- La evidencia científica generalizada apunta que han aumentado las poblaciones de medusas
- Este incremento no es uniforme y hace falta estudiarlo más y durante más tiempo
- El cambio climático y las actividades humanas proporcionan las condiciones ideales para que proliferen las medusas

Es muy posible que en los últimos años hayas ido a la playa y te hayas encontrado un nada simpático animal marino gelatinoso. ¿Es pura coincidencia o realmente hay más medusas en las aguas de nuestro planeta? La literatura científica apunta a que sí, hay más medusas, y a que las consecuencias del cambio climático y de la actividad humana favorecen su presencia. También hay que decir que este aumento no es uniforme (no ocurre en todas las especies de medusas ni en todos los ecosistemas) y que se sigue investigando las características de estos animales y sus poblaciones.
Una revisión de trabajos científicos publicada en 2012 analiza las poblaciones de medusas en 66 grandes ecosistemas marinos y estudia cómo han variado sus poblaciones desde 1950. La conclusión principal es que sí, la presencia de medusas es mayor en la mayoría de estos ecosistemas.
Ahora bien, los estudios que analizan estas poblaciones varían mucho entre sí, así que los autores evalúan cómo de seguros están de sus conclusiones. Por ejemplo, dicen que en el mar de Bering, en el océano Antártico y en la corriente de Benguela se sabe con un alto grado de certeza que hay más medusas; del Mediterráneo dicen que hay un aumento, pero con bajo grado de certeza. Esta otra revisión de 2012 apunta que la cantidad de medusas sí se ha incrementado en el Mediterráneo, pero que no es un aumento uniforme. Además, este impacto se estudia de manera diferente dependiendo de las especies (nativas o invasivas, con o sin impacto en la salud humana) y según la región del Mediterráneo
En cambio, un trabajo de 2012 emplea bases de datos que abarcan grandes rangos temporales y sugiere que no hay evidencias “robustas” de que haya aumentado el número de medusas. Indica que las poblaciones de estos animales oscilan en periodos de 20 años y pide más monitorizaciones a largo plazo para esclarecer esto.
Con aumento o no, sí que está claro que el cambio climático y actividades humanas traen condiciones ideales para las medusas. En este artículo del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico de España se detallan algunas de las causas que pueden hacer aumentar las poblaciones de medusas:
Precipitaciones: si llueve menos en invierno, las aguas costeras estarán más saladas al recibir menos aporte de agua dulce de ríos. Esto se traduce en que no hay tanta diferencia de densidad entre la costa y mar abierto, lo que favorece que las medusas puedan flotar mejor y que se acerquen a zonas de baño.
Aumento de temperatura del mar: en escenarios en los que la temperatura del agua de la costa y del mar abierto son diferentes, las corrientes acuáticas dificultan la presencia de medusas en la orilla (las arrastra mar adentro). Sin embargo, con temperaturas similares, la fuerza que las corrientes ejercen sobre los bancos de estos animales es menor, por lo que es más sencillo que lleguen a tierra.
Contaminación por vertidos de petróleo: las bacterias que pueden degradar estos hidrocarburos proliferan y sirven como alimento al plancton animal, que a su vez es el principal alimento de las medusas.
Sobrepesca: algunos peces y medusas compiten por el mismo tipo de plancton animal, por lo que la explotación no sostenible de peces hacen que esta competición sea favorable para las medusas. A su vez, la sobrepesca puede reducir algunos animales que tienen a las medusas como alimento, como atunes, peces espada o el bonito.
Qué hacer y qué no si te pica una medusa
¿Has oído alguna vez que si te pica una medusa tienes que aplicar vinagre? ¿O que la orina sirve para aliviar el escozor? Pues estos remedios, en realidad, pueden resultar contraproducentes, por lo que sería recomendable evitarlos. Si te pica este animal, lo más aconsejable es lavar la zona con agua salada (por ejemplo, del mar), retirar los filamentos adheridos a la piel con unas pinzas y, en el caso de que el estado del paciente empeore, acudir a un especialista.
Alejandro Blanco, enfermero experto en urgencias y emergencias del Consejo General de Enfermería, explica a Maldita.es que cuando decimos que nos pica una medusa, lo que en realidad ocurre es que este animal “deja una sustancia urticante en la piel que genera una reacción inflamatoria y dolorosa”.
La reacción es diferente en cada paciente, “al igual que ocurre por ejemplo con la picadura de una avispa”. Es decir, hay personas muy sensibles que tienen mucha reacción y otras a las que apenas les afecta.
La gravedad de la picadura dependerá de la superficie de contacto, la tolerancia de la persona y la especie de medusa, según cuenta a Maldita.es Roberto Barcala-Furelos, coordinador del grupo de trabajo de socorrismo acuático basado en evidencias de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias.
Para la doctora Concha Flores, miembro del grupo de trabajo de urgencias y emergencias de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), es fundamental vigilar que no haya medusas cuando nos vamos a sumergir en el agua. Sus picaduras, según cuenta a Maldita.es, “suelen tener un curso benigno (que no es grave) provocando una reacción en la piel caracterizada por dolor, quemazón y enrojecimiento”.
¿Qué debemos hacer si nos pica este animal? En caso de contacto con la piel, Flores recomienda lavar la zona con suero fisiológico o, en su defecto, con agua salada. Hay que evitar el agua dulce, según Blanco, ya que puede empeorar la liberación de toxinas y con ello la reacción. Flores indica que también habría que retirar los filamentos adheridos a la piel “con unas pinzas o doble guante, y nunca directamente con nuestras manos”.
El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha publicado una guía de identificación de especies y protocolos de actuación en caso de picadura. En ella, recomienda aplicar una solución de bicarbonato y, más tarde, poner en la zona hielo seco durante 15 minutos (con intervalos de aproximadamente tres minutos de aplicación y dos de descanso).
Esta última recomendación se puede seguir de forma general con una picadura de cualquier tipo de medusa. Pero, en el caso de que sea de la llamada carabela portuguesa (Physalia physalis) y seas capaz de identificarlo, sería mejor aplicar calor (entre 40 y 45 grados) durante 15 minutos.
De entre las especies de medusa que podemos encontrar en las costas españolas, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico señala que la carabela portuguesa es posiblemente la más peligrosa. “Esta medusa es reconocible por su color de tono violeta en forma de vela, y por sus largos tentáculos de color azulado”, afirma Barcala-Furelos, que insiste en que “su picadura puede ser muy tóxica”.
Por último, habría que vigilar cómo evoluciona el paciente: “Si persiste el dolor o aparece cualquier dificultad para respirar, pérdida de orientación o cualquier circunstancia que empeore su estado, busque ayuda médica”.
En Internet abundan muchísimos otros remedios, pero gran parte de ellos carecen de evidencia científica y podrían empeorar la picadura. Por ejemplo, según Barcala-Furelos, no es aconsejable aplicar amoniaco y alcohol, ya que “podría activar una mayor descarga de toxicidad”.
Tampoco sería recomendable “lavar la zona con agua del grifo, cubrirla, frotarla ni aplicar vinagre”. Un estudio publicado en la revista Toxins concluye que el uso de vinagre no puede recomendarse universalmente. Los investigadores se dieron cuenta de que aplicarlo en picaduras de algunas medusas puede resultar contraproducente y empeorar el dolor. También os hemos explicado por qué orinar sobre una picadura de medusa no es la mejor forma de aliviar el escozor.
Fuente: maldita.es
