces, que los distritos en los que se da una cantidad mayor de hogares en los que las personas viven hacinadas son, en orden descendente, Puente de Vallecas (18,2% del total de hogares habitados del distrito con hacinamiento severo o moderado), Villaverde (17,69%), Usera (16,23%), Vicálvaro (15,75%) y Carabanchel (15,49%), superando todos el 15%. Puede afirmarse con gran certeza que, al menos en esas viviendas, los residentes, cuando ha habido entre ellos algún caso confirmado de coronavirus, no han podido aislarse entre sí y muy probablemente ha resultado contagiada toda la unidad doméstica.

En el mismo sentido, proporcionando un dato más amplio (aunque menos preciso), el Ayuntamiento de Madrid ofrece un indicador de la distribución de la infravivienda por distritos en base al número de informes emitidos por ‘deficiencia de las condiciones de habitabilidad’ (anomalías estructurales, hacinamiento, iluminación o ventilación escasas, carencia de instalaciones básicas, entorno deteriorado y/o inadecuado de la vivienda)[2]. Los distritos en los que más informes se emitieron al respecto son Puente de Vallecas, Carabanchel y Villa de Vallecas y, proporcionalmente (por cada 50.000 hogares), Puente de Vallecas, Vicálvaro y Villa de Vallecas, siempre en orden descendente.

Mientras que en Fuencarral-El Pardo el tamaño medio de la vivienda es de 104,35 m2, Puente de Vallecas cuenta con las viviendas más pequeñas de Madrid (67,53 m2 de media), seguido por Carabanchel (67,70 m2) y Villaverde (71,34 m2)

El número de miembros por hogar en Usera es el más alto de la ciudad de Madrid (2,8 de media). Le siguen Villaverde (2,79) y, sólo después de Fuencarral-El Pardo (2,72), Puente de Vallecas (2,65) y Carabanchel (2,62). Aunque las diferencias no son demasiado relevantes, siendo la media madrileña de 2,53 miembros por hogar, puede resultar más significativa a medida que se van teniendo en cuenta otros datos.

Así, la superficie media en metros cuadrados de las viviendas por distrito permite observar que estos cuatro distritos se cuentan entre los que tienen, de media, las casas de menor tamaño de la ciudad. Mientras que en Fuencarral-El Pardo el tamaño medio es de 104,35 m2, Puente de Vallecas cuenta con las viviendas más pequeñas de Madrid (67,53 m2 de media), seguido por Carabanchel (67,70 m2) y Villaverde (71,34 m2). Usera (77,94 m2), por otro lado, se compone en general por viviendas de mayor tamaño en comparación con algunos distritos históricamente más deprimidos de la Almendra Central (Centro, Arganzuela y Tetuán) o tradicionalmente obreros de la periferia urbana (Latina, Moratalaz, Ciudad Lineal), pero no deja de estar por debajo de la media madrileña de 83,76 m2.

En relación al número de dormitorios por vivienda[3], en toda la ciudad predominan las de dos o tres dormitorios, pero mientras que en la almendra central se da una mayor polarización, con más viviendas de uno o de cuatro o más dormitorios, y en la periferia norte existe una mayor proporción de viviendas grandes (cuatro o más dormitorios), hasta un 83,67% de las viviendas de la periferia sur[4] cuenta con dos o tres dormitorios, lo cual aumenta hasta 86,33% en el caso de Usera.

Así, más allá del hacinamiento que una proporción de los residentes (por lo demás, muy significativa) sufre, puede afirmarse que, en general, el confinamiento en los distritos del sur se ha hecho en peores condiciones: mayor número de convivientes, casas más pequeñas en superficie y, hasta cierto punto, también en dormitorios o, al menos, con un número de dormitorios menos adaptable a la diversidad de las unidades domésticas. Si ello reduce (y en muchos casos imposibilita), sin duda, la efectividad de una cuarentena individual en el propio hogar, no es menos cierto que también dificulta la posibilidad de mantener, digamos, el ‘espacio vital’ de cada persona, condicionando el desempeño de sus tareas y funciones cotidianas, pero también su comodidad y bienestar. En los distritos del sur descritos es, por lo tanto, menos común que cada persona residente de la casa disponga de una habitación enteramente para sí o de espacios diferenciados en función de las distintas actividades diarias, algo muy importante, al menos, en lo tocante a la separación de trabajo/estudio y ocio y descanso.

