- La batalla por las redes sociales ya no es simbólica: la derecha y la extrema derecha han logrado dominar los algoritmos que deciden qué ven, piensan y sienten millones de jóvenes en el Estado Español

Según el Reuters Institute y la Universidad de Oxford, casi la mitad de los jóvenes españoles —un 44 % entre 18 y 24 años— se informa principalmente a través de plataformas de vídeo. No abren periódicos ni ven telediarios: abren TikTok, Instagram o YouTube. Y allí, quien marca el relato es la derecha.
Lo que comenzó como un espacio de libertad y expresión plural se ha convertido en un campo de batalla programado por el algoritmo, que premia la emoción sobre la reflexión, la provocación sobre el análisis. Y en esa lógica, la extrema derecha juega con ventaja.
Mensajes simples, visuales, cargados de rabia o sarcasmo, se viralizan con facilidad. Los discursos matizados, complejos o pedagógicos —más propios de la izquierda— apenas sobreviven al ritmo frenético del scroll. Como explica la politóloga Anna López Ortega, “la lógica emocional coincide con las estrategias comunicativas de la derecha y la extrema derecha. Ellos saben explotar el algoritmo, mientras la izquierda sigue intentando razonar con él”.
No se trata solo de suerte o casualidad. La derecha ha comprendido que las redes no son un espacio de debate, sino de influencia emocional masiva. Sus comunidades digitales replican mensajes con disciplina, coordinan campañas de desinformación y convierten memes en ideología. El resultado: un ecosistema digital cada vez más reaccionario, donde la palabra “libertad” se manipula y se redefine para justificar discursos de odio o autoritarios.
La consecuencia es tan inmediata como preocupante. Millones de jóvenes están construyendo su identidad política a través de contenidos simplificados y manipulados. Si la izquierda quiere volver a conectar con la juventud, debe dejar de lamentarse y empezar a actuar. Es necesario tomar la iniciativa con creadores digitales, estrategias narrativas poderosas y una presencia constante en los espacios donde se está librando la guerra cultural.
Fuente: kaosenlared.net
