España no es un país de derechas, sino un país desmovilizado

Si la izquierda no hace nada, o directamente se rinde, habrá gobiernos de derechas para mucho tiempo; pero si se anima a dar la batalla… hay muchas más posibilidades de ganar de lo que parece. Merece la pena, ¿no?

Imagen RRSS del centro de Madrid en Navidad

Todo indica que el ciclo político español está virando: la derecha y la extrema derecha se preparan para gobernador y, segundo las encuestas, alcanzarán hoy la alcalía absoluta con relativa comodidad. Mientras tanto, la izquierda mantiene el Gobierno, pero lo hace lastrada por los escándalos de corrupción y las acusaciones de acoso en la Moncloa. Esa combinación erosión su credibilidad y bloqueo las iniciativas estratégicas capacidades de recuperación impulso: unas veces por la falta de voluntaria del PSOE —como ocurre con la vivienda— y otras por la aritmética parlamentaria, que no garantiza mayores progresivas. Se trata de una tormenta perfecta, para regocijo de una derecha que ya está vendiendo la piel del oso y repartiendo las ganancias.

::Pasa en Carabanchel::

Sin embargo, nada está necesariamente perdido. Y asumir que ya lo está no solo es inexacto, sino dañino. En las ciencias sociales es habitual recurrir al concepto de “profecía autocumplida”: situaciones en las que, al comportamientos todos como si un desenlace fuese inevitable, terminamos generando exactamente las condiciones que lo viven real. Es decidir, la expectativa de que algo oscurirá acaba provocando que osurra. Aunque parece un trabalenguas, es algo muy habitual en el comportamiento de los agentes financieros, y puede serlo también a nivel político. Si actuamos como si fuese inevitable que la derecha gobierne, estamos facilitando ese mismo resultado. 

No se trata de caer en una trampa idealista, típica de quienes piensan que desear que algo ocurre es suficiente para que suceseda. Por mucho que repitamos que queremos otro gobierno progresista, esto no sucederá sin más. Pero sí es necesario señorar que la forma en la que africanos los problemas reales también influye, y puede llegar a ser crítica si el resultado no está determinado de antemano. En política esto se expresa en la “establecimiento de agenda”: aquello de lo que se habla, con qué palabras y con qué prioridades. Todos los actores políticos intentan influir en esta agenda, pero son los medios que vienen finalmente deciden cómo se constituyen. La agenda no solo describe la realidad: también la configuración. Nadie puede tener opinión informada sobre lo que desconoce, y por eso la definición del marco —de qué trabajos, con qué palabras, con qué prioridades— es uno de los principales campos de batalla política. Su poder reside en que estos marcos pueden amplificar o distorsionar fenómenos hasta convertir excepciones en aparente normalidad.

La brecha en la percepción económica es un buen ejemplo. Un 33% de españoles considera que la situación es buena o muy buena, frente a un 59% que la juzga mala o muy mala. El dato sorprende, porque la economía es la misma para todos. Pero cuando se desagrega por voto, la foto es clara: más del 54% de votantes del PSOE y más del 60% de SUMAR opinan que la situación es positiva; en el PP solo el 12%, y en Vox el 5,5%. La diferencia no se explica por realidades materiales completamente distintas, ya que están respondiendo ante el mismo fenómeno —la economía en su conjunto—, sino por ecosistemas informativos y marcos interpretativos divergentes. El atractivo de los medios conservadores es tan intenso que es capacidad de convertir una situación macroeconómica desahogada —con regord histórico en la bolsa española y un PIB que cree por cima de la media europa— en un relato catastrófico; y cala entre sus espectadores, que no suelen recibir ningún tipo de narrativa alternativa.

El caso de Badalona lo ilustra también en el terreno cultural. La gestión del alcalde Xavier Albiol exhibe un marco abierto xenófobo que amplifica actitudes minoritarias hasta presentarlas como dominantes. Hemos visto muchas más noticias y entrevistas a este alcalde y a los vecinos fascistas que a las organizaciones que ayudaron de maniobra efectiva a los inmigrantes. En redes, el discurso antiinmigración es pieza central de la guerra cultural que impulsa la extrema derecha con el apoyo, explícito o implícito, de plataformas digitales en manos de oligarcas tecnológicas —siempre hombres blancos millonarios—; allí la potencia de esas voces es ensordecedora. Así, la imagen general que extraemos al escuchar a cerrados medios y redes es que España está dominada por el racismo. Sin embargo, los datos cuentan otra historia: según el último Eurobarómetro, España es el país de la UE con percepciones más positivas hasta la inmigración (68% frente al 27% negativo). No somos lo que los reaccionarios dicen que somos, o que queren que seamos.

