Cómo rebatir a los negacionistas del coronavirus en estas fiestas navideñas

¬Este movimiento es global y parte de EEUU. Sus seguidores desconfían de las instituciones, de los consensos científicos y propagan teorías de la conspiración
¬La OMS indica que las mascarillas no son el único medio de protección contra el coronavirus, pero sí son “esenciales para eliminar la transmisión y salvar vidas”
¬La revista ‘Nature’ Medicine ya realizó un estudio que demostraba que dos características clave en el patógeno SARS-Cov-2 descartan la intervención de un laboratorio en su desarrollo

A pesar de las restricciones para las reuniones durante estas fiestas, puede que te toque compartir mesa con algún familiar o allegado “negacionista” de la pandemia. Esta corriente es heterogénea, pero básicamente aúna a quienes creen que el virus no existe o es una conspiración por un contubernio de Gobiernos y empresas para someter a la población mundial. Algunos de ellos se dejaron ver en Madrid en la manifestación antimascarillas en agosto que reunió a unos pocos miles y que fue respaldada por el artista Miguel Bosé, una de sus principales caras visibles.

Este movimiento es global y parte de EEUU. Sus seguidores desconfían de las instituciones, de los consensos científicos y propagan teorías de la conspiración. Se trata de una amalgama de variados perfiles. Según el informático y experto en redes sociales Marcelino Madrigal hay tres subgrupos principales que hacen de “motores” de la movilización: los “negacionistas” que siempre han apoyado las diversas teorías de la conspiración, el lobby de las terapias naturales y la ultraderecha.

A continuación, desmontamos aquí algunos de los bulos, falsedades o mentiras que se impulsan de este movimiento.

1. Las mascarillas no sirven

Desde el movimiento “antimascarillas” se ha dicho que las mascarillas no sirven para protegernos contra el virus o que provocan otras enfermedades graves. Son afirmaciones falsas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que las mascarillas no son el único medio de protección contra el coronavirus, pero sí son “esenciales para eliminar la transmisión y salvar vidas”.

Hay varios estudios. Uno de los más recientes, de la Universidad de Tokio, demuestra que las mascarillas  frenan el virus en gran medida: si las lleva el receptor, garantizan entre el 20 y el 40% de protección si son de tela o 50% si son quirúrgicas. Pero se alcanzan porcentajes de más del 70% de protección si el emisor lleva mascarilla (sean del tipo que sean) e incluso del 100% si el emisor lleva una N95.

Otros bulos de las mascarillas afirman que pueden causar enfermedades neurodegenerativas o del desarrollo cognitivo al no dejar pasar el oxígeno. Tampoco es cierto. Tal y como corroboran las organizaciones y colegios oficiales de médicos, las mascarillas tan solo frena las partículas, pero dejan pasar los gases que necesitamos que circulen, como el oxígeno y el CO2. Ninguna autoridad sanitaria desaconseja su uso.

2. Las vacunas son peligrosas

Parte del movimiento antivacunas también se encuentra en el movimiento “negacionista” de la pandemia. Esterilidad, muertes o incluso cambios en el genoma humano son algunas de las consecuencias que les atribuyen, falsamente, a las vacunas contra la covid-19. Hablan de alteraciones malignas producidas por la molécula ARNm utilizada por Pfizer y Moderna en sus vacunas, algo desmentido por las autoridades sanitarias de la UE, EEUU y España. El ARNm es una molécula que provoca una respuesta inmunitaria de nuestras propias células y se desintegra cuando ya ha cumplido esta función.

Las vacunas pasan siempre por estrictos controles sanitarios. Lo mismo sucede en esta ocasión. Tras la investigación previa de los laboratorios, durante su proceso de desarrollo se realizan estudios clínicos para determinar su seguridad y su eficacia. En la fase III la vacuna se administra a miles de personas a las que se realiza un seguimiento estrecho para poder controlar cualquier efecto adverso. En la fase IV, ya en fase de comercialización, se sigue estudiando. Antes de su distribución en nuestro país, pasará el control sanitario del Ministerio de Sanidad, las agencias reguladoras, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA).

3. El 5G transmite el virus

Es otro de los bulos más difundidos. Se apoyan en que la tecnología 5G llegó primero a Wuhan (China), donde se originó la pandemia del coronavirus. También aseguran que en otros momentos de la historia se produjeron epidemias por el desarrollo de tecnología. No existen evidencias de ninguna de las dos afirmaciones.

Wuhan fue una de las 50 ciudades chinas donde llegó esta tecnología en 2020, pero en junio de 2019 ya existía esta tecnología en esta y en otra decena de ciudades. Tampoco hay una evidencia científica demostrada respecto a que se hayan desarrollado epidemias en momentos de desarrollo tecnológico en el pasado. Según explicaba AFP el doctor Julio Bonis, doctor del Colegio de Médicos de Madrid, esta relación “no tiene base científica alguna, es una correlación espuria”, tanto como, por ejemplo, asegurar una relación entre “el número de películas en las que apareció Nicolas Cage y el número de muertos por ahogamiento en piscinas en Estados Unidos”.

4. La conspiración mundial

Las teorías ‘conspiranoicas’ son fácilmente identificables, según señala la Comisión Europea, porque divide al mundo entre buenos y malos, hablan de una trama secreta de un grupo de conspiradores, utilizan a determinadas personas y grupos como chivos expiratorios. Su peligro reside en que son difíciles de rebatir porque, cualquiera que lo intenta es acusado de formar parte de la conspiración, según hacen creer sus seguidores.

Aquí encaja perfectamente la teoría de la conspiración construida en torno a Bill Gates. Según los negacionistas, el empresario estadounidense habría estado detrás de una “conspiración mundial” que utiliza “un virus creado en un laboratorio” para controlar el mundo que podría suponer un beneficio millonario para la Fundación Bill y Melinda Gates. La revista Nature Medicine ya realizó un estudio que demostraba que dos características clave en el patógeno SARS-Cov-2 descartan la intervención de un laboratorio en su desarrollo. Pero además son falsas las noticias que vinculan a Bill Gates con las vacunas experimentales con niños en África e India. La propia fundación destinará 300 millones de dólares a la lucha contra el coronavirus.

5. Las muertes no existen

En los últimos meses han circulado por las redes diferentes bulos sobre las muertes producidas por la covid-19. Algunos de ellos aseguraban que el número de muertes de este 2020 era incluso menor que el año anterior. Para ello se basaban en cifras reales proporcionadas por el Índice Nacional de Defunciones (INDEF). Sin embargo, este no es un dato actualizado, tal y como explicaba el experto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Saúl Ares en un hilo en Twitter.

Especialmente en los meses de marzo y abril murió mucha más gente de lo normal, tal y como muestra el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), que realiza un conteo de las muertes por todas las causas más apegado al día a día. En total este sistema en lo que va de año ha registrado un exceso de muertes de más de 70.000. La cifra oficial de muertos que da el Gobierno por el coronavirus se mantiene algo por debajo de los 50.000. El desfase tampoco significa un engaño u ocultación de los datos por parte de las autoridades, sino que esas 20.000 muertes de diferencia (grosso modo) reflejan el gran daño que ha causado la pandemia. Enfermedades que quedaron sin ser atendidas durante el colapso hospitalario y muertes que podrían haber sido evitadas si el sistema sanitario funcionara con la normalidad de otros años.

fallecimientos

Fuente: María F. Sánchez en cuartopoder.es

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