‘‘Desmantelar el Rastro sería cargarse patrimonio cultural del pueblo de Madrid’’

MAYKA TORRALBO /
PORTAVOZ DE LA ASOCIACIÓN EL RASTRO PUNTO ES

Silvia lleva veinticuatro años trabajando en el Rastro de Madrid. Esta es su única fuente de ingresos, depende de él para el mantenimiento de su hipoteca, luz, agua, teléfono, alimentación. Todo. “Es lo que paga todos mis recibos”. El Rastro lleva seis meses cerrado, debido a la pandemia y la gestión del Ayuntamiento de Madrid. Durante este tiempo, Silvia se ha mantenido gracias a unos ahorros que tenía “de toda la vida”. Ahora, está llegando “al límite”, y ha tenido que pedir una moratoria hipotecaria. Dice que ha pedido ayudas, pero que, de momento, no se las dan. “Siempre me he defendido muy bien, he sido muy independiente y no me gustaría recurrir a la pensión de mis padres, que tampoco es muy alta para poder sobrevivir”. A pesar de todo, se mantiene positiva. “Por el bien del barrio, de la ciudad y del centro de Madrid” espera y confía en que conseguirán reabrir, con las medidas de seguridad necesarias, en sus ubicaciones habituales.

Lorena llegó desde Chile en 1984. “Llegué un martes y el domingo estaba en el Rastro”, recuerda. Con el tiempo abrió además una pequeña tienda en un barrio de Madrid. “Tienda y Rastro se retroalimentan”, explica. Gracias a la primera ha podido subsistir estos seis meses, pero “ha sido muy duro”. Gente de toda España y “hasta alemana” acudía fielmente a su puesto en el mercadillo, pero no a la tienda. “La gente visita el Rastro porque le gusta el ambiente, es un lugar de encuentro social y de paseo. Es más que un lugar en el que se compra y se vende. Para los vendedores también”. Además, ha tocado seguir pagando hipotecas y encierros (almacenes). 

Hay quien está ya en las filas de los bancos de alimentos, hay personas a punto de sufrir un desahucio, hay muchos que han tenido que dejar sus pisos de alquiler 

Silvia y Lorena son dos de las muchas personas que sufren las consecuencias de estos seis meses de paralización que, por ahora, parece que continuará ante la falta de acuerdo entre el Ayuntamiento y vendedores. Para abordar las repercusiones de este cierre y el conflicto abierto hablamos por teléfono con Mayka Torralbo, portavoz y vicepresidenta de El Rastro Punto Es, asociación que representa, según sus datos, al 60% de los comerciantes y que lleva meses manifestándose en redes y en las calles contra la propuesta de reapertura del consistorio. Un plan que, denuncian, desmantelaría el tradicional mercadillo y acabaría con un elemento central del patrimonio cultural madrileño. 

El pasado viernes 4 de septiembre se produjo la primera reunión presencial entre el Ayuntamiento y comerciantes. Sin acuerdo. Este miércoles 9 de septiembre han vuelto a concentrarse en la Plaza de la Villa para que les escuchen. Y piensan seguir.

El Rastro no ha cerrado nunca en sus alrededor de 300 años de historia, ni siquiera durante la Guerra Civil. Ahora, lleva seis meses sin abrir. ¿Es el momento más difícil y frágil por el que ha pasado el Rastro?

Sin duda. Por lo menos en el siglo pasado y en este. Hemos tenido muchos conflictos y muy duros en los últimos veinte años, pero no es igual poder estar trabajando y luchando desde tu puesto de trabajo, a estar privados de la cuestión más básica, nuestra fuente de ingresos. Esto hace que la gente tenga una situación de vulnerabilidad, pasados seis meses, extrema. Por eso nos parece absolutamente inhumano que se hayan abierto todos los mercadillos del territorio español y el Rastro siga cerrado.

¿Nos puede hablar un poco de las personas y colectivos a los que más afecta esta situación? ¿Hay mucha gente cuyos ingresos dependen exclusivamente del Rastro?

Alrededor de mil familias viven del Rastro. Somos un colectivo muy plural, compuesto de payos, gitanos y una minoría de inmigrantes, pero convivimos todos en perfecta armonía desde hace muchísimos años. Afectarnos nos afecta a todos, pero las realidades son muy diversas: no es igual tener una familia numerosa que no tener hijos, tener tu casa pagada que no tenerla. 

