Estación de Gran Vía: Mil días cerrada y 52 millones de viajes perdidos

Una planificación deficiente, unida a los hallazgos patrimoniales y muchos cambios políticos dejan sin servicio durante casi tres años a miles de viajeros que usaban a diario estas instalaciones de Metro de Madrid, una de las más usadas de la red

Desde el 20 de agosto de 2018, los trenes del suburbano no paran en Gran Vía. Los viajeros de las líneas 1 y 5 observan sus andenes como si pasaran por una estación fantasma, suspendida en un tiempo de obras infinitas. Desde aquella fecha han pasado por Madrid cuatro presidentes autonómicos, dos elecciones regionales y una pandemia, mientras el plazo de la remodelación se cuadruplicaba respecto al inicialmente previsto.

La Comunidad de Madrid aseguró que la nueva estación de Gran Vía conectaría con el Cercanías de Sol y abriría el 13 de abril de 2019, después de 236 días de obras, a tiempo para ser inaugurada antes de las elecciones. La que tendría que haber cortado la cinta era la expresidenta Cristina Cifuentes, que habían anunciado la actuación durante el debate sobre el estado de la región de 2017. Pero cuando se cerró Gran Vía el presidente era ya Ángel Garrido, después de la dimisión de la primera por el Caso Máster. A Garrido le ha dado tiempo desde entonces a cambiar de partido, convertirse en consejero de Transportes y dejar después todos sus cargos y la militancia. Hay veces en las que la política avanza mucho más deprisa que las obras.

¿Qué ha pasado para que este domingo se cumplan 1.000 días de cierre en el metro de Gran Vía? El retraso se debe a un cúmulo de circunstancias que incluyen una planificación deficiente, unos hallazgos patrimoniales inesperados y un embellecimiento extra de las instalaciones. El día después de empezar las obras, 21 de agosto, se hallaron los restos del ascensor centenario que diseñó Antonio Palacios para la apertura del suburbano madrileño. Que estaba allí ya se había advertido desde la asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio (MCyP) meses antes. Pero nadie atendió a su alerta y los hallazgos arqueológicos retrasaron los trabajos. No solo apareció el hueco del ascensor, también salieron a la luz las escaleras originales de bajada y otros elementos menores.

En paralelo, la mala planificación denunciada por esta asociación llevó a la compañía adjudicataria de las obras -Sando- a avisar en un informe del riesgo de colapso del túnel de conexión con el Cercanías y de los edificios colindantes por el método constructivo elegido y las intensas lluvias. Esta última circunstancia obligó a autorizar un contrato extra de casi 3,5 millones de euros a la propia adjudicataria, sin concurso, que en principio iba a duplicar el coste de las obras. A fecha de hoy Metro de Madrid admite un gasto total de unos 10 millones de euros.

Los retrasos han afectado cada día a decenas de miles de viajeros. Cuando esta estación del subsuelo del centro se encontraba a pleno rendimiento, pasaban por sus instalaciones una media de 52.719 madrileños al día, según los datos de Metro. Por su volumen de entradas, salidas o trasbordos era la número 15 de las más de 300 en la red del suburbano. Una rápida cuenta permite calcular que se han perdido 52,7 millones de viajes en este periodo.

Los continuos retrasos no han pasado desapercibidos para los madrileños. Arriba, en la superficie, algunos se quejan -incluso con improperios- mientras miran las vallas rojas y blancas integradas en el paisaje de la Red de San Luis. A su alrededor ya no queda pequeño comercio: grandes franquicias de ropa, deporte u hostelería se mezclan con varias casas de apuestas y establecimientos cerrados durante la pandemia. En el pasillo creado en el lado de los pares, menos transitado, las prostitutas esperan clientes mientras los obreros entran y salen del recinto en obras. Al otro lado, en los impares, se han instalado varios vendedores ambulantes. Hay polvo por todas partes, es un lugar por el que los viandantes pasan rápido.

