Y lo que vendrá

Ahora ser pacifista es sinónimo de belicista. Así es la ironía de las sociedades europeas que se sorprenden y critican la cultura armamentística de los Estados Unidos pero que defienden que sus Estados se armen hasta las trancas bajo la lógica del enemigo externo.

Sri Lanka nos pilla lejos. Poco sabemos de esa nación que está a la sombra de la India. Pero lo que está pasando por esos lares está más cerca de lo que pensamos. En Ghana, Sierra Leona, Mozambique y Sudáfrica, así como en Panamá están saliendo a la calle. Tener una vida digna cada vez se presenta más caro en todas las geografías. En España una de las consecuencias de la Covid es el aumento del hambre, de las brechas entre quienes más tienen y quienes ponen el cuerpo para salir adelante.

El hambre sin duda tiene clases, pero también tiene género, tiene raza. Es más, una cosa no se entiende sin la otra. Lo siento, no se puede desligar. Quienes trabajaron el campo para que el resto pudiera comer en sus casas encerrados siguen reclamando una dignidad negada por un marco legal avalado por la mayoría nacional. Los propios, los puros, los que se dicen blancos pero que no ven colores. Así el gobierno, muy de izquierdas él, no puede, no quiere, no sabe, no hace nada. Qué difícil debe ser regularizar a determinadas personas. Ya sabemos que para otras los impedimentos no han sido tantos. Ellos sabrán.

Hay obreros que señalan que su inestabilidad y su amenaza viene del inmigrante. Mientras, hay una élite capitalista representada en la blanquitud que sonríe con puro y copa en mano desde su tribuna.

Con la Covid vino la guerra. Una nueva en un mapa global marcado por conflictos invisibles, silenciados, justificados donde quienes sufren no merecen lo que se presupone para el resto. Mientras la solidaridad se expresaba por unos, las fronteras se ensangrentaban por otros. 40 vidas que no valieron nada. Fronteras pagadas por todos y todas y defendidas por cada día más gente. Se requiere de sicarios, a los que se les paga para que protejan las fronteras, que no salen baratos pero que se muestran esenciales para el orden internacional. Su orden. Geografías racializadas determinadas por un devenir ajeno. Un capital del que son carne de cañón. Un capital que sin duda les necesita, siempre lo ha hecho. Los unos y las otras, abismos que son interdependientes. El extractivismo en todas sus formas requiere métodos concretos. Lo manifiesto se tuvo que volver sutil, aunque parece que muchas añoran los tiempos donde “la no corrección” debía primar. Hay una izquierda que piensa que su enemigo son los movimientos políticos antirracistas porque desvirtúan “su” lucha. Hay obreros que señalan que su inestabilidad y su amenaza viene del inmigrante. Mientras, hay una élite capitalista representada en la blanquitud que sonríe con puro y copa en mano desde su tribuna.

Con la guerra vino la inflación. Otra forma de verlo es que con la guerra se crearon oportunidades. Pocos acontecimientos mueven tanto dinero como los conflictos. Y la rapiña siempre está sedienta. La mayor industria del mundo, la de las armas que dan trabajo a unos mientras acaban con la vida de otros, (de nuevo esas geografías racializadas) se frota las manos. Obreros del norte que no quieren perder su trabajo, construyen la artillería que acabará con los obreros del sur. Lo han conseguido, un 2% del PIB para sus bolsillos. Por un mundo más militarizado. Ahora ser pacifista es sinónimo de belicista. La ironía de las sociedades europeas que se sorprenden y critican la cultura armamentística de los Estados Unidos pero que defienden que sus Estados se armen hasta las trancas bajo la lógica del enemigo externo. Europa nunca se lee como enemigo externo. El Columbine francés ha sido históricamente Mali, como lo fue Libia hace 11 años.

Y qué hacemos con el gas, con la luz. Visto lo visto va a tocar preguntar a quienes viven en la Cañada Real en Madrid cómo se sobrevive sin electricidad. Llevan dos años sin poderse calentar en invierno ni enfriar en verano. Los liberales detestan la intervención del Estado excepto cuando necesitan mascarillas y test en las farmacias contra la Covid. Sin embargo, el precio de los servicios básicos que los pague quien pueda. Al parecer, los beneficios empresariales fueron responsables del 83,4% de la inflación en el primer trimestre del año en España. Y da gracias a tu patrón de que tiene corazón.

Estamos con un centro político cada vez más a la derecha. Como sigamos así terminaremos cayendo por el desfiladero. Las amenazas terroristas de ultraderecha y supremacistas no han hecho más que crecer

Estamos con un centro político cada vez más a la derecha. Como sigamos así terminaremos cayendo por el desfiladero. Las amenazas terroristas de ultraderecha y supremacistas no han hecho más que crecer. No porque lo diga yo, sino que lo llevan señalando informes oficiales de inteligencia de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia…Sabemos que en torno al 80% de los agentes de fuerzas del estado francés votaron a una opción de ultraderecha. Cómo para que nuestra seguridad esté en sus manos. En España ETA sigue existiendo, no en la realidad, pero si en la cabeza y la instrumentalización política de no pocos. Suficiente. No hay más discusión. España está básicamente, según algunos medios de comunicación, cerca de una dictadura comunista. Y vaya que dictadura comunista rara, una que defiende al capital. Los oligopolios eléctricos, la banca, el libre mercado. Pero ajá, mientras en Francia se nacionalizan empresas en España se miran los pies. Castrochavistas de pacotilla.

Y hablando de medios. Cuántos hay que se caen por las cloacas. Vuelven disfuncional hasta la propia falacia de democracia liberal que pregonan. Libertad de expresión es la que no tiene Assange mientras tantos se suben a los intereses de los de arriba. Pero para cloacas, de las turbias y que existen desde hace lustros, las que se han creado para perseguir movimientos políticos de base. Organizaciones de la calle siempre históricamente señaladas. Sindicatos amedrentados. Y es ahí donde hay que poner el acento. Recuperar el movimiento sindical. Vincular el sindicalismo anticapitalista y el antirracismo. Y prepararnos para lo que toca desde un plano organizativo y colectivo. No sirve eso de esperar agarrados porque vienen curvas. Las calles no pueden ser tomadas por la derecha. Los descontentos populares no deben terminar en oportunidades del propio poder para que se siga reformulando. Hay que prepararse para lo que vendrá.

Fuente: Pablo Muñoz Rojo en elsaltodiario.com
Foto: Manifestación contra la cumbre de la OTAN en Madrid | Elisa Gonzalez

También podría interesarte