Feministas se organizan contra la ciberviolencia de género mientras la red da vía libre al discurso de odio

Investigadoras y activistas muestran su preocupación por la violencia digital, que algunas leyes ya conceptualizan. Miles de mujeres y niñas sufren esta violencia sin que existan mecanismos para frenarla

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“Es una extensión de lo que pasa en la vida real, pero puede ser más agobiante. Hay muchas cosas que en este momento tengo prácticamente normalizadas y no son normales en absoluto”. Quien habla es Sara Riveiro, una creadora de contenidos en la red y la voz detrás del podcast Personal y político. Esta graduada en periodismo y comunicación audiovisual lleva siendo una figura pública en las redes sociales más de una década. “Calculé el otro día que llevo más de media vida en Twitter, para bien y para mal”, dice entre risas. Pero el tema del que habla no le divierte.

Ella, como tantas otras mujeres que son figuras públicas en Internet, sufrió en sus carnes la violencia que subyace en el ciberespacio. “Internet es el sitio perfecto para encontrar gente, validar vivencias y generar red. Pero, también es un lugar superviolento, tanto como el mundo real o incluso un poco más, porque parece que no hay consecuencias de esta violencia. En concreto las mujeres sufrimos mucho acoso. En mi experiencia, cuanto más joven eres, peor es la violencia”.

Sara Riveiro es una de las miles de mujeres y niñas que cada año son víctimas de lo que se conoce como violencia de género digital o ciberviolencia de género, un concepto que lleva muy poco tiempo definido como tal aunque su incidencia, según las expertas, es cada vez más visible. En los últimos años, incluso aparecieron ataques coordinados para “impedir que las mujeres hablen y se expresen”, como ocurrió con la activista Pamela Palenciano o con la propia Riveiro. “Se está dando como una especie de reacción misógina en red para intentar que tengamos miedo y no hablemos porque Internet hizo que históricamente el feminismo avanzara. Saben que es una herramienta poderosa”, asegura Riveiro.

La violencia digital de género: la importancia de una definición

Internet lleva formando parte de nuestras vidas desde hace años, “pero no fue hasta el 2018 que el concepto ciberviolencia de género entró a formar parte del ámbito institucional”. Eva Cruells es miembro de la asociación catalana Alia y lleva años colaborando con FemBloc, “una iniciativa feminista para la prevención, detección, atención y reparación de las violencias machistas digitales”. “A nivel internacional es la relatora de las Naciones Unidas quien hizo un informe sobre las violencias machistas digitales de género y es ahí donde hay una primera definición.

En ella se dice que son esas violencias estructurales de género que están facilitadas o amplificadas por las tecnologías de la relación, información y comunicación. Nosotras, a mayores, incorporamos los impactos que tiene: físicos, psicológicos, de oportunidades laborales, económicas, de daño a la reputación y de la capacidad de mermar la libertad de expresión de las mujeres“, explica Cruells. “Esto marca un poco un antes y un después porque empieza a entrar también en la agenda política y pública de algunas instituciones como la Comisión Europea o el Consejo de Europa”.

Las ciberviolencias de género son esas violencias estructurales de género que están facilitadas o amplificadas por las tecnologías de la relación, información y comunicación

Cruells explica que fue a raíz de esta definición “que se trasladó después a la reforma de la ley catalana 5/2008, donde por primera vez entra la conceptualización de las violencias machistas digitales como forma y ámbito de violencia machista”. En el Estado español, la ley más asentada es la ley integral de violencia de género, de 2004 “pero está muy centrada en las violencias de género en el ámbito de la pareja y expareja porque todo lo que se aplica a lo digital se entiende como una extensión de lo analógico”, continúa Cruells. En 2022 se aprobó la ley de libertad sexual que sí plantea en su preámbulo “dar respuesta especialmente a las violencias sexuales cometidas en el ámbito digital”, con tres tipos de violencia en ese sentido: la difusión de actos de violencia sexual a través de medios tecnológicos, la pornografía no consentida y la extorsión sexual. Pero Cruells añade que “hay otras formas de violencia digital que ahora mismo no están tipificadas dentro del marco legal amplio. Si alguien te amenaza por un DM de Twitter o Instagram, esto está tipificado como amenaza, no como violencia de género”.

Para esta colaboradora de FemBloc, “estamos en un momento de poca definición y mucha interpretación”. “Además la policía, las juezas, las abogadas… muchas personas no conocen el mundo digital”, explica Cruells. “¡El otro día hablamos con una chica que decía que la jueza que le tocó no sabía lo que era un perfil de Twitter!”.

