Racismo en la escuela o lo que el Consejero de Educación de Madrid niega

Mientras el máximo responsable de la Comunidad de Madrid niega la existencia de racismo en las aulas, las experiencias discriminatorias en el ámbito educativo han pasado del 13% al 20%, siendo el lugar en el que más se ha incrementado el racismo

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La diputada Diana Paredes de Más Madrid lanza al consejero de Educación, Emilio Viciana, una pregunta muy concreta: “¿Cómo piensa el gobierno prevenir el racismo y la xenofobia en los centros educativos?”. Viciana se levanta, y también de forma sintética, responde a la pregunta: “Señora Paredes, como decían los escolásticos, niego el supuesto. España no es racista”. Paredes responde, desgrana algunos de los casos que han transcendido en prensa, el último el sucedido en el colegio concertado Retiro, que acaba de ser condenado a pagar 10.000 euros a la alumna Camelia, quien recibía insultos como “china hija de puta”. Hasta tres sentencias hay ya en la comunidad que reconocen acoso de índole racista o xenófobo dentro de las aulas. Para Viciana, casos aislados. Para las familias afectadas, la punta del iceberg.

Según los datos del Estudio sobre la percepción de la discriminación por origen racial o étnico por parte de sus potenciales víctimas en 2020 elaborado por el Consejo para la Eliminación de la Discriminación Racial o Étnica, dependiente del Ministerio de Igualdad, las experiencias discriminatorias en el ámbito educativo han experimentado un importante aumento respecto a 2013 (del 13% al 20%), siendo el lugar en el que más se ha incrementado el racismo. Apunta este informe que discriminación en el ámbito educativo se traduce principalmente en situaciones de burlas, insultos y acoso de otros estudiantes, así como la exclusión de juegos y actividades. Casos que ahondan en el malestar y la falta de autoestima de las víctimas, generando ansiedad, depresión e incluso intentos autolíticos.

“El consejero habla de casos aislados, pero debería darse cuenta que las tres sentencias son solamente la punta del iceberg. El sistema está hecho para desalentar a las familias en el proceso de denuncia”

“El consejero habla de casos aislados, pero debería darse cuenta que las tres sentencias, las dos últimas en este año, son solamente la punta del iceberg. El sistema está hecho para desalentar a las familias en el proceso de denuncia”. Petra Ferreyra, madre de Camila, la primera alumna que consiguió una sentencia que reconoce el bullying de índole racista que sufrió, se muestra tajante ante las palabras del consejero. Ferreyra, portavoz de la Plataforma Suspenso al Racismo, atiende casos de todo el Estado y avisa de lo lejos que están los protocolos de actuación y la falta de formación del profesorado para atajar este problema.

Ferreyra pide al consejero que baje al terreno: “Lo que tendría que hacer es abrir la guía de actuación contra el acoso escolar y que me diga en qué página se hace alusión al acoso escolar de índole racista. ¿Cómo se ha preparado al profesorado si ni siquiera existen pautas ante estas situaciones?”.

Dicha guía incluye un apartado entero al tratamiento del acoso contra el alumnado LGTBi. En cuanto a la discriminación de origen racial, tan solo hace una breve alusión en un apartado sobre el perfil de las víctimas: “Presencia de algún rasgo distintivo con respecto a la homogeneidad del grupo (ser nuevo en el centro, pertenencia a un grupo social, racial, étnico, religioso, económico, cultural por razón de identidad de género, o ser ACNEE)”. “Esa definición es en sí misma racista, está negando la existencia de grupos heterogéneos, ya no hay homogeneidad en ningún grupo”, concluye Ferreyra.

Los niños y niñas no blancos, son menos de un 6% de los que aparecen en los libros de Historia de la ESO, no llegando al 1% en algunos casos

Libros de texto homogéneos

Una homogeneidad que ya no representa a las aulas pero que se refuerza en los libros de texto. Según la investigación de SOS Racismo Madrid Aprendiendo racismo. Racismo estructural en libros de texto, que hace una revisión delos libros de primero a cuarto de la ESO de Historia ofertados por las editoriales Anaya y Santillana, los niños y niñas no blancos, son menos de un 6% de los que aparecen en los libros revisados, no llegando al 1% en algunos casos.

Destaca esta investigación que en los libros de texto analizados la infancia es la peor representada. “Esta baja representación es especialmente relevante si se toma en cuenta que estos textos se utilizan en la educación pública donde estudian la mayoría de niñas y niños racializados que necesitan tener referencias”, expresa el estudio. Además, las imágenes de personas racializadas suelen presentarse en contextos de pobreza extrema y precariedad. No aparecen como sujetos pensantes, creadores, innovadores, exitosos o contribuyentes al desarrollo humano, la cultura o el arte.