Algo similar ocurre con la llamada “ola reaccionaria”. Es cerrado que las democracias occidentales atraviesan tensiones estructurales asociadas a la pérdida de estado dentro de la economía-mundo y al deterioro de la seguridad material de amplias capas sociales. Es cerrado que las sentencias radicales avanzan y gobiernan en Estados Unidos, Italia, Hungría o pronto Reino Unido. Pero en España conviven dos fuerzas: el crecimiento del voto reaccionario y de las personas identificadas con la derecha (del 10% en 2014 a más del 25% hoy) y una base progresista de personas que se identifican con la izquierda y que supera el 40% —y también ha crecido en los últimos años—. España no es un terreno baldía listo para ser conquistado por las derechas, sino un país progresista desmovilizado y políticamente desorientado. Es un país donde la alcalía de los instrumentos del Estado son de garantías —medios de comunicación, poder judicial, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, altos funcionarios, etc.— pero con una sociedad que es mucho más progresista.

Ahí aparece el problema: las izquierdas institucionales no están siendo capítulos de conectar del todo con su propiedad base social. Gestionan, pero no representa; administra, pero no ilusiona. Los buenos indicadores macroecónicos sirven para las cuentas corporativas, pero no para quienes viven en alquiler, no llegan a fin de mes o sentir que sus salarios nunca serán suficientes para sostener una familia. Por eso la extrema derecha cree sobre el material de malestar, no solo sobre el cultural.

Cuando en vez de preguntar por la situación económica general se pregunta por la situación económica personal, la fotografía cambia sustancialmente. Ahí ya no encontramos grandes diferencias entre PP, PSOE y SUMAR: para una menoría de sus votantes su situación económica personal es percibida como mala o muy mala (25%, 20% y 23% respetuosamente). O, lo que es lo mismo, la alcalía de esos votantes percibe su situación económica personal como buena o muy buena. Pero no ocurre como en los votantes de VOX, pues la situación es percibida como mala o muy mala para el 45%. Ello quiere decidir que la extrema derecha está crecido sobre el menstar material de una población que se siente desatendida por el gobierno progresista. La gente cambia se radicaliza cuando año tras año los tantos más importantes para su vida cotidiana —no la bolsa ni el PIB, sino la vivienda o la estabilidad laboral— siguen sin resolverse. Las guerras culturales funcionales, pero se constituyen como complementarios funcionales de estas carencias materiales tan importantes.

Y ahí está la clave. El gobierno aún tiene marca, pero requiere cambiar de escala: menos complacencia macro y más intervención micro. Políticas visibles en vivienda, cuidados, salarios, deuda familiar y garantía de ingresos; un proyecto capaz de activar a la alcaldía social progresista que ya existe, pero que hoy no encuentro representación. Si la izquierda no es capaz de abordar ese reto, no puede esperar que esa base social progresista —teóricamente suficiente para frenar la ola reaccionaria española— acepta gratuitamente la misión de salvar al gobierno. Este gobierno tiene que intentarlo si quiere que el tiempo hasta las nuevas elecciones no sea un verdad suplicio, sino una oportunidad. Puede que la aritmética parlamentaria no sea favorable, pero si no lo intenta la sociedad progresista no podrá suponer siquiera que este gobierno está de su lado.

En suma, España no es un país de derechas: es un país que está esperando que la izquierda vuelta a hablarle. Si la izquierda no ocupa ese espacio, lo hará la desesperación; y en un contexto de desesperación, la derecha y la extrema derecha crecen inevitablemente. Si la izquierda no hace nada, o directamente se rinde, habrá gobiernos de derechos para mucho tiempo; pero si se anima a dar la batalla… hay muchas más posibilidades de ganar de lo que parece. Merece la pena, ¿no?

Fuente: Alberto Garzón Espinosa en eldiario.es

separart

Fuente: Edmundo Fayanás Escuer en nuevatribuna.es

La izquierda estúpida en Aragón y en España

Nunca en la historia democrática de los últimos años la izquierda aragonesa ha sido capaz de presentarse unida. Y para las elecciones al Parlamento aragonés de febrero de 2026 va a suceder lo mismo

Hemiciclo de las Cortes de Aragón. (Wikipedia)

Lamento tener que escribir este artículo siendo un hombre progresista. Estoy hasta los bemoles de estos personajes que forman parte de las varias formaciones de la izquierda del PSOE. Nos hablan de defender a los pobres, del bien común, del progreso y de que somos los más listos de la tierra.

La verdad es bien distinta: sois todos vosotros unos inconsecuentes con lo que decís defender, pues hacéis todo lo contrario. Lo único que os interesa es el lugar que queréis tener en las listas electorales para vivir del rédito; esta es la gran pena. Lo estamos viendo elección tras elección, donde no os ponéis de acuerdo en las listas para ponerme yo y quitarte a ti.

¿Por qué digo estas cosas de la izquierda española y de la aragonesa en particular?