Galiza incluyó una reforma a la ley 11/2007 para añadir la violencia digital de género, pero aquí “también queda mucho por hacer”. En este sentido existe la conocida como Cátedra de Feminismos 4.0 Depo-UVigo de la Universidade de Vigo. Águeda Gómez es la directora académica de esta Unidad de Igualdad “que busca que la desigualdad de género no se reproduzca en el ámbito digital”. “Estuvimos la semana pasada con FemBloc debatiendo sobre este tema porque ellas llevan más tiempo que nosotras”, comenta Águeda. “Fue muy enriquecedor, la verdad”.

Desde la Cátedra de Feminismos, cuenta Águeda, “empezaron a aparecer grupos de investigación como el de Soledad Torres sobre el machismo de los chatbot, el de Rebeca Díaz, somo cómo identificar los espacios digitales de la manoesfera; o el de Xabier Martínez, que hizo un estudio sobre las agresiones digitales a periodistas”. “Empezamos a construir una epistemiología feminista del ámbito digital, que era un objeto de estudio un poco inédito en ese momento. Y, al mismo tiempo, empezamos a organizar workshops, seminarios, donde invitamos a expertas en redes sociales para que den otra perspectiva fuera de la academia”.

“¡El otro día hablamos con una chica que decía que la jueza que le tocó no sabía lo que era un perfil de Twitter!”,  señala Eva Cruells, de FemBloc

Por otra parte, desde el año 2020, la Cátedra tiene un Observatorio de Machismo Digital al que llaman Stop Machitroles. “Abrimos un buzón digital para recibir denunciar y al final se nos ocurrió hacer un análisis de la prensa, como los de www.feminicidio.net y otros observatorios. Y, con ese análisis, hicimos una tipología de violencias machistas digitales”, cuenta Gómez. Esta tipología, según el Observatorio, estaría conformada por tres tipos de ciberviolencia de género: por razón de sexo y género —como el ciberacoso, la violencia estética, el grooming, la sextorsión…—; la violencia digital sobre mujeres con presencia pública; y lo que se conoce como manoesfera o violencia machista digital organizada, los espacios virtuales que dan cabida a discursos misóginos y antifeministas.

El ciberespacio actual: un lugar masculino hegemónico, blanco, heterosexual y capitalista

Cando el Observatorio Stop Machitroles sacó su primer informe en rueda de prensa, “a los cinco minutos tuvimos un ataque de Forocoches”, cuenta Agueda Gómez. “Su argumento era, por un lado que éramos un chiringuito feminista y, por otro, que éramos unas ‘charos infollables’. Yo defiendo que la universidad es feminista en su mayor parte, pero nos quedó claro que teníamos gente en contra dentro. Porque fue tan rápido…”.

Forocoches o 4chan son algunas de las páginas web donde el “antifeminismo, la misoginia y la violencia contra las mujeres campa a sus anchas y donde se pretende educar a las nuevas generaciones”. “La mayoría social no es así, lo que pasa es que estos ‘grupúsculos’ se crecen. Hacen mucho ruido y quieren disciplinar la presencia de las mujeres en el ámbito digital y conseguir que sea un espacio hostil”, continúa Gómez.

Sara Riveiro coincide. “Es un tipo de violencia muy concreta y muy difícil de ver si la víctima no habla del tema. Pero, cuando estás muy metida en las redes sociales es como si te estuvieran gritando en tu habitación, en tu cabeza. Sobre todo cuando eres víctima de ataques coordinados porque alguien compartió un tweet tuyo en 4chan o reddit y de pronto recibes 300 mensajes de odio. Y lo hacen así porque quieren que abandonemos los espacios porque les molestan nuestras reivindicaciones. Porque odian a las mujeres, tal y como odian al colectivo LGTBI, etc., y no van a parar hasta convertir en hostil el lugar que tú usas para generar red y ayudar a otras personas”.

Sara Riveiro, como ocurre con el resto de mujeres entrevistadas, opina también que este es un “intento del patriarcado por recuperar los espacios que antes tenían, pero que no tendrían que haber sido suyos en primer lugar”. “Lo que pasa es los hombres no necesitaban Internet en ese aspecto, ya tenían la vida real. Los mensajes increíblemente misóginos que se escuchan hoy, antes se escuchaban en todos lados”, reflexiona Riveiro. “Antes salían en los telediarios, por lo que no necesitaban encontrar una especie de refugio para lanzar estos mensajes que hoy, por lo menos en lo mainstream, ya no son válidos. Entonces, tal y como las mujeres estamos usando este medio para luchar de abajo a arriba, ellos, por reacción, se están coordinando para hacer lo contrario. Usan Internet para decir esas cosas que ya no se aceptan en rincones como reddit, 4chan, Forocoches…”.

