“El Rock es tan nuestro como de los hombres”, Monty Peiró

¿Es el Rock un espacio de libertad también para las mujeres? ¿Cómo afecta la mirada patriarcal al modo en que las mujeres son sexualizadas en el ámbito del Rock? ¿A qué tipo de violencias están sometidas las mujeres que hacen Rock and Roll?

MontyPeiro
Monty Peiró / Foto: VikPamNox

Psicóloga, antropóloga, y música, Monty Peiró acaba de publicar El diablo vino a mí. Género, drogas y Rock and Roll (Saigon ed.), una obra que, con lucidez y agilidad, sumando análisis, fuentes documentales y experiencia personal, analiza y desmonta los roles y evidencia las desigualdades de género que se dan en el mundo del Rock.

El Rock se ha vendido siempre como el territorio de la libertad. Pero se trata de la libertad de los hombres. La provocación a las ideologías y modos de vida conservadores sigue empleando los mismos parámetros patriarcales. En el libro, explicas qué ocurre cuando una o varias mujeres queréis ocupar ese espacio.

Sí, la premisa de partida del libro era tratar de explicar, a través de mis vivencias y de las herramientas de la antropología, por qué la vivencia en la música y concretamente en el Rock and Roll, no es igual para hombres que para mujeres. 

Cuando empecé en el Rock, lo hice atraída por esa imagen de hermandad, libertad y diversión, pero pronto me di cuenta de que no funcionaban igual si eras una mujer. Toda esa libertad y trasgresión estaba reservada para ellos.

Hablas de las dificultades de vivir y de trabajar en un entorno en el que los méritos y logros de una mujer se achacan a la leyenda “estás ahí por haberte acostado con Menganito”.
Eso es algo que siempre me llamó la atención porque, a pesar de que ni siquiera jamás nadie nos ofreció nada a cambio de sexo (como digo en el libro, no hay nada en el Rock español que valga una proposición indecente) ese tipo de leyendas continúan formando parte del imaginario colectivo. Además de bastante falso es muy misógino, porque viene a decir que las mujeres no tenemos ningún talento o capacidad excepto el de prostituirnos.

Cuando empecé en el rock, lo hice atraída por esa imagen de hermandad, libertad y diversión, pero pronto me di cuenta de que no funcionaban igual si eras una mujer.

Aludes también al exceso de expectativas que se coloca sobre una banda integrada únicamente por mujeres o sobre las instrumentistas; esa ansiedad que os genera el sentiros constantemente a prueba. De hecho, “tocas bien para ser una chica” es una de las más hirientes concepciones con las que os atacan. ¿Cómo contrarrestar esa presión de la necesidad de la validación masculina?
Normalizando y dejando de reificar el concepto “mujer en el Rock”, como si tal cosa existiera. Existimos las mujeres, de muchas maneras y tocando de maneras muy diversas, exactamente igual que los hombres. Ese tipo de frases como “tocas como una chica” como insulto o “cantas como un tío” como cumplido no tienen ningún tipo de sentido porque lógicamente las tías tocan de tantas maneras como tías haya tocando y lo mismo para ellos, pero contribuyen a sostener esa idea de que nosotras tocamos mal y ellos bien. Por tanto, son ellos (los que lo hacen bien) los que no tienen que dar el sello de aprobación, diciéndonos que nos consideran una de ellos. Y no, tenemos que dejar de buscar su validación. El Rock es tan nuestro como suyo y vamos a hacer con él lo que nos dé la gana, igual que ellos.

Abordas cuestiones con tantos pliegues como la tensión entre la cosificación y el empoderamiento de expresar abiertamente la sexualidad por parte de una mujer bajo la mirada masculina.
Este tema me resulta agotador porque ha conseguido desnaturalizar cuestiones que para los hombres en el Rock siempre han sido naturales. Tenemos claro que si Axl Rose o Iggy Pop se sexualizan, en modo alguno esto afecta a la percepción de su talento y lo consideramos algo trasgresor alineado con la lógica rockera, sin más. Si lo hace una mujer, automáticamente se abre un debate. Y a mí, personalmente, me cansa. Las mujeres tenemos que poder usar nuestra sexualidad escénica y nuestra imagen como nos dé la gana, exactamente igual que han hecho ellos.