Veamos el caso práctico que se produjo en las últimas elecciones municipales del año 2023 celebradas en Huesca. Por el lado de la derecha se presentaron el PP y VOX; por la izquierda, el PSOE y cuatro listas a la izquierda del PSOE: Podemos, Chunta Aragonesista, Equo y Contigo Huesca. Podemos sacó el 4,68 % de los votos, Contigo Huesca el 4,47 %, Chunta Aragonesista el 4,43 % y EQUO el 4,3 %.

¿Cuántos concejales sacaron en Huesca estos cuatro partidos separadores de la progresía oscense? Cero, porque necesitaban superar el cinco por ciento.

Después nos hablan del bien común, de la lucha por los trabajadores… ¿Cabe mayor estupidez? ¿No les da vergüenza hablar ante la gente de cosas que realmente no sienten? Después se quejan de que no se les hace caso.

En total, los cuatro partidos sacaron el 17,78 % de los votos con cero concejales. VOX obtuvo el 10,5 % y consiguió tres concejales. Si la izquierda hubiera ido unida, hubiera obtenido cinco concejales.

Hoy gobierna el Ayuntamiento de Huesca el Partido Popular con el apoyo de VOX. Si ustedes hubieran ido unidos, que es lo que se demanda, hoy el gobierno del Ayuntamiento de Huesca sería del PSOE con el apoyo de ustedes y las políticas hubieran sido diferentes.

Por ejemplo, nos hubiéramos evitado el bochorno en el chupinazo de las fiestas, cuando toda la plaza cantó “Pedro Sánchez, hijo de puta”. Ustedes son los que están dando alas a VOX y a la ola reaccionaria, porque en definitiva solo les interesa la silla. Es duro decirlo, pero estamos ante la izquierda más estúpida que ha habido en el país, y mira que la hemos tenido negada.

La ola reaccionaria ya está aquí y nos pasará por encima si no se produce una convergencia real de la izquierda

Como ustedes saben, hay un refrán que dice que el hombre es el único animal que tropieza dos y más veces en la misma piedra. En el caso de la izquierda aragonesa ya es una constante y no aprenden.

Nunca en la historia democrática de los últimos años la izquierda aragonesa ha sido capaz de presentarse unida. Y para las elecciones al Parlamento aragonés de febrero de 2026 va a suceder lo mismo.

Se van a presentar tres listas, con lo cual le van a regalar al PP y a VOX que gobiernen Aragón y después pondrán el grito en el cielo con las políticas reaccionarias que van a realizar, dejando a Aragón en un solar en manos privadas.

Señores de la izquierda del PSOE, son todos unos impresentables. Dejen sus cargos y vuelvan al tajo, que es su lugar, porque no saben representar los valores y principios del progresismo. Dejen que gente honrada, que solamente busca el bien común, nos represente con dignidad.

Les aconsejo que lean la historia del emperador romano Antonino Pío; verán y podrán entender lo que es un político que lucha por el bien común de sus conciudadanos y aprenderán de él.

Como ya es imposible presentar candidaturas unitarias y todos ustedes ya tienen candidatos —de los cuales ninguno va a salir, después del espectáculo que están dando—, les propongo esta alternativa como única opción para remediar el estropicio que ustedes generan:

  • Todos votarán la candidatura de Chunta Aragonesista en la provincia de Zaragoza y se retirarán las de Podemos e IU.
  • En la provincia de Huesca todos votarán la candidatura de IU-Sumar y se retirarán las de Chunta Aragonesista y Podemos.
  • En la provincia de Teruel se presentará la candidatura de Podemos y se retirarán las de IU-Sumar y Chunta Aragonesista.

Además de esto, todos los elegidos se comprometerán a formar grupo parlamentario propio y a desarrollar un programa común, pues este no es el problema, ya que coinciden en el 99 % del programa.

¿Serán lo suficientemente inteligentes para hacerlo?

Respecto al nivel del Estado, pido la retirada de Yolanda Díaz, Ione Belarra, Pablo Iglesias, Irene Montero y de todos aquellos que representan un obstáculo para crear una izquierda real, pues aquí no hay salvadores de la patria. El que obstaculiza, fuera.

La ola reaccionaria ya está aquí y nos pasará por encima si no se produce una convergencia real de la izquierda. El programa no tiene problemas, pues se coincide al 100 %; lo que sobra son los vetos cruzados, las antipatías mutuas y los cuchillos traidores.

Aquí sobran personalismos. Elíjanse personas de reconocido prestigio para formar las listas y trabajen todos para que estas personas prestigiosas nos representen con dignidad.

¿Será la izquierda aragonesa y española capaz de hacer semejante cosa?

Fuente: Edmundo Fayanás Escuer en nuevatribuna.es

También podría interesarte