“La mayoría social no es así, lo que pasa es que estos ‘grupúsculos’ se crecen. Hacen mucho ruido y quieren disciplinar la presencia de las mujeres en el ámbito digital y conseguir que sea un espacio hostil

Pero, ¿por qué es tan difícil denunciar y por qué estos discursos misóginos no hacen saltar las alarmas de Internet? “La clave es que el Internet actual tiene su base en la ganancia económica. El tecnocapitalismo se alía con el patriarcado y es la combinación perfecta para que haya una explosión de violencias machistas digitales en Internet”, cuenta Eva Cruells. “Las tecnologías son diseñadas para poder extraer el máximo de información de nuestras vidas, nuestros datos; y para mantenernos el máximo de tiempo dentro de sus aplicaciones. En la pantalla”.

¿Y cómo consiguen esto? Laura M. Castro es ingeniera informática, doctora en informática, profesora en la Universidade d’A Coruña y experta en software libre. “Primero tenemos que pensar, ¿quién diseña esos productos? Porque son productos, no lo podemos olvidar. Es lo típico de, si no pagas nada, el producto eres tú”, recalca Castro. “Y lo que les interesa con su producto —por como funcionan las redes sociales y por el tema de la publicidad y de dónde sacan sus ingresos— es que pasemos cuánto más tiempo, mejor. Que nos enganchemos”, explica.. “Esto lleva a que estos productos no estén diseñados para favorecer una comunicación fluida o positiva, sino que están diseñados para apelar a las emociones más viscerales y menos racionales y dde ahí que la recompensa del algoritmo, los contenidos que más se divulgan y se repiten son los que van a hacer que la gente reaccione, y normalmente de forma negativa”.

“Este es también el motivo por el que personas terribles que para nosotras sería lógico que les quitaran la cuenta por su forma de ejercer violencia al usar las redes, siga activa. Porque dan mucho dinero”, añade Sara Riveiro. “Por eso tardaron en echar a Donald Trump cuando estaba básicamente enalteciendo el terrorismo. Porque les venía muy bien. En Twitter lo que hace la gente para conseguir más ingresos, más atención y visitas, es poner cosas que enfaden a los usuarios. Lo que llaman ragefarming (buscar ira)”.

Estos productos no están diseñados para favorecer una comunicación fluida o positiva, sino que están diseñados para apelar a las emociones más viscerales y menos racionales

Al mismo tiempo que los mensajes de odio se viralizan con más facilidad, Riveiro explica que es muy difícil “tumbarle la cuenta a esas mismas personas que generan odio en primer lugar”. “Es algo automatizado y hecho por algoritmos que no tienen ningún tipo de sentido. Si yo le comento a una amiga que subió una foto tonta en la que salgo “madre mía, ¿cómo subes eso? Jaja. Te mato”, a mí me pueden quitar la cuenta porque se entiende como una amenaza. Pero, si yo estoy recibiendo amenazas explícitas por parte de hombres terribles, si usan palabras ligeramente eufemísticas o ponen un asterisco en medio de una palabra, esas personas pueden seguir teniendo su cuenta. Porque no tienen un sistema diseñado para evitar la violencia, tienen un sistema diseñado para evitar denuncias”.

“Exacto. Hay una desprotección muy grande porque las violencias se dan en un marco de grandes transnacionales y, cualquier problema que tengas, lo tienes que denunciar por un mecanismo de reporte que seguramente lo verá una persona que trabaja en condiciones muy precarias y tiene que atender otras 50 mil denuncias. Y eso cuando, directamente, no es un bot”, añade Eva Cruells.

¿Qué hacer para que las mujeres recuperen su espacio digital?

“Las rrss que tenemos hoy están diseñadas por un conjunto de personas nada diverso —las grandes tecnológicas no se caracterizan por su diversidad—. Por eso, creo que una de las claves es convencer a más mujeres de que estudien informática para formar parte del proceso creativo —en los últimos años hubo una bajada en el número de alumnas yo creo que, en parte, por el estereotipo que existe sobre esta profesión—”, opina Laura Castro. “No puede ser solo un trabajo de hombres blacos de entre 25 y 35 años. Como sociedad, y como mujeres, tenemos que gritar: yo también quiero decidir. Y no necesariamente tiene que ser programando, porque la informática no es solo programar. El hecho de que la tecnología se volviese ubicua significa que hoy una persona informática tiene que hablar con todo tipo de gente”.