Por otra parte, no todo lo que tiene que ver con el desnudo es necesariamente sexual, al menos para los hombres. Rage Against the Machine han usado su desnudo como arma política y Red Hot Chili Peppers como recurso escénico sin más, por decirte solo dos ejemplos, y nadie lo ve como algo sexual. Pero el desnudo femenino está unívocamente asociado a la sexualidad. Y, por supuesto, no toda sexualización es cosificadora. De hecho, la sexualización de las mujeres en el Rock que sí lo es (utilizarnos como objetos decorativos en portadas o videoclips) no ha supuesto un debate hasta que lo han planteado las feministas, pero a los hombres no les suponía ningún problema. Sin embargo, sí se lo supuso que las Butcher Babies usaran su sexualidad escénica. Por tanto lo que les molestaba no eran las mujeres sexualizadas, sino las mujeres que se presentaban como sujetos sexuales, no como objetos.

Al final, yo solo reivindico la naturalidad, y en el Rock, expresar sexualidad ha sido un recurso de lo más habitual. ¿por qué no íbamos a poder nosotras usarlo? Hay un puritanismo y una misoginia de fondo absolutamente latente en estas cuestiones.

Lo que les molestaba no eran las mujeres sexualizadas, sino las mujeres que se presentaban como sujetos sexuales, no como objetos.

Demuestras que el escenario continúa siendo un lugar eminentemente masculino. Aludes a cómo, de manera reiterada, los técnicos de sonido os sueltan mansplaining a las músicas sobre vuestros propios instrumentos.
Bueno, no es una batalla contra los técnicos, y de hecho los mansplaining vienen muchas veces de otros músicos también pero, sí, todas hemos tenido algún momento tenso con un técnico.

En cuanto al público, los subgéneros más enérgicos del Rock, la zona más cercana al escenario, con mayor visibilidad, son ocupados por pogos (de violencia controlada y camaradería, sin duda) casi exclusivamente formados por hombres. Nuevamente, como en tantos otros momentos y lugares, el espacio privilegiado queda reservado para los varones…
Por supuesto, lo extremo se asocia a lo masculino y hay determinados espacios donde es más complicado acceder para las mujeres. Dedico un capítulo al análisis de los lugares del Rock (carretera, escenario, local de ensayo y camerino) porque creo que la antropología del espacio es muy útil como herramienta para repensar determinadas cuestiones que damos por sentadas y que es necesario analizar con perspectiva de género.

Nombras a Lita Ford y a Joan Jett como principales figuras en el proceso de quiebra de la hegemonía del imaginario y la práctica machista del Rock. También te detienes en el movimiento Riot Grrrl, que desmontó con su coralidad la idea de “anomalía” de las mujeres músicas precedentes dentro de esa lógica de exclusión patriarcal del protagonismo femenino.
Bueno, las nombro por lo que significaron para mí, porque descubrirlas fue la primera brecha en el patriarcado que encontré. El movimiento Riot Grrrl creo que supuso la primera revolución feminista más o menos organizada dentro del Rock y, desde luego, es muy importante y sentó un gran precedente.

Las feministas hemos sufrido muchísima violencia por destapar que el rock es una escena muy machista.

¿Cómo valoras el camino que abrió Angela Gossow al cantar gutural?
Creo que fue muy importante aunque, en ese sentido, yo descubrí antes a Sabina Classen de Holy Moses, que ya cantaba en registros guturales desde antes que Angela, aunque quizás esta se convirtió en más conocida. Creo que sirvió como referente e inspiración para muchas mujeres. No entiendo por qué se tiende a asociar lo gutural con lo masculino cuando, definitivamente, es un sonido tan poco natural en un hombre como en una mujer y se consigue a través de una técnica que nada tiene que ver con el sexo. Por desgracia, determinados registros se siguen asociando a uno u otro sexo, sin ningún tipo de base excepto los malditos roles de género.

¿El empuje de la cuarta ola del feminismo y todo lo que está transformando está calando en el Rock?
Estoy segura de ello, pero desde luego no ha sido fácil. Las feministas hemos sufrido muchísima violencia por destapar que el Rock es una escena muy machista. Si hoy en día está transformándose, desde luego no está siendo gracias a la escena, sino más bien a pesar de ella, gracias a muchísimas mujeres que decidimos que queríamos que el Rock fuera un lugar seguro para nosotras y reivindicar nuestro derecho a expresarnos como artistas exactamente igual que ellos. Queda mucho por hacer pero estoy segura de que lo vamos a conseguir.

Fuente: Alberto García-Teresa en elsaltodiario.com

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