La venta ambulante en la zona fue uno de los caballos de batalla contra el gobierno de Carmena del ahora alcalde, José Luis Martínez Almeida, cuando estaba en la oposición. Se quejaba de que las obras del Ayuntamiento en el resto de la Gran Vía solo iban a servir para ampliar el espacio de venta a los manteros y criticó, junto a los comerciantes de la calle, que las obras municipales estaban provocando una bajada de su negocio del 15%. Cuando acabó esta parte de la reforma (entre Alcalá y Plaza España), la Comunidad de Madrid seguía empantanada con su obra en la estación, aunque Almeida no se volvió a quejar de las obras -responsabilidad esta vez de un gobierno del PP- y de su impacto sobre los comercios.

Los que tampoco se quejaron fueron los comerciantes de la Gran Vía ni los de Montera. Solo una pequeña asociación de vecinos, junto con La Viña, protestaron antes de los trabajos, en 2017, por el “vallado desproporcionado” previsto. Sus críticas fueron aplacadas por la entonces consejera de Transportes, Rosalía Gonzalo, reduciendo la superficie que iban a ocupar las vallas, a la vez que anunciaba el compromiso de la Comunidad de Madrid “para hacer una obra tan necesaria como esta de la manera más rápida, segura y con lasmínimas molestias para los vecinos y comerciantes de la zona”. Una voluntad que luego quedó muy lejos de cumplirse.

Las críticas por los retrasos han llegado, de forma muy abundante, en las redes sociales. Una cuenta de Twitter recuerda cada día el tiempo que lleva clausurada la estación. Se llama @GranViaCerrada. “No busco hacer una denuncia como tal porque creo que conociendo el dato las conclusiones salen solas”, dice la persona que la puso en marcha para retratar con un toque humorístico el enorme retraso acumulado y la falta de servicio. “Desde hace bastante tiempo la eternidad de las obras de Gran Vía es casi un meme entre madrileños, y pensé que sería gracioso hacer una cuenta que se riera de eso”, explica a preguntas de Somos Madrid.

Su Twitter cobró popularidad rápidamente y hoy se ha convertido en un clásico del pimpampum político madrileño en esta plataforma. También le escriben ciudadanos anónimos que quieren compartir sus emociones sobre la clausura: “Lo que más me sorprendió fue que mucha gente sintiera tan cercano el cierre: que si llegaron a Madrid con la estación cerrada y así sigue, que si no recuerdan cómo era cuando estaba abierta, que si se habían ido hace tiempo y pensaban que ya se había abierto…” apunta el impulsor.

Las críticas por los retrasos han llegado, de forma muy abundante, en las redes sociales. Una cuenta de Twitter recuerda cada día el tiempo que lleva clausurada la estación. Se llama @GranViaCerrada. “No busco hacer una denuncia como tal porque creo que conociendo el dato las conclusiones salen solas”, dice la persona que la puso en marcha para retratar con un toque humorístico el enorme retraso acumulado y la falta de servicio. “Desde hace bastante tiempo la eternidad de las obras de Gran Vía es casi un meme entre madrileños, y pensé que sería gracioso hacer una cuenta que se riera de eso”, explica a preguntas de Somos Madrid.

Su Twitter cobró popularidad rápidamente y hoy se ha convertido en un clásico del pimpampum político madrileño en esta plataforma. También le escriben ciudadanos anónimos que quieren compartir sus emociones sobre la clausura: “Lo que más me sorprendió fue que mucha gente sintiera tan cercano el cierre: que si llegaron a Madrid con la estación cerrada y así sigue, que si no recuerdan cómo era cuando estaba abierta, que si se habían ido hace tiempo y pensaban que ya se había abierto…” apunta el impulsor.

Para celebrar los 1.000 días sin servicio, desde @GranVíaCerrada se ha invitado a todo aquel que quiera unirse a este cumpledías a un encuentro a las 18.00 horas de este domingo. “Para sumarse solo hace falta estar frente al templete a las seis de la tarde, aunque si se quiere traer indumentaria festiva o un matasuegras, será más que bienvenido”, aclara. A la efeméride se ha apuntado el humorista Mauro Entrialgo, quien ha compartido en redes sociales un dibujo conmemorativo con la fecha.

