La ausencia de rastreo en Madrid determinará la evolución de la pandemia

Galicia empezó a cabalgar la segunda ola un mes antes que Madrid y puede ser su espejo al compartir estrategias de gestión: un misterioso insuficiente número de rastreadores y confinamientos por áreas sanitarias siguen sin atajar, tres meses después, brotes que mantienen al alza la curva

Rastreadores, técnicos de laboratorio y tasa de incidencia. Tres datos cruzados en territorios que se sumaron a la segunda ola a distinta hora y la cabalgan a diferente ritmo indican que la gestión de la pandemia está íntimamente relacionada con dos puntos clave: rastreadores y tests. ¿Funcionará el confinamiento de Madrid para doblegar la disparada tasa de contagio? 

Galicia empezó un mes antes —4 de julio— a registrar brotes. Tres meses después, a pesar de imponer confinamientos selectivos e incluso prohibiciones que vulneraron el derecho a voto en las elecciones autonómicas de julio, la curva sigue al alza y con brotes en Ourense. El número de rastreadores es un misterio y, sea el que sea, es insuficiente. Madrid presenta las mismas características —sin rastreadores, con confinamientos—, pero a lo grande: una tasa de incidencia acumulada en 14 días de 540 casos por 100.000 habitantes, frente a los 275 casos de Galicia, según los datos disponibles ayer en el Ministerio de Sanidad. 

“No sé cuántos rastreadores hay en Madrid, lo único que puedo asegurar es que a ninguno de mis pacientes les ha llamado un rastreador desde marzo”, advierte la médica de familia Cristina Sanz, que pasa consulta en Vallecas

El Salto ha solicitado a cuatro consejerías de distinta bandera política las cifras de rastreadores. Tres han contestado. La Consejería de Sanidad de Madrid ha optado por ocultar información a la prensa. ¿Serán 800 como ha afirmado públicamente la presidenta de la comunidad, Isabel Díaz Ayuso? “No lo sé, lo único que te puedo asegurar es que a ninguno de mis pacientes les ha llamado un rastreador desde marzo”, advierte la médica de familia Cristina Sanz, que pasa consulta en Vallecas, en uno de los centros de salud que goza del dudoso honor de tener una de las tasas de incidencia más altas de Europa. 

Las gráficas del Ministerio de Sanidad del número de positivos muestran que la segunda oleada arrancó alrededor del 13 de julio en tres territorios costeros: País Vasco, Andalucía y País Valencià. Y aún antes en Aragón —4 de julio—, por brotes en empresas cárnicas de Huesca.

Aragón presenta ahora una curva meseteada, similar a la de Catalunya, territorio que en junio informó de siete brotes en Lleida.

CATALUÑA: PILAS CON RETRASO

A Catalunya le costó ponerse las pilas. A partir del 20 de junio, Jorge Binimelis estuvo confinado por el positivo de una compañera de trabajo. “¿Rastreo? ¿Qué rastreo?”, se ríe. Los tres compañeros más próximos a ella llamaron a sus respectivos centros de salud. La situación ha cambiado drásticamente: a 9 de octubre, Catalunya dispone de 1.328 gestores covid, 360 de seguimiento telefónico, 306 para los centros escolares y 240 profesionales para el seguimiento epidemiológico. Esta semana, la consellera, Alba Vergés, ha anunciado la incorporación de otros 600 rastreadores.

A mediados de julio, Catalunya incorporó la figura del gestor covid: uno por la mañana, otro por la tarde, dos administrativos del centro de salud se ocupan de rastrear los contactos de un positivo

Por si acaso los números solo son números, o ficciones, la médica de familia Marta Moya confirma la existencia de gestores en su ambulatorio de Barcelona, uno a la mañana, otro a la tarde. Los sanitarios de Atención Primaria reclamaron en verano esta figura. “Antes éramos nosotras quienes pedíamos a los pacientes sus contactos más directos y los pasábamos a los scouts —la polémica subcontrata de la Generalitat con la que pretendía externalizar las llamadas del rastreo—. Los scouts eran insuficientes, solo llamaban a los teléfonos que les pasábamos, no rastreaban, nadie lo hacía en profundidad. Ahora son administrativos del centro quienes destinan el 100% de su jornada a esta labor”, indica.

Regirse por el principio de voluntad aplicado a sanitarios sobreexplotados es lo que sigue ocurriendo en Madrid. “Cuando terminamos las extracciones, las tensiones, los sintrones, las diabetes y las curas, con el tiempo que nos queda, hacemos llamadas”, explica el enfermero Joaquín Villena, que trabaja en un centro de salud de Getafe. 

