El amianto sigue envejeciendo en los centros educativos de Madrid

Pese a los planes para elaborar un inventario de centros afectados, y la alarma en la comunidad educativa, la Comunidad de Madrid no avanza hacia la retirada del amianto de colegios e institutos

Hace ya casi un mes una nevada histórica tomaba gran parte de la península. En la Comunidad de Madrid, una de las regiones más afectadas, ante la falta de costumbre y la poco clara prevención ante el temporal, quedaron durante días interrumpidas las rutinas, el tránsito se detuvo, y los centros educativos tardaron más de una semana en reabrir.

Cuando en el CEIP San Isidro de Aranjuez, el colegio de primaria más grande del municipio, retornaron al centro, encontraron una sorpresa desagradable en las instalaciones deportivas. Goteras, muchas goteras. Lo que en condiciones normales podría ser un molestia para las familias de la escuela era una señal de alarma que no podían dejar pasar, pues en el tejado del los gimnasios hay amianto, y el agua que se filtraba a través de los techos vencidos por el peso de la nieve pasaba a través de este material cancerígeno.

Construido en 1974, como muchos otros centros educativos levantados en la época, en el San Isidro se usó uralita —la marca comercial del amianto— como material aislante en cubiertas y tubería. Las primeras alarmas por la presencia de este material saltaron en 2018, cuando en el otoño, una de las placas del techo cayó cerca de un profesor. “Así se hizo pública la verdadera situación: faltaban montones de placas en ese techo. Entonces lo que hizo la corporación anterior fue, por proceso de urgencia —les quedaban dos meses en el ayuntamiento— reponer esas placas. Además se supone que trasladaron (nunca vimos el documento) a la Comunidad de Madrid la necesidad de proceder a la retirada del amianto”, cuenta Carmen Cussó, portavoz de la Plataforma por la Escuela Pública de Aranjuez.

 “Con el tema del amianto, sentimos impotencia porque vemos que no sirve de nada, pero también es como un maltrato a las familias, porque por más que estamos diciendo que eso no está bien es que ni siquiera vienen a decir, vamos a vernos”

Dos años y una nevada histórica después, muchas de esas placas que aislarían del amianto están fuera de lugar, y las familias del centro están hartas de que se les ignore. “Quienes están moviendo todo es el AMPA, la Plataforma lo que ha hecho ha sido respaldar todas las iniciativas que ellos han tomado. Hemos pedido información a la comunidad de Madrid , al portal de transparencia, a través de la plataforma se han canalizado algunas iniciativas…”, relata Cussó.

Al inicio, pensaban que la competencia de los techos dependía del Ayuntamiento en cuanto responsable del mantenimiento de las instalaciones, cuenta Nieves Guillén, presidenta del AMPA. “Cuando vinieron a verlo dijeron que eso debería ser una obra muy grande y que era la Comunidad la que se tenía que encargar”. Además de señalar que no era suya la competencia, Guillén relata cómo desde el Ayuntamiento le quitaron importancia al problema. “Nos dijeron que no es tan grave que hay otros espacios municipales, o colegios, que están peor”.

El 25 de enero desde el AMPA mandaron una carta a la alcaldesa María José Martínez de la Fuente (que cuando estaba en la oposición se comprometió a apoyarles) con la esperanza de que esta vez se les tome en cuenta. “Sentimos impotencia porque vemos que no sirve de nada, pero también es como un maltrato a las familias, porque por más que estamos diciendo que eso no está bien es que ni siquiera vienen a decir, vamos a vernos”. Guillén admite que desde el ayuntamiento a veces sí hay respuesta e interlocución, pero que fallan en presionar a la Comunidad de Madrid, A la DAT Sur (Dirección del Área Territorial Madrid Sur) para que retire el amianto. “No tienen en cuenta nuestra preocupación”, lamenta.

El pasado lunes el técnico de Educación del Ayuntamiento de Aranjuez, que participó en el Consejo Escolar como representante municipal, anunció que se reemplazarían las placas caídas, algo que consideran un parche, pues el amianto, que ha superado su vida útil, seguirá sobre sus cabezas. “El colegio lo han llegado a ver técnicos de la dirección general de infraestructura, ha llegado a venir una empresa de Bilbao especializada en la retirada del amianto, para hacer un informe del estado. Este informe el colegio no lo ha visto, no ha habido manera de conseguirlo”, protesta Cussó, quien comenta que cuando el concejal ha trasladado el reclamo a la Comunidad de Madrid, le dicen “que no está tan mal”. “Y esas son palabras textuales, pero ese ‘no está tan mal’ no lo firma nadie”, remarca.

Plan de retirada del amianto

En julio de 2018 se aprobó en la Asamblea de Madrid una Propuesta no de Ley de Podemos para hacer un mapeo de los centros con amianto en la región y reservar una partida presupuestaria para la retirada del material. Meses después de la caída de la placa, desde la Plataforma por la Escuela Pública de Aranjuez solicitaron que el San Isidro fuera incluido en ese inventario. “Pedimos el plan de retirada de amianto y qué partida presupuestaria se destinaba. Toda esa información la tuvimos que pedir repetidamente al portal de transparencia de la CAM, y la última respuesta de septiembre de 2019 nos decía que no existía una relación de centros que tuviera amianto, no había una partida presupuestaria destinada a tal fin”.

La Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras en Madrid venía presionando para que la Comunidad Autónoma se comprometiera a la retirada del material antes de la aprobación de la propuesta, apuntando a que el 80% de los centros tenían amianto. Su portavoz, Isabel Galvín, constata en conversación con El Salto que no se ha avanzado nada desde entonces. Denuncia que no se están reuniendo los comités de salud que deberían dar seguimiento a esta situación. “Desde CCOO estamos presentando denuncia en los juzgados por este motivo porque no se está cumpliendo la Ley de prevención y la situación de seguridad y salud en los centros requiere actuaciones inmediatas”

“Encima de mi cabeza tengo el fatal amianto, pero cuando miro por la ventana y veo que en el bloque de enfrente ya lo han cambiado, empiezo a ver el final del túnel”. Otro cantar son los colegios.

“A mi el tema del amianto me obsesiona”, cuenta a El Salto el concejal de Más Madrid Félix López-Rey. Tanto le preocupa este material que, este histórico activista vecinal, le ha dedicado un capítulo en su libro de memorias de reciente publicación.  No es casual que sea su barrio, Orcasitas, el primero en empezar la retirada del amianto que se encuentra, como denuncia López-Rey, principalmente en la periferia pobre del Sur. “Cuando esto es nuevo en principio no pasa nada, es cuando entra en descomposición cuando se vuelve tóxico, y además tiene cuarenta años de vida máximo”, recuerda, cuatro décadas que ya se han superado en muchos centros educativos y otros edificios.

La conquista de Orcasitas no fue fácil, para ello tuvieron que hacer mucha presión vecinal y luego, cuando la anterior corporación empezó a dar ayudas a tal fin a través del Plan MADRE, convencer a las comunidades de vecinos para solicitarlas —el plan financiaba entre el 70 y el 90% de la reforma—. Pero a través de la asociación de vecinos, que cuenta ya con medio siglo de vida y tiene mucha influencia entre la gente de Orcasitas, consiguieron empujar el proceso. También tuvieron que ir a manifestarse a la Plaza de la Villa cuando el cambio en el Ayuntamiento puso en peligro el compromiso de la corporación anterior.

López-Rey enumera de memoria los bloques donde se ha retirado el material, un proceso que va avanzando poco a poco. “Encima de mi cabeza tengo el fatal amianto, pero cuando miro por la ventana y veo que en el bloque de enfrente ya lo han cambiado, empiezo a ver el final del túnel”. Otro cantar son los colegios: de sus cuatro nietos, relata, tres tienen amianto sobre sus cabezas. “Y el colegio al que han ido mis hijos que está a cien metros de mi casa tiene 2050 metros de amianto reconocidos por el Ayuntamiento, esa es la tónica”.

López-Rey es representante del Ayuntamiento en el Consejo Escolar del colegio donde estudian sus nietos, “he intervenido por videoconferencia, les he recordado que tienen 630 metros de amianto encima de sus cabeza, y me han contestado que han pedido formalmente que les conteste la administración”, asevera.

Al concejal le preocupa que la comunidad educativa no se vea con las fuerzas para dar esta pelea. “La gente está tan preocupada con el covid, ahora todo es covid, y lo que falta es una buena información. A mi me jode cuando los medios dicen, esto ya lo hemos dado, pero si el problema sigue ahí pues habrá que seguir hablando de ello”, se rebela. En Aranjuez, pese a la energía que están poniendo AMPA y plataforma para visibilizar el problema, se sienten un poco solos. “La participación ciudadana no es lo numerosa que debería ser, somos determinados grupos los que presionamos y conseguimos muy poquitas cosas”, asume Cussó.

Guillén constata esta sensación: “Estamos en ese limbo de que somos conscientes de que existe un problema grave, pero a quien corresponde por un lado solucionarlo y por otro presionar para que se solucione, se ve que están muy entretenidos con otras cosas”. La parsimonia ante un problema que afecta a la salud no solo de los escolares y profesores, sino también de la población que vive cerca de estos materiales y está por ello expuesta a partículas resulta difícil de entender también para la portavoz de la Plataforma por la Educación Pública en Aranjuez: “Aquí hay dinero para todo, hay becas para centros privados hay dinero para curas de hospitales, para sobrecostes en todos sitios, pero para lo más básica no hay nada”, protesta.

López-Rey no quiere esperar ni un verano más para ver desaparecer el amianto con el que lleva conviviendo desde su infancia en las chabolas de Orcasitas, valora que las vacaciones escolares serían el momento adecuado para retirar este material. “Ahora que va a venir dinero de Europa, cómo podemos ser tan… —no sé cómo calificarla a esta sociedad— que permitimos que los críos estén viviendo bajo el amianto, es que eso no se puede tolerar: Lo que tenemos que conseguir es que en septiembre, cuando vuelvan mis nietos al colegio, no estén bajo el amianto”.

Fuente: Sarah Babiker en elsaltodiario.com
Foto: David F. Sabadell

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