¿Qué gente vive exclusivamente del Rastro? La gran mayoría. Hay alguna gente que lo complementa con trabajos puntuales, vendiendo a algunas tiendas. Un sector muy pequeñito también tiene una tienda. Hay situaciones muy diversas, pero en cualquier caso la fuente fundamental de ingresos es el Rastro. La economía de las familias está muy diezmada. Además, con Madrid Central, mucha gente había comprado vehículos nuevos de bajas emisiones. Por lo tanto, además de todos los gastos fijos (garajes,  almacenes, autónomos, pagos a Hacienda), se ha sumado el que mucha gente tiene una letra de un vehículo nuevo. Además de nuestras hipotecas y de los gastos que cualquier familia tiene para alimentarse. 

Yo estoy cobrando el Cese de Actividad Ordinario, se me acaba ya el mes que viene. No me da para vivir, pero es una ayuda. Hay gente que no se ha podido acoger a él, porque el papeleo es muy complicado y no pueden cumplir los requisitos. Hay quien está ya en las filas de los bancos de alimentos, hay otras personas que están a punto de sufrir un desahucio, hay muchos que han tenido que dejar sus pisos de alquiler e irse a otros lugares, con sus familias.

El 17 de agosto denunciabáis que la propuesta de reapertura del Ayuntamiento fragmentaría el Rastro y suprimiría puestos en lugares clave, como la plaza de Cascorro y la mayor parte de la calle Ribera de Curtidores. ¿Por qué cree que el Ayuntamiento ha optado por proponer esta reubicación periférica y fragmentada del Rastro? ¿Qué consecuencias tendría esto para ustedes?

Nosotros asumimos el cierre, como lo asumieron otros colectivos, porque era una cuestión en principio temporal, y la crisis era muy fuerte. Luego se fue prolongando y prolongando, y en mayo no sabíamos nada del Ayuntamiento. Escribimos varios correos a la Concejalía pidiendo una reunión, sin respuesta. Tras varios intentos, lo denunciamos a los medios. Entonces, nos dieron una reunión online de media hora el 27 de mayo. 

Esa primera reunión fue cordial, nos pidieron que planteáramos una propuesta de reapertura del Rastro. La presentamos el 5 de junio: abrir un 50% de los puestos un domingo, y el otro 50% el otro. La idea era irnos alternando, montar un puesto sí y otro no para mantener las distancias de seguridad y cumplir todas las recomendaciones sanitarias, pero en nuestras ubicaciones originales, aunque hubiera que hacer algunos ajustes. Si por cuestiones estrictamente de seguridad, hubiera que hacer un traslado puntual de algunos puestos, pues se podría estudiar y llegar a un acuerdo. Hemos consultado con expertos en sanidad pública y en aforos que ven que nuestra propuesta es absolutamente viable y segura. 

¿Y qué pasó?

En un principio nos dijeron que sí, que nuestra propuesta les parecía bien, pero que no iban a abrir el Rastro. Que tenían que hacer un control del aforo y que es muy complicado. Nosotros les indicamos que se perimetrase el Rastro entero, y reaccionaron diciendo que no se pueden cerrar las calles por seguridad. ¡Hombre, pero si se cierran las calles en Fin de año, en festivales, durante el Orgullo…! Entonces sacaron a colación que no se podía porque los vecinos tenían que transitar libremente y no se podrían controlar dentro de la zona… Nosotros comentamos que para eso se hace una estimación, se descuenta al aforo, pero siguieron en su negativa. Nos dijeron que tendríamos que vallar nosotros el Rastro. Que el Ayuntamiento no tenía recursos para hacerlo. Si ellos no tenían recursos, cómo íbamos a tenerlos nosotros. Finalmente, dijeron que les parecía bien nuestra propuesta, pero ‘‘para un futuro’’. 

¿Y entonces?

Les pedimos que nos facilitaran los planos de la situación de los puestos, y una lista de los puestos ocupados y de los vacantes para poder ir organizando qué vendedores trabajarían cada domingo. Nunca nos llegaron a facilitar nada más que unos planos ilegibles. Expertos en la materia nos han dicho que hicieron una especie de truco para que eso fuera así.

El 10 de junio salió el alcalde en los medios diciendo que el Rastro se iba a abrir con el 50% de los puestos. También dijeron que si no les presentábamos un proyecto concreto, ellos harían el proyecto que consideraran conveniente. Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que no nos estaban proporcionando las herramientas necesarias para acabar nuestra propuesta, para así justificar que no se la habíamos presentado, y hacer la organización que les diera la gana. Pedimos explicaciones, pero no las ha llegado a haber. El 24 de junio nos invitan a una nueva reunión telemática de media hora con ocho personas y nos presentan su propuesta concreta. 