PAÍS VALENCIÀ: RASTREAR O MORIR

En el País Valencià y el País Vasco, el verano fue caótico, con una sensación constante de hay que tener cuidado, después de que aparecieran los primeros casos, fruto de reuniones familiares y mambo nocturno (una discoteca de Peníscola, un camping de Zarautz, por ejemplo). Sus respectivas unidades de Salud Pública realizaron tests masivos en Peníscola, tras agotar la vía del rastreo personal y detectar transmisión comunitaria, y confinaron el camping guipuzcoano, además de practicar PCR a todos los campistas. 

Aún así, esos primeros brotes (que no los únicos) se desparramaron por los territorios. La hostelería había reabierto y la clientela aún no era consciente de respetar la distancia social. Los turistas abundaban. 

País Valencià ha incorporado de forma progresiva 1.393 rastreadores. Con una curva en descenso, Ximo Puig ha anunciado esta semana la contratación de otros 300. En lo que va de pandemia, el personal sanitario (facultativos, especialistas en microbiología, técnicos de laboratorio y otras categorías) ha aumentado un 16%, más de 10.000 trabajadores extra en hospitales y ambulatorios, y el compromiso de comunicar el resultado de las PCR en 24 horas. 

“Sí, me rastrearon, y el rastreador fue muy insistente”, afirma Sara Gimeno, desde Castelló de la Plana. Dio positivo en septiembre, con síntomas.

“Si no rastreamos, no cortaremos cadenas de transmisión”, alertaba en julio el epidemiólogo del País Valencià Juan Bellido, territorio que cuenta con la mejor tasa de incidencia, junto con Ceuta

El epidemiólogo de referencia de esta ciudad, Juan Bellido, despachó rápido a esta periodista cuando en julio, mes en el que empezaba a sentirse desbordado por los brotes que debía controlar, El Salto le preguntó: ¿Qué pasaría si no rastreáramos? “Si no rastreamos, no cortaremos cadenas de transmisión. Sería muy interesante ver la historia natural de una epidemia. Ya me gustaría. Pero los que sobreviviéramos, terminaríamos en prisión”, alertaba entonces sobre la peligrosa dejación pública de responsabilidades. De forma también sencilla, resumía la labor del rastreo: “En la transmisión persona a persona es importante identificar los casos rápidamente para aislarlos, identificar a los contactos para ponerlos en cuarentena y así reducir la probabilidad de que contagie a otra. El estudio de contactos que hacemos es clásico: hacia arriba (¿quién le ha contagiado?) y hacia abajo (a quién ha podido contagiar)”. 

La tasa de incidencia del País Valencià, el territorio que más ha conseguido bajar la curva a base de perseverancia e inversión, es de 133 casos por 100.000 habitantes, solo Ceuta tiene mejor tasa (118).

PAÍS VASCO: A TODA PRISA EN LA ESCUELA

Uxua recibió la llamada del rastreador el lunes 24 de septiembre. Es fisioterapeuta y un paciente al que había tratado había dado positivo y presentaba síntomas. Ese día se hizo la prueba en el ambulatorio, al día siguiente le confirmaron el positivo y se confinó. El miércoles se hicieron la PCR su pareja y sus dos hijos. Los niños dieron positivo —“creo que beso más a mis hijos que a mi marido”, escribía con humor a las madres de la clase— y el jueves confinaron a los niños. Esa tarde, Salud Pública habló con la escuela y con la familia, que explicó con qué niños habían jugado sus hijos, cuánto tiempo y cómo (sin o con mascarilla). El viernes ya no acudieron a clase los agraciados (quienes se sientan delante, detrás y en diagonal del mayor, tanto en clase como en el comedor, y los amigos de las otras aulas con las que comparte juegos de tarde; y la clase entera de la pequeña). Tras diez días de confinamiento y dos PCR, no hubo positivos en cuarto curso. Hubo dos en infantil (los pequeños juegan más pegados, y con menos cuidado de ajustarse la mascarilla).

“El sistema de rastreo funciona bien”, resume Marijo Buján, madre de un niño confinado en Bilbao; el País Vasco ha bajado la tasa de incidencia un tercio y cuenta con un rastreador por cada 5.500 habitantes

“Funciona bien”, resume Marijo Buján, amiga de Uxua y madre de un niño confinado. El servicio de salud vasco, Osakidetza, cifra en 333 las personas que realizan labores de rastreo en exclusiva en Atención Primaria. Completan la red —hasta 600 profesionales—, los sanitarios de medicina preventiva (casos hospitalizados), salud laboral (casos detectados en entornos laborales) y las unidades de vigilancia epidemiológica. Aseguran que la cifra cumple la recomendación de un rastreador por cada 5.500 habitantes. Casi mil técnicos trabajan en los laboratorios sacando adelante las PCR. 