Una idea que nació en 2003

El proyecto de unir la estación de Gran Vía con el tren de Cercanías nació hace 18 años, cuando Álvarez Cascos era Ministro de Fomento. Entonces se ideó un proyecto faraónico para el centro de Madrid: un nuevo túnel que conectara Atocha y Chamartín pasando por la Puerta del Sol, creando una gran estación de Cercanías junto al kilómetro 0. La nueva infraestructura de Renfe se iba a llamar estación de Sol-Gran Vía e iba a tener entrada por las dos paradas de Metro con el mismo nombre, aprovechando que el andén planificado discurría bajo la calle Montera. Pero al ejecutar la obra se abandonó la idea de abrir la salida norte (la de Gran Vía), y ese extremo del andén quedó, literalmente, enterrado. Los viajeros salen desde entonces por el extremo sur de las instalaciones.

El proyecto lo intentó retomar Esperanza Aguirre en el año 2009, cuando era presidenta de la Comunidad y asistió a la inauguración de la estación de tren en Sol. Entonces cifró en 45 millones de euros el coste de una obra en la que invitaba a participar al Estado, a través de ADIF. La negativa de esta última entidad hizo que descartara la actuación debido a su “elevado coste económico y complejidad de diseño”.

Ocho años después, Cristina Cifuentes recogió el testigo y anunció unas obras que, efectivamente, han resultado complejas. Incluso más de lo previsto. Desde entonces, los responsables de Transportes de la Comunidad de Madrid han ido dando fechas de apertura que nunca se han cumplido. La última es julio de 2021 y el avance de los trabajos hace pensar que podría ser la buena. Pero nunca se sabe.

Así será la futura estación de Gran Vía

“Cuando el próximo verano terminen todas las obras esta estación volverá a ser una de las más importantes de la red de Metro, pero con los valores y exigencias del siglo XXI. Una nueva estación de Gran Vía moderna, accesible, inclusiva y digital, que refleja lo que será el modelo de Metro del futuro al que estamos comprometidos mediante los planes de modernización y accesibilidad”. Estas palabras son las que acompañan a la nota de prensa de la Comunidad de Madrid en la que anunció que las instalaciones se abrirían en julio de 2021. En ella detallaba que estaba construyendo “un gigante intermodal equivalente a un inmueble de 8 plantas bajo tierra”.

En el primer nivel se localizará un vestíbulo de 2000 metros cuadrados, en el segundo habrá una zona de paso y otra expositiva, donde se exhibirán los restos arqueológicos encontrados durante las obras. En el tercer estará la conexión con la línea 5 de Metro y la galería que une con Renfe Cercanías Sol, abierto por ADIF.

Toda la estación será 100% accesible gracias a cuatro nuevos ascensores. El más espectacular de todos ellos será el que sirva para llegar al vestíbulo desde la calle, situado dentro de la réplica del histórico templete diseñado por Antonio Palacios. Estos días lo está montando la empresa constructora junto a la ayuda de una compañía de Porriño, la localidad natal del arquitecto. Se está colocando bloque a bloque y su tamaño ya impresiona a los que pasan por la Red de San Luis. Algunos expertos en patrimonio han criticado que la copia no es exacta a la que se elevó allí en el año 1919.

Además, Metro de Madrid quiere mostrar el modelo de los tornos y máquinas de venta que planea implantar en el futuro en toda la red. Habrá 17 equipos de control de validación de aspecto galáctico, que ocuparán menos espacio, tendrán una interfaz más intuitiva, y una pantalla que informará al usuario sobre la validación empleando gráficos y texto, además de Iluminación con LEDs en las puertas, en el lector sin contacto y en el suelo para informar al viajero sobre el resultado de la validación.

La compañía habilitará 14 nuevas máquinas de venta de títulos de transporte, de nueva creación y de diseño mucho más moderno. Estos dispositivos cuentan con grandes pantallas de visualización, la posibilidad de realizar el pago de la operación sin contacto, mejoras en el diseño del interfaz, aprovechando el tamaño de la pantalla, así como también de acceder al servicio de atención al cliente a través de videollamada.

Fuente: Diego Casado en eldiario.es

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