Para Eva Cruells, las soluciones pasan “por varios frentes”. “Por una parte, hay que regular a las empresas y obligarlas a tener prácticas legítimas y a proteger ciertos derechos en el marco de sus plataformas. No puede ser que puedan vulnerarlos a lo bestia solo porque sean empresas”, añade. “Pero la realidad va más rápido que la capacidad normativa, por mucha voluntad que haya, que tampoco es que haya mucha”. reflexion por su parte Águeda Gómez. “Por ejemplo, ahora están en el Parlamento Europeo intentando diseñar una ley que regule la forma de operar de las grandes tecnológicas, y van a dejar moderar los contenidos a las propias empresas. Eso no tiene sentido. Pero claro, tienen tanta persión de los lobbies que es muy difícil meter mano. La espranza sería que estuvieran a la altura y pasaran la defensa de los derechos humanos al ámbito digital”. “Yo lo veo complicado porque a las empresas, cuando sí van a juicio, les cuesta menos pagar la multa que todo el negocio que generan con estas prácticas”, añade Cruells.

“Hay que tener también un debate sobre qué modelo tecnológico queremos y pensar si estas transnacionales tienen que ocupar todo el espacio de la red. ¿Las instituciones públicas usando Google? ¿Por qué?”, se cuestiona Cruells. “Hay que empezar a generar conciencia de que quizás un gobierno no tiene que usar Microsoft como sistema operativo principal, porque así es como entran las grandes tecnológicas en todos los espacios de nuestra vida. A lo mejor habría que desenvolver otras tecnologías que pongan el derecho a la privacidad al frente. Que sean más éticas”.

Sobre esto, existe el debate de si el feminismo debería quedarse en las grandes plataformas, como Twitter o Instagram, o mudarse a aquellas aplicaciones de software libre como Mastodon o BlueSky. Laura Castro dejó Twitter en marzo de 2022 tras la compra por parte de Elon Musk. “Se dieron unos cambios en ese momento que superaron, para mí, el beneficio de tener ese altavoz”, comenta Castro. “Pero toda la sociedad está en Twitter. Es verdad que si el discurso feminista se va de ahí, desaparece en parte porque no hay una alternativa a toda la reacción de los troles. A pesar de eso, yo preferí irme”.

“Hay que tener también un debate sobre qué modelo tecnológico queremos y pensar si estas transnacionales tienen que ocupar todo el espacio de la red. Por ejemplo, ¿las instituciones públicas usando Google? ¿Por qué?”

Sara Riveiro es de las que se quedaron en la plataforma conocida ahora como X. “Para mí es muy complicado. Pienso en iniciativas descentralizadas que hay ahora mismo, como Mastodon, que son más parecidas al Internet de los comienzos que no estaba obsesionado con monetizarlo todo, y tienen muy poca gente”, dice la periodista. Riveiro entiende y defiende a la gente que se fue, como Nerea Pérez de las Heras. Pero, como activista, no le ve sentido “a renegar por completo de las redes sociales mayoritarias”. “Te quedas sola repicando para el coro. Yo lo que sí hice, como mucha gente que conozco, fue modificar mucho mis rrss para que ese tipo de mensajes ya no me lleguen. En este momento mi perspectiva es intentar estar lo más cómoda posible, pero no me voy a marchar porque a una gente le incomode mi mensaje”. “Deberíamos hacerles un hueco a las redes alternativas de software libre”. Twitter tampoco se hizo famoso de la noche a la mañana“, añade Laura Castro. “Estas redes, además, eliminaron esos aspectos de funcionamiento que hacen que sean más tóxicas, como los mensajes privados”.

Águeda Gómez termina haciendo un alegato a la risa como arma contra el machismo. “Pienso que una de las claves es el humor como forma de desactivar su cabreo. Y ahí necesitamos a las artistas y creadoras de contenido. De hecho, este año tuvimos un maratón de creación digital feminista en el que también surgieron muchos memes, gifs, etc. súper ocurrentes y llenos de humor y que vamos a poner en la web de la Cátedra a disposición de quien los quiera usar. Por si un día te ataca a ti un machitrol, pues que le puedas contestar con unas risas”.

Fuente: Elena Martín en elsaltodiario.com
Foto portada: Pablo Santiago

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