Como en Galicia, País Vasco también prohibió ir a votar a los confinados en las elecciones autonómicas, pero tras ser parte de uno de los primeros focos en marzo, que dejó a Gasteiz como una ciudad fantasma durante el estado de alarma por el miedo al contagio, desde el verano ha activado una red de rastreadores que permiten, en cada rueda de prensa, ofrecer datos concretos de focos detectados y, en días posteriores, su evolución. La tasa de incidencia actual es de 405. El 4 de septiembre alcanzó el pico de 629, después de un verano de vacaciones internas y muchos encuentros familiares y sociales. Ha reducido la curva una tercera parte.

GALIZA, INFORMACIÓN CONTRADICTORIA Y SIN RASTREADORES

Darío Tojerio tuvo que hacer él mismo dos llamadas al teléfono de información covid-19, en las que le dieron informaciones contradictorias. “No me llamó ningún rastreador propiamente dicho. Llamé cuando supe que había estado en contacto con alguien que tenía síntomas y era positivo. La primera vez, apuntaron mis datos y los de mi contacto, y me dijeron que era mejor quedarme en cuarentena, pero no me iban a hacer PCR porque el protocolo decía que a los contactos directos positivos no se les hacía. Como no me quedé muy convencido, volví a llamar y, en esa ocasión, fue justo lo contrario: no me cogieron ni mis datos ni los de mi amigo, y me dijeron que tenía que pedir cita telefónica en mi centro de salud, aunque me avisaron de que las líneas estaban saturadas”.

Tojeiro fue al centro de salud exigiendo una PCR y su médico la programó lo antes posible. Nunca recibió la llamada del rastreador. “Ni a mí, ni a mi contacto nos llamó”, recalca.

ANDALUCÍA, TASAS DISPARADAS, RASTREADORES INEXISTENTES 

Andalucía gestiona la pandemia de un modo similar a Galicia y Madrid, comunidades presididas también por el Partido Popular. Ayer presentaba una tasa de incidencia media de 192 casos, pero algunos municipios pequeños y medianos superaban los mil y las poblaciones de Casariche, Linares y Almodóvar del Río han visto restringidas las entradas y salidas de sus vecinos. Pero, ¿dónde están los rastreadores?

La Junta llegó a decir que disponía de 8.300, cuando en realidad contabilizaba a toda persona de Atención Primaria que realizaba alguna tarea de rastreo, por nimio que fuera. 

En agosto, una comisión independiente de 24 profesionales de medicina, enfermería y veterinaria recibió el encargo, por parte de la Consejería de Salud y Familias, de realizar un balance de la gestión de la epidemia y la elaboración de propuestas de mejora para afrontar la segunda ola de covid-19. En octubre transmitieron las conclusiones y, en relación al rastreo, destacaron el déficit de profesionales capacitados para cortar la cadena de contagio, proponiendo mejorar el sistema de “forma inmediata” e incidiendo en que hay “diferencias inexplicables” entre provincias en cuanto al número de rastreadores, “que no se corresponden” al número de casos. 

“No existe ninguna planificación ni criterios para determinar el número de rastreadores necesarios para dar una cobertura adecuada a la evolución de la pandemia”, afirmaron. Eso contrasta —o quizás explica— la descabellada cifra que comunicó la Junta. La real se desconoce.

NAVARRA, AL BORDE DEL CONFINAMIENTO

La socialista María Chivite gobierna Navarra. Quizá ha confiado en exceso en el sistema sanitario navarro, que hizo frente en la primera oleada a la pandemia, pero ayer, con una tasa disparada de 675 casos y un número incierto de rastreadores, pidió a la población que se autoconfinara. 

Un confinamiento que, como el de Madrid, podrá tener la utilidad de frenar la transmisión entre comunidades autónomas, pero sin un rastreo profundo de los casos, sostenido en el tiempo y acompañado de las medidas oportunas propuestas por su respectiva Salud Pública —cribados masivos, confinamientos selectivos— solo alargará la pandemia y hará recaer el peso de su control en la población, la cual no está al cargo de la gestión sanitaria.

Fuente: Gessamí Forner / Elena Martín / Paco Aguaza en elsaltodiario.com