DISTRIBUCIÓN RESIDENCIAL DE LOS INMIGRANTES POR DISTRITOS

El entrecruzamiento de las desigualdades es algo que, en muchos casos, se refleja perfectamente en espacios segregados, de tal manera que en muchos barrios de los distritos del sur que nos ocupan conviven los tres grupos clásicos de segregación urbana: grupos de menores recursos económicos, minorías étnicas y grupos de inmigrantes. Los inmigrantes por razones económicas parten de una gran vulnerabilidad, no solo por su situación previa a la llegada al país receptor, que, generalmente, se entiende precaria o incluso de exclusión, sino también por las dificultades que encuentran a su llegada (entre otras, “la falta de reconocimiento de las credenciales y cualificaciones extranjeras, la discriminación racial o étnica [pero también, en general, por la condición de extranjero], los prejuicios en el entorno del trabajo, la falta de acceso a viviendas asequibles [o] la falta de una formación lingüística adecuada”[5]. La distribución residencial de los inmigrantes en la ciudad de Madrid es claramente selectiva, y se concentra, principalmente en los distritos del sur de la ciudad.

Se observa, además, que la proporción de extranjeros es también especialmente alta en Tetuán y Centro. La diversidad en la almendra central es muy superior a la del resto de zonas de Madrid en todo, también en cuanto a la presencia de personas de otras culturas. En este caso, ello puede explicarse por varias razones: por una parte, no todos los extranjeros residentes han migrado por razones económicas. Por otra, tanto algunos barrios de Centro como Tetuán (junto a Arganzuela) han sido históricamente lugares relativamente deprimidos u obreros, con precios de la vivienda más bajos, lo cual, junto a la mayor proporción del alquiler, muy superior a la del resto de zonas[6], permite explicar la mayor implantación de inmigrantes en estos lugares.

Si bien el precio de la vivienda en estos distritos, tanto en propiedad como en alquiler, ha crecido exponencialmente en las últimas décadas (y, especialmente, en los últimos años), de tal manera que actualmente la vivienda en todos los distritos de la almendra central es significativamente más cara que en el resto de la ciudad (a excepción de Moncloa-Aravaca, cuyos precios superan a Arganzuela y Tetuán), dos razones pueden explicar todavía la implantación de inmigrantes socioeconómicamente precarios en esas zonas: por un lado, la previa presencia de personas de su mismo origen, una estrategia muy extendida a la hora de migrar debido a la inexistencia de redes familiares y sociales previas en el país receptor, conformándose así un proceso segregativo.

Desde hace ya tiempo, las pautas de localización de los recién llegados apuntan a un abandono de los distritos centrales como lugar de residencia en favor de las zonas más asequibles del sur de la ciudad de Madrid

Cabe señalar que este tipo de segregación no es por sí misma negativa, se trata, más bien, de una cuestión de apoyo mutuo. Se vuelve problemática precisamente cuando se combina con la pobreza, por cuanto puede conducir “directamente a la exclusión social de las generaciones futuras”[7]. Por otro lado, las estrategias de exclusión residencial: por ejemplo, “el hacinamiento en viviendas en alquiler distribuidas por toda la ciudad” o “la ocupación de viviendas en condiciones precarias pero en zonas de alto valor social”, un proceso que, si bien palia la segregación, en absoluto disminuye la exclusión social[8]. En cualquier caso, desde hace ya tiempo, las pautas de localización de los recién llegados apuntan a un abandono de los distritos centrales como lugar de residencia en favor de las zonas más asequibles del sur.

Tanto la concentración espacial por nacionalidad como las estrategias residenciales mencionadas son algo que, por otra parte, se da igualmente entre los inmigrantes de los distritos del sur. Como se puede observar en los gráficos, esta población se distribuye a lo largo de toda la periferia sur (más Ciudad Lineal) y se concentra, especialmente, en los cuatro distritos de menor renta: Usera, Carabanchel, Puente de Vallecas y Villaverde, en gran parte como consecuencia de los precios de la vivienda, así como de su tamaño y tipología.

