Habrá una glaciación en Europa.? Colapsará la corriente oceánica.? ¿Qué se sabe realmente?

Medios de comunicación y perfiles en redes han alarmado estos días con el colapso de la corriente atlántica en 2030 y una edad de hielo en el continente europeo. Pero este problema (que es grave sin necesidad de desinformar) está lleno de incertidumbres y una gran certeza: hay que dejar de calentar el planeta.

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Un reputado científico alemán publica un tuit con las conclusiones de un taller sobre la AMOC al que ha asistido y, al poco, hay medios digitales españoles –e incluso especialistas– que, tras hacer su propia interpretación de la realidad, titulan que habrá una glaciación en Europa para 2030. Munición para los negacionistas y retardistas climáticos.

La corriente atlántica (conocida como AMOC, del inglés Atlantic Meridional Overturning Circulation) es una corriente de agua que circula en superficie desde el Atlántico sur hacia el norte, y una vez que llega a regiones polares, baja hacia las profundidades y vuelve hacia el hemisferio sur. Esa bajada hacia el abismo se produce en dos zonas. Una es en el giro subpolar (hacia el sur de Groenlandia, en los mares de Irminger y el Labrador). La otra está aún más al norte, en los mares nórdicos.

Aunque parezca increíble, la distribución que tiene la AMOC la hace muy especial porque transporta calor desde el hemisferio sur hacia el norte, ayudando a que sea de media más cálido que el austral. También es clave para que zonas como el norte de Europa tengan temperaturas mucho más altas que las que les corresponde por latitud. En resumen: regula el clima de Europa, África y América.

La corriente atlántica ha tenido momentos en los que ha circulado más rápido, otras más lento, e incluso se ha llegado a detener. Estos dos últimos casos se relacionan con periodos más fríos, sobre todo en el hemisferio norte y Europa porque deja de llegar tanto calor a esta zona.

Una de las formas de frenar la AMOC es a través de un gran deshielo (fruto del aumento de las temperaturas), ya que dificulta que la corriente baje a las profundidades por una cuestión de densidad. Si nos pasamos de hacer dulce esa agua, llega un punto en el que colapsa. Se para y pasa a otro estado. Pero ojo: como señalamos al principio, la AMOC no se hunde en un único sitio, por lo que puede frenarse en un lugar, pero no pararse por completo.

No es fácil estudiar la AMOC

Ahora bien, modelizar la AMOC y saber dónde están esos puntos de colapso es una tarea muy complicada. Para ello, es necesario meter no solo movimientos inmensos de agua, sino múltiples variables, como puede ser la interacción con el deshielo. Y a eso se le suma que saber los impactos concretos a escala global complica aún más las tareas de modelización.

Por lo general, los modelos suelen mostrar una AMOC muy estable. El profesor Stefan Rahmstorf, quien lleva tres décadas estudiando este tema, señalaba en un artículo reciente que generalmente los modelos muestran una AMOC estable y no levantan ninguna alarma si se pasan con esta firmeza porque aquellos que así lo hacen reflejan el clima del presente muy bien. Así que, ¿por qué no lo iban a hacer para el futuro?

La cuestión es que a medida que los modelos han ido mejorando y han ido reproduciendo mejor cómo se combina con el deshielo y cómo baja la AMOC a las profundidades –lo que llamamos convección–, se ha abierto la puerta a que el colapso del giro subpolar (al sur de Groenlandia) esté más cerca de lo que se creía.

Eso –el colapso de una parte de la AMOC– es lo último que apuntan los modelos de alta calidad, como ha señalado Rahmstorf en Twitter tras asistir a un taller de tres días con más especialistas en el tema. En concreto, el físico asegura que en el 35-45% de los modelos la convección en el giro subpolar colapsaría en la década de 2030 debido al calentamiento global. Es decir, él en ningún momento habla de un colapso total de la AMOC, y menos de que vaya a producirse en los próximos años, como señalan diversos medios de comunicación españoles estos días. 

Aun así, no hace falta llevarlo al extremo para que el tema ya sea lo suficientemente preocupante. Lo es y mucho, ya que tendrá efectos en el clima mundial y el riesgo es muy alto. Sobre todo, teniendo en cuenta que no sabemos exactamente cuándo puede ocurrir y es probable que sea antes de lo que se pensaba.

La (no) glaciación

Sobre el hipotético futuro de un colapso total de la corriente atlántica se han publicado diversos estudios científicos. El verano pasado, investigadores de la Universidad de Copenhague estimaron que el colapso de la AMOC comenzaría en cualquier momento entre 2025 y 2095 y, muy probablemente, a mediados de este siglo. A principios de año, otro estudio publicado por un grupo de la Universidad de Utrecht, referentes a nivel mundial en la investigación de la AMOC, presentaba nuevas evidencias de que “la AMOC está en vías de colapsar”. Antes, en 2019 y 2021, el IPCC señalaba en sus informes que las señales de cambios en la circulación atlántica son evidentes, pero era más prudente en su análisis (que se basa en el consenso de miles de estudios científicos): no existen datos suficientes para cuantificar la magnitud del debilitamiento.

Más allá de esto, lo que es seguro es que no va a ocurrir –a pesar del alarmismo de determinados medios e incluso investigadores– una glaciación (entendida como una edad de hielo). Lo ha confirmado a Climática el propio Stefan Rahmstorf vía email.

(Cambio en la temperatura mundial tras duplicar la cantidad de CO2 en la atmósfera y colapso de la AMOC 300 años después, Liu et al, 2017).

Como muestra la figura de arriba, un colapso total de la AMOC podría dar lugar a una bajada importante en las temperaturas medias del Atlántico norte, que dejarían de recibir el calor que transporta esa corriente. Sin embargo, no podemos dejar a un lado que esa imagen corresponde a un experimento en el que se dobla la cantidad de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera respecto a 1990 y la AMOC colapsa completamente 300 años más tarde. Incluso en ese caso extremo, el resultado no apunta a que Europa vaya a sufrir una glaciación, ni mucho menos. Es más, esta distribución podría favorecer incluso que las masas de aire cálidas lleguen con más facilidad a regiones del norte de Europa. Es decir, tendríamos un clima aún más extremo en esta parte del mundo. Además, al cambiar la diferencia de temperatura entre el hemisferio norte y el sur, también se moverían los cinturones donde se producen las lluvias tropicales. Igualmente, al debilitarse aún más la AMOC, se favorece que suba el nivel del mar en la costa este de América del Norte. 

En 2019, el IPCC publicó el informe especial El océano y la criosfera en un clima cambiante (SROCC, en inglés), donde incluía una infografía con las teleconexiones e impactos debidos al colapso o debilitamiento sustancial:

Aun así, todo esto sigue sujeto a muchísima incertidumbre ante la dificultad de reproducir con modelos qué pasará exactamente y cuándo. Tanto esta incertidumbre como el riesgo con este tema son tan grandes que no merece la pena seguir forzando el sistema y despejar las dudas a través de nuestra experiencia sobre cómo, cuándo y qué pasará con un colapso tanto parcial como total de la AMOC. Por todo ello, tenemos que hacer frente al cambio climático cuanto antes, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global.

Fuente: climatica.coop
Foto portada: El científico alemán Stefan Rahmstorf señalaba hace unos días que los modelos más recientes ven posible que el giro subpolar (al sur de Groenlandia) colapse en la década de 2030 debido al calentamiento global. Pero eso no significa que vaya a colapsar la AMOC por completo ni que vaya a producirse una glaciación. Adam Sébire / Climate Visuals

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