“Es un problema de base que no se trata desde las escuelas, sino que se alimentan. Nuestros adolescentes están aprendiendo racismo, los libros de texto están alimentando ese racismo estructural”

“Negar el racismo con frases como “son cosas de niños” es tratarlo como algo anecdótico, pero es un problema estructural. Es un problema de base que no se trata desde las escuelas, sino que se alimenta. Nuestros adolescentes están aprendiendo racismo, los libros de texto están alimentando ese racismo estructural”. Alejandra Ntutumu, es ingeniera de telecomunicaciones y creadora del proyecto educativo Poto Poto, cuentos africanos para niños. De madre ecuatoguineana y padre español, nació en Murcia y prefiere no hablar del racismo que sufrió en la escuela porque no quiere reflejar que sea algo anecdótico.

“Como no tenemos estudios sobre acoso escolar racial, recurrimos a anécdotas, pero estamos hablando de algo estructural”, explica Ntutumu. Para suplir la falta de herramientas para luchar contra el racismo en las aulas nace su proyecto educativo, centrado en el afrocuento, un cuento infantil adaptado para educar en la diversidad desde primeras edades “que es donde hay que empezar”, matiza.

También para suplir la falta de formación entre el profesorado, y después de que algunos docentes se hayan dirigido a ella para incluir el enfoque antirracista en sus clases, está preparando talleres que comenzarán el año que viene en Murcia y serán extensibles para todo el territorio nacional. “Trabajamos en Madrid, en Barcelona, nos han llamado de Valencia, Euskadi. Hay una necesidad muy grande y no hay tanta gente que esté haciendo este tipo de cosas. Demanda que debería ser asumida por la propia administración. Hay un hueco que intentamos llenar desde el ámbito del asosiacionismo”, denuncia.

“Hay un protocolo que está pensado para defender a los centros. Los centros multados tienen que pagar una ridícula indemnización y quienes se tienen que marchar del colegio son las víctimas”

Llegar al límite

“Son casos puntuales, dice. ¿Cuántos casos puntuales necesita? ¿Y cuántos niños en el cementerio”. Rosa, madre de Camelia, comenta indignada las palabras del consejero con las que comenzaba este reportaje. Como madre que ha batallado contra las instituciones asegura que sus palabras son “más de lo mismo”. “Hay un protocolo que está pensado para defender a los centros. Los centros multados tienen que pagar una ridícula indemnización y quienes se tienen que marchar del colegio son las víctimas”, expresa esta madre.

Aun cuando este acoso desemboca en causas mayores. Martiño, un alumno de un instituto de A Coruña, lleva denunciando acoso racista desde los cinco años. “Puto negro”, “Eres del color de la caca”, “Apártate que tengo alergia a los negros”: estos son los comentarios que han salpicado su paso por Primaria y Secundaria. Con once años, estalló, explica su madre, María. “El año pasado un compañero le dijo que si apagaba la luz no se le veía, y Martiño le respondió que a él de día tampoco se le veía. En el colegio me decían que el también había contestado”, explica María quien describe como el acoso quedó camuflado en un conflicto entre iguales. Es entonces cuando “Martiño dijo que su vida no valía nada y que se iba a tirar por la ventana”, relata su madre.

“Martiño llevaba dos meses con dolores de cabeza continuos, la pediatra dijo que podía ser del estrés. Mandé un correo electrónico al cole informando del comentario suicida y del diagnóstico de la pediatra y ellos abrieron el protocolo de suicidio“, relata María mientras puntualiza que la psicóloga le diagnosticó una crisis ansiosa derivada del acoso y que se veía desprotegido en el centro. ”Nunca más me preguntaron desde el centro qué tal estaba”, se lamenta esta madre.

“Ante la indefensión que sufren, los protocolos que existen no están adaptados y no se aplican. Se utiliza hasta la mediación, que pone en el mismo nivel de la balanza a víctima y opresor”

Y, por si a este panorama le sobraran caras y le faltaran datos, según el Informe anual sobre acoso escolar de la fundación ANAR de 2023, la cultura, la raza o la religión son ya el tercer motivo por el que los agresores se meten con las víctimas de acoso. Según una encuesta realizada entre más de 200 colegios y 9.000 alumnos y alumnas, un 27,1% de los casos que suceden son por estos motivos.

“Las escuelas deberían ser espacios seguros y no lo son para nuestros críos y nuestros jóvenes. Así que algo está fallando”, avisa Alejandra Ntutumu. “Ante la indefensión que sufren, los protocolos que existen no están adaptados y no se aplican. Se utiliza hasta la mediación, que pone en el mismo nivel de la balanza a víctima y opresor. Al final las madres cambian al crío del cole y eso es una derrota del sistema”, concluye.

Fuente: Sara Plaza Casares en elsaltodiario.com
Foto: spanishrevolution.org

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