Siendo el precio medio de la vivienda de los más bajos de la ciudad, junto al hecho de tener las viviendas de menor tamaño, en estos distritos se pueden encontrar las casas más baratas. Además, hay una tendencia clara a la mayor concentración por hogar de los extranjeros. En el total de la Comunidad de Madrid, casi el 60% de los hogares formados por inmigrantes cuentan con cuatro o más miembros (de los cuáles casi un 20% está compuesto por más de cinco miembros), y hasta un 13% de los hogares están compuestos por dos o más familias, proporciones que son muy inferiores en el caso de hogares compuestos por españoles (respectivamente, 30,9% y 0,35%)[9]. El hacinamiento es, por lo tanto, una realidad que afecta más a los inmigrantes que a las personas con ciudadanía española.

Todas estas estrategias residenciales son el resultado de la limitación de recursos socioeconómicos pero específicas, como vemos, de la población inmigrante. Tal y como se entiende claramente por lo que se viene exponiendo, estas características habitacionales reducen tanto la efectividad contra el contagio como el bienestar y la salud posibles durante la estancia en casa obligada.

La casa adquiere un protagonismo fundamental durante la pandemia, como centro no ya solo articulador, sino concentrador de la vida, de todas sus dimensiones. Durante un confinamiento, condiciona el trabajo y la educación, pero también el bienestar físico y psicológico de las personas, su posibilidad de descanso y relajación, de entretenimiento, de autorrealización… Condiciona enteramente, aunque sea de manera provisional, lo vivible de la vida de las personas. En ese sentido, el contraste entre un apartamento en un barrio tradicionalmente obrero de la periferia sur (pongamos Usera) y un barrio de viviendas unifamiliares con jardín en la periferia norte (pongamos Aravaca) es abismal. La propia casa, cuyas características diferenciales según grupos sociales son, en principio, consecuencia de las desigualdades sociales, se convierte aquí en causa directa del incremento de esas desigualdades.

[1] Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo y Universidad Politécnica de Madrid, Estudio sobre la gestión de la vivienda en el ayuntamiento de Madrid, Madrid, Ayuntamiento de Madrid, 2018.

[2] Departamento de Salud Ambiental del Ayuntamiento de Madrid, Infravivienda por distrito y número de hogares, Madrid, Ayuntamiento de Madrid, 2018.

[3] Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo y Universidad Politécnica de Madrid, op.cit., pp. 16-17.

[4] Sigo la ya clásica división territorial de los distritos de Madrid en tres grandes zonas con características relativamente comunes (especialmente en el caso de las periferias): almendra central (Centro, Arganzuela, Retiro, Salamanca, Chamartín, Tetuán y Chamberí), en el espacio delimitado por la M-30, periferia sur (Latina, Carabanchel, Usera, Puente de Vallecas, Moratalaz, Villaverde, Villa de Vallecas, Vicálvaro, San Blas-Canillejas), al sur de la A5, la M30 y la A2, y , periferia norte (Moncloa-Aravaca, Fuencarral-El Pardo, Ciudad Lineal, Hortaleza y Barajas). El distrito de Ciudad Lineal es el único que no respeta esta división, tanto a nivel geográfico, por cuanto se sitúa a ambos lados de la A2, como en función de sus características socioeconómicas, pues en muchos aspectos se acerca más a los distritos del sur. Empresa Municipal de Vivienda y Suelo y Universidad Politécnica de Madrid, op.cit., p. 11.

[5] Papillon, 2002, cit. en Área de Coordinación Territorial y Cooperación Público-Social y Universidad Carlos III de Madrid, Metodología para la elaboración del índice de vulnerabilidad territorial de barrios y distritos de Madrid y ranking de vulnerabilidad, Madrid, Ayuntamiento de Madrid, 2020.

[6] Empresa Municipal de Vivienda y Suelo y Universidad Politécnica de Madrid, op.cit.

[7] Papillon, 2002, cit. en Área de Coordinación Territorial y Cooperación Público-Social y Universidad Carlos III de Madrid, op.cit.

[8] J. Leal y M. Domínguez, “Transformaciones económicas y segregación social en Madrid”, en Ciudad y Territorio. Estudios Territoriales, XL(158), 2008, pp. 703-725, aquí p. 723.

[9] Ayuntamiento de Madrid, Distribución y condiciones de vida en la población inmigrante en la Ciudad de Madrid, Madrid, Ayuntamiento de Madrid, 2005.

Fuente: Cristina Pineda Huertas en elsaltodiario.com
Foto Edu León