¿En qué consistía?

En hacer tres minimercadillos desconectados entre sí, aislados del resto del Rastro, para, según ellos, controlar el aforo de forma individualizada, con una entrada y una salida. Desde entonces nos han presentado otras dos propuestas que básicamente son la misma: el único cambio es el porcentaje de puestos abiertos. El primero era del 12%. Hicimos votación en el colectivo y se rechazó por unanimidad. En la segunda propuesta suben a cuatro minimercadillos, el 30% de los puestos. En la tercera, son cinco, el 50% de los puestos. Pero todas las propuestas tienen el mismo problema: eliminan todos los puestos de la Plaza de Cascorro, más de 200, todos los de Ronda de Toledo,  y la mayor parte de Ribera de Curtidores y de muchas calles aledañas. Que quiten Cascorro, Ribera, y Ronda de Toledo, zonas super espaciosas y donde pueden estar perfectamente instalados los puestos al 50%, no tiene ningún fundamento en relación a las medidas sanitarias que ellos alegan. 

Las tres propuestas que ha hecho el Ayuntamiento básicamente son la misma: desmantelar el Rastro de Madrid. Han visto una oportunidad, con la excusa de la crisis sanitaria, para desmantelar el Rastro histórico, suprimiendo todas esas zonas porque, por alguna razón que desconocemos, hay algunos intereses a los que  les molesta el Rastro. No son ni la seguridad, ni la sanidad. Quieren hacer una reestructuración total y absoluta que lo modifique hasta hacerlo irreconocible. Esto no lo podemos permitir. Sería cargarse el patrimonio cultural del pueblo de Madrid, que debería ser protegido por las instituciones. 

A mediados de agosto, denunciaban que el Ayuntamiento difamaba a la Asociación, y especialmente a usted, diciendo que habían recibido subvenciones del anterior consistorio. ¿Les sorprende el rechazo que han estado recibiendo por parte de las instituciones, o les resulta algo incluso habitual que dificulten su labor?

En todas nuestras historias de lucha, como en 2009 y 2010, con Esperanza Aguirre, o en 2004, con Alberto Ruiz-Gallardón, siempre hay una variable de difamación, para intentar desprestigiar a las organizaciones y a las personas que siempre hemos estado luchando. Contamos un poco con ello. Pero el nivel de mezquindad al que se ha llegado esta vez es muy profundo. La administración busca dividir a los colectivos para imponer su modelo. En esta ocasión, estamos muy indignados con el alcalde, que está queriendo confundir a la opinión pública, haciendo creer que somos irresponsables, que anteponemos la economía a la salud, cuando precisamente nuestra propuesta lo primero que contempla es la salud. Es juego sucio. Nosotros no hemos recibido –ni admitimos– subvenciones del antiguo ayuntamiento ni de nadie. Queremos mantenernos con nuestra independencia. Nuestra fuente de ingresos son las cuotas de los asociados, no tenemos inmensos gastos que mantener y se realiza trabajo gratuito y voluntario por parte de muchísima gente; tenemos una junta directiva muy amplia.

Llevan nueve semanas consecutivas manifestándose, con concentraciones y de forma virtual, con mucha gente compartiendo sus vivencias e historia en el Rastro. ¿Están viendo avances gracias a estas movilizaciones?

Tenemos pensado mantener las manifestaciones en la Plaza de Cascorro porque es nuestro lugar de trabajo, y un día a la semana vamos a hacer concentraciones para acercar la historia y la cultura a la ciudadanía. Twitter y los hashtags han sido maravillosos para nosotros. Se han compartido muchísimas historias, la gente ha participado mucho. Ha sido un triunfo total. Hemos recibido apoyo de personas anónimas, gente famosa, distintos colectivos, de las tiendas que rodean el Rastro y que también se están viendo afectadas por esta situación. También estamos recolectando firmas. 

Yo creo mucho en la fuerza de la verdad, la coherencia, y la movilización colectiva que pide justicia. No tengo esperanza en que los políticos vayan a ceder voluntariamente. Pero sí estoy esperanzada en que la verdad va a salir a la luz y no les va a quedar más remedio que dar una solución digna. El colectivo no va a parar hasta que logre que se reabra el Rastro con criterios de justicia y con dignidad.

Fuente: Tiare Gatti Mora en ctxt.es
Fotos: El Rastro Punto Es